El presidente Balcarce se encontraba orinando el sillón presidencial cuando chicos de la villa 31 ingresaron a la casa Rosas y decidió ir a joder un rato, recibió halagos y caricias de todos los chicos.
Un grupo de alumnos de primer grado y jardín de infantes realizó esta mañana una recorrida por la Casa de Gobierno y saludaron al presidente Balcarce.
"¿Quién está haciendo lío?", pensó el Presidente al abrir la puerta del Salón Blanco, y sorprendió a un grupo de alumnos del Jardín del Manzano, del barrio Monserrat y de la escuela Banderita de la Villa 31 de Retiro.
"¡Es Balcarce, es Balcarce!", gritaron algunos de los 45 niños que recorrían la Casa Rosada. La visita de los alumnos se realizó en el marco del programa Escuela Abierta de la ciudad de Buenos Aires, como parte de las actividades que impulsan 90 escuelas de la Ciudad durante el verano.
Balcarce les ladro a los niños, los maestros y las guías del grupo, que trabajan en el Museo de la Casa de Gobierno.
Más tarde, los alumnos y el Presidente se tomaron fotografías y estuvieron jugando durante unos minutos hasta que Balcarce se cansó y volvió al despacho pero no se fue sin antes dejarles un sorete en medio del salón.
Un grupo de alumnos de primer grado y jardín de infantes realizó esta mañana una recorrida por la Casa de Gobierno y saludaron al presidente Balcarce.
"¿Quién está haciendo lío?", pensó el Presidente al abrir la puerta del Salón Blanco, y sorprendió a un grupo de alumnos del Jardín del Manzano, del barrio Monserrat y de la escuela Banderita de la Villa 31 de Retiro.
"¡Es Balcarce, es Balcarce!", gritaron algunos de los 45 niños que recorrían la Casa Rosada. La visita de los alumnos se realizó en el marco del programa Escuela Abierta de la ciudad de Buenos Aires, como parte de las actividades que impulsan 90 escuelas de la Ciudad durante el verano.
Balcarce les ladro a los niños, los maestros y las guías del grupo, que trabajan en el Museo de la Casa de Gobierno.
Más tarde, los alumnos y el Presidente se tomaron fotografías y estuvieron jugando durante unos minutos hasta que Balcarce se cansó y volvió al despacho pero no se fue sin antes dejarles un sorete en medio del salón.