En la historia de la humanidad ningún arma fue tan misteriosa y trajo tantas victorias a sus
poseedores como el Fuego Griego. El Fuego Griego se basaba en una sustancia extremadamente
flamable que, según varios recuentos de la época, ardía hasta debajo del agua. Era el arma más
mortífera de las flotas y ejércitos de asedio bizantinos y sus enemigos temblaban con solo
nombrarla. Tal ventaja le otorgaba al Imperio que esta se mantenía con el mayor de los secretos,
tan bien guardada fue su fórmula que al día de hoy es un misterio y nadie sabe con exactitud
como reproducirla fue creada desde el siglo VI e incluso su mayor uso y difusión habría sido tras
las primeras cruzadas.
En un principio el Fuego Griego era arrojado desde las embarcaciones bizantinas hacia el área donde se
encontraban los navíos enemigos. Solo bastaba una flecha en llamas para que el área, tanto barcos como la superficie misma del agua, se conviertan en un ardiente infierno. Literalmente no había flota enemiga que pudiera soportar un ataque con esta letal sustancia ya que según varios recuentos de diferentes bandos de la época, el Fuego Griego no solo flotaba en el agua sino que además se adhería a su víctima (muy similar al napalm de las bombas de hoy en día). Con el tiempo, se fue adaptando a catapultas y herramientas de asedio siendo utilizado para amedrentar a las tropas defensoras de fortalezas y ciudadelas. Pero más impresionantemente aun a mediados de la Edad Media, valga la redundancia, un arma portátil fue adoptada: el primer lanzallamas de la historia. Se utilizaba un bastón con forma de garra el cual estaba conectado a un tanque con la sustancia mediante una manguera. Al acercarse las tropas enemigas un sistema manual hacía de bomba y por la garra del bastón salía un rocío de Fuego Griego el cual, al ser prendido con una antorcha o flecha ardiente, aterraba a los contrincantes.
Los bizantinos la utilizaban con frecuencia en batallas navales ya que era sumamente eficaz ya que continuaba ardiendo aún después de haber caído al agua. La misma representaba una ventaja tecnológica, y fue responsable de varias importantes victorias militares bizantinas, especialmente la salvación de Bizancio de dos asedios árabes, con lo que aseguró la continuidad del Imperio. Constituyendo así un freno a las intenciones expansionistas del Islam, y salvando de la posible conquista desde el Este a Europa Occidental. La impresión que el Fuego griego produjo en los cruzados fue de tal magnitud que el nombre paso a ser utilizado para todo tipo de arma incendiaria,1 incluidas las utilizadas por los árabes, chinos y mongoles. Sin embargo, las mismas,
eran fórmulas distintas de la bizantina, que era un secreto de estado guardado en forma celosa, cuya composición se ha extraviado. Por lo tanto, sus ingredientes son motivo de gran debate, se han propuesto algunos de los siguientes ingredientes nafta, cal viva, azufre, y nitrato. Lo que distinguió a los bizantinos en el uso de mezclas incendiarias fue la utilización de sifones presurizados para lanzar el líquido al enemigo.
Supuestamente la mezcla fue inventada por un refugiado cristiano sirio llamado Calínico, originario de Heliópolis. Algunos autores piensan que Calínico recibió el secreto del fuego griego de los alquimistas de Alejandría. Lanzaba un chorro de fluido ardiente, y podía emplearse tanto en tierra como en el mar, aunque se utilizó preferentemente en el mar.
Si bien el término "fuego griego" posee un uso general desde las cruzadas, en las fuentes bizantinas originales es
denominado con diversos nombres, tales como "mar de fuego" griego: (πῦρ θαλάςςιον), "fuego romano" (πῦρ ῤωμαϊκὸν), "fuego de guerra" (πολεμικὸν πῦρ), "fuego líquido" (ὑγρόν πῦρ), o "fuego procesado" (πῦρ ςκευαςτὸν).En Aragón tras las primeras cruzadas, guardado el fuego griego en recipientes de cerámica, y usado como proyectiles de artillería, recibirían el nombre de magranas compuestas.
El poder del arma venía no sólo del hecho que ardía en contacto con el agua salada y no con el agua dulce, sino que incluso ardía debajo de ella. En las batallas navales era por ello un arma de gran eficacia, causando grandes destrozos materiales y personales extendiendo, además, el pánico entre el enemigo: al miedo a morir ardiendo se unía, además, el temor supersticioso que esta arma infundía a muchos soldados, ya que creían que una llama que se volvía aún más intensa en el agua tenía que ser producto de la brujería.
El lanzamiento de una mezcla viscosa que en estudios recientes ha dado como siete los ingredientes de esta arma: petróleo en bruto, o nafta, para que flotase sobre el agua, azufre, que al entrar en combustión, emite vapores tóxicos, cal viva, que reacciona liberando mucho calor al entrar en contacto con el agua (el suficiente para prender materiales combustibles), resina, para activar la combustión de los ingredientes, grasas para aglutinar todos los elementos, y nitrato potásico, salitre, que desprende oxígeno al prender, permitiendo de esta forma que el fuego continúe ardiendo bajo el agua. Tras lanzar la mezcla a través de unos largos tubos instalados en la embarcación, la mezcla entraba en ignición al contacto con el agua, incendiando las embarcaciones enemigas.
El motivo por el que se desconoce su composición es muy simple: la marina bizantina de la Alta Edad Media era, con mucho, la dueña del Mediterráneo Oriental, y en la posesión del fuego griego estaba una de las claves de su superioridad, de manera que esta arma se consideraba secreta.
Nadie sabe a ciencia cierta que era el fuego griego. Solo se sabe que fue inventado en el 670 por Callicinus en Constantinopla. Callicinus era un arquitecto de Heliopolis en la provincia de Judea (aunque varios historiadores fechan el descubrimiento varios siglos antes en Alejandría, esta discrepancia radica en que existen registros del 400 antes de Cristo mencionando una sustancia similar). Al mostrarle a la junta de generales la capacidad de su descubrimiento, éstos decidieron guardarla bajo el mayor de los secretos, asesinando a cualquiera que conociera su composición y limitando la elaboración a un selecto grupo de alquimistas de confianza que trabajaban bajo estricto control del Imperio. El secreto se mantuvo tan bien que al día de hoy nadie sabe de qué
estaba compuesto.
Algunos historiadores ingleses dicen que la Armada Invencible de Felipe II sucumbió ante Francis Drake, que ideó una hilera de barriles de fuego griego incendia dos justo al atravesarlos en la Batalla del Canal de la Mancha. Sin embargo, estas explicaciones se alejan de la verdad, ya que esta armada sucumbió a las tormentas más que en la batalla, además de tratarse de una época en la que el uso de la pólvora hacía
que poseyeran armas mucho más destructivas.
El Imperio Bizantino
Al morir el Emperador Romano Teodosio I en el 395 el Imperio es dividido en dos porciones. Una Occidental con capital en Roma y otra Oriental con capital en Constantinopla. A pesar de que Roma cayó ante los bárbaros en el año 476 su parte Oriental se mantuvo en existencia hasta el 1453. Si bien en un principio los Bizantinos eran culturalmente romanos, al estar dicho Imperio étnicamente compuesto por una amplia mayoría de griegos, con el tiempo se fue helenizando. Es por esta razón, refiriéndonos a su fuerte cultura greco-macedonica, que muy poca gente hoy en día asocia a los bizantinos con los romanos.
N de la R: El contenido del presente documento trata de ilustrar el tema pero de acuerdo a las investigaciones realizadas no se pude sostener su verosimilitud al ciento por ciento debido al debate científico respecto a alguna parte de su contenido.