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Cositas del Titanic.

Info8/23/2012
¿Buena suerte o gafe?

Violet Jessop (1887-1971) es la única persona que ha servido a bordo de los tres trasatlánticos de la clase Olympic. Empezó como camarera en el Olympic y el 20 de septiembre de 1911 fue testigo del choque con el crucero Hawke, que causó un agujero en el casco del trasatlántico y tuvo que ser reparado provocando provocó un retraso de tres semanas el viaje inaugural del Titanic. Luego sirvió en el Titanic durante su viaje inaugural, salvándose al subir al bote salvavidas número 16. Y como no hay dos sin tres, durante la Primera Guerra Mundial trabajó como enfermera para la Cruz Roja británica y en 1916 estaba a bordo del Britannic cuando chocó con una mina en el mar Egeo el 21 de noviembre y se hundió. Estuvo entre los 1036 supervivientes del naufragio.

Españoles en el Titanic.

En el Titanic viajaban diez españoles, tres pasajeros en primera clase, seis en segunda y un camarero del restaurante à la carte. La historia más glamurosa posiblemente es la del matrimonio de primera clase, formado por Víctor Peñasco y María Josefa Pérez de Soto, que embarcaron en el Titanic como broche final a una luna de miel que duró 17 meses. Sólo se salvaron siete: María Josefa, su doncella Fermina y los pasajeros de segunda clase Encarnación Reinaldo, Juliá Padrós i Manet, su esposa Florentina Durán i Moré, la hermana de Florentina, Asunción, y un amigo de la familia, Emilio Pallás i Castelló.

La trágica historia del único pasajero japonés del Titanic.

En 1912, Masabumi Hosono (1870-1939) era un funcionario del Ministerio de Transportes. Embarcó en el Titanic en Southampton con un pasaje de segunda clase rumbo a Estados Unidos. Cuando el trasatlántico chocó con el iceberg, pensó que a él también le había llegado el final, pero logró salvarse subiendo al bote salvavidas número 10. Cuando regresó a Japón dos meses después, se le consideró un cobarde por haberse salvado y la vergüenza se extendió incluso a sus descendientes. La infamia sobre su persona llegó a tal extremo que los libros de texto citaban su supervivencia como un modelo de conducta vergonzosa. Por fortuna, los tiempos cambian y su honor fue restablecido.

En la carta que escribió a bordo del Carpathia describiendo sus impresiones sobre los momentos finales del Titanic menciona el racismo que sufrieron los pasajeros no anglosajones. Según su testimonio, la tripulación trató de mantener a los extranjeros y a la tercera clase en las cubiertas inferiores, lejos de los botes salvavidas. La aparente superioridad moral anglosajona llevó a la generalización de que todos los que se se habían colado en los botes salvavidas eran chinos o japoneses y los que saltaron desde las cubiertas eran armenios, franceses o italianos. Durante la investigación del senado estadounidense, el embajador italiano exigió una disculpa al quinto oficial Harold Lowe por haber usado italiano como sinónimo de cobarde.

La insumergible Molly Brown.

Procedente de Denver, Colorado, Margaret Brown era una excéntrica pasajera de primera clase. Su comportamiento en el bote salvavidas número 6, animando a las mujeres a remar e intentando que los botes más vacíos volvieran a rescatar a más pasajeros, le valió ese apelativo. Tiene hasta un musical y la cápsula Gemini 3 lleva su nombre.

Cositas del Titanic.



Tal como hemos vivido, así moriremos.

Ida Straus estuvo a punto de subir al bote número 8, pero después cambió de idea y prefirió quedarse con su marido. Ambos se sentaron en un par de sillas de cubierta a observar y esperar.

Una vida arruinada.

Después de ayudar a llenar los botes salvavidas, Bruce Ismay subió al plegable C en el último momento. Una vez a salvo, dio deliberadamente la espalda al barco que se hundía, en un gesto que podría servir como metáfora para el resto de su vida, en la que sería ridiculizado por este acto de cobardía evidente. Estaba prohibido hablar del Titanic en su presencia.

Sin mojarse el pelo.

El panadero jefe Charles Joughin se encontraba de pie en el extremo de la popa mientras se hundía. Sintió como si estuviera montado en un ascensor y en el momento en el que desapareció bajo el agua, se limitó a saltar y alejarse a nado sin haberse mojado la cabeza. Fue uno de los pocos que lograron sobrevivir en las gélidas aguas hasta que fue rescatado por el bote plegable B un par de horas después.

titanic


El polémico suicido del primer oficial y el destino del capitán Smith.

El destino del primer oficial Murdoch es uno de los misterios del Titanic que permanecen sin resolver. Varios testigos afirmaron haberle visto disparar contra un hombre que trataba de subir al último bote y luego se suicidó. Otros afirman que sólo disparó al aire para hacer retroceder a la gente cuando se arriaba el bote.

Más misterioso aún es qué fue del capitán Smith. Hay versiones para todos los gustos, desde que se suicidó, hasta que se hundió con el barco, pasando por testigos que afirman haberlo visto acercarse al plegable B.

Disfrazado de mujer.

Daniel Buckley, un pasajero irlandés de tercera, irrumpió en el bote salvavidas número 13 con otros hombres. Sin embargo, mientras el resto era apartado, Buckley consiguió quedarse gracias a que una mujer le dio un chal para que se cubriera la cabeza. Sobrevivir le valió más bien de poco, ya que murió en el frente en 1918 durante la Primera Guerra Mundial.

[color=blue]Trágico balance.[/color]

En el naufragio murieron 1496 personas. De los 712 supervivientes, había 500 pasajeros y 212 tripulantes.

En porcentaje de victimas por clase.

Primera Clase 37.97 %

Segunda Clase 58.45 %

Tercera Clase 74.47 %

Tripulación 76.2 %

La investigación


A dos bandas.

La investigación para esclarecer las causas del hundimiento del Titanic y las responsabilidades se realizó en sendas comisiones en Estados Unidos, desde el 19 de abril y durante 18 días, y en Gran Bretaña, desde el 3 de mayo y durante 36 días.
Mientras en la comisión estadounidense, conducida por el senador William Alden Smith, se centró en el qué pasó y se plantearon cuestiones sobre negligencia en la navegación, seguridad del barco y comportamiento de los pasajeros, la investigación británica llevada a cabo por el Ministerio de Comercio, mejor organizada y con el doble de tiempo que la estadounidense, puso menos atención en el aspecto humano del desastre1 y se centró exclusivamente en los aspectos técnicos y de navegación para dar respuesta al por qué pasó.

curiosidades


La investigación la dirigió John Charles Bigham, lord Mersey, un experto en cubrir asuntos escandalosos, y a pesar del impresionante plantel de especialistas e ingenieros navales, no se intentó llegar al fondo de lo sucedido y se procuró de evadir cualquier atisbo de responsabilidad. Aparte de autoprotegerse por sus desfasadas leyes marítimas que habían permitido considerar que el Titanic llevaba más botes salvavidas que los exigidos, el Ministerio de Comercio no tenía ningún interés en acusar a la White Star Line de negligencia.

La diferencia de medios queda bien patente en el coste de cada comisión: la estadounidense costó 2385 dólares de la época y la británica, 87.500. En conjunto, se citaron a 181 testigos y sus declaraciones ocupan 2111 páginas.

No hubo culpables.

Las investigaciones no señalaron oficialmente a ningún culpable. La comisión británica achacó al capitán Smith el hecho de no haber alterado el rumbo o disminuido la velocidad, una práctica habitual en situaciones de buen tiempo, confiando simplemente en los vigías para detectar el hielo a tiempo para evitarlo, pero lo exoneró de cualquier culpa y su reputación como capitán popular que se hundió con su barco ha llegado intacta hasta la actualidad. A raíz de las investigaciones, esa práctica sería considerada en el futuro como negligencia.

Indignados del 15-A.

Tras el hundimiento, la sociedad expresó su indignación por haber permitido que ocurriera un desastre de semejantes dimensiones. El naufragio tuvo repercusión a escala mundial, supuso un duro golpe en el mundo marítimo y causó un impacto psicológico similar al de los atentados del 11 de septiembre. La tragedia del Titanic marcó más que cualquier otro acontecimiento el final de los viejos tiempos y el inicio de nueva era, más insegura. En Estados Unidos, puso final a la Gilded age (edad dorada), un período de rápido crecimiento económico que comenzó después de la Guerra de Secesión, y en Gran Bretaña, a la era eduardiana.
El desastre también barrió de un plumazo la creencia, desarrollada durante la época victoriana, de que el ser humano y su tecnología eran invencibles, y algunos interpretaron el suceso como la consecuencia inevitable de un arrogante exceso de confianza.

Como dice Walter Lord en The night lives on:

En 1912, las personas tenían confianza. Ahora nadie está seguro de nada, y cuanto más inseguros nos volvemos, más añoramos la época dichosa en la que conocíamos todas las respuestas. El Titanic simboliza esa época o, lamentablemente, su final. Cuando peor se ponen las cosas ahora, más pensamos en ese barco y en todo lo que se hundió con él.

Lecciones aprendidas.

El alto coste de vidas humanas demostró la locura del reglamento vigente sobre botes salvavidas y no se tardó en exigir que todos los barcos llevaran botes suficientes para evacuar a la totalidad del pasaje y la tripulación. También se realizaron cambios en el diseño para incorporar un doble casco y la elevación de los mamparos estancos.
Poco después del hundimiento, las rutas de navegación se desviaron más hacia el sur, aquellos barcos que llevaran cincuenta o más pasajeros debían disponer de una guardia permanente de radio y se hicieron obligatorios los ejercicios de salvamento en alta mar. En 1914 se reunieron los representantes de las grandes naciones marítimas del mundo para crear la Patrulla Internacional del Hielo.

El descubrimiento del Titanic.

La localización exacta el hundimiento fue un misterio hasta que un equipo franco-estadounidense liderado por el oceanógrafo Robert Ballard, de la Institución Oceanográfica de Woods Hole, y Jean-Louis Michel del IFREMER, localizó una de sus cinco calderas sencillas poco después de la una de la madrugada del 1 de septiembre de 1985.

relatos


La posición exacta en la que se hundió el Titanic (el centro del campo de restos) es 49° 56’ 49" O, 41° 43’ 32" N, a una veintena de kilómetros al sureste de la posición que fue dada inicialmente en los mensajes de auxilio y a 3800 metros de profundidad. La sección de proa se encuentra a 49° 56’ 49" O, 41° 43’ 57" N y la sección de popa a 49° 56’ 54" O, 41° 43’ 35" N.

naufragios


Un año después, Ballard exploró los restos con el sumergible Alvin y el prototipo de robot submarino teledirigido Jason Junior y reconoció más adelante que el descubrimiento del Titanic se había realizado durante una misión de alto secreto de la Marina estadounidense.
Ballard quiso mantener en secreto la localización para proteger al Titanic de los buscadores de tesoros, aunque finalmente pudo más su responsabilidad como científico y la hizo pública. Sus peores temores se confirmaron en agosto de 1987, cuando una expedición franco-estadounidense rescató numerosos objetos y provocaron serios destrozos en el casco. Con la lección aprendida, no hizo pública la localización del acorazado alemán Bismarck cuando lo descubrió en 1989.

Y como parodia.

Y como parodia. La mítica escena de la película de James Cameron en la que Rose y Jack aparecen en la proa del Titanic ha dado lugar a numerosas parodias.




Titanic-bot.

No palabras para describir esta frikada en forma de transformer titánico made in China. A la venta en el bazar más cercano.


titanic



¡Rescaten el Titanic!

En 1976, Clive Cussler, escritor norteamericano especializado en temas marítimos publicó Raise the Titanic! (iRescaten el Titanic!). Este thriller marítimo ambientado en 1987 que mezcla aventura y alta tecnología se convirtió en su primer best-seller. La novela nos presenta al protagonista, el ingeniero marino, agente del gobierno y aventurero Dirk Pitt, enfrentándose a los rusos para obtener el único suministro existente de bizanio, un elemento indispensable para el programa de defensa de los Estados Unidos, que fue embarcado en una bodega del Titanic. En 1980 fue adaptada al cine sin demasiado éxito.





Al escribir la novela una década antes de su descubrimiento y exploración, Clive Cussler asumió que el Titanic se encontraba en la posición exacta de la posición telegrafiada, que el iceberg provocó una grieta de 90 metros de largo, que se hundió de una pieza y minimizó los efectos de la corrosión. En el estado actual en el que se encuentra el Titanic, su reflotamiento sería imposible.

Titanic de lego.

Aunque no existe un modelo oficial de Lego, algunos entusiastas han creado un modelo que reproduce el Titanic con todo detalle.

curiosidades


Este modelo en concreto, que formaba parte de una exposición sobre el Titanic en el Centro de Ciencia e Industria de Columbus, Ohio, estaba fabricado con unas 25.000 piezas y medía 4,2 metros de largo.
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