Estuve pensando en cómo encarar el tema y creo que lo mejor es contar lo que pasó sin entrar en detalles de la situación con mi pareja y con mi familia. Aparte me propongo como objetivo advertir a las chicas que queden embarazadas de la importancia de conseguir un buen obstetra y clínica.
No me interesa dejar como culpable a nadie, y ni siquiera quiero pensar que se pudo haber evitado. Pero quiero hablar principalmente del trato que tuve en la clínica.
El marco es mi primer embarazo de 5 meses y 2 semanas en ese momento. Hasta ese entonces no había presentado ningún problema en ningún estudio ni ecografía.
El lugar es la clínica La Trinidad de San Isidro, la cual es parte de la obra social prepaga Galeno en la que estoy adherida gracias a mi trabajo.
Habíamos sacado turno con un primer obstetra y en la primer consulta me preguntó sobre unos análisis los cuales obviamente no me había hecho si, justamente era la primer consulta; a lo cual me respondió “Ayy nena… tenés que hacerte los análisis, es básico”. Me dio las órdenes y me fui.
No me sentí a gusto para nada. Entonces sacamos turno con otro, que fue el definitivo. Me pareció más amable y predispuesto, aunque bastante despistado. Por ejemplo cuando le dije la fecha de mi última menstruación y sacó la fecha probable de parto (4 de agosto) no pasaron ni diez minutos que quiso anotarlo en su computadora y dijo “bueno, tu fecha de parto era el 28 de abril, no?”.
Otro ejemplo fue cuando me pesó (64 kilos) y también quiso anotarlo y dijo “Bueno tu peso era 78? Ya me olvidé”.
Eso fue para la primera vez que lo vimos, día que le llevamos los resultados de los análisis que nos había pedido el otro médico. Los miró MUY por encima y dijo que estaba todo bien.
Esa fue toda la consulta. Me sorprendió que no me haya preguntado por antecedentes de enfermedades por ejemplo, ya que mi viejo y mi abuelo son diabéticos y eso me tenía al tanto. Recién a la tercer consulta mi novio le comentó y ahí me dió la orden para hacerme una curva de glucemia.
El embarazo transcurrió normal. Lo peor que me había pasado era tener vómitos todo el primer trimestre, pero estando embarazada era obvio y normal.
El domingo de Pascuas a la noche, me desperté mojada, como si me hubiera orinado encima. Fui al baño y me di cuenta que tenía perdidas.
Fuimos a la guardia y me hicieron un tacto para ver si estaba dilatando. Me tomaron una muestra para saber si había salido líquido amniótico y finalmente me hicieron una ecografía.
Todo estaba bien. No dilataba, no tenía líquido y el bebé estaba bien. Asi que me mandaron a casa diciéndome que hiciera todo normal pero que tratara de estar tranquila.
Al día siguiente las perdidas aumentaron, y el martes empezaron a bajar pero se me había puesto el vientre duro y con dolores. El miércoles los dolores aumentaron asi que vino una doctora a casa (habíamos sacado turno de urgencia con el obstetra y cuando fuimos nos dijeron que se había ido). Me dijo que estaba bien, pero que si me quería quedar más tranquila por el tema de los dolores, me llevaban a la guardia. Asi que me fui con la ambulancia y me volvieron a hacer tacto y una eco.
Me dijeron que tenía la placenta un poco baja pero que era normal, y que con el tiempo se me iba a acomodar. El bebé estaba bien y no estaba dilatando.
Me dieron unas pastillas para las contracciones (Duvadilan) y me mandaron a casa.
Al día siguiente, jueves, me desperté con más dolores. Estuve todo el día así y ya a la noche le digo a mi novio que no podía más, asi que fuimos otra vez a la guardia.
Después de esperar aproximadamente media hora, me atendieron y me dieron otra orden para una eco, para la cual estuve esperando otra media hora más.
Entro al cuarto y el ecógrafo me dice “esto está mal…” y uno o dos minutos más tarde de ver la pantalla me da la peor noticia que escuché: “No hay latidos”.
Esas palabras, ese momento, me va a quedar grabado en la cabeza por el resto de mi vida.
Voy a obviar esa situación, cómo me sentí yo y mi familia. Como dije, no quiero contar ese lado del tema.
Al rato me mandan a un consultorio y me ponen la vía intravenosa y una bata. Viene el obstetra y me dice que tenía que esperar que el bebé salga por medio natural. Que por más doloroso que fuera, se lo iba a agradecer. En ese momento era lo que menos quería pero después le di la razón. Tener otro bebito con una cesárea de antemano es otra cosa.
Después de un rato me dicen que no hay habitaciones, entonces me pasaron a otro consultorio donde me quedé toda la noche.
Algunas enfermeras tuvieron mucha predisposición, pero otras eran muy asquerosas.
Por ejemplo, como venían de vez en cuando a ponerme algo en el suero, mi novio le preguntó a una qué era y le respondió de muy mala gana que le pregunte al médico.
Estuve así, desde mas o menos las 23 hrs (que me dieron la noticia) hasta las 10 de la mañana del otro día. Toda la noche con contracciones.
Ya eran como las 10 y las contracciones se habían hecho demasiado dolorosas, y cuando noté que ya sangraba mucho le digo a mi novio que llame al doctor.
No se cuanto tiempo pasó pero tardaron un montón; después vino un enfermero con toda la paciencia y una planilla.
Yo estaba que no podía más y le tenía que contestar si soy alérgica a algo, qué tipo de sangre tengo y un par de cosas más. Me pregunto si eso no lo podían haber hecho antes. Vuelve al rato con la cofia para que me ponga y se va.
Después de un tiempo viene un doctor con muy mala cara diciéndome que no me mueva que me iba a hacer un tacto. Se va.
A los minutos vino el camillero y por fin me lleva al quirófano.
En ese momento estaba gritando demasiado. Yo no soy de mariconear con los dolores, pero ese era tan insoportable que no podía no gritar.
Después que pasó todo me di cuenta que me llevaron por un pasillo lleno de madres que habían parido en ese rato y estaban todas con sus bebitos. Yo los habré asustado con mis gritos, pero cuando me llevaban y yo las miraba, juro que me dieron muchas ganas de decirles “que suerte tienen! Agradezcan que pueden tener a su hijito en brazos!” . Juro que pensé eso todo el camino a la sala donde me metieron.
La sala del quirófano era bien amplia y vacía. Tenía unas mesadas y una camilla en el medio con una luz gigante apuntándola.
Me dejaron con mi camilla al lado de la de la sala, y me dijeron “cuando puedas pasate de camilla”. Estaba sólo el cirujano y una enfermera que apenas entré me dijo “vos te tenías que hacer una cesárea, no?”. Le respondí que no, y se fue.
Estaba literalmente sola en el medio. El cirujano y la enfermera que había vuelto estaban preparando unas cosas en una mesadita de al lado mío, un poco más lejos.
Yo les gritaba que el bebé estaba saliendo por que ya sentía su cabecita afuera. No me dieron pelota. Estuve insistiendo y les gritaba “por favor ayúdenme, está saliendo!” y nada. Insistí tanto que el cirujano después de decirme “no grites!... así no se puede trabajar!” le dijo a la enfermera “a ver… fijate si ya salió”.
Para cuando la enfermera finalmente se acerca, ya había expulsado a mi bebé… y al verlo, le dijo “listo, ya está, ya salió”.
El cirujano se acerca y me pone algo en la vía intravenosa que asumo que era anestesia, por que al toque me dormí.
Para mi, pasaron como 10 minutos pero después mis familiares me dijeron que estuve más de 3 horas, aunque jamás me dijeron que me hicieron ese tiempo mientras estuve dormida.
Me desperté en el pasillo del quirófano y al rato me llevan de nuevo a la “habitación-consultorio”.
A la noche (ya era viernes) viene mi obstetra y me dice que al día siguiente me podía ir. Me dio unas indicaciones y se fue.
Las enfermeras venían de vez en cuando a tomarme la presión, las pulsaciones y la fiebre. Eso fue toda la atención.
Ningún médico vino a ver cómo estaba, a decirme que me habían hecho. Ni siquiera me dijeron donde estaba mi bebé…
El sábado a las 10 de la mañana me dieron el alta y me fui a casa.
Estuve toda la semana con dolores. El obstetra no me había dejado ninguna receta para alguna pastilla que detuviera mi producción de leche (por lo que los pechos me dolían demasiado, apenas podía caminar) asi que la tuvimos que ir a buscar en la semana a la clínica, donde la había dejado después de que lo llamamos para avisarle.
La atención fue un desastre. Aunque lo digo en general. Claro que hay profesionales de todo tipo y La Trinidad definitivamente no es la excepción.
Hay otras menudencias, como que no me quisieron dar la vacuna contra la gripe, gratis y en cambio me querían cobrar $50 cuando se supone que es sin cargo para las mujeres embarazadas. O que me pincharon cuatro veces antes de poder ponerme la intravenosa por que la enfermera no encontraba la vena.
Ya es una situación muy horrible para tener que soportar también las pocas ganas de trabajar de algunas personas, o su falta de sensibilidad.
Ya pasó un mes de todo eso y el dolor de la pérdida sigue intacto. Pero con mi pareja ya tenemos la experiencia de que a esa clínica no vamos a volver para poner a su cuidado lo más importante que un ser humano puede tener como es la gestación de un hijo.
No es mi intención apelar ni al juicio ni a la lástima de nadie. Muchas personas me siguen preguntando qué pasó y no veo por qué no tenga que contarlo si además le puede servir de ayuda a alguien.
Quizás mi relato suene bastante frío. Sin embargo como dije, no quiero contar todo lo que sufrimos con mi pareja, por que además de que eso es indiscutible, no me interesa ventilar los sentimientos de nuestra intimidad. Si se reflejara en alguna parte de lo escrito, les expreso que no fue mi propósito.
El embarazo no es todo color de rosa, y como mi ejemplo seguro que hay un montón de historias más; de hecho con esta experiencia descubrí que el aborto espontáneo es más común de lo que uno cree. Pero como se dice, lo que no te mata te hace más fuerte. Y ya estoy ansiosa por darle un hermanito a nuestra Ludmila del alma.
"Espero que el clima este tranquilo
mientras navegas en tu rio celestial,
En el cielo estan suspendidas las palabras
que cantamos en nuestros sueños
Deja que haya amor, deja que haya amor... "
mientras navegas en tu rio celestial,
En el cielo estan suspendidas las palabras
que cantamos en nuestros sueños
Deja que haya amor, deja que haya amor... "
Oasis