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La información del post es de mi autoría, no utilicé contenido de terceros.
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Los bombardeos incendiarios sobre las ciudades de
Tokio, Nagoya, Osaka y Kobe.
Tokio. 9 de Marzo de 1945
Calles de Tokio.
Habitantes de Tokio despidiendo a Hachiko (el perro que esperó en una estación de tren durante 10 años a su amo fallecido), en su funeral.
Un paseo en camello por las calles de Tokio.
A las 22:30 mientras la gente dormía, cuatro aviones B-29
volaron sobre la ciudad dejando caer bombas incendiarias M-47 para delimitar con una cruz el área de bombardeo.
Seguidamente una flota de 334 bombarderos B-29 comenzó el bombardeo sobre el sector de la ciudad demarcada por la X de fuego casi perfecta.
El viento avivó las llamas y las esparció rápidamente. Cuando los B-29 alcanzaron la ciudad y dejaron caer sus bombas, se iniciaron incendios por todas partes, esparciendo chispas a distintas partes de la ciudad que atravesaron los rios y los canales.
Por el intenso calor, el viento cobró más fuerza, corriendo a 30 metros por segundo. Las casas (en su mayoría de madera, cartón y papel) que no fueron alcanzadas por las bombas, de todos modos se encendieron debido a la altísima temperatura del aire. El aire infernal llegó hasta el centro de Tokio causando pequeños fuegos espontáneos, encendiendo techos y puertas.
Una vivienda japonesa de esa epoca. La puerta, que es de madera, en lugar de vidrios tiene papel de arroz y las alfombras (tatami), es paja tejida.
En un par de horas 2 mil toneladas de bombas, entre ellas medio millón de incendiarias de Napalm y Magnesio, llovieron sobre Tokio destruyendo gran parte de la capital. Fue uno de los mayores desastres hasta entonces sufrido por uno de los bandos participantes de la guerra.
Una persona, que seguramente falleció, tratando de apagar el contenido de una bomba.
La tormenta de fuego arrasó todo el este de la ciudad donde se concentraban la mayor parte de las casas. Miles de personas murieron asfixiadas y quemadas por el aire de la tormenta que desató vientos con temperaturas de 1000°C corriendo a más de 200 kms por hora consumiendo el oxígeno y creando una tromba de aire caliente que subió por lo menos a 10 kms de altura.
Muchos bombarderos fueron desplazados centenares de metros hacia arriba por las corrientes de aire caliente. Al menos uno reportó que una bomba de 250 kgs fue devuelta al depósito de bombas por una súbita corriente de aire ascendente.
Dos bombarderos eludiendo la nube de cenizas.
En tierra, el viento de la tormenta de fuego succionó a los que trataban de huir, matando a niños, mujeres y ancianos.
Atrapada entre dos ríos, el Sumida y el Arakawa, la gente que se estaba quemando al estar en contacto con el Napalm (hasta entonces desconocido), trataba de salvarse del fuego tirándose al agua, pero murieron de inmediato, ya que, por el intenso calor, el agua de los ríos estaba hirviendo.
Cadáveres flotando en un río.
No solo el agua de los ríos hervía, los metales se derretían (las columnas de alumbrado público, los cables, los faroles, las bicicletas, los vehiculos) y todo se encendía espontáneamente, hasta la gente misma mientras estaba corriendo. Muchas de estas personas morian por la asfixia a los pocos metros, antes que por las quemaduras.
Las casas simplemente se volatilizaban. El contenido inflamable de los edificios de cemento y ladrillo ardió completamente convirtiéndolos en hornos que apenas quedaron como cascarones con sólo cenizas en su interior.
Murió más gente en esas fatídicas dos horas, que en la explosión atómica de Nagasaki. Según las primeras cifras recopiladas por la policía metropolitana japonesa, 83.783 personas murieron, miles fueron declarados desaparecidos al no quedar rastros de ellas, 40.918 fueron heridas y más de 800.000 personas quedaron sin su hogar.
Horas más tarde, el locutor de Radio Tokio describió el holocausto de esta forma:
"Esta noche de brillante luz de las estrellas permanecerá en la memoria de todos los que la presenciaron. Después de la caída de las primeras bombas incendiarias, se formaron nubes de humo que se iluminaron desde abajo con una luz rojiza. De ellas emergían los aviones, volando pavorosamente a baja altura sobre los centenares de incendios, que se esparcían gradualmente. Un bombardero explotó ante nuestros ojos como un proyectil trazador de magnesio, casi sobre el centro de la ciudad. Las nubes de fuego se dirigían serpenteando hacia lo alto y la torre del edificio de la Dieta se erguía negra contra el rojo del cielo. La ciudad estaba tan resplandeciente como una salida de sol; nubes de humo, hollín, incluso chispas arrastradas por el vendaval, volaban por encima. Pensamos que esta noche todo Tokio sería reducido a cenizas..."
Llevó veinticinco días a las autoridades japonesas el remover de los escombros todos los cuerpos calcinados. Las cifras fueron aumentando. Quedaron destruidos más de 40 kilómetros cuadrados de la ciudad de Tokio.
Según la cuenta final, en el holocausto de fuego, el bombardeo había matado a más de 100.000 personas, dejando heridas a más de 400.000 y al menos un millón de personas quedaron sin techo en el duro invierno japonés. Se contabilizaron 276.791 casas que fueron destruidas por los incendios.
Nagoya. 11 de Marzo de 1945
Zoológico de Nagoya
Entrada de una escuela secundaria.
Trabajadores artesanos.
En las Islas Marianas, el General Curtis LeMay
-que recibió un muy efusivo telegrama de felicitación del General Arnold-
había ya planeando otro ataque nocturno a baja altura, esta vez contra la zona urbana de la ciudad de Nagoya. En esta misión, efectuada en la noche del 11 al 12 de marzo, 285 bombarderos atacaron a baja altura. Los aviones marcadores, de nuevo, mostraron el camino con bombas incendiarias M-47.
En total, arrojaron 1.700 toneladas sobre Nagoya, y provocaron centenares de incendios. En esta ocasión, no hubo un holocausto general, pero las fotos posteriores al ataque mostraron más de tres kilómetros cuadrados de la ciudad arrasados.
Osaka. 13 de Marzo de 1945
Hijo, abuelo y padre posando con la ciudad de Osaka como fondo.
Dos boxeadores en un club de Osaka.
Algunos habitantes de Osaka viendo un poco de boxeo.
Dos noches más tarde, LeMay envió 300 aviones B-29 a la segunda ciudad del Japón en población.
1.700 toneladas de bombas fueron arrojadas, nuevamente, a la medianoche mientras las personas dormian.
4 de los 274 aviones bombarderos utilizados.
Al igual que en Tokio, la temperatura del aire creó una tormenta de fuego.
En esta imagen se puede apreciar un gran incendio a la izquierda y varios en el horizonte.
Las columnas de aire ascendentes fueron tan intensas que uno de los 33 aviones (un avion de casi 34 toneladas!!!) del 9° Grupo de Bombardeo, fue lanzado hacia arriba con tal fuerza, que lo dio vuelta quedando panza arriba.
Más de 12 kilómetros cuadrados del centro de la ciudad habían sido totalmente quemados. Los incendios consumieron unos 134.744 edificios residenciales e industriales, y destruyeron parcialmente otras 1.300 estructuras.
Como la población estaba prevenida, las bajas totalizaron sólo 13.135, pero más de 500.000 personas se quedaron sin un hogar para enfrentar al invierno, eso era la cuarta parte de la población de Osaka.
Kobe. 16 de Marzo de 1945
Vista de Kobe, desde el interior de un templo.
Vendedores de agua potable.
Un puesto de venta de sandalias en Kobe.
La ciudad de Kobe, cuarto objetivo incendiario de LeMay, fue atacada en la noche del 16 al 17 de marzo. A los pilotos se les ordenó hacer un vuelo de aproximación más controlado para asegurar la concentración y unión de los incendios. A causa de que el inventario de bombas M-69 y M-47 en el Mando de Bombardeo estaba escaseando.
Por lo tanto, en lugar de la carga normal, se usaron contenedores de 225 kilogramos, con bombas incendiarias de magnesio termita M-15 de 1,8 kilogramos de peso.
La incursión de Kobe fue la mayor lanzada por LeMay hasta aquel momento, 307 aviones bombarderos B-29 alcanzaron la ciudad lanzando 2.300 toneladas de bombas, provocando incendios que arrasaron unos cinco kilómetros cuadrados en una zona de comercios y algunas áreas residenciales e industriales.
Bombardero con un motor dañado. De fondo, la ciudad (y los habitantes de Kobe) transformada en una nube de cenizas.
Más de 66.000 edificaciones fueron destruidas y 250.000 personas (un tercio de la población de Kobe) quedaron sin su hogar. Los muertos y heridos llegaron a 15.000
Nagoya. 18 de Marzo de 1945
La última de las incursiones incendiarias de marzo de 1945, fue hecha por 290 bombarderos. Con el inventario de bombas incendiarias casi exhausto, un avión de cada tres se cargó con bombas explosivas de 225 kilogramos.
Los aviones alcanzaron la parte norte del centro de la ciudad, con unas 1.800 toneladas de bombas que originaron 192 grandes incendios separados y destruyeron unos cinco kilómetros cuadrados adicionales de la ciudad. En conjunto, durante las dos incursiones a Nagoya, fueron arrasados ocho kilómetros cuadrados.
Típico edificio japonés rodeado por las llamas.
LeMay estaba muy complacido y dirigió una declaración a sus aviadores, elogiándolos "por su inspirada devoción al deber". "La prueba de la batalla" -dijo, "ha demostrado que ustedes pueden, no tan sólo aguantar cualquier carga, sino que pueden atacar repetidamente con renovado vigor".
Unos pocos días después, en Washington, el General Norstad
dijo en una conferencia de prensa que el daño causado a los japoneses durante las cinco incursiones era "el mayor que jamás se hubiese inferido a ningún pueblo en tan corto período". En conjunto, unos cincuenta kilómetros cuadrados de áreas urbanas, en cuatro principales ciudades japonesas, fueron destruidos.
El total de bombas lanzadas contra las ciudades japonesas fue de 12.500 toneladas al iniciarse la campaña, llegó a 38.700 tn. en julio, y estaba planificado incrementar a 105.000 toneladas mensuales. Eso no fue necesario pues las bombas atómicas estaban listas para terminar el trabajo iniciado por Curtis LeMay. Pero como las principales ciudades estaban destruidas, las escogidas fueron dos ciudades sin ningún valor militar:
Hiroshima
Nagasaki
4 habitantes de Koyagi-jima (a pocos kilometros de Nagasaki) mirando el cielo, segundos antes de recibir la onda expansiva.
El piloto de B-29, Chester Marshall, que hizo el vuelo de reconocimiento fotográfico después del bombardeo a Tokio, tuvo que abortar la misión al pasar sobre la ciudad: "A 5000 pies de altura se podía oler la carne quemada... no lo pudimos resistir" .Más tarde Marshall le dijo al reportero de la ABC de Australia que lo entrevistó: "No pude comer en dos o tres días, el olor fue tan nauseabundo que lo seguía sintiendo."
En un circulo el Palacio Imperial, el cúal no debía ser atacado.
Robert McNamara, quien en Washington ayudó a planificar el bombardeo de Tokio, Hiroshima y Nagasaki, ponderaba la justicia de los vencedores diciendo: "¿Acaso había una regla que dijera que no podías bombardear, no podías matar, no podías quemar vivos a cien mil civiles en una sola noche?"
El General Curtis LeMay refiriéndose al holocausto japonés, escribió en sus memorias sobre el primer bombardeo de Tokio: "1665 toneladas de bombas incendiarias cayeron silbando sobre esa ciudad y las olas calientes del horno resultante, zarandearon y lanzaron a algunos de nuestros aviones hasta 2000 mil pies sobre su altura original. Nosotros quemamos cerca de 16 millas cuadradas de Tokio. Parafraseando al General Power (quien dirigió la incursión)... Fue el más grande desastre inflingido a cualquier enemigo en la historia militar. Fue más grande que el fuego combinado de Hiroshima y Nagasaki. Y en sólo dos horas hubo muchas más bajas que en cualquier otra acción militar en la historia del mundo." En otra declaración, con gran dosis de cinismo, LeMay dijo: "la gente fue tostada, hervida y horneada hasta morir" ("scorched, boiled, and baked to death". SIC).
Cuando los bombardeos incendiarios cesaron el 15 de agosto de 1945, 70 ciudades habían sido reducidas a cenizas y más de medio millón de personas habían muerto calcinadas. LeMay filosóficamente dijo: "Si nosotros hubiéramos perdido la guerra, habríamos sido juzgados como criminales de guerra. Afortunadamente, nosotros estamos en el lado de los vencedores."