La grosería está subestimada…
Vivimos en una nación florida, cálida, carnestolendica, dicharachera, alegre, vivimos en Colombia, cabe resaltar que mientras más cálida la ciudad más revoltoso el hablao, a mi me ha tocado vivir entre dos regiones, la costeña y la andina, y si tengo tres amigos que al enojarse no mentan madre, padre, hermanos, mozas… son muchos.
Ésta no es una clase de costeñol o una diatriba contra la palabra Gonorrea, es una justificación, porque sea como sea nos relacionamos en una sociedad, en su mayor parte católica, y como buenos devotos, detrás de todo feligrés se esconde un mojigato descarado, un fariseo, un hipócrita, habrán sus excepciones claro, pero el moho beato sobresale como mojón en el agua.
Escribo esto porque no entiendo el asco social por una persona que exprese improperios con regularidad y la aceptación inmediata de la “decente” en la cofradía, el filtro al conocer a alguien o referirse al mismo no debería ser su vulgaridad pueril sino su infame comportamiento.
Pienso que es más tolerable una mala palabra que una palabra mal escrita, el que lee literatura
debe saber ésto (Sino ¿Por qué Fernando Vallejo tiene tanto renombre?), es mas repudiable una mala ortografía que un rebelde pecadillo verbal, quien maldice con palabras non sanctas denota decisión y en muchos casos personalidad pero alguien que escribe con mala ortografía denota desinterés académico, ignorancia y mentalidad de vereda. Porque la plebedad es sincera señores, es sana, honesta, clara! Lo digo en el contexto iracundo, no me malinterpreten, en una cirscunstancia de tranquilidad y normalidad, una mala palabra se vuelve ordinaria y arruina romanticismos, pero en el tiempo de poner las cartas sobre la mesa, ese lujo imprudente resulta vivificante, razonable y directo.
Éstas picantes palabrillas dan temple y valentía al discurso, sin embargo se consideran los sazonadores de las riñas mas no el plato fuerte, pensándolo bien es mas inofensiva una vulgaridad que una ofensa detallada, si tú le dices “hijueputa” a alguien, el significado es muy subjetivo, porque “hijueputa” puede ser cualquiera y puede referirse a distintos patrones de conducta, pero si ofendes con precisión al hijueputa, ten por seguro que vas a provocar un quebrantamiento, ¿A cuántos muchas veces no le han dicho ese adjetivo?, ¿A cuantas madres no les ha zumbado el oído?… y se olvidan, ni les importa, pero ¿A cuántos los han confrontado con lo que realmente son?, así entonces la imprudencia verbal es menos ultrajante que la humillación más despiadada.
Tolero la plebedad, la tolero, lo que no admito es la mojigatez, la actitud de “Voy a misa todos los domingos” me enfurece porque conozco tanta gente católica, cristiana, cruz de ceniza, de procesión, Amén y hablaito pendejo, que como personas son tan viles, asquerosos y crueles, como si todo ese protocolo social por claras razones no les precediera, no les hiciera justicia, es una pérdida de tiempo, un papeleo inutil, porque a la hora de la verdad, mucha gente así no vale una verga. En cambio he tenido el placer de toparme con individuos jocosos, extravagantes y con la desfachatez más impresionante y han resultado ser personas dignas de admirar, encantadoras, interesantes, BUENAS.
Por lo tanto tenemos que cambiar ese puto estereotipo puritano, porque papas y obispos pedófilos, políticos corruptos los hay y muchos, pero si miramos en la historia los personajes más inquietantes y admirables han tenido sus momentos euforicos al expresarse. En conclusión todo esto es lo que nos vuelve a fin de cuentas humanos, porque el que tiene boca se equivoca como dice el cliché.
yoyidelacruz

Vivimos en una nación florida, cálida, carnestolendica, dicharachera, alegre, vivimos en Colombia, cabe resaltar que mientras más cálida la ciudad más revoltoso el hablao, a mi me ha tocado vivir entre dos regiones, la costeña y la andina, y si tengo tres amigos que al enojarse no mentan madre, padre, hermanos, mozas… son muchos.
Ésta no es una clase de costeñol o una diatriba contra la palabra Gonorrea, es una justificación, porque sea como sea nos relacionamos en una sociedad, en su mayor parte católica, y como buenos devotos, detrás de todo feligrés se esconde un mojigato descarado, un fariseo, un hipócrita, habrán sus excepciones claro, pero el moho beato sobresale como mojón en el agua.
Escribo esto porque no entiendo el asco social por una persona que exprese improperios con regularidad y la aceptación inmediata de la “decente” en la cofradía, el filtro al conocer a alguien o referirse al mismo no debería ser su vulgaridad pueril sino su infame comportamiento.
Pienso que es más tolerable una mala palabra que una palabra mal escrita, el que lee literatura
debe saber ésto (Sino ¿Por qué Fernando Vallejo tiene tanto renombre?), es mas repudiable una mala ortografía que un rebelde pecadillo verbal, quien maldice con palabras non sanctas denota decisión y en muchos casos personalidad pero alguien que escribe con mala ortografía denota desinterés académico, ignorancia y mentalidad de vereda. Porque la plebedad es sincera señores, es sana, honesta, clara! Lo digo en el contexto iracundo, no me malinterpreten, en una cirscunstancia de tranquilidad y normalidad, una mala palabra se vuelve ordinaria y arruina romanticismos, pero en el tiempo de poner las cartas sobre la mesa, ese lujo imprudente resulta vivificante, razonable y directo.
Éstas picantes palabrillas dan temple y valentía al discurso, sin embargo se consideran los sazonadores de las riñas mas no el plato fuerte, pensándolo bien es mas inofensiva una vulgaridad que una ofensa detallada, si tú le dices “hijueputa” a alguien, el significado es muy subjetivo, porque “hijueputa” puede ser cualquiera y puede referirse a distintos patrones de conducta, pero si ofendes con precisión al hijueputa, ten por seguro que vas a provocar un quebrantamiento, ¿A cuántos muchas veces no le han dicho ese adjetivo?, ¿A cuantas madres no les ha zumbado el oído?… y se olvidan, ni les importa, pero ¿A cuántos los han confrontado con lo que realmente son?, así entonces la imprudencia verbal es menos ultrajante que la humillación más despiadada.
Tolero la plebedad, la tolero, lo que no admito es la mojigatez, la actitud de “Voy a misa todos los domingos” me enfurece porque conozco tanta gente católica, cristiana, cruz de ceniza, de procesión, Amén y hablaito pendejo, que como personas son tan viles, asquerosos y crueles, como si todo ese protocolo social por claras razones no les precediera, no les hiciera justicia, es una pérdida de tiempo, un papeleo inutil, porque a la hora de la verdad, mucha gente así no vale una verga. En cambio he tenido el placer de toparme con individuos jocosos, extravagantes y con la desfachatez más impresionante y han resultado ser personas dignas de admirar, encantadoras, interesantes, BUENAS.
Por lo tanto tenemos que cambiar ese puto estereotipo puritano, porque papas y obispos pedófilos, políticos corruptos los hay y muchos, pero si miramos en la historia los personajes más inquietantes y admirables han tenido sus momentos euforicos al expresarse. En conclusión todo esto es lo que nos vuelve a fin de cuentas humanos, porque el que tiene boca se equivoca como dice el cliché.
yoyidelacruz