Confesiones de un Adicto a los Huevos Kinder Sorpresa
Hola, mi nombre es Jim Alegrías, tengo 30 y pico años y he sido un adicto a los Huevos Kinder Sorpresa durante mucho tiempo.
Los he consumido con asiduidad desde los 13 años...
No sé si fueron determinados problemas personales de la niñez( nunca supe bailar la peonza y era malo jugando al Subbuteo) o las malas compañías lo que me arrastraron a ello, pero sé lo que es pasar una travesía solo en el desierto y perder familia, casa, virginidad, coche, amigos, gatos... por culpa de mi adicción a los Huevos Kinder Sorpresa.
Comencé a consumir Huevos Kinder Sorpresa cuando salía del colegio por culpa de un mal amigo que no paró hasta tenerme metido dentro, con él, compartiendo ese pernicioso hábito por las calles y portales... y hasta acabé arrastrando a mis hermanos, que también se gastaban lo poco que tenían en aquellos seductores envoltorios naranjas y blancos que contenían en su interior esas promesas artificiales de felicidad ,en forma de huevo de chocolate, con sorpresa en su interior.
Aunque hartos y asqueados de chocolate con leche, seguíamos bajando a la calle a buscarnos la vida para continuar consumiendo y coleccionando las estúpidas figuritas de los Astérix, los hipopótamos azules con guantes de boxeo, los coches en piezas para montar, los lagartos con toalla y gafas de sol, etcétera.
Estaba tan desesperado que cuando no tenía dinero, entraba en los Gadis y los robaba directamente, hasta que me cogían y no me volvían a dejar entrar en ese supermercado.
Comencé a faltar al colegio y a llegar muy tarde por las noches a casa.
Mis padres no se enteraron de mi enfermedad hasta que un día mi madre, limpiando encima del armario, encontró varias cajas llenas de miles de las sorpresas que venían dentro de aquellos malditos huevos de plástico amarillo.
Nos ingresaron en un centro a mí y a mis hermanos para curar nuestra adicción... pero fue inútil. Cuando salimos y al encontrarnos con las viejas amistades y con los escaparates llenos de huevos de chocolate... volvimos a recaer.
Llegué a tener acumuladas miles de Sorpresas Kinder en cajas, dentro de bolsas de agua caliente, debajo de la cama, escondidas en la lavadora... colecciones enteras y algunas incluso repetidas, pero siempre quería más... la curiosidad, el placer de lo inesperado, la promesa incierta de encontrar aquel canguro vestido de bailarina hawaiana me tenía atrapado... y me conducía directamente al abismo.
Pasó el tiempo y- con ayuda psiquiátrica y medicamentos metabloqueantes... y mucho, mucho, sudor y esfuerzo personal, además de la inestimable comprensión de mi familia y ayuda de mis amigos- me fui desenganchando de los Huevos Kinder Sorpresa y del pernicioso hábito.
Y por eso estoy aquí hoy, para ayudar a los demás con mi historia e intentar que otros no pasen lo que yo he pasado con el infierno de los Huevos Kinder Sorpresa... hay muchas cosas en la vida más importantes y enriquecedoras para una persona que una figura de un hipopótamo azul con flotador rosa... la programación vespertina de TELE 5, sin ir más lejos.
Todavía cuando pasó por delante de un estante con Huevos Kinder Sorpresa siento esa desazón, ese pinchazo en la médula ósea, esa irresistible atracción que el abismo ejerce sobre nosotros.
Decid NO!!!!!!!!, por favor.
Hacedle caso, por una sola vez, al viejo Jim Alegrías.
Los he consumido con asiduidad desde los 13 años...
No sé si fueron determinados problemas personales de la niñez( nunca supe bailar la peonza y era malo jugando al Subbuteo) o las malas compañías lo que me arrastraron a ello, pero sé lo que es pasar una travesía solo en el desierto y perder familia, casa, virginidad, coche, amigos, gatos... por culpa de mi adicción a los Huevos Kinder Sorpresa.
Comencé a consumir Huevos Kinder Sorpresa cuando salía del colegio por culpa de un mal amigo que no paró hasta tenerme metido dentro, con él, compartiendo ese pernicioso hábito por las calles y portales... y hasta acabé arrastrando a mis hermanos, que también se gastaban lo poco que tenían en aquellos seductores envoltorios naranjas y blancos que contenían en su interior esas promesas artificiales de felicidad ,en forma de huevo de chocolate, con sorpresa en su interior.
Aunque hartos y asqueados de chocolate con leche, seguíamos bajando a la calle a buscarnos la vida para continuar consumiendo y coleccionando las estúpidas figuritas de los Astérix, los hipopótamos azules con guantes de boxeo, los coches en piezas para montar, los lagartos con toalla y gafas de sol, etcétera.
Estaba tan desesperado que cuando no tenía dinero, entraba en los Gadis y los robaba directamente, hasta que me cogían y no me volvían a dejar entrar en ese supermercado.
Comencé a faltar al colegio y a llegar muy tarde por las noches a casa.
Mis padres no se enteraron de mi enfermedad hasta que un día mi madre, limpiando encima del armario, encontró varias cajas llenas de miles de las sorpresas que venían dentro de aquellos malditos huevos de plástico amarillo.
Nos ingresaron en un centro a mí y a mis hermanos para curar nuestra adicción... pero fue inútil. Cuando salimos y al encontrarnos con las viejas amistades y con los escaparates llenos de huevos de chocolate... volvimos a recaer.
Llegué a tener acumuladas miles de Sorpresas Kinder en cajas, dentro de bolsas de agua caliente, debajo de la cama, escondidas en la lavadora... colecciones enteras y algunas incluso repetidas, pero siempre quería más... la curiosidad, el placer de lo inesperado, la promesa incierta de encontrar aquel canguro vestido de bailarina hawaiana me tenía atrapado... y me conducía directamente al abismo.
Pasó el tiempo y- con ayuda psiquiátrica y medicamentos metabloqueantes... y mucho, mucho, sudor y esfuerzo personal, además de la inestimable comprensión de mi familia y ayuda de mis amigos- me fui desenganchando de los Huevos Kinder Sorpresa y del pernicioso hábito.
Y por eso estoy aquí hoy, para ayudar a los demás con mi historia e intentar que otros no pasen lo que yo he pasado con el infierno de los Huevos Kinder Sorpresa... hay muchas cosas en la vida más importantes y enriquecedoras para una persona que una figura de un hipopótamo azul con flotador rosa... la programación vespertina de TELE 5, sin ir más lejos.
Todavía cuando pasó por delante de un estante con Huevos Kinder Sorpresa siento esa desazón, ese pinchazo en la médula ósea, esa irresistible atracción que el abismo ejerce sobre nosotros.
Decid NO!!!!!!!!, por favor.
Hacedle caso, por una sola vez, al viejo Jim Alegrías.
Fuente:
http://elbazardejim.blogspot.com/2009/03/confesiones-de-un-adicto-los-huevos.html