Aqui les dejo 10 contundentes pruebas científicas sobre la existencia de Dios. ¡¿Se lo imaginan? Mentira, 10 razones de Fernando Soriano (Creador) que demuestran que Jesús es nuestro compatriota
1. Weno pa’l vino
Era qué no pos. Con un decreciente consumo per cápita de vino en Chile (pasamos de 60 trolis a 15 en 40 años), Jesús vivió en una época donde el vino era como la Coca Cola. Nadie jodía por si era un chimbombo, un cartoné o un elegante Misiones de Rengo, tampoco te prohibían manejar curao (además porque no existían los automóviles).
Jesús era tan paleteao que llegó a multiplicar el vino para que el webeo siguiera en un carrete. En nuestros días, el equivalente sería el amigo que trae el hielo (y más copete, of course)
2. Chascón, apatotao y trataba a todos de “hermano”
Así como nos hacen creer en Navidad que cualquier vagabundo acongojado y con barba blanca puede ser en realidad el Viejo Pascuero que está poniendo a prueba tu solidaridad, Jesús puede ser cualquier tipo marihuanero que veís en la calle. Puede ser ese tipo chascón vistiendo harapos, con amigos tan cagaos como él y que te pide una moneda tratándote de “hermano” o el más afable “hermanito”.
¿Y si ese tipo que te pidió una gamba para el litro de pan es en realidad Jesús? Uh, para pensarlo un rato, amigos.
3. Se lo cagó uno de sus compadres
El estereotipo dice que el chileno no es tan sociable ni está dispuesto a abrir su corazoncito a muchas amistades, pero los que lo logran, sabrán que es “muy amigo de sus amigos”, como reza el dicho. Ahí surge la imagen del compadre, ése que llega a la casa a la hora del almuerzo a pegar en la pera, el mismo que te pide plata y paga sagradamente a fin de mes, el mismo con el que se turnan el quincho par armar asados con toda la familia.
Un integrante más de la familia, hasta que te juega chueco y hasta ahí no más llegó el compadre.
A Jesús le pasó la misma weá.
4. No tenía plata, pero nunca faltó el copete
Ni para las cuentas, ni para el pan ni para las fotocopias ni para la micro, pero cada viernes siempre tiene para su cajita de vino y que guarda celosamente bajo el brazo. Eso sí, amigos míos, el caso de Jesús era distinto porque él tenía poderes y a los alcóholicos los convirtió a su secta ligerito cuando supieron que el maestro hizo lo que quiso con el agua y lo transformó en un gran merlot.
5. Tenía amigos pescadores y putas
Pueblo chico, infierno grande: donde las copuchas corren a la velocidad de la luz gracias a viejas cahuineras que no tienen nada mejor que hacer, pueblos que no tienen más allá de 10 cuadras de largo y lugares cuya única entretención es la modesta Plaza de Armas, el punto donde todo el pueblo se junta y la verdad es que importan repoco los oficios, las jerarquías y todas esas barreras sociales de la gran ciudad.
Como en los tiempos de Jesús, en pueblos así todos viven cerquita y uno cacha al tiro quién es puta o no. Las más cartuchas les harán el quite, pero otros como Jesús o cualquier chileno promedio le dará lo mismo. ¿Cómo sabís si en una de esas salta la libre? (en algunos casos, saltó la liebre y quedó la cagada como con la sórdida Magdalena)
6. Vivió con la mamita hasta los 33s
Seremos un país machista y a la mujer se le trata como objeto en algunos ámbitos de la vida, pero otra cosa es hablar de la madre. La madre es intocable. Tu madre te conoce al revés y al derecho, sabe todas tus mañas y te consciente como buen mamón que erís. Le tenís todo el respeto del mundo y la querís a morir. ¡Imagínate si a tu madre la fecundó el Espíritu Santo! Nooo, con la mamita me quedo hasta viejo no más (o hasta que me crucifiquen por andar weando a los romanos)
7. Nunca trabajó
Jesús era carpintero de profesión, pero, como muchas personas que estudiaron la carrera equivocada, nunca ejerció. Lo de JC era más bien ser su propio jefe, un hombre del pueblo, el contacto con la gente es lo que realmente lo hacía sentir satisfecho como persona, se alimentaba del amor de las multitudes, así como nuestro querido y muy autóctono Compadre Moncho (en serio, ¿quién no se ha topado con él al andar por el centro de Santiago?), que era muy dudoso que efectivamente trabajara, además de siempre andar bolseando donde sus amigos, no muy distinto al Compadre Jechu, en nuestra opinión.
8. Se hacía el gracioso.. caminando sobre el agua
Como buen chileno, es corajudo y choro cuando está en grupo. Si lo pillái solo, es un pollito y no es capaz de chiflarle a una mina ni desde un helicóptero, pero si anda con los amigotes, es florerito de mesa como las barras bravas de los equipos. Le gusta lucirse con los cabros y gastar bromas en la vía pública.
Cacha, cacha, weón. ¡Puedo caminar sobre el agua! Obviamente toda la gente se da vuelta a mirar al pintamono. Si a Jesús lo pillaran solo por las calles de Jerusalén, ni cagando se pone a wear porque le daría vergüenza.. como a todo chileno.
Con unos años más, Jesús hubiese perfeccionado el correr sobre agua... pero solo frente a sus amigos.
9. Cuando supo que se iba a morir, lo primero que organizó fue un carrete
Porque organizar funerales es too mainstream, el hijo del Pulento llamó a sus 12 BFFs, aún sabiendo que uno de ellos se lo cagaría, y se mandó un asado de aquellos (presumiblemente acompañado de sus copetes locos y perreo intenso en el equivalente de la época de Sala Murano, zorrón), para estirar la pata con estilo, cosa que probablemente muchos de nosotros preferiríamos antes que un funeral todo fome ¿o no?
10. Era seco pa’l verso, y si no tenía cómo explicarlo, inventaba cuentos.
“La picardía del chileno”, como le llama hasta el hartazgo Bombo Fica cuando quiere contar algún chiste repetido sobre compatriotas o “la creatividad del chileno”, como le llaman los periodistas del noticiero central cuando quieren presentar algún invento ingenioso sacado casi de emergencia, pues pareciera ser que Jesús es el chileno ascurrío que sale a vender limones en una marcha o vende camisetas y lienzos de la U minutos antes que salga campeón de la Sudamericana o imprime miles de calendarios de Felipe Camiroaga cuando ya cachó que ni cagando lo encuentran vivo.
Jesús está también reflejado en el(la) chileno(a) que llega tarde a la casa o a la pega y narra una verdadera epopeya griega con tal de excusarse de su atraso o que llegó curao a la cama y con lápiz labial en el cuello. Es también el que tiene explicación para todo aunque no sepa ni una weá.
Tal fue su grado de desarrollo narrativo que sus cuentos se transformaron en parábolas que llegaron hasta nuestros días. Ése sí es chileno.
