Barcos de hormigón, una locura hecha realidad
SS Faith primer barco de hormigón norteamericano
A lo largo de la historia se utilizaron infinidad de materiales para la construcción de barcos. Sean ellos de transporte, recreación o cualquier actividad parecida. Se utilizó madera, cuero, junco, acero, PVC, plástico reforzado (resina y fiber glass), aluminio, fibra de carbono y algún otro que seguramente olvido en este momento. Lo menos conocido es la utilización de hormigón armado en la construcción de buques. Sí, hormigón.
El antecedente más lejano de la utilización de este recurso data del año 1855, cuando Joseph-Louis Lambot presentó esta innovación en la construcción naval en la Exposición Universal de París. Las primeras naves operativas eran barcazas que circulaban por distintos canales europeos. Se fabricaron en Italia, Alemania Noruega y Países Bajos. La primera versión autopropulsada fue construida por el noruego Nicolay Fougner y estaba preparado para la navegación marítima.
¿Por qué se utilizó hormigón en la construcción de barcos? La respuesta es muy sencilla: su bajo costo. Eran baratos y con materia prima fácilmente disponible. Estos motivos son de máxima importancia en períodos de guerra, donde el acero no puede ser reemplazado para la fabricación de otro tipo de maquinarias como cañones, blindados, etc.
Sin embargo, también se presentaron otros problemas: resultan más pesados por sus gruesos cascos, por lo tanto más caros para movilizar y tienen menos capacidad de carga.
Así entonces, en los períodos bélicos como la Segunda Guerra Mundial tuvieron razonable éxito para operaciones muy específicas. Durante el desembarco en Normandía, resultaron exitosos en el transporte de combustible, municiones, tropas y como pontones. Algunos eran autopropulsados.
También operaron en el Pacífico para el transporte de alimentos. Con el tiempo fueron olvidados. Algunos terminaron como hoteles en Cuba, donde el ex petrolero SS San Pascal se acondicionó como tal en el Cayo de las Brujas. Luego pasó como base de buceadores y hoy se encuentra abandonado. La mayoría sirven hoy como rompeolas.
foto de Pedro Zidek - Costanera Norte
Para la sorpresa de muchos, a metros del centro porteño tenemos uno en costanera norte frente a Aeroparque. Se lo visualiza con claridad en las bajantes del Río de la Plata.
Y hay más: Algunos entusiastas llegaron a construir veleros de hormigón, muchos de los cuales siguen operativos.
Barco de ferrocemento, Endurance 35
SS Faith primer barco de hormigón norteamericano
A lo largo de la historia se utilizaron infinidad de materiales para la construcción de barcos. Sean ellos de transporte, recreación o cualquier actividad parecida. Se utilizó madera, cuero, junco, acero, PVC, plástico reforzado (resina y fiber glass), aluminio, fibra de carbono y algún otro que seguramente olvido en este momento. Lo menos conocido es la utilización de hormigón armado en la construcción de buques. Sí, hormigón.
El antecedente más lejano de la utilización de este recurso data del año 1855, cuando Joseph-Louis Lambot presentó esta innovación en la construcción naval en la Exposición Universal de París. Las primeras naves operativas eran barcazas que circulaban por distintos canales europeos. Se fabricaron en Italia, Alemania Noruega y Países Bajos. La primera versión autopropulsada fue construida por el noruego Nicolay Fougner y estaba preparado para la navegación marítima.
¿Por qué se utilizó hormigón en la construcción de barcos? La respuesta es muy sencilla: su bajo costo. Eran baratos y con materia prima fácilmente disponible. Estos motivos son de máxima importancia en períodos de guerra, donde el acero no puede ser reemplazado para la fabricación de otro tipo de maquinarias como cañones, blindados, etc.
Sin embargo, también se presentaron otros problemas: resultan más pesados por sus gruesos cascos, por lo tanto más caros para movilizar y tienen menos capacidad de carga.
Así entonces, en los períodos bélicos como la Segunda Guerra Mundial tuvieron razonable éxito para operaciones muy específicas. Durante el desembarco en Normandía, resultaron exitosos en el transporte de combustible, municiones, tropas y como pontones. Algunos eran autopropulsados.
También operaron en el Pacífico para el transporte de alimentos. Con el tiempo fueron olvidados. Algunos terminaron como hoteles en Cuba, donde el ex petrolero SS San Pascal se acondicionó como tal en el Cayo de las Brujas. Luego pasó como base de buceadores y hoy se encuentra abandonado. La mayoría sirven hoy como rompeolas.
foto de Pedro Zidek - Costanera Norte
Para la sorpresa de muchos, a metros del centro porteño tenemos uno en costanera norte frente a Aeroparque. Se lo visualiza con claridad en las bajantes del Río de la Plata.
Y hay más: Algunos entusiastas llegaron a construir veleros de hormigón, muchos de los cuales siguen operativos.
Barco de ferrocemento, Endurance 35