Cansado de post del Diego, que la chupen, y esas cosas, te propongo una bocanada de aire fresco y conocer un poco mas al genial Capussoto.
“Construyen la sensación de que nunca estuvimos peor”
El verdadero genio de la cultura neo-peronista se despacha en una entrevista y como siempre se caga en todo....
Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.
Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.
El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias –a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas–. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.
Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.
El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.
–¿Vivís hace mucho en Barracas?
–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.
–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?
–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.
–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?
–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.
–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?
–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.
–¿Te ofrecieron ir a otro canal?
–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.
–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.
–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.
–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.
–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.
–¿Cómo actúa el humor frente a eso?
–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.
–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.
–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.
–Ese momento político también te marcó.
–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.
–¿Siempre te sentiste peronista?
–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.
Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.
–Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.
–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.
–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.
–¿Y Pino Solanas?
–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.
–¿Qué pensás de la izquierda?
–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.
–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.
–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.
–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?
–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.
–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.
–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!
–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?
–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.
–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?
–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.
–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?
–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.
–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?
–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades
–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.
–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.
–¿Qué ves con tus hijas en la tele?
–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.
–¿Cómo vive tu familia tu exposición?
–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.
–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.
–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.
Todo lo intenso muere rápido"
Su programa "Peter Capusotto y sus videos" (Canal 7, lunes a las 23) se transformó en una alternativa de la gran batalla entre "Bailando por un sueño" y "Gran Hermano". Hijo rocker de "Todo x 2 pesos", se meten con todo: desde un Perón que cita en su discurso al Indio Solari hasta Fito Páez relatando un partido de fútbol. Y además, pasan notables clips de los 70.
Por estos días se repite los capitulos de las dos temporadas hechas durante el 2007. Lamentablemente parece que Peter Capusoto no vuelve a la tele en este primer semestre por lo menos.
Me parece importante reproducir esta entrevista para Clarín realizada tiempo atrás, en la misma el actor habla de su pasión por el rock.
Perón cita a los Redonditos de Ricota ("vinieron los obreros y me dijeron: ñan fri fruli, ñan fri fruli, yo no la cambio por nada cuando empieza a cabalgar" o a Miranda! ("llevo en mis oídos la música más maravillosa que es un solo: ¡es la guitarra de Lolo!". Fito Páez relata fútbol o informa el estado del tránsito ("embotellamientos en esta puta ciudad". Keith Richards le cuenta chistes de salón a Charlie Watts y Los Tres Chiflados pasan a ser Los Tres Drogados: Moegra, Chaly y el Gordo Drogadicto.
Es el extraño mundo de Peter Capusotto y sus videos, el hijo rocker de Todo x 2 pesos. Es un lugar singular, paródico, lisérgico, crítico del rock y, a su vez, didáctico: en una tierra arrasada por lo último, por los top ten, por la furtiva novedad, Peter pasa en cada programa cuatro o cinco clips que funcionan como rescate de un rock que ya no es y que generalmente sonó en los años 70. Jethro Tull, Van Morrison, Billy Bond, Van Der Graaf Generator, por ejemplo, aparecen en la pantalla con una estética proto MTV.
Así, a fuerza de música y gags que presenta el alter ego de Diego Capusotto, el programa se transformó en un atajo alternativo de la superbatalla entre Bailando por un sueño y Gran Hermano, ésa que viene convocando a unos seis millones de televidentes cada día de la semana. "Es un programa de garage —dice Capusotto, una tarde helada—. Unicamente se podría hacer en un canal como el 7. Está fuera de todo circuito comercial, aún más que Todo x 2 pesos, que era más integral. Con Pedro nos juntamos con el mismo espíritu de Todos x 2 pesos pero parándonos en la cultura rock, tomando historias de rock, ficcionando, inventando. La de los videos es la parte testimonial, el anclaje con la realidad".
Pedro es Pedro Saborido, guionista y alma pater de ambos programas. "Fui rockero —dice—. Esa clase de rockero de la revista El Expreso Imaginario, de topper negra y morral. Supongo que eso me dio un grupo de pertenencia en su momento y una mirada bastante hippie del mundo. Yo creo que esto no se puede comparar con Todo x 2 pesos. Para empezar, no están Néstor Montalbano ni Fabio Alberti. Y además se trata de un proyecto más chico, más tranquilo y temático".
En rigor, Peter Capusotto y sus videos empezó la primavera del año pasado en Rock & Pop TV a instancias de Daniel Morano. La fórmula tenía tres puntas: el histrionismo de Capusotto, los guiones de Saborido y la formidable colección de clips de Marcelo Iconomidis (a) El griego. En enero de 2007 pasó a Canal 7. Al principio, repetían el ciclo de Rock & Pop TV, después comenzaron a volver a producir. El pasaje de cable a aire fue fundamental para que el programa se posicionara como un producto, digámoslo, "de culto". Estar emparedado entre Bailando... y GH potenció ese halo de alternativa rocker y resistencia setentista.
Con una seriedad inédita, a punto de caer engripado, Capusotto reflexiona sobre su programa y habla de rock and roll, la pasión secreta detrás del actor. "Yo tocaba la batería. Me gustaba mucho, pero no era bueno. También me gustaba mucho jugar al fútbol. Era diez, bastante hábil. Jugaba al papi en el Stentor de Villa Luro, me probé en Racing, en Boca. En fin. No pude ser ni batero ni jugador. Me tuve que conformar con ser un voraz oyente de discos y un enfermo de Racing".
¿Cuál es tu relación con el rock?
Yo soy del 61. Mi contacto con el rock pasa a través de mi hermano, que era ocho años mayor que yo. El me empezó a bajar línea. Me acuerdo que cuando yo tenía 12 se compró un long play de Santana, que lo gasté. Cuando cumplí 14 me regaló uno de King Crimson.
¿De qué barrio eras?
Nací en Castelar, pero a los 7 nos mudamos a Villa Luro. Ahí pasé 30 años. Y es importante el dato para mi formación musical, porque mi barrio quedaba pegado a Floresta, que tiene una gran tradición rockera. Los Memphis eran muy amigos de mi hermano. En el barrio había una banda emblemática en esa época, que era Carolina. Muy rollinga. Ahí llegó a tocar Gringui Herrera. También me acuerdo de Pies ligeros, otro grupo.
Esa fue tu formación...
Claro. Por eso cuando conocí al Griego y me mostró los videos que tenía y la música que le gustaba, coincidimos plenamente. Toda la música que pasamos en la tele la conozco y me vuela la cabeza: Humble Pie, Focus, Patti Smith, Grateful Dead. A pesar de que yo al principio era cerrado: estaban los chetos y los rockeros y yo era rocanrolero. Me gustaban los Stones, me costó aceptar a Los Beatles. Esa cosa de aguante, ¿no? Esa falsa idea de los Rolling duros y Los Beatles blandos. Muy de la adolescencia. Por suerte abrí mis orejas a tiempo.
¿Cuándo sentís que te alejás del rock, si es que te alejaste?
No, nunca me alejé. Pero hubo una pérdida que me pegó fuerte, que fue la muerte de mi hermano. Yo ya estudiaba teatro. Me fui metiendo cada vez más en el mundo de la actuación. Iba al Parakultural, lo veía a Urdapilleta, me conecté con otro tipo de gente. Dejé de comprar discos, pero no de escucharlos.
¿Pensás que el rock de los 70 es mejor que el actual?
No, no sé. Es la música que a mí me gusta. También me gustan mucho Nirvana, los Chemical Brothers; no sé, hasta hay cosas de Moby que me gustan. No hay nostalgia en Peter Capusotto, sí cierta ironía. Tratamos de no tomarnos muy en serio a nosostros mismos y a este movimiento que tuvo su peso específico, que amamos y al que estamos vinculados desde lo emocional, pero que se instaló en un lugar muy contradictorio. Algunas bandas, como los Stones, parecen empresas que hacen música.
¿Por qué te gusta particularmente ese rock?
Mirá: creo que hubo una época entre mediados de los 60 y mediados de los 70 que fue gloriosa. Cada banda se superaba, sacaba un long play mejor que el otro y realmente se prendían fuego. Los Stones escuchaban Sgt. Pepper y decían: "¡Mirá estos hijos de puta de Los Beatles lo que están haciendo! " y sacaban Sus majestades satánicas. Se incendiaban. Por eso muchos duraban tan poco. Yo creo que todo lo intenso muere rápido. El punk fue otro movimiento interesante. Horses, de Patti Smith, es uno de mis discos preferidos.
¿Qué pasó con Fabio Alberti? ¿Por qué no lo hiciste con él?
No pasó nada. Estamos juntos haciendo teatro, con Qué noche Bariloche. Nos va realmente muy bien, giramos mucho por el interior. Está bueno. Eso no quita que no tengamos proyectos paralelos. El está en la radio, tuvo un programa en Ciudad Abierta y además no sé si a Fabio le interesa hacer un programa de rock. Sabemos ubicarnos en nuestras propias inquietudes.
¿Por qué pensás que el programa no se puede emitir por un canal comercial?
Porque es chiquito. De garage. Es lógico que estemos en Canal 7. Canal 13, Telefé, tienen otra mirada. ¡Canal 7 no va a trasmitir Boca-River! De todos modos, te digo: Canal 7 tiene fama de ser un canal soporífero y aburrido y para mí no hay nada más aburrido que Gran Hermano. Hablo desde una perspectiva personal: es un programa tonto. Pero no me quejo. Estoy donde tengo que estar, donde quiero estar. El negocio me pasa de largo pero vivo bien.
¿Tenés familia?
Sí, eso me salva. Mi mujer María Laura y mis hijas Elisa de 8 y Eva de 4. Yo a veces me desacomodo, no está mal estar desacomodado. Pero el único punto en que me pondría a negociar es por mis hijas. Mi mujer y yo nos defendemos solos, pero las nenas, no. Cuando sean grandes sí; es la naturaleza. Pero ahora si tengo que sacrificar algo es por mis hijas.
¿Volverá "Todo x 2 pesos"?
No, no creo. También debo decir que con Peter Capusotto tenemos pensado parar ahora en invierno, hacer una serie más a partir de setiembre y chau.
¿Por qué?
Porque se agota el tema, porque nos cuesta mantener el nivel y porque está bien así.
¿Volverías a hacer "Cha cha cha"?
No, en absoluto. Fue bárbaro, pero ya fue.
¿Tenés alguna asignatura pendiente?
En la tele no. Tal vez me gustaría formar una banda de rock.
¿Y tocar la batería?
No, quiero cantar. Más o menos me la rebusco, desde lo corporal me sentiría seguro y es algo que me daría placer. ¿Te lo podés imaginar? El rock da para todo
Revista Noticias
“Hay voces del Gobierno que no me gustan”
Tiene un programa de humor en el canal estatal pero se anima a criticar al Gobierno. El incidente de su video en el show de Soda Stereo.
Cumplió 46 años hace tres meses y todavía los celebra: en las paredes de su living quedan unos globos de colores, que con el paso de los días parecen pasas de uva. Una guirnalda de cotillón con los colores de Racing cruza el ambiente y confirma que el cumpleaños de Diego Capusotto tuvo un festejo dilatado.
Sobre la mesa del comedor de la casa de Barracas hay marcadores, crayones, libros para pintar, plasticolas de colores y juguetes. Está claro que sus hijas, Elisa (8) y Eva (4), son las reinas de la casa.
La primera impresión es que el humorista fue interrumpido en plena siesta o que estamos ante la confirmación del mito que dice que los humoristas son gente seria. Una pregunta de rutina pretende empezar a despertarlo.
Noticias: ¿Cuándo eras chico querías ser actor?
Diego Capusotto: No, hasta los 17 años soñaba con ser jugador de fútbol. Era habilidoso, tenía cierto talento para mover la pelota y me gustaba moverme en la mitad de la cancha. Me probé en muchos clubes, pero la vida hizo que me conformara con ser espectador e hincha fanático de Racing.
Habla más rápido y mueve las manos. De a poco, Capusotto se despierta y reflexiona sobre una pregunta que sólo buscaba romper el hielo: “En verdad, cuando miro para atrás es coherente que hoy yo sea quien soy. Me da mucho placer facilitar la gracia y la carcajada, porque lo veo como un oficio de una gran nobleza. Pero además, y aunque suene a lugar común, me río con la gente porque no trabajo sólo para ser observado. Sino sería pueril y me sentiría un histérico”.
Noticias: ¿Eras el pibe gracioso del barrio?
Diego Capusotto: No, en realidad, de adolescente estuve muy vinculado al rock, funcionaba como mi refugio, mi tribu. La música me emocionaba e ideológicamente era antagónica al conservadurismo, a la moral y a las buenas costumbres que defendían mis enemigos. Y si lo pienso un poco más, era un difusor de bandas poco conocidas con mis amigos. Era una especie de líder carismático.
Noticias: ¿Y cómo mutaste de líder carismático a actor?
Capusotto: Eso fue de más grande. Trabajaba en una imprenta con mi papá, pero sabía que lo mío no era la fotoduplicación. Me acerqué al mundo del teatro gracias a un amigo que me hostigaba para que lo hiciera. Y así sucedió lo que hoy veo como inevitable. Pero aún así, me parece mucho más emocionante hacer un gol en el último minuto que salir a un escenario.
El humorista estudió batería con el batero de Arco Iris y fue rockero en plena dictadura. “Lo mío claramente era la música. No pertenecía a ningún partido, pero viví el clima de la época porque mi hermano militaba. Sé lo que es tener al milicaje en la puerta. Una vez se llevaron a mi hermano mayor, pero por suerte después apareció”, cuenta. “En ese momento circulaba un chiste: que a Videla le decían Atún porque era mejor que la Caballa, que era Isabelita -recuerda-. La gente se divertía con esas idioteces sin saber lo que se nos veía después”.
El fanático de Jimi Hendrix hoy canaliza su pasión por el rock con “Peter Capusotto y sus videos”, el programa que conduce los lunes en Canal 7 y que es una alternativa a los “Bailando...”, “Cantando...” y “Patinando...” de Tinelli. La idea es sencilla: Peter, cual Dj, pasa cuatro o cinco clips que homenajean al rock de los 70 y que funcionan en contrapunto con un video de Fito Paez como relator de un partido de fútbol o de Los Tres Drogados (Moegra, Charly y el Gordo Drogadicto). “El programa remite a lo que pasó con 'Cha cha cha' y con 'Todo x 2 pesos', que todavía circulan en video de mano en mano o vía Youtube, a pesar de que nunca formaron parte del circuito comercial”.
Noticias: ¿Cómo es trabajar con el humor y la ironía en el canal estatal?
Capusotto: Rosario Lufrano, la directora, quería que hiciéramos “Todo x 2 pesos”. Tuvimos una reunión y le expliqué que no íbamos a volver. Meses después Martín Bonavetti, el gerente artístico, nos convocó para que lleváramos a Peter. Para mí es cómodo que el programa esté en Canal 7, porque no se infecta con el numeraje del rating. Nunca tuve charlas con nadie ni recibí ninguna pauta. No hay un rebote de opinión dentro del canal y eso me quita el peso de justificar lo que hacemos.
En 'Que noche Bariloche!', la obra que coprotagoniza junto a Fabio Alberti, vuelve a interpretar a personajes como El hombre bobo, Boluda total, Irma Jusid y Peperino Pómoro. El espectáculo es un desopilante zapping de scketchs, musicales y monólogos. Los cómicos no perdonan a nadie: con estética televisiva ironizan sobre la caída de Perón en 1955, se burlan de Ricardo Arjona (Ricardo Ascona) y ridiculizan a Hugo Chávez y a Evo Morales (en el video clip Evo y Eva). Presentan el espectáculo en teatros del interior y en fiestas privadas, aunque Capusotto aclara que eligen bien al cumpleaños de quien van.
Noticias: Hace unos días, en la presentación que hicieron durante los shows de Soda Stereo, experimentaron la masividad de un estadio.
Capusotto: Llegamos a los shows porque los chicos de Soda son fanáticos del programa y nos convocaron. Acordamos preparar un video para mostrar al principio del show. A mí jamás se me hubiese ocurrido llevar el programa a una cancha de fútbol. No creo que se convierta en un programa masivo, pero es cierto que empieza a ser más mirado porque hay pocos programas de humor y los que quedan sólo trabajan sobre el archivo de la tele, son autorreferenciales.
Noticias: Durante la primera presentación en River se escuchó una fuerte silbatina en el momento que apareció la imagen de Néstor Kirchner en el video ¿Qué pasó?
Capusotto: Ehhhhhh… Primero y principal, yo no estuve esa noche en River porque viajé, estaba en una gira por el interior. Tengo dos versiones: una es que silbaron a Kirchner y la otra es que repudiaron a todos los políticos, incluído Perón.
Noticias: ¿A todos? ¿Fue una demostración de la antipolítica?
Capusotto: Creo que un recital de rock no es un acto obrero para festejar el primero de mayo. No voy a hacer una lectura militante de esa silbatina. Cuando llegué pregunté casi preocupado: “¿Silbaron a López Murphy también, no?”. Si aparece Von Wernich y no lo repudian los mando a todos a cagar, estaríamos fritos. ¿Qué les pasa a estos pibes? ¿Son todos del ARI? ¡Es la fuerza maligna del ARI! No quise darle mucha importancia al tema, pero me molestó laburar tres días seguidos para armar el video clip y que los medios sólo resaltaran la silbatina. ¿Entendés?
Capusotto se levanta de la silla. Se sienta de rodillas. Se vuelve a parar. Se sienta. Se levanta de nuevo. Ahora habla parado. Se sienta. Cruza las piernas. Por fin se queda quieto. Piensa. No está conforme con la respuesta y retoma el tema: “No se puede saber qué piensan esas 50 mil personas. ¿Entendés?”.
Noticias: ¿Y por qué desapareció la imagen de Kirchner del video que se proyectó en los otros shows?
Capusotto: Ah, no tengo idea, no sé quien la sacó. En Canal 7 puse una imagen de Kirchner con Cristina cantando “El oso” en lugar de ir al Tedeum y nadie vino a decirme que era un desubicado. ¿Entendés?
Capusotto interroga con “¿entendés?” pero no espera respuestas. Es sólo una muletilla que usa para rematar las frases. Toma aire, retoma la idea, y habla rápido durante unos minutos para volver a preguntar: “¿Entendés?”.
El teléfono no para de sonar. La melodía de La Primavera de Vivaldi suena tan fuerte que no nos escuchamos. Él no atiende, pero sí el contestador. Una mujer deja su mensaje: habla sin pausa y tu, tu, tuu, se corta, terminó el tiempo. Suena el teléfono: otra vez Vivaldi. Capusotto no se mueve de la silla. Atiende el contestador. Sí, es la señora que ahora sabe que tiene que hablar más rápido: “Bueno, veo que no están...¿Están por ahí? ¿Diego? ¿María Laura? Bueno, no, parece que no hay nadie. Los vuelvo a llamar en un ratito...”. Tuuu. Él se levanta y baja el volumen del contestador.
Noticias: ¿No te irrita ser censurado?
Capusotto: La única vez que me censuraron fue durante el menemato. Fabio Alberti hacía el personaje del cura Peperino Pómoro en 'Cha cha cha', el programa que hacíamos con Alfredo Casero y que salía por América. La Fundación Argentina del Mañana (una institución católica que seguro tenía su sede en la Avenida del Libertador) hizo valer su influencia con los anunciantes y presionó para que sacáramos a Peperino. Pero años después volvimos con el personaje, porque la gente le tenía afecto.
Noticias: Y pasó lo mismo con tu definición de kirchnerismo como “menemismo con derechos humanos”. A muchos les gustó y se apropiaron del concepto.
Capusotto: Eso fue un equívoco: no quise hacer una definición tajante del Gobierno. Sólo intenté expresar las contradicciones que me genera. Por un lado, agradezco que se ponga en discusión la dictadura, pero no soy ingenuo y sé que en el poder se negocia todo y que lo obsceno está enquistado.
Silencio. Otra vez se levanta de la silla. Se sienta. Se para. Y habla de pie: “Discutir sobre el personalismo de Kirchner me parece estúpido, porque Elisa Carrio es más personalista que él”, dice, se sienta y agrega: “Hay voces del gobierno que no me gustan, y no acuerdo con cierto discurso efectista ni conque la distribución de la riqueza sea tan escandalosamente desigual. Creo que hay que prestar atención. Mi opinión del Gobierno está llena de contradicciones. Pero no no jodamos, no da todo igual: German Abdala no es lo mismo que Carlos Melconián”.
Noticias: Sos un apasionado… Capusotto: Sí, la política me apasiona desde chico, porque analizo todo desde lo emocional. Cuando tenía 13 años vivía en Villa Luro y hacía pinturas de “Viva Perón”. Un día me agarré a trompadas con un vecino que las tachaba y ponía “Perón puto”, era un pichón de gorila. También me acuerdo del día en que lo vi a Cámpora en Vélez, yo era muy chico. De ese sentimiento que compartíamos muchos, hoy sólo queda la estructura del PJ, la liturgia y el artilugio de colgarse del “como decía el General” para después gobernar con los enemigos históricos del peronismo. Soy un observador de lo real y de lo social, pero estoy repleto de contradicciones. Mañana voy a decir que lo que necesita el país es el nacionalismo cristiano, y los voy a dejar a todos con la boca abierta.
(OTRA ENTREVISTA)
Diego Capusotto. Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Por Diego Rojas
Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.
Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.
El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias –a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas–. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.
Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.
El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.
–¿Vivís hace mucho en Barracas?
–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.
–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?
–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.
–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?
–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.
–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?
–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.
–¿Te ofrecieron ir a otro canal?
–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.
–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.
–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.
–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.
–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.
–¿Cómo actúa el humor frente a eso?
–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.
–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.
–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.
–Ese momento político también te marcó.
–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.
–¿Siempre te sentiste peronista?
–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.
–El gobierno rescató símbolos de los ‘70.
–Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.
–Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.
–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.
–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.
–¿Y Pino Solanas?
–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.
–¿Qué pensás de la izquierda?
–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.
–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.
–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.
–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?
–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.
–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.
–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!
–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?
–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.
–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?
–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.
–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?
–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.
–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?
–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades
–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.
–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.
–¿Qué ves con tus hijas en la tele?
–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.
–¿Cómo vive tu familia tu exposición?
–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.
–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.
–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.
http://www.elargentino.com/nota-55579-Construyen-la-sensacion-de-que-nunca-estuvimos-peor.html
“Construyen la sensación de que nunca estuvimos peor”
El verdadero genio de la cultura neo-peronista se despacha en una entrevista y como siempre se caga en todo....
Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.
Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.
El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias –a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas–. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.
Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.
El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.
–¿Vivís hace mucho en Barracas?
–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.
–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?
–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.
–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?
–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.
–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?
–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.
–¿Te ofrecieron ir a otro canal?
–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.
–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.
–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.
–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.
–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.
–¿Cómo actúa el humor frente a eso?
–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.
–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.
–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.
–Ese momento político también te marcó.
–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.
–¿Siempre te sentiste peronista?
–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.
Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.
–Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.
–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.
–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.
–¿Y Pino Solanas?
–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.
–¿Qué pensás de la izquierda?
–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.
–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.
–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.
–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?
–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.
–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.
–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!
–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?
–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.
–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?
–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.
–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?
–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.
–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?
–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades
–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.
–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.
–¿Qué ves con tus hijas en la tele?
–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.
–¿Cómo vive tu familia tu exposición?
–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.
–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.
–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.
Todo lo intenso muere rápido"
Su programa "Peter Capusotto y sus videos" (Canal 7, lunes a las 23) se transformó en una alternativa de la gran batalla entre "Bailando por un sueño" y "Gran Hermano". Hijo rocker de "Todo x 2 pesos", se meten con todo: desde un Perón que cita en su discurso al Indio Solari hasta Fito Páez relatando un partido de fútbol. Y además, pasan notables clips de los 70.
Por estos días se repite los capitulos de las dos temporadas hechas durante el 2007. Lamentablemente parece que Peter Capusoto no vuelve a la tele en este primer semestre por lo menos.
Me parece importante reproducir esta entrevista para Clarín realizada tiempo atrás, en la misma el actor habla de su pasión por el rock.
Perón cita a los Redonditos de Ricota ("vinieron los obreros y me dijeron: ñan fri fruli, ñan fri fruli, yo no la cambio por nada cuando empieza a cabalgar" o a Miranda! ("llevo en mis oídos la música más maravillosa que es un solo: ¡es la guitarra de Lolo!". Fito Páez relata fútbol o informa el estado del tránsito ("embotellamientos en esta puta ciudad". Keith Richards le cuenta chistes de salón a Charlie Watts y Los Tres Chiflados pasan a ser Los Tres Drogados: Moegra, Chaly y el Gordo Drogadicto.
Es el extraño mundo de Peter Capusotto y sus videos, el hijo rocker de Todo x 2 pesos. Es un lugar singular, paródico, lisérgico, crítico del rock y, a su vez, didáctico: en una tierra arrasada por lo último, por los top ten, por la furtiva novedad, Peter pasa en cada programa cuatro o cinco clips que funcionan como rescate de un rock que ya no es y que generalmente sonó en los años 70. Jethro Tull, Van Morrison, Billy Bond, Van Der Graaf Generator, por ejemplo, aparecen en la pantalla con una estética proto MTV.
Así, a fuerza de música y gags que presenta el alter ego de Diego Capusotto, el programa se transformó en un atajo alternativo de la superbatalla entre Bailando por un sueño y Gran Hermano, ésa que viene convocando a unos seis millones de televidentes cada día de la semana. "Es un programa de garage —dice Capusotto, una tarde helada—. Unicamente se podría hacer en un canal como el 7. Está fuera de todo circuito comercial, aún más que Todo x 2 pesos, que era más integral. Con Pedro nos juntamos con el mismo espíritu de Todos x 2 pesos pero parándonos en la cultura rock, tomando historias de rock, ficcionando, inventando. La de los videos es la parte testimonial, el anclaje con la realidad".
Pedro es Pedro Saborido, guionista y alma pater de ambos programas. "Fui rockero —dice—. Esa clase de rockero de la revista El Expreso Imaginario, de topper negra y morral. Supongo que eso me dio un grupo de pertenencia en su momento y una mirada bastante hippie del mundo. Yo creo que esto no se puede comparar con Todo x 2 pesos. Para empezar, no están Néstor Montalbano ni Fabio Alberti. Y además se trata de un proyecto más chico, más tranquilo y temático".
En rigor, Peter Capusotto y sus videos empezó la primavera del año pasado en Rock & Pop TV a instancias de Daniel Morano. La fórmula tenía tres puntas: el histrionismo de Capusotto, los guiones de Saborido y la formidable colección de clips de Marcelo Iconomidis (a) El griego. En enero de 2007 pasó a Canal 7. Al principio, repetían el ciclo de Rock & Pop TV, después comenzaron a volver a producir. El pasaje de cable a aire fue fundamental para que el programa se posicionara como un producto, digámoslo, "de culto". Estar emparedado entre Bailando... y GH potenció ese halo de alternativa rocker y resistencia setentista.
Con una seriedad inédita, a punto de caer engripado, Capusotto reflexiona sobre su programa y habla de rock and roll, la pasión secreta detrás del actor. "Yo tocaba la batería. Me gustaba mucho, pero no era bueno. También me gustaba mucho jugar al fútbol. Era diez, bastante hábil. Jugaba al papi en el Stentor de Villa Luro, me probé en Racing, en Boca. En fin. No pude ser ni batero ni jugador. Me tuve que conformar con ser un voraz oyente de discos y un enfermo de Racing".
¿Cuál es tu relación con el rock?
Yo soy del 61. Mi contacto con el rock pasa a través de mi hermano, que era ocho años mayor que yo. El me empezó a bajar línea. Me acuerdo que cuando yo tenía 12 se compró un long play de Santana, que lo gasté. Cuando cumplí 14 me regaló uno de King Crimson.
¿De qué barrio eras?
Nací en Castelar, pero a los 7 nos mudamos a Villa Luro. Ahí pasé 30 años. Y es importante el dato para mi formación musical, porque mi barrio quedaba pegado a Floresta, que tiene una gran tradición rockera. Los Memphis eran muy amigos de mi hermano. En el barrio había una banda emblemática en esa época, que era Carolina. Muy rollinga. Ahí llegó a tocar Gringui Herrera. También me acuerdo de Pies ligeros, otro grupo.
Esa fue tu formación...
Claro. Por eso cuando conocí al Griego y me mostró los videos que tenía y la música que le gustaba, coincidimos plenamente. Toda la música que pasamos en la tele la conozco y me vuela la cabeza: Humble Pie, Focus, Patti Smith, Grateful Dead. A pesar de que yo al principio era cerrado: estaban los chetos y los rockeros y yo era rocanrolero. Me gustaban los Stones, me costó aceptar a Los Beatles. Esa cosa de aguante, ¿no? Esa falsa idea de los Rolling duros y Los Beatles blandos. Muy de la adolescencia. Por suerte abrí mis orejas a tiempo.
¿Cuándo sentís que te alejás del rock, si es que te alejaste?
No, nunca me alejé. Pero hubo una pérdida que me pegó fuerte, que fue la muerte de mi hermano. Yo ya estudiaba teatro. Me fui metiendo cada vez más en el mundo de la actuación. Iba al Parakultural, lo veía a Urdapilleta, me conecté con otro tipo de gente. Dejé de comprar discos, pero no de escucharlos.
¿Pensás que el rock de los 70 es mejor que el actual?
No, no sé. Es la música que a mí me gusta. También me gustan mucho Nirvana, los Chemical Brothers; no sé, hasta hay cosas de Moby que me gustan. No hay nostalgia en Peter Capusotto, sí cierta ironía. Tratamos de no tomarnos muy en serio a nosostros mismos y a este movimiento que tuvo su peso específico, que amamos y al que estamos vinculados desde lo emocional, pero que se instaló en un lugar muy contradictorio. Algunas bandas, como los Stones, parecen empresas que hacen música.
¿Por qué te gusta particularmente ese rock?
Mirá: creo que hubo una época entre mediados de los 60 y mediados de los 70 que fue gloriosa. Cada banda se superaba, sacaba un long play mejor que el otro y realmente se prendían fuego. Los Stones escuchaban Sgt. Pepper y decían: "¡Mirá estos hijos de puta de Los Beatles lo que están haciendo! " y sacaban Sus majestades satánicas. Se incendiaban. Por eso muchos duraban tan poco. Yo creo que todo lo intenso muere rápido. El punk fue otro movimiento interesante. Horses, de Patti Smith, es uno de mis discos preferidos.
¿Qué pasó con Fabio Alberti? ¿Por qué no lo hiciste con él?
No pasó nada. Estamos juntos haciendo teatro, con Qué noche Bariloche. Nos va realmente muy bien, giramos mucho por el interior. Está bueno. Eso no quita que no tengamos proyectos paralelos. El está en la radio, tuvo un programa en Ciudad Abierta y además no sé si a Fabio le interesa hacer un programa de rock. Sabemos ubicarnos en nuestras propias inquietudes.
¿Por qué pensás que el programa no se puede emitir por un canal comercial?
Porque es chiquito. De garage. Es lógico que estemos en Canal 7. Canal 13, Telefé, tienen otra mirada. ¡Canal 7 no va a trasmitir Boca-River! De todos modos, te digo: Canal 7 tiene fama de ser un canal soporífero y aburrido y para mí no hay nada más aburrido que Gran Hermano. Hablo desde una perspectiva personal: es un programa tonto. Pero no me quejo. Estoy donde tengo que estar, donde quiero estar. El negocio me pasa de largo pero vivo bien.
¿Tenés familia?
Sí, eso me salva. Mi mujer María Laura y mis hijas Elisa de 8 y Eva de 4. Yo a veces me desacomodo, no está mal estar desacomodado. Pero el único punto en que me pondría a negociar es por mis hijas. Mi mujer y yo nos defendemos solos, pero las nenas, no. Cuando sean grandes sí; es la naturaleza. Pero ahora si tengo que sacrificar algo es por mis hijas.
¿Volverá "Todo x 2 pesos"?
No, no creo. También debo decir que con Peter Capusotto tenemos pensado parar ahora en invierno, hacer una serie más a partir de setiembre y chau.
¿Por qué?
Porque se agota el tema, porque nos cuesta mantener el nivel y porque está bien así.
¿Volverías a hacer "Cha cha cha"?
No, en absoluto. Fue bárbaro, pero ya fue.
¿Tenés alguna asignatura pendiente?
En la tele no. Tal vez me gustaría formar una banda de rock.
¿Y tocar la batería?
No, quiero cantar. Más o menos me la rebusco, desde lo corporal me sentiría seguro y es algo que me daría placer. ¿Te lo podés imaginar? El rock da para todo
Revista Noticias
“Hay voces del Gobierno que no me gustan”
Tiene un programa de humor en el canal estatal pero se anima a criticar al Gobierno. El incidente de su video en el show de Soda Stereo.
Cumplió 46 años hace tres meses y todavía los celebra: en las paredes de su living quedan unos globos de colores, que con el paso de los días parecen pasas de uva. Una guirnalda de cotillón con los colores de Racing cruza el ambiente y confirma que el cumpleaños de Diego Capusotto tuvo un festejo dilatado.
Sobre la mesa del comedor de la casa de Barracas hay marcadores, crayones, libros para pintar, plasticolas de colores y juguetes. Está claro que sus hijas, Elisa (8) y Eva (4), son las reinas de la casa.
La primera impresión es que el humorista fue interrumpido en plena siesta o que estamos ante la confirmación del mito que dice que los humoristas son gente seria. Una pregunta de rutina pretende empezar a despertarlo.
Noticias: ¿Cuándo eras chico querías ser actor?
Diego Capusotto: No, hasta los 17 años soñaba con ser jugador de fútbol. Era habilidoso, tenía cierto talento para mover la pelota y me gustaba moverme en la mitad de la cancha. Me probé en muchos clubes, pero la vida hizo que me conformara con ser espectador e hincha fanático de Racing.
Habla más rápido y mueve las manos. De a poco, Capusotto se despierta y reflexiona sobre una pregunta que sólo buscaba romper el hielo: “En verdad, cuando miro para atrás es coherente que hoy yo sea quien soy. Me da mucho placer facilitar la gracia y la carcajada, porque lo veo como un oficio de una gran nobleza. Pero además, y aunque suene a lugar común, me río con la gente porque no trabajo sólo para ser observado. Sino sería pueril y me sentiría un histérico”.
Noticias: ¿Eras el pibe gracioso del barrio?
Diego Capusotto: No, en realidad, de adolescente estuve muy vinculado al rock, funcionaba como mi refugio, mi tribu. La música me emocionaba e ideológicamente era antagónica al conservadurismo, a la moral y a las buenas costumbres que defendían mis enemigos. Y si lo pienso un poco más, era un difusor de bandas poco conocidas con mis amigos. Era una especie de líder carismático.
Noticias: ¿Y cómo mutaste de líder carismático a actor?
Capusotto: Eso fue de más grande. Trabajaba en una imprenta con mi papá, pero sabía que lo mío no era la fotoduplicación. Me acerqué al mundo del teatro gracias a un amigo que me hostigaba para que lo hiciera. Y así sucedió lo que hoy veo como inevitable. Pero aún así, me parece mucho más emocionante hacer un gol en el último minuto que salir a un escenario.
El humorista estudió batería con el batero de Arco Iris y fue rockero en plena dictadura. “Lo mío claramente era la música. No pertenecía a ningún partido, pero viví el clima de la época porque mi hermano militaba. Sé lo que es tener al milicaje en la puerta. Una vez se llevaron a mi hermano mayor, pero por suerte después apareció”, cuenta. “En ese momento circulaba un chiste: que a Videla le decían Atún porque era mejor que la Caballa, que era Isabelita -recuerda-. La gente se divertía con esas idioteces sin saber lo que se nos veía después”.
El fanático de Jimi Hendrix hoy canaliza su pasión por el rock con “Peter Capusotto y sus videos”, el programa que conduce los lunes en Canal 7 y que es una alternativa a los “Bailando...”, “Cantando...” y “Patinando...” de Tinelli. La idea es sencilla: Peter, cual Dj, pasa cuatro o cinco clips que homenajean al rock de los 70 y que funcionan en contrapunto con un video de Fito Paez como relator de un partido de fútbol o de Los Tres Drogados (Moegra, Charly y el Gordo Drogadicto). “El programa remite a lo que pasó con 'Cha cha cha' y con 'Todo x 2 pesos', que todavía circulan en video de mano en mano o vía Youtube, a pesar de que nunca formaron parte del circuito comercial”.
Noticias: ¿Cómo es trabajar con el humor y la ironía en el canal estatal?
Capusotto: Rosario Lufrano, la directora, quería que hiciéramos “Todo x 2 pesos”. Tuvimos una reunión y le expliqué que no íbamos a volver. Meses después Martín Bonavetti, el gerente artístico, nos convocó para que lleváramos a Peter. Para mí es cómodo que el programa esté en Canal 7, porque no se infecta con el numeraje del rating. Nunca tuve charlas con nadie ni recibí ninguna pauta. No hay un rebote de opinión dentro del canal y eso me quita el peso de justificar lo que hacemos.
En 'Que noche Bariloche!', la obra que coprotagoniza junto a Fabio Alberti, vuelve a interpretar a personajes como El hombre bobo, Boluda total, Irma Jusid y Peperino Pómoro. El espectáculo es un desopilante zapping de scketchs, musicales y monólogos. Los cómicos no perdonan a nadie: con estética televisiva ironizan sobre la caída de Perón en 1955, se burlan de Ricardo Arjona (Ricardo Ascona) y ridiculizan a Hugo Chávez y a Evo Morales (en el video clip Evo y Eva). Presentan el espectáculo en teatros del interior y en fiestas privadas, aunque Capusotto aclara que eligen bien al cumpleaños de quien van.
Noticias: Hace unos días, en la presentación que hicieron durante los shows de Soda Stereo, experimentaron la masividad de un estadio.
Capusotto: Llegamos a los shows porque los chicos de Soda son fanáticos del programa y nos convocaron. Acordamos preparar un video para mostrar al principio del show. A mí jamás se me hubiese ocurrido llevar el programa a una cancha de fútbol. No creo que se convierta en un programa masivo, pero es cierto que empieza a ser más mirado porque hay pocos programas de humor y los que quedan sólo trabajan sobre el archivo de la tele, son autorreferenciales.
Noticias: Durante la primera presentación en River se escuchó una fuerte silbatina en el momento que apareció la imagen de Néstor Kirchner en el video ¿Qué pasó?
Capusotto: Ehhhhhh… Primero y principal, yo no estuve esa noche en River porque viajé, estaba en una gira por el interior. Tengo dos versiones: una es que silbaron a Kirchner y la otra es que repudiaron a todos los políticos, incluído Perón.
Noticias: ¿A todos? ¿Fue una demostración de la antipolítica?
Capusotto: Creo que un recital de rock no es un acto obrero para festejar el primero de mayo. No voy a hacer una lectura militante de esa silbatina. Cuando llegué pregunté casi preocupado: “¿Silbaron a López Murphy también, no?”. Si aparece Von Wernich y no lo repudian los mando a todos a cagar, estaríamos fritos. ¿Qué les pasa a estos pibes? ¿Son todos del ARI? ¡Es la fuerza maligna del ARI! No quise darle mucha importancia al tema, pero me molestó laburar tres días seguidos para armar el video clip y que los medios sólo resaltaran la silbatina. ¿Entendés?
Capusotto se levanta de la silla. Se sienta de rodillas. Se vuelve a parar. Se sienta. Se levanta de nuevo. Ahora habla parado. Se sienta. Cruza las piernas. Por fin se queda quieto. Piensa. No está conforme con la respuesta y retoma el tema: “No se puede saber qué piensan esas 50 mil personas. ¿Entendés?”.
Noticias: ¿Y por qué desapareció la imagen de Kirchner del video que se proyectó en los otros shows?
Capusotto: Ah, no tengo idea, no sé quien la sacó. En Canal 7 puse una imagen de Kirchner con Cristina cantando “El oso” en lugar de ir al Tedeum y nadie vino a decirme que era un desubicado. ¿Entendés?
Capusotto interroga con “¿entendés?” pero no espera respuestas. Es sólo una muletilla que usa para rematar las frases. Toma aire, retoma la idea, y habla rápido durante unos minutos para volver a preguntar: “¿Entendés?”.
El teléfono no para de sonar. La melodía de La Primavera de Vivaldi suena tan fuerte que no nos escuchamos. Él no atiende, pero sí el contestador. Una mujer deja su mensaje: habla sin pausa y tu, tu, tuu, se corta, terminó el tiempo. Suena el teléfono: otra vez Vivaldi. Capusotto no se mueve de la silla. Atiende el contestador. Sí, es la señora que ahora sabe que tiene que hablar más rápido: “Bueno, veo que no están...¿Están por ahí? ¿Diego? ¿María Laura? Bueno, no, parece que no hay nadie. Los vuelvo a llamar en un ratito...”. Tuuu. Él se levanta y baja el volumen del contestador.
Noticias: ¿No te irrita ser censurado?
Capusotto: La única vez que me censuraron fue durante el menemato. Fabio Alberti hacía el personaje del cura Peperino Pómoro en 'Cha cha cha', el programa que hacíamos con Alfredo Casero y que salía por América. La Fundación Argentina del Mañana (una institución católica que seguro tenía su sede en la Avenida del Libertador) hizo valer su influencia con los anunciantes y presionó para que sacáramos a Peperino. Pero años después volvimos con el personaje, porque la gente le tenía afecto.
Noticias: Y pasó lo mismo con tu definición de kirchnerismo como “menemismo con derechos humanos”. A muchos les gustó y se apropiaron del concepto.
Capusotto: Eso fue un equívoco: no quise hacer una definición tajante del Gobierno. Sólo intenté expresar las contradicciones que me genera. Por un lado, agradezco que se ponga en discusión la dictadura, pero no soy ingenuo y sé que en el poder se negocia todo y que lo obsceno está enquistado.
Silencio. Otra vez se levanta de la silla. Se sienta. Se para. Y habla de pie: “Discutir sobre el personalismo de Kirchner me parece estúpido, porque Elisa Carrio es más personalista que él”, dice, se sienta y agrega: “Hay voces del gobierno que no me gustan, y no acuerdo con cierto discurso efectista ni conque la distribución de la riqueza sea tan escandalosamente desigual. Creo que hay que prestar atención. Mi opinión del Gobierno está llena de contradicciones. Pero no no jodamos, no da todo igual: German Abdala no es lo mismo que Carlos Melconián”.
Noticias: Sos un apasionado… Capusotto: Sí, la política me apasiona desde chico, porque analizo todo desde lo emocional. Cuando tenía 13 años vivía en Villa Luro y hacía pinturas de “Viva Perón”. Un día me agarré a trompadas con un vecino que las tachaba y ponía “Perón puto”, era un pichón de gorila. También me acuerdo del día en que lo vi a Cámpora en Vélez, yo era muy chico. De ese sentimiento que compartíamos muchos, hoy sólo queda la estructura del PJ, la liturgia y el artilugio de colgarse del “como decía el General” para después gobernar con los enemigos históricos del peronismo. Soy un observador de lo real y de lo social, pero estoy repleto de contradicciones. Mañana voy a decir que lo que necesita el país es el nacionalismo cristiano, y los voy a dejar a todos con la boca abierta.
(OTRA ENTREVISTA)
Diego Capusotto. Encarna el humor subversivo que enfrenta a la corporación mediática. Sagaz crítico de la realidad, se burla de los popes del rock y de la pompa setentista. Se declara más cerca del oficialismo que de la oposición. El fútbol, la nueva Ley de Medios y la marihuana, en la óptica de un hombre que no se deja ganar por el discurso del miedo.
Por Diego Rojas
Ahí estaba él, sentadito con su pulóver de lana en medio del salón Libertador del Sheraton Hotel durante la noche de entrega de los premios Martín Fierro. Las estrellas televisivas desfilaban sobre la alfombra roja, en plena exhibición de los atuendos creados por los diseñadores de moda y en brindis festivo y ostensible. Él, ahí: sentado con su pulovercito hippie. Hasta que anunciaron el premio al mejor programa cómico y Diego Capusotto se levantó de la mesa junto a Pedro Saborido, subió al podio, levantó la estatuilla y propuso: “Que disfruten del sueño”. Acababa de recibir un reconocimiento más a su trabajo, el mismo que lo convierte, según las palabras de Horacio González, sociólogo y director de la Biblioteca Nacional, en el principal crítico cultural de nuestra época. No se había sacado el pulovercito.
Capusotto, el humorista más potente de los últimos tiempos, es un fenómeno de masas incorporado definitivamente al imaginario social argentino. Sus creaciones se difunden no sólo a través de la televisión (donde a partir del lunes presenta en Canal 7 una nueva temporada de Peter Capusotto y sus videos) o la radio (donde continúa su programa Lucy en el cielo con Capusottos, en la Rock & Pop), sino que se replican en la Web, mediante las filmaciones que se cuelgan en YouTube y que luego se reenvían por e-mail al infinito. Pese a cierto prejuicio que sólo atribuye masividad al humor liviano, sus personajes, que se burlan de los popes del rock y de la pompa setentista, también interpelan a la realidad política con una sagacidad que ya quisieran los más renombrados analistas.
El segmento radial “Hasta cuándo” es la más brutal denuncia del accionar de los medios en la generación de un estado de paranoia, una parodia de la cadena nacional de malas noticias –a la vez que señala cómo una parte de la población se suma entusiasta a esta visión catastrófica de las cosas–. Una estrategia que usa la corporación mediática y que sólo beneficia a la derecha, que suma así adeptos a sus argumentos. La recién presentada Ley de Medios apunta a desmontar esa percepción monolítica de la realidad y quizá permita una apertura de discursos. Eso entusiasma a Capusotto que, dice, está más cerca del oficialismo que de la oposición.
Su prepotencia de trabajo, sumada a un talento desmesurado, redundan en un reconocimiento social que se mide con la vara más exacta: los dichos de sus personajes se transforman en latiguillos usados en el habla cotidiana. Esa es la más maravillosa música a la que un artista popular puede aspirar.
El actor elige un típico café de su barrio para la entrevista con Veintitrés. El bar El Progreso, con sus mesas de madera antigua y con sus parroquianos que forman la postal arquetípica de la porteñidad, es el escenario del encuentro. Al que Capusotto asiste abrigado con un pulovercito similar al que usó la noche de los Martín Fierro.
–¿Vivís hace mucho en Barracas?
–Hace trece años ya. Mis hijas son de Barracas. Yo soy más de zona oeste. Viví en Luro desde los seis años, antes vivía en Castelar, del que tengo un recuerdo muy vago: las calles de tierra, mi casa. En Luro viví de chico, de adolescente y de adulto.
–¿El barrio marca tus elecciones estéticas o ideológicas?
–No. Hay gente de mi generación con una conexión fuerte con el barrio. Para mí, no es una elección a la hora de actuar. En el barrio hay gente garca, que hace negocios, que quiere salvarse y cuya vida gira en torno a la acumulación material. Circulan cosas interesantes y cosas de mierda. Existe una especie de religión que se basa en moverse como pez en el agua en lugares de mierda mientras los demás se ahogan. El barrio es un lugar donde te conectás con gente que tiene su vida y su mundo y, si no te construís a vos mismo, cagaste. Porque el barrio también es un pelotudo que te aconseja cómo cagar a los demás. No es un lugar habitado por seres nobles y duendes que te dicen que vivas como quieras y andes con la ligereza poética de un ave y te conviertas cada tanto en un puma porque estás rodeado de hijos de puta. Te lo pueden decir dos o tres, los que finalmente elegís como amigos.
–Sos un fenómeno que excede lo televisivo, ¿cómo convivís con esa figura?
–Dejo que se apropien de esto que ven. Nunca me consideré un fenómeno: sólo hago las cosas que me salen. Pedro Saborido me manda unas cosas que escribió a las tres de la mañana, las leo, me cago de risa y, finalmente, las ponemos en acción. Eso del fenómeno es una frase que me viene, no es algo que yo exhale. Mucha gente comparte lo que hacemos y son aliados de una idea que no pasa sólo por reírse.
–La masividad e influencia de tu propuesta, ¿implican una responsabilidad?
–La responsabilidad es ser fiel a lo que estoy accionando, nada más que eso. Podés hacer reír a alguien y, siempre que te hacen reír, sos feliz. Esa es una responsabilidad. La otra es que tenemos un modelo de conducta que puede ser observado con cierto respeto. Estar en un medio masivo te puede colocar en una carrera de superación. Sin embargo, este momento es nuestra superación. No quiero llegar a ningún lugar en la televisión, es más, quiero mantener este lugar de autogestión, donde no hay disputa de poderes y donde no se necesita que las ideas sean transformadas para tener más rating. No cambio este lugar y menos con 48 años.
–¿Te ofrecieron ir a otro canal?
–Desde ya. Para la óptica de la televisión, este es un programa vendible, que puede estar en un canal y un horario de mayor difusión. Pero no me interesa, no es nuestra ambición. Este año queremos hacer ocho programas, nuestra cantidad ideal. Estar en un lugar donde nos lo permiten es un privilegio.
–Tus programas excedieron el marco de la televisión. Peter Capusotto explota en YouTube, lo mismo el programa de radio.
–Sí. No sólo eso, Internet te permite llegar a otros países. El otro día me hicieron una nota de un medio de Chile, porque miran el programa por Internet. Su alcance tiene muchos caminos. Nunca tuvimos una preocupación por el rating, porque sabemos que el ciclo tiene mucha circulación y aceptación. No tenemos nada más que hacer, salvo seguir celebrando los encuentros para que este programa siga funcionando.
–Tu humor sorprende por su precisión en los tiempos políticos. Pasó con Bombita y con “Hasta cuándo”. Se podría aventurar que Capusotto y Barcelona son los medios que mejor expresan la realidad política.
–El humor siempre tiene una conexión con los signos de la realidad. Muchos tienen que ver con los comunicadores que hacen la puesta en escena de un mundo real. Metrallean mucho, pero no profundizan los fenómenos. Mirá, lo reafirmé hoy cuando miraba el canal de videos Quiero música en mi idioma. El videograph pasaba noticias policiales, un asesinato en Barracas. Si eso no es reflejo de una ficción construida para que todo el tiempo tengamos la idea de la muerte y la inseguridad en nuestra piel, bueno, a las pruebas me remito.
–¿Cómo actúa el humor frente a eso?
–La tomamos y la destrozamos mediante la parodia. La burla es infranqueable: las cosas de las que te burlás no te pueden contaminar porque hay una lectura previa a destrozarlas, un sustento ideológico. Es como decir: “A mí no me contaminás, no me la vendés”. Otras cosas rozan otros mundos, totalmente desopilantes, que no tienen conexión con los signos de la realidad. En algunos personajes, la realidad se hace más presente, como en ese monstruo, Micky Vainilla, disfrazado de cantante pop y que es, en realidad, un virus que se mete en ciertos lugares para empezar desde allí su plan de exterminio.
–Decís que la parodia puede destruir una concepción ideológica. Bombita es irónico, pero no intenta destrozar a los setentistas.
–Es una mirada sobre algo que tuvo su densidad, su construcción política. Un Palito Ortega montonero está compuesto por dos imágenes antagónicas que nos causaban gracia. Nunca pensamos en la derrota del discurso setentista, vulgarizado en las letras de Palito. Todo lo contrario. Rescatamos esa construcción que terminó en una gran derrota general, el imaginario que representó el retorno de Perón y en lo que devino. Había una gran masa crítica, gente muy valorable y gente de mierda. Y ganaron los malos. Por eso algunos que fueron militantes ven en Bombita una reivindicación personal, porque es un tipo que militó, aunque nosotros no lo hicimos.
–Ese momento político también te marcó.
–Nos rozó porque tuvimos hermanos mayores que militaban. Esa época nos atravesó, aunque en el ’73 yo tenía doce años y Pedro era más chico. Era el momento en que se pensaba que la película podía terminar bien. Perón excedía la simbología del líder político, representaba el regreso de algo vinculado a los sectores populares, a la idea de poder tener una identidad. Se venía de una dictadura, del Mayo Francés, había algo que estaba pugnando por tener presencia.
–¿Siempre te sentiste peronista?
–Sí, el peronismo es casi una expresión emotiva. Te hacés peronista por lo que está enfrente, que tiene una raíz antiperonista. No son nihilistas: a un nihilista yo lo respeto. Pero a lo que está enfrente, nunca lo he respetado. Eso te va empujando. Porque el peronismo es el peronismo y es la idea del peronismo. Es algo que tal vez no fue posible, pero que sobrevoló como posibilidad. En el otro lado, nada, la restauración conservadora, esa cosa espantosa.
–El gobierno rescató símbolos de los ‘70.
–Sí. Y, en un punto y salvando las distancias, se vuelve a repetir la historia. El movimiento peronista excede el kirchnerismo. Uno se pone en sectores antagónicos a la oposición. No hace falta ser muy perspicaz para saber quiénes realizan la construcción contraria al Gobierno para tomar el poder. Son los que permiten que el vicepresidente de la Nación trabaje para la oposición. Y eso que está todo bien con que Cobos sea vicepresidente y tenga posiciones, algo que desde ya nadie de la oposición podría soportar. También es cierto que en toda construcción hay errores, pero en este caso puntual hay ciertos errores que se podrían haber evitado. En lo comunicacional, por ejemplo. Pero, por otro lado, los errores del Gobierno no llevan a que se construya una oposición. Estuvo agazapada desde el primer día esperando el momento de atacar. La sensación, y lo digo con cierto pesimismo y dolor, es que serán los nuevos enemigos de la sociedad. No sólo han tenido injerencia, sino que han sido parte del poder en la Argentina.
–Hay humoristas que difunden las imágenes que plantea la oposición: una Cristina exasperante, preocupada sólo por la ropa, un gobierno casi dictatorial. Se ve en el humor gráfico de Nik en La Nación o en Perfil.
–Que cada uno haga lo que quiera. Nik está en La Nación, qué va a escribir Nik. Estas construcciones generan eco entre la gente y, por otro lado, caen en lo pueril, como cuando dicen que terminaremos como Cuba o Venezuela. Marcan a ese tipo que balbucea cuando habla sobre la inseguridad y le decís: “Imaginate, en Estados Unidos voltearon dos torres y no sé si fueron ellos mismos y mataron a tres mil personas, ¿de qué seguridad me hablás?”. O: “¿Qué seguridad, si mi generación se crió con la dictadura, con Malvinas, con la hiperinflación, con el menemato, con la Alianza, los 35 muertos en la calle y el corralito?”. Nunca hubo seguridad jurídica en nuestro país. Construyen con el lenguaje la sensación de que nunca estuvimos peor que hoy. Es la exasperación de lo más berreta. Es Biolcati hablando de un piquete de blancos con Grondona.
–En la Rural apeló a la Patria 50 veces.
–Un discurso que podría haber sido realizado dos meses antes del ’76. No porque vaya a suceder, sino porque hay una sociedad que empezó a creer que ese discurso es posible. En 2005 a la gente le chupaba un huevo escuchar que Kirchner era soberbio con el periodismo. Entonces se sacralizan signos: el campo es lo bueno y el Gobierno es lo malo. Y para mí los malos son los que más putean contra el Gobierno.
–¿Y Pino Solanas?
–Pino no sé. Lo vi también bastante exacerbado contra el Gobierno y me pareció un poco funcional a ese discurso. El sector donde están Pino o Sabbatella es crítico del kirchnerismo, pero no está montado en la gran jineteada nacional. A Pino lo vi en charlas amenas con Grondona que me provocaron un poco de rechazo. Es un momento emocional. Soy más afín a lugares que están vinculados al oficialismo que a los que no.
–¿Qué pensás de la izquierda?
–Y... si te hacés trosko para sacarte la foto con Biolcati, no te hagás trosko. Vilma Ripoll puso la excusa de que no podían dejarle la calle a la derecha, pero eso devino en la foto con ese tipo. Y no sólo ella, también estuvieron los maoístas, que siempre fueron traidores, desde que apoyaron a López Rega en el gobierno de Isabelita.
–Hubo una izquierda que no apoyó al campo.
–Sí. Son los que acumulan desde la universidad y después no quieren disputar el poder real. Si no querés el poder, hacete nihilista.
–¿Qué pensás acerca de la ruptura del acuerdo entre TyC y la AFA?
–Está muy bien que el fútbol pueda ser visto por todos. Después la oposición plantea otras discusiones: “Ah, ponen plata para el fútbol y no para el hambre”. Y lógico. La plata tiene que ser para la gente que lo necesita. Pero los que declaman eso nunca hicieron políticas abarcativas, no jodamos. Ya la presencia en el fútbol está limitada si sos visitante o si no sos socio. Es accesible sólo si podés pagar. Eso que era compartido desde el más humilde hasta el dueño de una fábrica hoy está reservado al dueño de la fábrica. Si no pagás para mirar fútbol, mejor. Pero claro, detrás están los intereses de ese submundo. Como idea proyectiva me parece maravillosa aunque no sé en qué terminará. En definitiva, que mirar fútbol sea gratis, no está mal en absoluto.
–La medida desató una dura ofensiva contra el Gobierno por parte del Grupo Clarín.
–Desde ya. Esto comenzó hace dos años y no va a parar. Hacen parecer que la confrontación viene de un solo lado y que, del otro, está Biolcati con su vaquita mansa, Biolcati hablando de San Martín y Belgrano. ¡Lo hubiesen sacado a patadas en el culo a San Martín de la Rural!
–Se está presentando la Ley de Medios en el Congreso, ¿qué opinás?
–Es necesaria. Tal vez hubiera sido mejor que se presentara en un momento de menos confrontación. Los sectores de poder plantean un discurso único siempre. Por eso Clarín, que forma parte de ese poder y es un monopolio, se siente atacado. El presidente de TyC dijo que la mejor democracia es que haya que pagar para ver fútbol, eso es capitalismo puro.
–¿Creés que hay un fusilamiento mediático, como denunció Cristina?
–Hay decisiones que perjudican a ciertos intereses. En una confrontación, las partes siempre apuntan a señalarse como víctimas y la población queda rehén en la disputa sobre quiénes son los buenos y quiénes los malos. Si la Presidenta dice eso es porque está en un conflicto de poder que la roza. Es claro que hay una política de desgaste, verbalizada por la oposición, para que el poder pase de bando. En ese marco, me preocupa mucho más lo que dice Biolcati.
–¿Hay un cambio en el Gobierno desde la derrota electoral?
–Recuperó la iniciativa. Pero lo principal es que la oposición no asume la construcción de un poder proyectivo. Sólo dice que todo está mal. El Gobierno muestra más solidez y potencia mediante acciones concretas como la Ley de Medios o el fútbol. La oposición retrocede pero, ojo, se agazapa para atacar después. La política es conflicto, no es consenso. ¿La democracia el reino del consenso y el debate? ¡Vamos! Se trata de una lucha para ver cuánto cedemos y cuándo volveremos a atacar.
–¿Qué pensás sobre la despenalización del consumo de marihuana?
–Las decisiones que toma un adulto, entre ellas fumar marihuana, son absolutamente personales. Fumar no tiene ninguna vinculación con el delito ni con su demonización. Los sectores que se oponen tienen una visión de la vida macabra, una moralidad sobrecargada y casi estafadora. Plantean que se usan drogas para delinquir, pero ¿qué hacen los custodios de la moral para evitar el delito? Condenan pero no arreglan las dificultades
–Ciertos adolescentes toman al personaje de Micky Vainilla sin la distancia de la ironía y siguen sus dichos al pie de la letra.
–Ah, sí. Pero para eso están los padres que verán el programa con los chicos y les explicarán que Micky es una ironía, algo monstruoso y no reivindicativo del racismo. No me puedo hacer cargo de lo que puedan pensar respecto de un personaje. También Charles Manson mató a doscientas personas porque decía que Lennon le ordenaba matar. Lo que tiene el humor es que, a veces, deja al desnudo la propia miseria y es algo que no nos gusta ver.
–¿Qué ves con tus hijas en la tele?
–Ellas ven cosas ligadas a su mundo infantil. La mayor, que tiene 10 años, empieza a estar más conectada conmigo y a interesarse más en mi propio mundo. Debe estar en una etapa de enamoramiento del papá. La de seis años es totalmente dorada, construye sus castillos de princesa en los rincones de la casa. Tiene un mundo interior muy fuerte, pero todavía no llegó a la etapa en la que escucha muchas voces para formar su voz propia, la que elija y que yo acompañaré hasta el final. Ahora escuchamos música juntos, por ejemplo.
–¿Cómo vive tu familia tu exposición?
–Las nenas lo empiezan a sentir, pero estoy en casa bastante, tengo una presencia interesante en esta etapa. Mi vieja vive, mis dos hermanos murieron, tengo una familia no muy numerosa. Mi vieja está muy contenta, y más con el reconocimiento actual. A los 16 años, yo quería jugar al fútbol y mi viejo me respaldaba, pero también tenía que estudiar porque la posibilidad de jugar dos años y que te lleven a Europa era impensable. Más grande, empecé a estudiar teatro y a frecuentar los lugares que elegí.
–Sos jurado en el Festival de Cine de Diversidad Sexual.
–Lo hago para hacerle la gamba a mi amigo Fabio Zurita, que lo organiza. Tengo interés, claro, en los encuentros sexuales que, en algunos casos, pueden ser muy celebratorios, y en otros, una forma más de la mentira. El sexo está entre las diez cosas más felices de la vida. De todos modos, quiero desmitificar que los hombres la chupan mejor que las mujeres. O al menos, yo prefiero que me la chupe Cameron Díaz a Elton John. La técnica masculina en el sexo oral no es algo que me preocupe. Lo he probado y es pura mitología. Y desde ya no se puede comparar a Cameron Díaz con Elton John y ni siquiera con George Michael.
http://www.elargentino.com/nota-55579-Construyen-la-sensacion-de-que-nunca-estuvimos-peor.html