El ala clossista del Gobierno renovador se sumergió este fin de semana en un silencio sepulcral, esperando el retorno a Misiones del Gobernador Maurice Closs, que pasea institucionalmente por Dubai, para definir el caso del “comisario Ojeda”, un oficial de la Policía sospechado de “facilitar” las actividades de una poderosa banda de asaltantes y narcos, en las calles de Puerto Iguazú. ¿Por qué la preocupación que embarga a los ministros y operadores del oficialismo?. Sencillo y peligroso: el comisario en cuestión, Carlos Alberto Ojeda, hasta hace unas semanas jefe de la Dirección de Investigaciones de la UR5, era parte de la custodia que el propio Gobernador Closs tenía en Iguazú, cuando se instalaba en el Hotel Amerian, propiedad de su grupo familiar. Desde abril último, una investigación judicial y policial revela que el comisario Ojeda fue señalado por delincuentes, adictos y testigos como el “comisario” que protegía a una banda de ladrones y narcos que operan desde un aguantadero del populoso barrio Bicentenario de Iguazú. En casi todos los testimonios que recogió el juez de Instrucción Tres de esa ciudad, “el comisario Ojeda” es sindicado como el policía que brindaba protección y logística a un narco paraguayo, identificado como Felipe Benítez, a sus dillers –también oriundos de ese país-; y a un trío de asaltantes liderados por un conocido delincuente, Diego Barreto. Casualmente el caso estalló cuando Barreto y su banda cayó preso por perpetrar el robo de una caja fuerte en un supermercado mayorista (botín de $100.000); y también por saquear (unos $75.000) a una casa postal que se dedica al envío de dinero vía transferencias internacionales. A partir de allí, el nombre del “comisario Ojeda” y su coche “Peugeot 405 de color oscuro” se repite en casi todos los testimonios que armaron la trama de una banda donde se entrecruzan el robo a mano armada, y la distribución de drogas en las calles de Iguazú. No son sólo testigos civiles los que vinculan al ex jefe de Investigaciones con la “mafia” del barrio Bicentenario. Hay al menos cuatro policías, entre suboficiales y oficiales, que relatan, con detalles inexpugnables, tanto a sus superiores como a las autoridades judiciales, las actividades “mafiosas” en las que aparece enredado el “comisario Ojeda”. “…los vecinos del Barrio Bicentenario estaban indignados con la policía y que solamente hacían un circo porque sabían que Felipe Benítez (narco paraguayo y dueño de la venta de droga callejera en la zona) le pagaba a la Federal y a la Brigada de la Policía para que le deje vender droga tranquilo”, sostiene un informe interno confeccionado por una patrulla policial que, casualmente, fue a ese asentamiento poblacional tras dos ladrones comunes. El asaltante Barreto, en su celular, cuando fue arrestado por la Policía, tenía agendado entre sus contacos uno de los números de teléfono del comisario Ojeda bajo el seudónimo de “Debora 2”. En la cadena de testimonios que recogió la Policía, bajo la supervisión del Juez de Instrucción Tres de Iguazú, la mayoría ubica a Ojeda, en su auto Peugeot, llegando al Barrio Bicentenario a la casa de Barreto y a la finca del narco Felipe. “…No se bajaba, se acercaban hasta el auto, le entregaban un sobre, y se retira del barrio, lo hacía casi todos los días”, contaron los testigos a la Justicia, clamando que se preserve sus identidades por temor a represalias. El barrio es bravo y los narcos y delincuentes manejan la zona, como si fuera su propio feudo. Incluso, a los tiros. El “Custodio” y el Coche Oficial En el Gobierno, durante las últimas horas, hubo una pequeña cumbre en el despacho del Ministro Jorge Franco. Dicen que fueron citados la plana mayor de la policía y los consejeros del Ministro Franco, para abordar el escandaloso y peligroso caso del comisario Ojeda. Pero, principalmente, para salir a desmentir que el comisario sospechado haya ejercido la tarea de “custodio oficial” del Gobernador Closs, durante sus acostumbradas estadías en su Hotel de Puerto Iguazú. En el Gobierno Renovador ya saben que policías, efectivos de otras fuerzas federales, y dirigentes políticos de la Ciudad de las Caratas conocían las supuestas andanzas de Ojeda. También que Ojeda enviaba, con cierta frecuencia, con su coche Peugeot 405 a un sublaterno a Ciudad del Este, a un lavadero de autos, y luego lo hacía regresar sin mayores explicaciones. Incluso, en la investigación preliminar, se llegó a comprobar que en los misteriosos viajes a la localidad paraguaya de Ciudad del Este (una de las mecas del contrabando de drogas y electrónicos), el comisario Ojeda le habría echado mano al lujoso coche que la Policía de Iguazú utilizaba para custodiar al Gobernador Closs, cuando recala en la ciudad. Por eso la preocupación del ala clossista del Poder Ejecutivo. Que el caso estalle públicamente y políticamente por el lado de la supuesta protección política al custodio Ojeda, quien sólo fue trasladado a una oficina de menor rango en Posadas, sin ser sumariado hasta el momento.
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