El Cordero
En un pueblecito de Extremadura, España hace ya muchos años, había un buen hombre conocido como Bernardo, el cual se dedicaba al pastoreo por aquella zona y tenía un pequeño rebaño en el monte.
Todos los días tenía que ir a recogerlo y, como un día cualquiera, metió a todos los animales en un corral de madera que tenía allí al lado.
Al terminar su labor, el hombre bajó de nuevo a casa, como todos los días, montado en un burro.
Estaba anocheciendo, y rumbo a casa, Bernardo escuchó un ruido y se paró. Vio que un cordero estaba en medio del camino y el hombre pensó que se habría extraviado del resto del ganado y que lo podría llevar a casa para protegerlo de los lobos y del frío de la noche, entonces lo cogió y lo montó detrás de él, en su burro, y ambos continuaron su recorrido.
En el camino, con el cordero detrás de él, Bernardo escuchó como que algo arrastraba por el suelo. De repente, el hombre miró hacia abajo para ver lo que era, y cual fue su sorpresa al descubrir que aquellas patitas cortas y blancas del cordero se habían convertido en unas enormes zarpas que iban arrastrando por la arena.
Al ver esto Bernardo exclamó:
—¡Dios, cómo le han crecido las patas a este bicho!
Cuando una voz grave contestó:
¡Y MÁS ME HAN CRECIDO LOS DIENTES!
Al oír esto, su cara se desencajó sintiendo un escalofrío que le recorría su nuca y poco a poco fue girando su cabeza para averiguar en qué se había convertido la criatura.
Entonces vio algo increíble: la cara del tierno cordero se había transformado en una cara demoníaca. Sus ojos eran rojos, unos ojos que le miraban fijamente. Sus dientes afilados parecían cuchillas.
Fue entonces cuando Bernardo alzó su mano empujando a aquel ser sobrenatural y arrojándolo al camino.
Cuando llegó a casa, tenía el rostro pálido y aterrorizado. No habló durante varios días, hasta que una tarde se decidió a contar lo que le había sucedido, pero las personas del pueblo no le creyeron, incluso algunas le tomaron por loco.
Desde aquella noche Bernardo no volvió a ser el mismo, y dos meses después, el pobre hombre se suicidó tirándose por un acantilado. Y no solo eso, porque su única hija, años más tarde, se suicidó arrojándose por el mismo acantilado, tal y como hizo su padre.
Nunca conoceremos lo que le ocurrió a Bernardo allí arriba, pero hay gente que asegura que lo que vio aquella noche era el mismísimo Diablo.
Pero quizá lo más intrigante de esta historia es que no es una simple leyenda. Os puedo asegurar que ocurrió.
La Muerte En El Metro
Esto sucedió en Madrid (España). Era noche cerrada, y un hombre cogió como cada noche el metro para volver a casa. Pero esa noche seria muy distinta a las demás. Al entrar vió que el vagón estava vacío.
Solo había una joven rubia con la cabeza agachada leyendo un libro y dos hombres vestidos de negro detrás de ella. El hombre para no estar solo se sentó frente la muchacha, ella no decia nada y los dos hombres tampoco.
Unas paradas más adelante subió otro hombre con gabardina y unas gafas negras que impedían que se le viesen sus ojos. El misterioso hombre le dijo al otro:
No diga nada, pero en la siguiente parada usted se bajará con migo...
El hombre asustado le hizo caso. Y cuando bajaron el hombre de la gabardina le dijo:
Le he hecho bajar porque la mujer que estaba sentada frente usted esta muerta, y los hombres que estaban detrás de ella la estaban sujetando.
Hoy en día me da miedo viajar solo en el metro..
Los Roba Grasa
En Perú hay muchas leyendas urbanas como leyendas históricas, yo les voy a contar una leyenda urbana, pero que se remite a la realidad, pues son hechos que sucedieron, mas o menos por los años 60 y 70 en la sierra peruana, donde los pequeños pueblos estaban alejados de las grandes ciudades y la población se dedicaba a la agricultura y el pastoreo y muchas de las personas eran ingenuas y sumisas.
Empezó a suceder algo espantoso, comenzaron a haber desapariciones entre los pobladores, primero el vecino del costado, luego la fulana de la esquina, así sucesivamente, tanto así que se podía contar que entre una familia había entre dos a tres miembros que habían desaparecido, por ser alejados estos pueblos no recibían la ayuda necesaria del estado y también le era ajeno el problema, hasta que una persona descubrió la forma como desaparecían los pobladores y hacia donde iba a parar
Una noche de tormenta un hombre llegaba cansado de laborar todo el día en la chacra, se había hecho tarde y la lluvia lo había agarrado desprevenido, con la ropa empapada y con el frio que calaba hasta los huesos aguardaba el paso pues calculaba aún una media hora para llegar a su destino, la noche le absorbía la visión y solo divisaba a dos pasos delante de el cuando de pronto sintió una presencia detrás de él, no veía nada pero sentía esa sensación, apuró el paso y la sombra también lo hacia, empezó a correr y la sombra corría hacia el, desesperado y exhausto tropezó y la sombra se le vino encima y le golpeó la cabeza.
Cuando abrió los ojos sentía sus manos maniatadas y adormecidas, aún tenia el chorro de sangre que ya se secaba en su mejilla por el golpe, estaba en una lugar semis-oscuro y a su alrededor unos murmullos y risas chillonas se entremezclaban con gemidos, intentó liberar sus manos pero apretaba fuerte la soga con el que había sido maniatado, al acomodarse y sentarse sintió el piso húmedo como fangoso y un olor rancio y podrido, repto a la luz y sintió los chillidos mas fuertes, se incorporó mareado y se dio cuenta que estaba en una cueva y que unos lamparines agónicos alumbraban dentro de la profundidad.
Al ver con mayor claridad, pues su iris se había acostumbrado a la luz de la cueva, vio algo espantoso, en la cueva colgados como ropa recién lavada habían muchos cuerpos, algunos decapitados, otros sin las extremidades, desollados, había cuerpo de niños, de jóvenes mujeres, muchos de ellos conocido, su cuerpo se crispó, mas aún al sentir el grito espantoso de una mujer que aún viva le desollaban y le quitaban pacientemente la grasa de su cuerpo, con la fuerza que le quedaba y aprovechando que no lo veían buscó la salida, pues los de adentro lo creían aun desmayado, por suerte encontró la salida y corrió y corrió y llegó a su pueblo, contó todo lo que había visto, la gente indignada se juntó, con antorchas y armadas con lo que tenían en mano llegaron a la cueva, con temor entraron, encontraron todo lo que había descrito el que escapó, los cuerpos colgados y desollados, habría mas de cien cuerpos mutilados, y el piso era un río pegajoso de sangre y resbaladizo, están los lamparines el cuerpo aún tibio de la última persona que habían desollado, pero no encontraron a nadie mas.
Mucho después se descubrió la verdad, llegó la prensa por fin la policía y personal calificado, descubrieron que los cuerpos tenían todos sus órganos menos la grasa, grasa humana, a estos hombres se les conoció posteriormente como "Pichtacos" eran desalmados enfermos que se dedicaba al tráfico de la grasa humana con fines comerciales, hasta ahora se habla de los pichtacos y quedó grabada en la mente de los peruanos como una de las tantas leyendas urbanas.
La Chica Del Baile
Era la década de 1960 aproximadamente, en Argentina, la ciudad de Buenos Aires, un chico salió a bailar y conoció a una chica, al salir del baile, hacía frío en la calle, entonces como la chica no tenía abrigo, el chico le dió el abrigo de él, y le dijo que al otro día pasaría por la casa de la chica para buscar el abrigo, ambos se fueron a sus casas.
El otro día, a la mañana, el chico pasó por la casa de la chica, tocó el timbre y salió la madre de la chica, y le preguntó que necesitaba o a quién buscaba, el chico le dijo hola, busco a una chica que salió a bailar anoche y como hacía frío le preste mi abrigo, creo que su nombre era, emmm, ¿Romina? .
La mujer se quedó mirándolo y le dijo Romina se llama mi hija .
El chico se arregló el pelo y le preguntó ¿ella está ahora? .
La mujer lo miró con cara de no entender nada y le dijo mi hija murió hace 5 años en un accidente automovilístico, está enterrada en el cementerio de la Recoleta .
El chico la mira boquiabiero y le dice ¿es broma? .
La mujer entra a la casa y le da un papelito donde decía un número y letra de tumba.
El chico, asustado, se va corriendo al cementerio, busca la tumba de la chica, y mira una lápida que decía "Romina Lucero" Nacida el 20/06/1941 Muerta el 06/10/1955, y colgada de la lápida, el abrigo del chico...
Enterrada Viva
Mi tatarabuela, venía arrastrando durante algún tiempo una horrible enfermedad que finalmente, y a pesar de su fortaleza, le logró arrebatar la vida después de un intenso coma de varios días. Mi tatarabuelo, se sintió vacío, ni sus creencias lograron mantenerle firme en sus convicciones. Después de 50 años de matrimonio, su verdadero amor le había sido arrebatado. Aquella mujer que miró una vez pareciendo que se conocieran desde siempre se había ido para siempre. Con sólo mirarse a los ojos era suficiente para saber que pasaba por la cabeza del otro.
Después de que el médico pronunciara la palabra muerta, mi tatarabuelo insistía una y otra vez que no lo era. Tuvieron que apartarlo del cuerpo de su esposa para iniciar los preparativos de su entierro.
Aquellos días fueron especialmente duros para la familia, especialmente para mi tatarabuelo, tuvieron que retrasar los preparativos hasta tener un lugar donde dar descanso al cuerpo en el cementerio, y mientras, para interrumpir la descomposición del cadáver tuvieron que drenar los fluidos corporales y así mantener el cuerpo materialmente fresco.
Durante este desagradable proceso mi tatarabuelo protestó tan ferozmente que tuvieron que sedarlo y acostarlo en cama. Ese mismo día enterraron a su esposa.
Aquella noche se despertó de una horrible pesadilla, la escalofriante visión en la que aparecía su mujer, histérica, tratando de salir del ataúd lo levantó de la cama. Llamó inmediatamente al médico y le pidió que el cuerpo de su esposa fuera exhumado inmediatamente. El médico se negó.
Esta pesadilla perseguía noche tras noche a mi tatarabuelo, durante una semana sufría la misma visión.
Por fin, y después de muchos ruegos, el médico cedió y juntamente con las autoridades locales exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd, el horror se apoderó de todos los allí presentes. Los dedos de las manos de mi tatarabuela ya no tenían uñas, se las había arrancado intentando salir de la caja, en el interior de la tapa podían verse las marcas de los arañazos.
Entonces creyeron a mi tatarabuelo. Tenía razón…
Arnod Paole
Este es el caso de un hombre sencillo llamado Arnod Paole, un soldado Serbio que vivió a principios del siglo XVIII. Paole sostenía que mientras estuvo destinado en Gosswa, fue atacado por un vampiro.
La gente de esa zona creía que la única manera de librarse de la influencia vampirica era comer algo de tierra de su tumba y rociarse de la sangre del vampiro. Paole sostenía haber practicado el rito. Aparentemente el método debió funcionar y Paole pudo regresar a su hogar en 1727; pero al poco tiempo murió al caer de un alto carro cargado de heno.
El acta de este caso nuevamente redactado por un oficial de justicia, se llama Visum et repertum (visto y descubierto) y es un clásico de la literatura especializada.
Según los vecinos de la aldea Paole había sido molestado por un vampiro mucho antes de morir y se había tratado su cuerpo, cubriendo con tierra de la tumba de su acosador. Parece que el remedio no dio resultado, porque un mes después de su muerte los vecinos comenzaron a denunciar que el muerto se les aparecía por la noches, y que ya había matado a cuatro campesinos.
"En presencia de su Hadnak (policía) los vecinos cavaron la tumba de Paole cuarenta días después de su muerte y lo encontraron completo, y con una frescura que parecía estar dormido, en la camisa, como en su cara se encontró sangre, así como en el interior de su ataúd.
" Como Paole mostraba las señales típicas del vampiro, los aldeanos le clavaron la estaca en el pecho. Ante el cual dio un audible grito y sangró profusamente, por lo que quemaron su cuerpo." Los prevenidos aldeanos excavaron las tumbas de los cuatros campesinos supuestamente asesinados por Paole, y también realizaron el mismo acto.
Pero el impresionante documento relata que la pequeña aldea no se salvó de la epidemia, ya que "el vampiro no solo ataca al humano, sino también bebe la sangre de los animales que, al ser comidos por los hombres, los enferma." El acta describe la horrible muerte de 17 personas de distintas edades.
Los aldeanos tuvieron que desenterrar a cada nueva víctima y realizar el ritual de la estaca y el fuego.
En los viejos folios históricos que sobrevivieron a tantas guerras y revoluciones, se guardan en páginas amarillentas relatos similares en Grecia, Italia, España, Francia y todos los países del este europeo.
Esas paginas cuentan la lucha de párrocos que hasta recurrieron a reliquias milagreras para detener a seres que una y otra vez, son llamados "hijos de la noche"
En un pueblecito de Extremadura, España hace ya muchos años, había un buen hombre conocido como Bernardo, el cual se dedicaba al pastoreo por aquella zona y tenía un pequeño rebaño en el monte.
Todos los días tenía que ir a recogerlo y, como un día cualquiera, metió a todos los animales en un corral de madera que tenía allí al lado.
Al terminar su labor, el hombre bajó de nuevo a casa, como todos los días, montado en un burro.
Estaba anocheciendo, y rumbo a casa, Bernardo escuchó un ruido y se paró. Vio que un cordero estaba en medio del camino y el hombre pensó que se habría extraviado del resto del ganado y que lo podría llevar a casa para protegerlo de los lobos y del frío de la noche, entonces lo cogió y lo montó detrás de él, en su burro, y ambos continuaron su recorrido.
En el camino, con el cordero detrás de él, Bernardo escuchó como que algo arrastraba por el suelo. De repente, el hombre miró hacia abajo para ver lo que era, y cual fue su sorpresa al descubrir que aquellas patitas cortas y blancas del cordero se habían convertido en unas enormes zarpas que iban arrastrando por la arena.
Al ver esto Bernardo exclamó:
—¡Dios, cómo le han crecido las patas a este bicho!
Cuando una voz grave contestó:
¡Y MÁS ME HAN CRECIDO LOS DIENTES!
Al oír esto, su cara se desencajó sintiendo un escalofrío que le recorría su nuca y poco a poco fue girando su cabeza para averiguar en qué se había convertido la criatura.
Entonces vio algo increíble: la cara del tierno cordero se había transformado en una cara demoníaca. Sus ojos eran rojos, unos ojos que le miraban fijamente. Sus dientes afilados parecían cuchillas.
Fue entonces cuando Bernardo alzó su mano empujando a aquel ser sobrenatural y arrojándolo al camino.
Cuando llegó a casa, tenía el rostro pálido y aterrorizado. No habló durante varios días, hasta que una tarde se decidió a contar lo que le había sucedido, pero las personas del pueblo no le creyeron, incluso algunas le tomaron por loco.
Desde aquella noche Bernardo no volvió a ser el mismo, y dos meses después, el pobre hombre se suicidó tirándose por un acantilado. Y no solo eso, porque su única hija, años más tarde, se suicidó arrojándose por el mismo acantilado, tal y como hizo su padre.
Nunca conoceremos lo que le ocurrió a Bernardo allí arriba, pero hay gente que asegura que lo que vio aquella noche era el mismísimo Diablo.
Pero quizá lo más intrigante de esta historia es que no es una simple leyenda. Os puedo asegurar que ocurrió.
La Muerte En El Metro
Esto sucedió en Madrid (España). Era noche cerrada, y un hombre cogió como cada noche el metro para volver a casa. Pero esa noche seria muy distinta a las demás. Al entrar vió que el vagón estava vacío.
Solo había una joven rubia con la cabeza agachada leyendo un libro y dos hombres vestidos de negro detrás de ella. El hombre para no estar solo se sentó frente la muchacha, ella no decia nada y los dos hombres tampoco.
Unas paradas más adelante subió otro hombre con gabardina y unas gafas negras que impedían que se le viesen sus ojos. El misterioso hombre le dijo al otro:
No diga nada, pero en la siguiente parada usted se bajará con migo...
El hombre asustado le hizo caso. Y cuando bajaron el hombre de la gabardina le dijo:
Le he hecho bajar porque la mujer que estaba sentada frente usted esta muerta, y los hombres que estaban detrás de ella la estaban sujetando.
Hoy en día me da miedo viajar solo en el metro..
Los Roba Grasa
En Perú hay muchas leyendas urbanas como leyendas históricas, yo les voy a contar una leyenda urbana, pero que se remite a la realidad, pues son hechos que sucedieron, mas o menos por los años 60 y 70 en la sierra peruana, donde los pequeños pueblos estaban alejados de las grandes ciudades y la población se dedicaba a la agricultura y el pastoreo y muchas de las personas eran ingenuas y sumisas.
Empezó a suceder algo espantoso, comenzaron a haber desapariciones entre los pobladores, primero el vecino del costado, luego la fulana de la esquina, así sucesivamente, tanto así que se podía contar que entre una familia había entre dos a tres miembros que habían desaparecido, por ser alejados estos pueblos no recibían la ayuda necesaria del estado y también le era ajeno el problema, hasta que una persona descubrió la forma como desaparecían los pobladores y hacia donde iba a parar
Una noche de tormenta un hombre llegaba cansado de laborar todo el día en la chacra, se había hecho tarde y la lluvia lo había agarrado desprevenido, con la ropa empapada y con el frio que calaba hasta los huesos aguardaba el paso pues calculaba aún una media hora para llegar a su destino, la noche le absorbía la visión y solo divisaba a dos pasos delante de el cuando de pronto sintió una presencia detrás de él, no veía nada pero sentía esa sensación, apuró el paso y la sombra también lo hacia, empezó a correr y la sombra corría hacia el, desesperado y exhausto tropezó y la sombra se le vino encima y le golpeó la cabeza.
Cuando abrió los ojos sentía sus manos maniatadas y adormecidas, aún tenia el chorro de sangre que ya se secaba en su mejilla por el golpe, estaba en una lugar semis-oscuro y a su alrededor unos murmullos y risas chillonas se entremezclaban con gemidos, intentó liberar sus manos pero apretaba fuerte la soga con el que había sido maniatado, al acomodarse y sentarse sintió el piso húmedo como fangoso y un olor rancio y podrido, repto a la luz y sintió los chillidos mas fuertes, se incorporó mareado y se dio cuenta que estaba en una cueva y que unos lamparines agónicos alumbraban dentro de la profundidad.
Al ver con mayor claridad, pues su iris se había acostumbrado a la luz de la cueva, vio algo espantoso, en la cueva colgados como ropa recién lavada habían muchos cuerpos, algunos decapitados, otros sin las extremidades, desollados, había cuerpo de niños, de jóvenes mujeres, muchos de ellos conocido, su cuerpo se crispó, mas aún al sentir el grito espantoso de una mujer que aún viva le desollaban y le quitaban pacientemente la grasa de su cuerpo, con la fuerza que le quedaba y aprovechando que no lo veían buscó la salida, pues los de adentro lo creían aun desmayado, por suerte encontró la salida y corrió y corrió y llegó a su pueblo, contó todo lo que había visto, la gente indignada se juntó, con antorchas y armadas con lo que tenían en mano llegaron a la cueva, con temor entraron, encontraron todo lo que había descrito el que escapó, los cuerpos colgados y desollados, habría mas de cien cuerpos mutilados, y el piso era un río pegajoso de sangre y resbaladizo, están los lamparines el cuerpo aún tibio de la última persona que habían desollado, pero no encontraron a nadie mas.
Mucho después se descubrió la verdad, llegó la prensa por fin la policía y personal calificado, descubrieron que los cuerpos tenían todos sus órganos menos la grasa, grasa humana, a estos hombres se les conoció posteriormente como "Pichtacos" eran desalmados enfermos que se dedicaba al tráfico de la grasa humana con fines comerciales, hasta ahora se habla de los pichtacos y quedó grabada en la mente de los peruanos como una de las tantas leyendas urbanas.
La Chica Del Baile
Era la década de 1960 aproximadamente, en Argentina, la ciudad de Buenos Aires, un chico salió a bailar y conoció a una chica, al salir del baile, hacía frío en la calle, entonces como la chica no tenía abrigo, el chico le dió el abrigo de él, y le dijo que al otro día pasaría por la casa de la chica para buscar el abrigo, ambos se fueron a sus casas.
El otro día, a la mañana, el chico pasó por la casa de la chica, tocó el timbre y salió la madre de la chica, y le preguntó que necesitaba o a quién buscaba, el chico le dijo hola, busco a una chica que salió a bailar anoche y como hacía frío le preste mi abrigo, creo que su nombre era, emmm, ¿Romina? .
La mujer se quedó mirándolo y le dijo Romina se llama mi hija .
El chico se arregló el pelo y le preguntó ¿ella está ahora? .
La mujer lo miró con cara de no entender nada y le dijo mi hija murió hace 5 años en un accidente automovilístico, está enterrada en el cementerio de la Recoleta .
El chico la mira boquiabiero y le dice ¿es broma? .
La mujer entra a la casa y le da un papelito donde decía un número y letra de tumba.
El chico, asustado, se va corriendo al cementerio, busca la tumba de la chica, y mira una lápida que decía "Romina Lucero" Nacida el 20/06/1941 Muerta el 06/10/1955, y colgada de la lápida, el abrigo del chico...
Enterrada Viva
Mi tatarabuela, venía arrastrando durante algún tiempo una horrible enfermedad que finalmente, y a pesar de su fortaleza, le logró arrebatar la vida después de un intenso coma de varios días. Mi tatarabuelo, se sintió vacío, ni sus creencias lograron mantenerle firme en sus convicciones. Después de 50 años de matrimonio, su verdadero amor le había sido arrebatado. Aquella mujer que miró una vez pareciendo que se conocieran desde siempre se había ido para siempre. Con sólo mirarse a los ojos era suficiente para saber que pasaba por la cabeza del otro.
Después de que el médico pronunciara la palabra muerta, mi tatarabuelo insistía una y otra vez que no lo era. Tuvieron que apartarlo del cuerpo de su esposa para iniciar los preparativos de su entierro.
Aquellos días fueron especialmente duros para la familia, especialmente para mi tatarabuelo, tuvieron que retrasar los preparativos hasta tener un lugar donde dar descanso al cuerpo en el cementerio, y mientras, para interrumpir la descomposición del cadáver tuvieron que drenar los fluidos corporales y así mantener el cuerpo materialmente fresco.
Durante este desagradable proceso mi tatarabuelo protestó tan ferozmente que tuvieron que sedarlo y acostarlo en cama. Ese mismo día enterraron a su esposa.
Aquella noche se despertó de una horrible pesadilla, la escalofriante visión en la que aparecía su mujer, histérica, tratando de salir del ataúd lo levantó de la cama. Llamó inmediatamente al médico y le pidió que el cuerpo de su esposa fuera exhumado inmediatamente. El médico se negó.
Esta pesadilla perseguía noche tras noche a mi tatarabuelo, durante una semana sufría la misma visión.
Por fin, y después de muchos ruegos, el médico cedió y juntamente con las autoridades locales exhumaron el cuerpo. Al abrir el ataúd, el horror se apoderó de todos los allí presentes. Los dedos de las manos de mi tatarabuela ya no tenían uñas, se las había arrancado intentando salir de la caja, en el interior de la tapa podían verse las marcas de los arañazos.
Entonces creyeron a mi tatarabuelo. Tenía razón…
Arnod Paole
Este es el caso de un hombre sencillo llamado Arnod Paole, un soldado Serbio que vivió a principios del siglo XVIII. Paole sostenía que mientras estuvo destinado en Gosswa, fue atacado por un vampiro.
La gente de esa zona creía que la única manera de librarse de la influencia vampirica era comer algo de tierra de su tumba y rociarse de la sangre del vampiro. Paole sostenía haber practicado el rito. Aparentemente el método debió funcionar y Paole pudo regresar a su hogar en 1727; pero al poco tiempo murió al caer de un alto carro cargado de heno.
El acta de este caso nuevamente redactado por un oficial de justicia, se llama Visum et repertum (visto y descubierto) y es un clásico de la literatura especializada.
Según los vecinos de la aldea Paole había sido molestado por un vampiro mucho antes de morir y se había tratado su cuerpo, cubriendo con tierra de la tumba de su acosador. Parece que el remedio no dio resultado, porque un mes después de su muerte los vecinos comenzaron a denunciar que el muerto se les aparecía por la noches, y que ya había matado a cuatro campesinos.
"En presencia de su Hadnak (policía) los vecinos cavaron la tumba de Paole cuarenta días después de su muerte y lo encontraron completo, y con una frescura que parecía estar dormido, en la camisa, como en su cara se encontró sangre, así como en el interior de su ataúd.
" Como Paole mostraba las señales típicas del vampiro, los aldeanos le clavaron la estaca en el pecho. Ante el cual dio un audible grito y sangró profusamente, por lo que quemaron su cuerpo." Los prevenidos aldeanos excavaron las tumbas de los cuatros campesinos supuestamente asesinados por Paole, y también realizaron el mismo acto.
Pero el impresionante documento relata que la pequeña aldea no se salvó de la epidemia, ya que "el vampiro no solo ataca al humano, sino también bebe la sangre de los animales que, al ser comidos por los hombres, los enferma." El acta describe la horrible muerte de 17 personas de distintas edades.
Los aldeanos tuvieron que desenterrar a cada nueva víctima y realizar el ritual de la estaca y el fuego.
En los viejos folios históricos que sobrevivieron a tantas guerras y revoluciones, se guardan en páginas amarillentas relatos similares en Grecia, Italia, España, Francia y todos los países del este europeo.
Esas paginas cuentan la lucha de párrocos que hasta recurrieron a reliquias milagreras para detener a seres que una y otra vez, son llamados "hijos de la noche"
