Ya había ido muchas veces, pero nunca me atreví a hablar con ella, incluso su sola presencia me infundía temor, como el que siente un niño de 7 años al estar solo en la oscuridad.
Ni siquiera se por que le tenia miedo, yo era un niño de 10 años , y ella...
ya con 92 años; 92 años que le pesaban bastante, sus movimientos eran tan lentos y descoordinados, que apenas podía agarrar un baso de agua y evitar derramarla toda sobre si misma,
sus manos huesudas y arrugadas le temblaban involuntariamente, al igual que su cabeza se contraía en espasmos involuntarios ocasionalmente.
En realidad no debía tener miedo, mas bien debería sentir compasión, quizás lastima, un extraño e imaginario lazo sanguíneo de algún modo parecía unirme con ella, pero jamas lo hice, tenia miedo, no podía siquiera permanecer mucho tiempo en la misma habitación en la que ella se encontrara, al solo verle sentía una fuerte opresión en el pecho, un hueco en el fondo del estomago, que me hacia sentir como la mas vulnerable y débil criatura...
en otros tiempos había intentado ahogar a mi prima en el lavadero del patio, según lo que me contó lisette mi prima, tuvo suerte de que llegaran a tiempo, justo en el momento en el que ella le apretaba el cuello con sus huesudos y cadavéricos brazos, sumergiéndola en el agua hasta asfixiarla, y que solo segundos antes la había visto dirigirse hacia ella con su lento caminar y en su rostro se dibujaba una expresión de demencial locura. Nunca quizo contestar porque había echo eso, solamente se le veía observar en silencio con la mirada perdida en el vacío, moviendo la boca y hablando en susurros, como si estuviera hablando con alguien mas, alguien que nadie mas veía.
Quizás mis temores tenían una causa infundada, en las semanas de octubre llegaba a pasar el invierno ahí, escuchaba extraños sonidos que venían de alguna parte, escuchaba los lamentos y las voces de personas que platicaban allá afuera, pero sabia, que no había nadie mas afuera que ella acompañada por el lúgubre rumor de los vientos vientos de octubre, ya que no dormía dentro de la casa, permanecía en el patio, y allí dormía, en un viejo colchón sucio y desmejorado, ya comido por las ratas.
El mismo patio en el que a veces algún susurro pronunciaba mi nombre; no me atreví a descifrar su origen, tenia miedo de pensar que era ella, que estaba ahí, afuera de la ventana acechando entre las sombras observándome con sus ojos saltones fuera de la ventana, con una expresión de demencial locura en el rostro, extendiendo su huesuda y temblorosa mano hacia mi cuello y ahí en el silencio y la soledad de la noche con una abrumante fuerza de origen luciferino hasta extrangularme.
Solamente esperaba con ansias el día de su muerte, el día en que por fin podría deshacerme de mi mas cruel verdugo, que me castigaba observándome en silencio con sus ojos saltones impregnados de rabia como maldiciendome en silencio. Hasta el momento en el que por un descuido pasaba a su lado sin percatarme de ello, escuchaba una lúgubre y temblorosa voz detrás de mi diciéndome que estaba esperando pacientemente el momento oportuno en el que yo me quedara solo y vulnerable para así...
continuara...