La víctima era amigo de los secuestradores y logró convencerlos de negociar su rescate. La policía encontró el registro de las llamadas en los celulares de los acusados, además de todas las pistas necesarias para proceder judicialmente en su contra.
Dos hermanos secuestraron a su "amigo" para pedir un rescate de $150 mil dólares, pero luego de negociar el monto del rescate decidieron soltarlo, sin percatarse que habían dejado todos los ratos posibles para ser identificados por su víctima. El hecho ocurrió el 9 de julio de este año en Sonsonate.
Paolo Guisseppe de 23 años y Kevin Armando, de 26, ambos de apellido Álvares Lenarduzzi, fueron presentados ante el Juzgado Especializado de Santa Ana, acusados de secuestro y robo agravado. Junto a ellos también fue presentado su primo, Juan Carlos Benítez Lenarduzzi, de 27, por supuesta participación.
Los hermanos Lenarduzzi fueron detenidos tres días después en su residencia donde habrían mantenido secuestrada a su víctima; mientras que el primo de éstos fue capturado en los alrededores de San Marcos, en San Salvador, el mismo día, luego que la víctima interpusiera la denuncia de su secuestro.
Según el expediente judicial, Carlos, la vícitma, conocía desde hace varios años a quienes pensó eran sus amigos. La confianza era tan grande que el día que sucedió el incidente, le pidió a Paolo que lo acompañara a recoger un cheque a un banco en un centro comercial en Sonsonate, luego de almorzar juntos en la casa los Lenarduzzi.
Los jóvenes se fueron en el carro de Carlos, conducido por Paolo. Cuando llegaron al centro comercial se encontraron con una amiga y a media tarde. Carlos recibió una llamada de un familiar y aprovechó para explicarles en dónde estaba, con quiénes y además le dijo que ya tenía el dinero de un préstamo que le había entregado el banco.
A eso de las seis de la tarde ambos amigos se despidieron de la joven para retirarse a su casa. Caminaron hasta el carro y Paolo le dijo a su amigo que había recibido una llamada de su madre pidiéndole que pasaran por su hijo al kínder en la colonia 14 de Diciembre.
En el camino pasaron por Kevin, el hermano, y al llegar a una zona rústica Paolo detuvo el carro y se estacionó frente a una casa, lo que le pareció raro a Carlos, y escuchó a Kevin decirle a su hermano “¡Ahora es cuando Paolo!”.
Kevin rodeó con su brazo el cuello de Carlos, mientras Paolo lo golpeaba en la cara a pesar el joven intentó defenderse. Sus amigos lo amarraron, lo tiraron hacia la parte trasera del carro y le taparon la cara con una camisa blanca.
“No vayas a intentar hacer nada, porque atrás de nosotros viene otro carro y si se dan cuenta que te querés soltar te matan". Tras unos minutos de silencio y de marcha, la víctima aseguró haber esuchado a Kavin decir al teléfono: “Vaya ya lo tenemos, ahorita vamos por allá”.
El escondite
Una media hora después de haber sido amarrado y que el carro inició la marcha, Carlos se percató que se detenían y que mientras se estacionaban, llegaba otro carro. Escuchó otra voz que no logró reconocer y luego ambos coches iniciaron la marcha.
A eso de las nueve de la noche llegaron a un motel, del que Carlos recuerda tenían paredes celestes y ya en la habitación Paolo le pidió que llamara a su familia para decirles que había sido secuestrado y que debían pagar $150 mil para que lo liberaran sano y salvo.
El secuestrado habló desde el celular de Paolo, con el mismo familiar al que le había informado horas antes sobre sus movimientos, le explicó la situación y le pidió que reunieran todo el dinero posible. Media hora después se fueron a pasar la noche en otro motel.
Al siguiente día, temprano en la mañana, ambos carros salieron del lugar. Unas horas después alcanzó a ver una pasarela y rótulos indicando que estaban en San Marcos, en San Salvador, porque se detuvieron en una abarrotería a comprar cervezas y para llamar nuevamente a la familia del secuestrado.
Los secuestradores se habían cambiado a un vehículo menos llamativo con un sujeto apodado “el Liendre” en un taller de San Marcos, para evitar levantar sospechas. Pasaron a Carlos al otro vehículo, lo soltaron y le pidieron que se cambiara de ropa, que se pusiera una gorra y que actuara “como bolo”.
Durante el segundo día de captura hicieron que el joven se comunicara nuevamente con sus familiares para decirles que habían decidió cambiar la cantidad y que debían reunir solo $100 mil para liberarlo.
Por la tarde regresaron a Sonsonate y fueron al motel “Los Tres Ases”, ubicado en la carretera que de Sonsonate conduce a Acajutla, en donde hicieron otra llamada para cambiar la cantidad de dinero a $60 mil.
El joven secuestrado recuerda que, estando en el motel, escuchó que Kevin le decía a Paolo: “Voy a ir a comprar otro celular con chip para hacer las llamadas de otro teléfono, por cualquier cosa”. Horas después regresó e hicieron una nueva llamada. La cantidad de dinero había descendido a $20 mil.
La negociación
Durante la última llamada en la cual los secuestradores tuvieron contacto con la familia de Carlos, uno de sus familiares les dijo a los Lenarduzzi que solo habían reunido $3 mil dólares.
La impotencia de poder obtener más desató una discusión entre los secuestradores y Carlos, pero el joven les ofreció pagarles $60 mil si lo dejaban libre. “Déjenme ir y yo voy a darles el dinero, además no le voy a decir a nadie nada de lo que ha pasado, se los puedo dar a primera hora en la mañana” les propuso.
En ese momento Paolo decidió que era mejor llevar a Carlos a su casa para tenerlo escondido mientras decidían si aceptaban la oferta o esperaban a que la familia reuniera un poco más de dinero para liberarlo.
Unas horas después los Lenarduzzi decidieron soltar a Carlos confiados en que les entregaría el dinero a primera hora del día siguiente y salieron, con rumbo hacía la carretera de Acajutla.
Al día seiguiente los sujetos detuvieron el carro cerca del desvío conocido como el Kilo 5, que conduce hacia la frontera de La Hachadura, y en el momento que Carlos se bajaba del carro vio pasar una patrulla policial. El joven no dudó en pedir ayuda.
Carlos señaló a los policías el lugar donde habíaestado secuestrado: la casa de los Lenarduzzi, en la residencial Lomas de San Antonio, en San Antonio del Monte, Sonsonate.
Proceso judicial
Los tres Lenarduzzi fueron presentados esta semana ante el juez del caso quien decretó su detención y apertura del proceso judicial en su contra por el delito de secuestro y robo agravado.
El carro de Carlos fue recuperado el mismo día que fueron detenidos los acusados, quienes no tuvieron cuidado de esconder las pertenencias de Carlos, ni el teléfono celular que compraron para hablar con la familia del secuestrado.
Según la investigación fiscal, los Lenarduzzi ni siquiera habían eliminado las llamadas que habían hecho desde sus celulares a los familiares de Carlos. Mientras que “el Liendre”, a quien le habían dejado el carro de la víctima, confirmó que los hermanos llegaron a San Marcos a hacer el negocio.
Su juicio será programado en las siguientes dos semanas y de ser declarados culpables los hermanos podrían pasar hasta ocho años en la cárcel.