Si estas aburrido y tenes tiempo para leer (tampoco es tanto 
), he aquí un cuentito "del mas alto nivel" 
de una navidad...
Cavenaghi por "El Chango"
Yo no quería estar solo en Navidad. Y estaba esta minita que me gustaba, Cecilia. Estaba puré puré. Pero no me daba bola, y me la estaba chamuyando tomando birra con el grupo en el kiosco del barrio, cuando la piba me dice que Cavenaghi era su amor platónico y esas giladas de minas. Y claro, Cavenaghi, el nueve de River, rubiecito de ojos claros, las tiene todas. Y entonces le dije a la mina que Cavenaghi era muy amigo mío. "Es más" -le dije- "En nochebuena estamos los dos colgados, porque él tiene la familia no sé en qué pueblo, pero él tiene que jugar antes acá y pasa el 24 a la noche conmigo, con su amigo el Chango." Y le tiro la onda a la mina de enfiestarnos con Cavenaghi, ella, yo y una amiga de ella. Mirá vos que la mina me dice que sí. Yo la freno, le digo pará loca, primero asegurame que tu amiga va a estar buena. Y me dice que sí, que tiene una amiga que le sobra de todas partes, que raja la tierra.
Quedamos, le dije que la llamaba, me alquilé un bulo en la avenida, después la llamé y la invité derecho al departamento la noche de Navidad. Y llegó el día. Toca timbre, abro un champucito, llegan las pibas y la gorda que me trajo la Cecilia, qué turra, no lo podía creer. Qué hija de su madre. Pero yo tenía una mejor. "¡Vení, Cavenaghi!"-grito mirando para atrás, y Cecilia toda emocionada, pero ahí sale del cuarto mi amigo el Juancho, loco, que además el Juancho es un vago de primera y se la merecía. Sale el Juancho en bolas con una camiseta de River con el nueve en la espalda. No me la olvido más, loco, el Juancho poniéndose de espaldas, mostrándonos -un papelón- la cola esa peluda del Juancho y señalando el número 9 de la camiseta, mientras que con una sonrisa imborrable le dice a las pibas "ojo, de espaldas, no me digan que no soy igualito.". Y la cara de Cecilia... y las gomas esas cuando se sacó la ropa, porque la Ceci tiene esa personalidad, viste, que ella agarra y va al frente... ¡La partuza que hicimos esa Navidad...! Fue la única vez que la pasé bien en esa época del año, creo. Y me acuerdo que después, fumándonos un pucho y charlando de lo que había pasado, Cecilia me dijo que ella sabía que yo no era amigo de Cavenaghi, pero ella tampoco quería estar sola en Navidad.
Revista Nah!

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de una navidad...
Cavenaghi por "El Chango"
Yo no quería estar solo en Navidad. Y estaba esta minita que me gustaba, Cecilia. Estaba puré puré. Pero no me daba bola, y me la estaba chamuyando tomando birra con el grupo en el kiosco del barrio, cuando la piba me dice que Cavenaghi era su amor platónico y esas giladas de minas. Y claro, Cavenaghi, el nueve de River, rubiecito de ojos claros, las tiene todas. Y entonces le dije a la mina que Cavenaghi era muy amigo mío. "Es más" -le dije- "En nochebuena estamos los dos colgados, porque él tiene la familia no sé en qué pueblo, pero él tiene que jugar antes acá y pasa el 24 a la noche conmigo, con su amigo el Chango." Y le tiro la onda a la mina de enfiestarnos con Cavenaghi, ella, yo y una amiga de ella. Mirá vos que la mina me dice que sí. Yo la freno, le digo pará loca, primero asegurame que tu amiga va a estar buena. Y me dice que sí, que tiene una amiga que le sobra de todas partes, que raja la tierra.
Quedamos, le dije que la llamaba, me alquilé un bulo en la avenida, después la llamé y la invité derecho al departamento la noche de Navidad. Y llegó el día. Toca timbre, abro un champucito, llegan las pibas y la gorda que me trajo la Cecilia, qué turra, no lo podía creer. Qué hija de su madre. Pero yo tenía una mejor. "¡Vení, Cavenaghi!"-grito mirando para atrás, y Cecilia toda emocionada, pero ahí sale del cuarto mi amigo el Juancho, loco, que además el Juancho es un vago de primera y se la merecía. Sale el Juancho en bolas con una camiseta de River con el nueve en la espalda. No me la olvido más, loco, el Juancho poniéndose de espaldas, mostrándonos -un papelón- la cola esa peluda del Juancho y señalando el número 9 de la camiseta, mientras que con una sonrisa imborrable le dice a las pibas "ojo, de espaldas, no me digan que no soy igualito.". Y la cara de Cecilia... y las gomas esas cuando se sacó la ropa, porque la Ceci tiene esa personalidad, viste, que ella agarra y va al frente... ¡La partuza que hicimos esa Navidad...! Fue la única vez que la pasé bien en esa época del año, creo. Y me acuerdo que después, fumándonos un pucho y charlando de lo que había pasado, Cecilia me dijo que ella sabía que yo no era amigo de Cavenaghi, pero ella tampoco quería estar sola en Navidad.
Revista Nah!