por Dante Palma Peluda
Mi nombre esh Dante Palma, filóshofo, argentino, periodista militante del proyecto nacional y popular.
El otro día tuve una vishión, así como psicodélica, viste. Shoñé que estaba en un bosque y empezaba a oscurecer. Yio traté de escapar, shalí corriendo hasta que me encontré con Bernardo Neustad, aquel gran periodista militante de otrosh tiemposh.
Entonces me dijo shi quería salir, que lo siga. Yio le conteshté “sí maestro, no me deje solo”, pero no se rió.
Entramos en tipo una caverna así, como bajo tierra, viste. Era la puerta del infierno.
En la entrada había un cuadro gigante de Mañeto, abrashado con Videla. Sheguimos caminando y vimosh un montón de gente con picos y palas trabajando. Yio les pregunté por qué estaban ahí, me dijeron “por no adorar a Nestor y Cristina”.
Sheguimos bajando, yio y Neustad, y vimos otro grupo de gente haciendo una fila larguísima, casi infinita para pagar el monotributo. Otra vez pregunté por qué estaban, me dijeron “por no adorar a Néstor y Cristina”.
Más abajo, había más personas y todosh tenían uniformesh militares y marchaban al son de Avenida de las Camelias. “Estos son los que cortaban las calles pidiendo seguridad al kirchnerismo”, dijo Bernardo. Gorilas, pensé yió.
Y por fin, llegamosh al último piso del infierno. Fue cuando lo vi, el temor she apoderó de mí, era el príncipe de las tinieblas, Jorge Lanata. Sentado en una mesa re larga, viste.
A shu lado estaba Lucas Carrasco tomando una botella de vino, Tenenbaun y Zlotogiazda en un solo cuerpo como shi fueran shiameses y Mañeto, que me miraba con una sonrisa shiniestra.
Bernardo me dijo “no tengas miedo, este es el camino” y nos shubimos al pecho de Lanata, trepamosh por sus hombros y salimos del infierno.
“Hasta acá puedo acompañarte, querido discípulo” me dijo Neustad. Estabamos en la puerta del cielo.
Qué alegría shentí, por fin podía reunirme con Néstor, Firmenich y el general Perón. Ahí justo me desperté. Pero bueno, el cielo puede eshperar.
Mi nombre esh Dante Palma, filóshofo, argentino, periodista militante del proyecto nacional y popular.
El otro día tuve una vishión, así como psicodélica, viste. Shoñé que estaba en un bosque y empezaba a oscurecer. Yio traté de escapar, shalí corriendo hasta que me encontré con Bernardo Neustad, aquel gran periodista militante de otrosh tiemposh.
Entonces me dijo shi quería salir, que lo siga. Yio le conteshté “sí maestro, no me deje solo”, pero no se rió.
Entramos en tipo una caverna así, como bajo tierra, viste. Era la puerta del infierno.
En la entrada había un cuadro gigante de Mañeto, abrashado con Videla. Sheguimos caminando y vimosh un montón de gente con picos y palas trabajando. Yio les pregunté por qué estaban ahí, me dijeron “por no adorar a Nestor y Cristina”.
Sheguimos bajando, yio y Neustad, y vimos otro grupo de gente haciendo una fila larguísima, casi infinita para pagar el monotributo. Otra vez pregunté por qué estaban, me dijeron “por no adorar a Néstor y Cristina”.
Más abajo, había más personas y todosh tenían uniformesh militares y marchaban al son de Avenida de las Camelias. “Estos son los que cortaban las calles pidiendo seguridad al kirchnerismo”, dijo Bernardo. Gorilas, pensé yió.
Y por fin, llegamosh al último piso del infierno. Fue cuando lo vi, el temor she apoderó de mí, era el príncipe de las tinieblas, Jorge Lanata. Sentado en una mesa re larga, viste.
A shu lado estaba Lucas Carrasco tomando una botella de vino, Tenenbaun y Zlotogiazda en un solo cuerpo como shi fueran shiameses y Mañeto, que me miraba con una sonrisa shiniestra.
Bernardo me dijo “no tengas miedo, este es el camino” y nos shubimos al pecho de Lanata, trepamosh por sus hombros y salimos del infierno.
“Hasta acá puedo acompañarte, querido discípulo” me dijo Neustad. Estabamos en la puerta del cielo.
Qué alegría shentí, por fin podía reunirme con Néstor, Firmenich y el general Perón. Ahí justo me desperté. Pero bueno, el cielo puede eshperar.