El prejuicio:

Aunque la depresión puede tener diversas causas, una de ellas tiene como base un mecanismo muy similar al del prejuicio contra otras personas, con la diferencia de que, en este caso, sería un prejuicio vuelto hacia uno mismo.
Cuando alguien tiene algún tipo de prejuicio hacia los demás, pensará cosas como: "odio a este grupo de personas, odio su modo de ser, su modo de vestir, detesto como hablan" En algunas personas deprimidas, el modo de pensar es muy parecido, aunque dirigido hacia ellos mismos: "Me odio a mí mismo, odio mi modo de hablar, mi modo de ser, detesto la clase de persona que soy".
Conocer la causa de la depresión es fundamental para poder tratarla, pues dichas causas pueden ser muy variadas. El prejuicio o desprecio hacia uno mismo es una de ellas. Se trata de pensamientos hacia uno mismo muy arraigados en la mente, que posiblemente se originaron en la infancia como consecuencia de experiencias negativas, o el rechazo o desprecio de los demás. Estas personas pueden pertenecer a minorías rechazadas, de manera que, tras ser víctimas del prejuicio de los demás, lo han acabado interiorizando y odiándose a sí mismos. O bien puede tratarse de personas que, sin pertenecer a ninguna minoría rechazada, han sido víctimas de desprecio por parte de su familia, víctimas de acoso por parte de compañeros en la infancia, etc.
Sea cual sea el motivo del prejuicio hacia uno mismo, puede dar lugar a una depresión causada por las ideas tan negativas que una persona tiene de sí misma. Por este motivo, el tratamiento debe ir encaminado a modificar esas ideas y cambiarlas por otras más realistas: las personas no somos perfectas, todas tenemos defectos, cometemos errores o somos poco habilidosos para ciertas cosas; por tanto, si nos empeñamos, todos encontraremos motivos para odiarnos. Pero, simultáneamente, todos tenemos también buenas cualidades, somos buenos o incluso brillantes en determinadas cosas y, a menudo, no nos equivocamos en nuestras actuaciones o decisiones.
Las personas que se odian a sí mismas han aprendido a ver solo su lado negativo, a magnificarlo, al tiempo que minimizan y pasan por alto todo lo bueno que hay en ellos. Se trata, por tanto, de un pensamiento sesgado y poco realista que te lleva a la depresión y la infelicidad. Pero la buena noticia es que, con un poco de trabajo, y la ayuda de un psicólogo si es necesario, ese modo de pensar.
Me Odio
Me odio, y no creo que allá cosa mas triste que eso,
Me odio porque no soy quien quiero ser, me odio por que me rindo al paso del camino
Y por que me fijo en una apariencia que es mera imagen.
Me odio por que simplemente soy debil y me dejo derrotar muy fácilmente,
Me odio por no quiero reconocer del todo que soy débil
por que no creo en lo maravillosa que es la vida,
Me odio por que no me permito vivir tranquilamente
Me odio por que pretendo seguir unas reglas de vida que no tienen fundamento
Me odio por que yo quien dirige mi vida, si no las cosas externas
Me odio por que no soy dueña de mi misma
Me odio por que no tengo gran fe en lo que hago
Me odio por que me dejo caer sin luchar por mis sueños
Me odio por ser tan variable y sensible sentimentalmente
Sino me lleno de perjuicios tontos que me encierran en cajones inmensos.
Me odio por que me dejo caer, sin esforzarme
Me odio por que me gusta lo fácil y detesto el hecho de ser tan jodida.
Me odio por que critico pero no me gusta que hagan lo mismo conmigo.
Me odio por calificar a la gente y encasillarla en prototipos estúpidos
Me odio por que no miro mas allá de lo que realmente es la vida.
Me odio por que pretendo seguir modelos de vida y no me permito ser libre
Me odio por no tener la fe que tenía antes
Me odio por que me dejo llevar de los demás
Me odio por que ya no soy la niña que era antes
Me odio definitivamente por ser quien soy
Me odio por que no quiero cambiar
Me odio por que no me quiero
Y me odio por que me odio
Espero que nunca se odien.
¿Por qué me resulta tan difícil quererme?
Los niños nacen con un enorme amor hacia sí mismos. Es la sociedad la que destruye ese amor, es la religión la que destruye ese amor, porque si el niño se sigue amando a sí mismo, entonces, ¿quién amará a Jesucristo? ¿Quién amará al presidente? ¿Quién amará a sus padres? El amor de un niño hacia sí mismo ha de ser desviado. Hay que condicionarle de manera que su amor se dirija siempre hacia un objeto externo. Esto hace al hombre muy pobre, porque cuando quieres a alguien externo a ti -ya sea Dios, el Papa, tu padre, tu esposa, tu marido, tus hijos, cualquiera que sea el objeto de tu amor, te vuelve dependiente de ese objeto. A tus propios ojos te conviertes en algo secundario, te conviertes en un mendigo.
Al nacer eras un emperador totalmente satisfecho contigo mismo. Pero tu padre quiere que le quieras, tu madre quiere que la quieras. Todos a tu alrededor se quieren convertir en objeto de tu amor. A nadie le preocupa que si un hombre no puede amarse a sí mismo tampoco será capaz de amar a nadie. De modo que se crea una sociedad enloquecida, donde todo el mundo intenta querer a alguien, sin tener nada que dar. Y la otra persona tampoco tiene nada que dar.
A un niño debidamente educado se le debe permitir crecer en amor hacia sí mismo, de forma que esté tan lleno de amor que compartirlo se convierta en una necesidad. Está tan repleto de amor que quiere compartirlo con alguien. Entonces, el amor nunca te hará depender de nadie. Tú eres el que da, y el que da nunca es un mendigo. Y el otro también da. Y cuando se encuentran dos emperadores, dueños de sus propios corazones, se produce una inmensa alegría. Nadie depende de nadie; todo el mundo es independiente e individual, centrado en sí mismo, arraigado en sí mismo. Sus raíces van hasta el fondo de su propio ser, de donde brota el néctar llamado amor hacia la superficie y florece con miles de rosas.
Este tipo de persona no ha sido posible hasta el momento por culpa de vuestros profetas, de vuestros mesías, de vuestras encarnaciones de Dios y todas las demás clases de idiotas. Os han destruido en beneficio de su gloria, de su propio ego. Os han machacado completamente.
Tiene una lógica. O bien el mesías, el salvador, se convierte en el objeto de tu amor, y tú no eres más que una sombra siguiéndole ciegamente, o bien estás totalmente satisfecho, rebosando amor y floreciendo con miles de rosas, y en ese caso, ¿quién quiere ser salvado? Ya estás salvado. ¿A quién le interesa el paraíso? Ya estás en él.
Cuando aprendas a amarte a ti mismo desaparecerán los sacerdotes, los políticos se quedarán sin seguidores; todos los intereses creados de la sociedad irán a la bancarrota. Se aprovechan de ti de una forma psicológica muy sutil y por eso prosperan.
La autoestima baja es uno de los mayores obstáculos en nuestra vida. Nos hace sufrir y nos impide lograr aquello que deseamos. Si nuestra autoestima es baja y no logramos el éxito deseado, buscamos un culpable. Eso es autocompadecerse.
Autocompasion
La autocompasión nos mantiene emocionalmente desmotivados y desconfiados de nuestro potencial, sin que nos demos cuenta de ello y nos impide avanzar por la vida y disfrutarla.
Tener conciencia de cómo nos afecta la autocompasión, nos ayuda a evitar que las molestias y dificultades nos lleven a ella, lo que significa, básicamente, sentirnos víctimas de las circunstancias o de los demás.
John Gardner, ex Secretario de Salud, Educación y Asistencia Social en USA, se refirió a la autocompasión así: “La lástima por uno mismo es uno de los narcóticos no farmacéuticos mas destructivos. Es adictiva, da placer en el corto plazo, pero separa a la victima de la realidad”.
¿Por qué nos autocompadecemos?
Ya sea que nos culpemos a nosotros mismos o que culpemos a los demás, o a la suerte, la economía, las circunstancias sociales, o Dios, si nos sentimos indefensos e incapaces de cambiar los obstáculos o las situaciones negativas de la vida, podemos acabar autocompadeciéndonos.
La autocompasión o el autoconsuelo es sumamente limitante, pero es muy difícil de reconocer y aceptar, porque le damos un significado simplista. Para mucha gente significa solamente “estar mal” o sentirse débil, subestimado, o menos valioso que los demás.
Pero la autocompasión puede indicar que durante nuestra infancia o en otro momento del pasado aprendimos una actitud que nos impide vencer retos y dificultades actuales, y así tener mejor calidad de vida.
Con frecuencia sentimos y pensamos que nuestra vida y nuestras opciones están limitadas por factores externos, sin darnos cuenta de que la raíz de dicha limitación es la autocompasión.
¿Cómo piensan quienes tienden a compadecerse?
¿Piensas que la solución a tus problemas depende de lo que hagan o dejen de hacer los demás?… ¿Siempre tienes una razón para justificar tu actitud?… ¿Sientes que tienes poco control sobre tu vida y lo que te está sucediendo?… ¿Buscas consejos, pero no los sigues?…
Si respondes afirmativamente a estas preguntas, posiblemente tiendes a sentirte “víctima” o a compadecerte con facilidad.
Todos hemos tenido momentos de dolor emocional producido por errores y fracasos. Pero la diferencia entre los que se autocompadecen y los que no, es que los primeros se dedican a ver todo lo malo que les ha pasado y que no han podido evitar o solucionar. Los segundos se enfocan en lo que quieren que les pase y en lo que necesitan hacer para lograrlo.
Cuando creemos que nosotros tenemos poco o ningún control sobre lo que nos sucede, que el mundo y/o los demás se aprovechan de nosotros o nos causan daño, acabamos sintiéndonos incapaces y desempeñando el papel de víctimas.
Orígenes de la actitud de víctima
La autocomapasión es una respuesta emocional que surge en un momento de estrés. Al tratar con situaciones estresantes, la tendencia más común es sentir pena por uno mismo. No obstante, esta actitud se muestra de manera diferente en cada persona.
Por ejemplo, debido a la edad y a la falta de conocimientos y habilidades, en muchas situaciones los niños se sienten víctimas (independientemente de que tengan una vida estable, protegida, feliz y llena de amor). Es parte de las características de la niñez.
Quizás nos criamos en un ambiente en donde se nos compadecía constantemente con comentarios como “pobrecito, se siente mal”; “pobre niño, tiene tantas dificultades”; “es injusto lo que le pasa, pero no puede hacer nada”; o “a éste niño siempre le pasa algo malo”.
También pudo ocurrir que nuestros padres u otras personas importantes en nuestras vidas tenían actitud de víctimas, e inconscientemente aprendimos a imitarlos.
O pudimos haber sido realmente víctimas, de algún tipo de abuso físico, sexual, psicológico, o emocional. Estas vivencias pueden tener un impacto tan intenso que no nos abandona a lo largo de toda la vida.
Al hacernos adultos, las diferentes experiencias que vivimos pueden hacer que disminuya o desaparezca la tendencia autocompasiva, pero también puede aumentar y hacernos desarrollemos una actitud de víctima. Cualquiera que sea la causa inicial, siempre podemos trabajar las consecuencias en función de tener una mejor vida.
Aspectos positivos y negativos de la autocompasión
Como cualquier otra emoción, la autocompasión tiene sus puntos a favor y en contra.
Por un lado, en el corto plazo ayuda a disminuir el dolor emocional frente a obstáculos o fracasos, evita que nos autodevaluemos, y reduce el impacto del sentimiento de culpa.
Pero las consecuencias negativas son mayores:
• Impide que veamos las dificultades de manera integral, porque la autocompasión hace que nos enfoquemos en la parte negativa que nos afecta directamente, lo que a su vez nos dificulta ver las soluciones.
• Nos aleja de la gente y nos impide resolver nuestros conflictos, porque nos mantiene centrados en nosotros mismos (“pobre de mí…”, “siempre me ocurre…”, “yo no puedo…”, “no se puede confiar…”).
• Impide que nos responsabilicemos de lo que nos sucede y actuemos de inmediato. Al culpar a los demás, asumimos que son ellos los que pueden y “deben” hacer algo para mejorar la situación. Esto hace que tratemos de presionarlos o manipularlos, con lo que surgen nuevos conflictos.
• La autompasión también nos paraliza, porque sentimos que no podemos hacer nada frente a las dificultades del mundo exterior, ya que no tenemos ni la capacidad ni el control necesario para superarlas.
ETICA Y ESTÉTICA DEL ACTO SUICIDA
El suicidio es un acto, pero no todo acto suicida surge de un sujeto depresivo. La lógica del acto suicida nos permite diferenciar al menos dos tipos fundamentales de acto suicida:
(a) el acto suicida como síntoma
(b) el acto suicida radical.
(a) El acto suicida como síntoma: proviene de un acting out y provoca una muerte equivocada. Se trata de una muerte que no ha debido ocurrir. Este sujeto suicida en medio de un estado depresivo, busca poner en escena su odio al objeto, sin saber con claridad el motivo por el cual busca su propia muerte. Todo acting out, es un acto realizado por el sujeto, sin conocimiento de lo que motiva dicho acto. En la realización del acting out, el deseo del sujeto se impone y el acting habla por sí mismo -pero fuera de consciencia. Por lo tanto se trata de un acto sin sujeto. En el acto suicida como síntoma, alguien resulta muerto, pero el acto carece de sujeto. Para entender esta aparente paradoja es necesario abrir a estudio tres propuestas psicoanalíticas fundamentales:
Teoría del objeto del deseo
Teoría del odio al objeto
Teoría de la castración imaginaria
(i) Teoría del objeto del deseo: El deseo del sujeto es el deseo del deseo del otro (Lacan, J. 1949). Para el psicoanálisis estructural el sujeto se constituye en el lugar del otro. Nadie puede engendrarse a sí mismo. La madre desea a su hijo (o lo odia) aún antes de este nacer. En metáfora, se puede decir que el niño pre/existe a su propio nacimiento. Por lo tanto, desde sus inicios el sujeto es producto del deseo del otro y desea ser el deseo del otro. El sujeto (siempre en falta) desea ser amado por ese otro. A veces cree haberlo logrado y exclama convencido/a ser amado/a por un otro. Pero esto no es más que una ficción o si se quiere, una ficción verdadera. En la temprana infancia, el amar al objeto y creerse amado por este, produce amor hacia si-mismo y alta autoestima. Cuando esto no ocurre así, debido a diversas razones en la historia infantil del sujeto, va a desaparecer el deseo de ser, el deseo del otro. Se instala la desesperanza y por esta vía, se instala en forma pasiva, el deseo de no/vivir. Realmente se trata de una indiferencia a vivir o morir. La muerte no se busca, pero si llega, es bienvenida. Recordemos que para que se produzca el acto suicida, se requiere de la presencia patológica del odio al objeto.
(ii) Teoría del odio al objeto: La experiencia temprana de amor y odio con la figura materna se encuentran arbitrariamente equilibradas según el azar y las vicisitudes del primer año de la vida. El disponer de una madre con capacidad de tolerar su propia angustia y tolerar la angustia del bebé (función reverie materna), ayuda al predominio de las experiencias de satisfacción. Asi, el objeto de amor predomina sobre el objeto de odio. Cuando las cosas ocurren a la inversa, va a predominar el objeto de odio, lo cual va a dificultar la relación con el otro y a influir negativamente en el desarrollo de ese sujeto. Pueden aparecer fijaciones a modos de funcionamiento mental primitivo. La presencia de estos mecanismos mentales primitivos (automáticos e inconscientes): de fusión self/objeto, de angustias primitivas intensas, de actividad cruel de un superyo primitivo, aunado a la desesperanza y al deseo de no/vivir, pueden desencadenar, en el relampageo de un momento, un acto suicida sintomático. En estos estados mentales primitivos, fácilmente el odio al otro, se convierte en -el otro me odia a mi (mecanismo inconsciente de proyección). Luego la identificación con lo proyectado, termina en -me odio a mi mismo. La muerte circula y el deseo homicida se convierte en deseo suicida y termina con la clara idea de: -el otro desea mi muerte.
(iii) Teoría de la castración imaginaria: Cuando aparece un factor desencadenante de fracaso en la vida actual (sea este un fracaso amoroso, académico o económico/financiero), este fracaso actualiza la intensidad antigua del vínculo de odio y de la desesperanza. Si el estado mental es primitivo, y uno como analista, se da cuenta de los mecanismos mentales primitivos que están presentes en ese momento, entonces la peligrosidad suicida es alta. En un caso así, es necesario hablar explícitamente sobre el deseo suicida (interpretarlo en caso que el analizando no lo exprese) , hablar de sus razones aparentes, hablar sobre la desesperanza y el vínculo de odio. Lograr que el suicida potencial hable de todo esto y que pueda expresar intensamente a través de la catásis toda su impotencia y desesperación.
(b) El acto suicida radical: Lo llamo así porque en este acto suicida existe una buena razón para morir. No se encuentra la clínica de la desesperanza, ni el vínculo dramático de odio al otro y luego a sí mismo. El deseo de ser el deseo del otro está intacto. El deseo de ser amado está satisfecho. No hay desesperanza ni desvalorización personal. Incluso puede existir una intensa catexia objetal libidinal, con vínculo de amor al objeto. Sin embargo el sujeto tiene un claro deseo de morir y una lógica de su muerte. Su acto está fundamentado en el pasaje al acto, en donde existe un acto con sujeto.
Conductas Autodestructivas(Teoria)
La denominada tendencia autodestructiva del ser humano es un concepto originado en los estudios sobre psicología y sociología. Comprende todas las conductas orientadas hacia la autodestrucción, indirecta o directa, del propio individuo o grupo. La tendencia autodestructiva es la conducta orientada hacia el suicidio1 ya sea en forma consciente o inconsciente. Muchos profesionales amplían este concepto hacia conductas destructivas del ser humano2 por lo que el mismo requiere de un estudio exhaustivo para su real comprensión.
Freud (1920) declaró que ningún hombre es capaz de imaginar su propia muerte porque no puede integrar su no existencia a través de sus fantasías de inmortalidad. El aparato anímico funciona bajo el principio de constancia; definido por Breuer y Freud en sus Estudios sobre la Histeria como: “La tendencia a mantener constante la excitación intracerebral” (Breuer, 1985 en Freud, 1920 p 15); esto es la búsqueda del equilibrio de energía. Se introduce el concepto de instinto de muerte como una pulsión biológica que lo empuja a retornar a lo inorgánico, “…deriva una pulsión de la necesidad de restablecer un estado anterior” (Freud, 1920/1955 p. 56) o bien “el organismo reacciona ante toda perturbación con la tentativa de recuperar el status quo” (Segal, 1984. en Widlöcher, 1991 p.35).
La compulsión a la repetición es la manifestación de la pulsión de muerte, es un intento de regresar a un estado previo para mantener la constancia. La pulsión de muerte opera casi siempre de manera silenciosa por lo que es difícil observar sus manifestaciones en estado puro, solamente podrán ser percibidas cuando se fusionan con la libido. Segal (1984 en Widlöcher, 1991) propone que el principio de Nirvana es una idealización de la muerte y de la pulsión de muerte, afín a la de una fusión con el objeto, como en el sentimiento oceánico.
Litman (1983; en Farberow, 1984) explica que la diferencia entre comportamiento autodestructivo directo e indirecto es la meta consciente de la conducta. Si la meta principal es dañarse a sí mismo, el término conducta autodestructiva es correcto y el suicidio es su forma extrema. En el comportamiento autodestructivo indirecto el dañarse a sí mismo no es la meta principal, sino un efecto indeseado e incluye errores relativamente insignificantes, auto-castigo y pequeños riesgos que sumados aumentan la posibilidad de lesiones serias y la muerte. De esta manera, comienza a fallar la prueba de realidad y se activan esquemas de acción narcisistas.
Las personas autodestructivas estan en una constante búsqueda de placer inmediato y poca tolerancia a la frustración:
-Tendencia a la negación
-Angustia de pérdida del objeto
-Omnipotencia
-Falta da planeación a largo plazo
-Necesidad de estimulación constante
-Relaciones interpersonales superficiales
-Fuerte sentimiento de individualismo
Como evitar conductas autodestructivas
Todos aquellos actos que nos dañan a nosotros mismos, de las que unas veces somos conscientes y otras no, se denominan en psicología conductas autodestructivas, las cuales pueden tomar formas muy variadas: comer en exceso, fumar una gran cantidad de cigarrillos, tomar grandes cantidades de alcohol, drogarse, jugar de forma patológica, establecer relaciones de pareja abusivas o de dependencia, y otras muchas.
Estas conductas suelen tener su raíz en la baja autoestima, y se producen principalmente por dos motivos:
- La persona que los sufre no puede hacer frente a situaciones de un gran nivel de estrés en las que tenga que confrontar su miedo al éxito porque en el fondo se siente que no merece el éxito. En estos casos las conductas autodestructivas actúan como un autosabotaje por el cual nos mantenemos a nosotros mismos en una situación indeseada pero cómoda a nivel de miedo.
- Cuando el sujeto piensa o siente algo que cree que no se merece. Su baja autoestima le hace pensar, de forma inconsciente, que es indigno de esos deseos de prosperar, y con la conducta autodestructiva se mantiene en dicha situación. En estos casos a la baja autoestima se le une un odio hacia uno mismo que se manifiesta en dichas conductas
La mayoría de las veces estos conflictos interiores son desconocidos para el sujeto, y sólo nota que algo va mal, que por mucho que quiera no puede detener dicha conducta porque, en el fondo, este comportamiento le comporta un cierto alivio.
Para eliminar conductas autodestructivas es necesario mirar dentro de nosotros mismos y averiguar qué es lo que nos lleva a dicha conducta. Una vez que descubramos ese por qué y que entendamos la raíz de dicho comportamiento, podremos cambiar estas conductas negativas por otras positivas, y aprender a cuidarnos y a querernos a nosotros mismos.

Aunque la depresión puede tener diversas causas, una de ellas tiene como base un mecanismo muy similar al del prejuicio contra otras personas, con la diferencia de que, en este caso, sería un prejuicio vuelto hacia uno mismo.
Cuando alguien tiene algún tipo de prejuicio hacia los demás, pensará cosas como: "odio a este grupo de personas, odio su modo de ser, su modo de vestir, detesto como hablan" En algunas personas deprimidas, el modo de pensar es muy parecido, aunque dirigido hacia ellos mismos: "Me odio a mí mismo, odio mi modo de hablar, mi modo de ser, detesto la clase de persona que soy".
Conocer la causa de la depresión es fundamental para poder tratarla, pues dichas causas pueden ser muy variadas. El prejuicio o desprecio hacia uno mismo es una de ellas. Se trata de pensamientos hacia uno mismo muy arraigados en la mente, que posiblemente se originaron en la infancia como consecuencia de experiencias negativas, o el rechazo o desprecio de los demás. Estas personas pueden pertenecer a minorías rechazadas, de manera que, tras ser víctimas del prejuicio de los demás, lo han acabado interiorizando y odiándose a sí mismos. O bien puede tratarse de personas que, sin pertenecer a ninguna minoría rechazada, han sido víctimas de desprecio por parte de su familia, víctimas de acoso por parte de compañeros en la infancia, etc.
Sea cual sea el motivo del prejuicio hacia uno mismo, puede dar lugar a una depresión causada por las ideas tan negativas que una persona tiene de sí misma. Por este motivo, el tratamiento debe ir encaminado a modificar esas ideas y cambiarlas por otras más realistas: las personas no somos perfectas, todas tenemos defectos, cometemos errores o somos poco habilidosos para ciertas cosas; por tanto, si nos empeñamos, todos encontraremos motivos para odiarnos. Pero, simultáneamente, todos tenemos también buenas cualidades, somos buenos o incluso brillantes en determinadas cosas y, a menudo, no nos equivocamos en nuestras actuaciones o decisiones.
Las personas que se odian a sí mismas han aprendido a ver solo su lado negativo, a magnificarlo, al tiempo que minimizan y pasan por alto todo lo bueno que hay en ellos. Se trata, por tanto, de un pensamiento sesgado y poco realista que te lleva a la depresión y la infelicidad. Pero la buena noticia es que, con un poco de trabajo, y la ayuda de un psicólogo si es necesario, ese modo de pensar.
Me Odio
Me odio, y no creo que allá cosa mas triste que eso,
Me odio porque no soy quien quiero ser, me odio por que me rindo al paso del camino
Y por que me fijo en una apariencia que es mera imagen.
Me odio por que simplemente soy debil y me dejo derrotar muy fácilmente,
Me odio por no quiero reconocer del todo que soy débil
por que no creo en lo maravillosa que es la vida,
Me odio por que no me permito vivir tranquilamente
Me odio por que pretendo seguir unas reglas de vida que no tienen fundamento
Me odio por que yo quien dirige mi vida, si no las cosas externas
Me odio por que no soy dueña de mi misma
Me odio por que no tengo gran fe en lo que hago
Me odio por que me dejo caer sin luchar por mis sueños
Me odio por ser tan variable y sensible sentimentalmente
Sino me lleno de perjuicios tontos que me encierran en cajones inmensos.
Me odio por que me dejo caer, sin esforzarme
Me odio por que me gusta lo fácil y detesto el hecho de ser tan jodida.
Me odio por que critico pero no me gusta que hagan lo mismo conmigo.
Me odio por calificar a la gente y encasillarla en prototipos estúpidos
Me odio por que no miro mas allá de lo que realmente es la vida.
Me odio por que pretendo seguir modelos de vida y no me permito ser libre
Me odio por no tener la fe que tenía antes
Me odio por que me dejo llevar de los demás
Me odio por que ya no soy la niña que era antes
Me odio definitivamente por ser quien soy
Me odio por que no quiero cambiar
Me odio por que no me quiero
Y me odio por que me odio
Espero que nunca se odien.
¿Por qué me resulta tan difícil quererme?
Los niños nacen con un enorme amor hacia sí mismos. Es la sociedad la que destruye ese amor, es la religión la que destruye ese amor, porque si el niño se sigue amando a sí mismo, entonces, ¿quién amará a Jesucristo? ¿Quién amará al presidente? ¿Quién amará a sus padres? El amor de un niño hacia sí mismo ha de ser desviado. Hay que condicionarle de manera que su amor se dirija siempre hacia un objeto externo. Esto hace al hombre muy pobre, porque cuando quieres a alguien externo a ti -ya sea Dios, el Papa, tu padre, tu esposa, tu marido, tus hijos, cualquiera que sea el objeto de tu amor, te vuelve dependiente de ese objeto. A tus propios ojos te conviertes en algo secundario, te conviertes en un mendigo.
Al nacer eras un emperador totalmente satisfecho contigo mismo. Pero tu padre quiere que le quieras, tu madre quiere que la quieras. Todos a tu alrededor se quieren convertir en objeto de tu amor. A nadie le preocupa que si un hombre no puede amarse a sí mismo tampoco será capaz de amar a nadie. De modo que se crea una sociedad enloquecida, donde todo el mundo intenta querer a alguien, sin tener nada que dar. Y la otra persona tampoco tiene nada que dar.
A un niño debidamente educado se le debe permitir crecer en amor hacia sí mismo, de forma que esté tan lleno de amor que compartirlo se convierta en una necesidad. Está tan repleto de amor que quiere compartirlo con alguien. Entonces, el amor nunca te hará depender de nadie. Tú eres el que da, y el que da nunca es un mendigo. Y el otro también da. Y cuando se encuentran dos emperadores, dueños de sus propios corazones, se produce una inmensa alegría. Nadie depende de nadie; todo el mundo es independiente e individual, centrado en sí mismo, arraigado en sí mismo. Sus raíces van hasta el fondo de su propio ser, de donde brota el néctar llamado amor hacia la superficie y florece con miles de rosas.
Este tipo de persona no ha sido posible hasta el momento por culpa de vuestros profetas, de vuestros mesías, de vuestras encarnaciones de Dios y todas las demás clases de idiotas. Os han destruido en beneficio de su gloria, de su propio ego. Os han machacado completamente.
Tiene una lógica. O bien el mesías, el salvador, se convierte en el objeto de tu amor, y tú no eres más que una sombra siguiéndole ciegamente, o bien estás totalmente satisfecho, rebosando amor y floreciendo con miles de rosas, y en ese caso, ¿quién quiere ser salvado? Ya estás salvado. ¿A quién le interesa el paraíso? Ya estás en él.
Cuando aprendas a amarte a ti mismo desaparecerán los sacerdotes, los políticos se quedarán sin seguidores; todos los intereses creados de la sociedad irán a la bancarrota. Se aprovechan de ti de una forma psicológica muy sutil y por eso prosperan.
La autoestima baja es uno de los mayores obstáculos en nuestra vida. Nos hace sufrir y nos impide lograr aquello que deseamos. Si nuestra autoestima es baja y no logramos el éxito deseado, buscamos un culpable. Eso es autocompadecerse.
Autocompasion
La autocompasión nos mantiene emocionalmente desmotivados y desconfiados de nuestro potencial, sin que nos demos cuenta de ello y nos impide avanzar por la vida y disfrutarla.
Tener conciencia de cómo nos afecta la autocompasión, nos ayuda a evitar que las molestias y dificultades nos lleven a ella, lo que significa, básicamente, sentirnos víctimas de las circunstancias o de los demás.
John Gardner, ex Secretario de Salud, Educación y Asistencia Social en USA, se refirió a la autocompasión así: “La lástima por uno mismo es uno de los narcóticos no farmacéuticos mas destructivos. Es adictiva, da placer en el corto plazo, pero separa a la victima de la realidad”.
¿Por qué nos autocompadecemos?
Ya sea que nos culpemos a nosotros mismos o que culpemos a los demás, o a la suerte, la economía, las circunstancias sociales, o Dios, si nos sentimos indefensos e incapaces de cambiar los obstáculos o las situaciones negativas de la vida, podemos acabar autocompadeciéndonos.
La autocompasión o el autoconsuelo es sumamente limitante, pero es muy difícil de reconocer y aceptar, porque le damos un significado simplista. Para mucha gente significa solamente “estar mal” o sentirse débil, subestimado, o menos valioso que los demás.
Pero la autocompasión puede indicar que durante nuestra infancia o en otro momento del pasado aprendimos una actitud que nos impide vencer retos y dificultades actuales, y así tener mejor calidad de vida.
Con frecuencia sentimos y pensamos que nuestra vida y nuestras opciones están limitadas por factores externos, sin darnos cuenta de que la raíz de dicha limitación es la autocompasión.
¿Cómo piensan quienes tienden a compadecerse?
¿Piensas que la solución a tus problemas depende de lo que hagan o dejen de hacer los demás?… ¿Siempre tienes una razón para justificar tu actitud?… ¿Sientes que tienes poco control sobre tu vida y lo que te está sucediendo?… ¿Buscas consejos, pero no los sigues?…
Si respondes afirmativamente a estas preguntas, posiblemente tiendes a sentirte “víctima” o a compadecerte con facilidad.
Todos hemos tenido momentos de dolor emocional producido por errores y fracasos. Pero la diferencia entre los que se autocompadecen y los que no, es que los primeros se dedican a ver todo lo malo que les ha pasado y que no han podido evitar o solucionar. Los segundos se enfocan en lo que quieren que les pase y en lo que necesitan hacer para lograrlo.
Cuando creemos que nosotros tenemos poco o ningún control sobre lo que nos sucede, que el mundo y/o los demás se aprovechan de nosotros o nos causan daño, acabamos sintiéndonos incapaces y desempeñando el papel de víctimas.
Orígenes de la actitud de víctima
La autocomapasión es una respuesta emocional que surge en un momento de estrés. Al tratar con situaciones estresantes, la tendencia más común es sentir pena por uno mismo. No obstante, esta actitud se muestra de manera diferente en cada persona.
Por ejemplo, debido a la edad y a la falta de conocimientos y habilidades, en muchas situaciones los niños se sienten víctimas (independientemente de que tengan una vida estable, protegida, feliz y llena de amor). Es parte de las características de la niñez.
Quizás nos criamos en un ambiente en donde se nos compadecía constantemente con comentarios como “pobrecito, se siente mal”; “pobre niño, tiene tantas dificultades”; “es injusto lo que le pasa, pero no puede hacer nada”; o “a éste niño siempre le pasa algo malo”.
También pudo ocurrir que nuestros padres u otras personas importantes en nuestras vidas tenían actitud de víctimas, e inconscientemente aprendimos a imitarlos.
O pudimos haber sido realmente víctimas, de algún tipo de abuso físico, sexual, psicológico, o emocional. Estas vivencias pueden tener un impacto tan intenso que no nos abandona a lo largo de toda la vida.
Al hacernos adultos, las diferentes experiencias que vivimos pueden hacer que disminuya o desaparezca la tendencia autocompasiva, pero también puede aumentar y hacernos desarrollemos una actitud de víctima. Cualquiera que sea la causa inicial, siempre podemos trabajar las consecuencias en función de tener una mejor vida.
Aspectos positivos y negativos de la autocompasión
Como cualquier otra emoción, la autocompasión tiene sus puntos a favor y en contra.
Por un lado, en el corto plazo ayuda a disminuir el dolor emocional frente a obstáculos o fracasos, evita que nos autodevaluemos, y reduce el impacto del sentimiento de culpa.
Pero las consecuencias negativas son mayores:
• Impide que veamos las dificultades de manera integral, porque la autocompasión hace que nos enfoquemos en la parte negativa que nos afecta directamente, lo que a su vez nos dificulta ver las soluciones.
• Nos aleja de la gente y nos impide resolver nuestros conflictos, porque nos mantiene centrados en nosotros mismos (“pobre de mí…”, “siempre me ocurre…”, “yo no puedo…”, “no se puede confiar…”).
• Impide que nos responsabilicemos de lo que nos sucede y actuemos de inmediato. Al culpar a los demás, asumimos que son ellos los que pueden y “deben” hacer algo para mejorar la situación. Esto hace que tratemos de presionarlos o manipularlos, con lo que surgen nuevos conflictos.
• La autompasión también nos paraliza, porque sentimos que no podemos hacer nada frente a las dificultades del mundo exterior, ya que no tenemos ni la capacidad ni el control necesario para superarlas.
ETICA Y ESTÉTICA DEL ACTO SUICIDA
El suicidio es un acto, pero no todo acto suicida surge de un sujeto depresivo. La lógica del acto suicida nos permite diferenciar al menos dos tipos fundamentales de acto suicida:
(a) el acto suicida como síntoma
(b) el acto suicida radical.
(a) El acto suicida como síntoma: proviene de un acting out y provoca una muerte equivocada. Se trata de una muerte que no ha debido ocurrir. Este sujeto suicida en medio de un estado depresivo, busca poner en escena su odio al objeto, sin saber con claridad el motivo por el cual busca su propia muerte. Todo acting out, es un acto realizado por el sujeto, sin conocimiento de lo que motiva dicho acto. En la realización del acting out, el deseo del sujeto se impone y el acting habla por sí mismo -pero fuera de consciencia. Por lo tanto se trata de un acto sin sujeto. En el acto suicida como síntoma, alguien resulta muerto, pero el acto carece de sujeto. Para entender esta aparente paradoja es necesario abrir a estudio tres propuestas psicoanalíticas fundamentales:
Teoría del objeto del deseo
Teoría del odio al objeto
Teoría de la castración imaginaria
(i) Teoría del objeto del deseo: El deseo del sujeto es el deseo del deseo del otro (Lacan, J. 1949). Para el psicoanálisis estructural el sujeto se constituye en el lugar del otro. Nadie puede engendrarse a sí mismo. La madre desea a su hijo (o lo odia) aún antes de este nacer. En metáfora, se puede decir que el niño pre/existe a su propio nacimiento. Por lo tanto, desde sus inicios el sujeto es producto del deseo del otro y desea ser el deseo del otro. El sujeto (siempre en falta) desea ser amado por ese otro. A veces cree haberlo logrado y exclama convencido/a ser amado/a por un otro. Pero esto no es más que una ficción o si se quiere, una ficción verdadera. En la temprana infancia, el amar al objeto y creerse amado por este, produce amor hacia si-mismo y alta autoestima. Cuando esto no ocurre así, debido a diversas razones en la historia infantil del sujeto, va a desaparecer el deseo de ser, el deseo del otro. Se instala la desesperanza y por esta vía, se instala en forma pasiva, el deseo de no/vivir. Realmente se trata de una indiferencia a vivir o morir. La muerte no se busca, pero si llega, es bienvenida. Recordemos que para que se produzca el acto suicida, se requiere de la presencia patológica del odio al objeto.
(ii) Teoría del odio al objeto: La experiencia temprana de amor y odio con la figura materna se encuentran arbitrariamente equilibradas según el azar y las vicisitudes del primer año de la vida. El disponer de una madre con capacidad de tolerar su propia angustia y tolerar la angustia del bebé (función reverie materna), ayuda al predominio de las experiencias de satisfacción. Asi, el objeto de amor predomina sobre el objeto de odio. Cuando las cosas ocurren a la inversa, va a predominar el objeto de odio, lo cual va a dificultar la relación con el otro y a influir negativamente en el desarrollo de ese sujeto. Pueden aparecer fijaciones a modos de funcionamiento mental primitivo. La presencia de estos mecanismos mentales primitivos (automáticos e inconscientes): de fusión self/objeto, de angustias primitivas intensas, de actividad cruel de un superyo primitivo, aunado a la desesperanza y al deseo de no/vivir, pueden desencadenar, en el relampageo de un momento, un acto suicida sintomático. En estos estados mentales primitivos, fácilmente el odio al otro, se convierte en -el otro me odia a mi (mecanismo inconsciente de proyección). Luego la identificación con lo proyectado, termina en -me odio a mi mismo. La muerte circula y el deseo homicida se convierte en deseo suicida y termina con la clara idea de: -el otro desea mi muerte.
(iii) Teoría de la castración imaginaria: Cuando aparece un factor desencadenante de fracaso en la vida actual (sea este un fracaso amoroso, académico o económico/financiero), este fracaso actualiza la intensidad antigua del vínculo de odio y de la desesperanza. Si el estado mental es primitivo, y uno como analista, se da cuenta de los mecanismos mentales primitivos que están presentes en ese momento, entonces la peligrosidad suicida es alta. En un caso así, es necesario hablar explícitamente sobre el deseo suicida (interpretarlo en caso que el analizando no lo exprese) , hablar de sus razones aparentes, hablar sobre la desesperanza y el vínculo de odio. Lograr que el suicida potencial hable de todo esto y que pueda expresar intensamente a través de la catásis toda su impotencia y desesperación.
(b) El acto suicida radical: Lo llamo así porque en este acto suicida existe una buena razón para morir. No se encuentra la clínica de la desesperanza, ni el vínculo dramático de odio al otro y luego a sí mismo. El deseo de ser el deseo del otro está intacto. El deseo de ser amado está satisfecho. No hay desesperanza ni desvalorización personal. Incluso puede existir una intensa catexia objetal libidinal, con vínculo de amor al objeto. Sin embargo el sujeto tiene un claro deseo de morir y una lógica de su muerte. Su acto está fundamentado en el pasaje al acto, en donde existe un acto con sujeto.
Conductas Autodestructivas(Teoria)
La denominada tendencia autodestructiva del ser humano es un concepto originado en los estudios sobre psicología y sociología. Comprende todas las conductas orientadas hacia la autodestrucción, indirecta o directa, del propio individuo o grupo. La tendencia autodestructiva es la conducta orientada hacia el suicidio1 ya sea en forma consciente o inconsciente. Muchos profesionales amplían este concepto hacia conductas destructivas del ser humano2 por lo que el mismo requiere de un estudio exhaustivo para su real comprensión.
Freud (1920) declaró que ningún hombre es capaz de imaginar su propia muerte porque no puede integrar su no existencia a través de sus fantasías de inmortalidad. El aparato anímico funciona bajo el principio de constancia; definido por Breuer y Freud en sus Estudios sobre la Histeria como: “La tendencia a mantener constante la excitación intracerebral” (Breuer, 1985 en Freud, 1920 p 15); esto es la búsqueda del equilibrio de energía. Se introduce el concepto de instinto de muerte como una pulsión biológica que lo empuja a retornar a lo inorgánico, “…deriva una pulsión de la necesidad de restablecer un estado anterior” (Freud, 1920/1955 p. 56) o bien “el organismo reacciona ante toda perturbación con la tentativa de recuperar el status quo” (Segal, 1984. en Widlöcher, 1991 p.35).
La compulsión a la repetición es la manifestación de la pulsión de muerte, es un intento de regresar a un estado previo para mantener la constancia. La pulsión de muerte opera casi siempre de manera silenciosa por lo que es difícil observar sus manifestaciones en estado puro, solamente podrán ser percibidas cuando se fusionan con la libido. Segal (1984 en Widlöcher, 1991) propone que el principio de Nirvana es una idealización de la muerte y de la pulsión de muerte, afín a la de una fusión con el objeto, como en el sentimiento oceánico.
Litman (1983; en Farberow, 1984) explica que la diferencia entre comportamiento autodestructivo directo e indirecto es la meta consciente de la conducta. Si la meta principal es dañarse a sí mismo, el término conducta autodestructiva es correcto y el suicidio es su forma extrema. En el comportamiento autodestructivo indirecto el dañarse a sí mismo no es la meta principal, sino un efecto indeseado e incluye errores relativamente insignificantes, auto-castigo y pequeños riesgos que sumados aumentan la posibilidad de lesiones serias y la muerte. De esta manera, comienza a fallar la prueba de realidad y se activan esquemas de acción narcisistas.
Las personas autodestructivas estan en una constante búsqueda de placer inmediato y poca tolerancia a la frustración:
-Tendencia a la negación
-Angustia de pérdida del objeto
-Omnipotencia
-Falta da planeación a largo plazo
-Necesidad de estimulación constante
-Relaciones interpersonales superficiales
-Fuerte sentimiento de individualismo
Como evitar conductas autodestructivas
Todos aquellos actos que nos dañan a nosotros mismos, de las que unas veces somos conscientes y otras no, se denominan en psicología conductas autodestructivas, las cuales pueden tomar formas muy variadas: comer en exceso, fumar una gran cantidad de cigarrillos, tomar grandes cantidades de alcohol, drogarse, jugar de forma patológica, establecer relaciones de pareja abusivas o de dependencia, y otras muchas.
Estas conductas suelen tener su raíz en la baja autoestima, y se producen principalmente por dos motivos:
- La persona que los sufre no puede hacer frente a situaciones de un gran nivel de estrés en las que tenga que confrontar su miedo al éxito porque en el fondo se siente que no merece el éxito. En estos casos las conductas autodestructivas actúan como un autosabotaje por el cual nos mantenemos a nosotros mismos en una situación indeseada pero cómoda a nivel de miedo.
- Cuando el sujeto piensa o siente algo que cree que no se merece. Su baja autoestima le hace pensar, de forma inconsciente, que es indigno de esos deseos de prosperar, y con la conducta autodestructiva se mantiene en dicha situación. En estos casos a la baja autoestima se le une un odio hacia uno mismo que se manifiesta en dichas conductas
La mayoría de las veces estos conflictos interiores son desconocidos para el sujeto, y sólo nota que algo va mal, que por mucho que quiera no puede detener dicha conducta porque, en el fondo, este comportamiento le comporta un cierto alivio.
Para eliminar conductas autodestructivas es necesario mirar dentro de nosotros mismos y averiguar qué es lo que nos lleva a dicha conducta. Una vez que descubramos ese por qué y que entendamos la raíz de dicho comportamiento, podremos cambiar estas conductas negativas por otras positivas, y aprender a cuidarnos y a querernos a nosotros mismos.