La distribución Arch Linux tiene la fama de ser una distribución para usuarios avanzados y en eso hay algo de cierto si tenemos en cuenta que la instalación tiene que hacerse totalmente desde la terminal introduciendo comandos. Eso podrá espantar a algunos usuarios novatos que vienen de distribuciones automáticas como Ubuntu, Fedora u Opensuse pero no siempre es así.
Mi experiencia con Linux empezó con Mandriva en 2005 y lo volví a instalar en 2008, de allí pasé a Ubuntu 9.04, 9.10 y 10.04 LTS. Hasta allí iba todo muy bien con Ubuntu: era una distribución flexible, totalmente gráfica en su instalación y con un “look and feel” verdaderamente aceptable para un usuario que venía de Windows Xp. Aclaro que aún hoy sigo usando Windows 7 Ultimate 32 bits y tengo instalados Linux Mint 11 y Fedora 16.
A partir de Ubuntu 10.10 empecé a encontrar fallas en el sistema (sobre todo en la parte gráfica: no me funcionaba mi viejo monitor de 14”). Cómo es lógico para mí empecé a investigar y descubrí el archivo xorg.conf donde está toda la configuración del sistema gráfico X (entorno gráfico en Linux). Editando ese archivo pude hacer que mi monitor funcionara. De allí a probar nuevas distribuciones no pasaron más que unos días: Sabayon 5 que lo usé bastante (magnífico Linux aunque rudimentario a nivel gráfico). También probé Chakra (Arch+Kde) porque no me animaba a instalar Arch Linux por esos tiempos: una distribución que no me gustó porque me parecía primitiva comparada con las anteriores. Tenía Linux Mint 9 junto con Ubuntu 10.04 y Sabayon 5.3. Después cambié a Ubuntu 10.10, Sabayon 5.4 (es una distribución rolling release o sea que se actualizó sola a esta versión). Posteriormente cambié de Linux Mint a Mandriva 2010.1 y posteriormente la actualización 2010.2.
A esta altura hacía dos meses que tenía mi computadora nueva con monitor de 21,5”, disco rígido de 1TB, 4 GB de RAM y un procesador doble núcleo Intel Core Duo I3 540. Con este hardware venía Windows 7 de 32 bits que anda bárbaro para mis gustos. Redimensioné el disco rígido y dejé espacio libre para Linux. La aparición de Unity como entorno de escritorio en Ubuntu 11.04 me produjo rechazo: obviamente me quedé en Gnome clásico y elimine ese molesto adefesio. Finalmente luego de probar Linux Mint 11 opté por este último y descarté Ubuntu. En el espacio restante instalé por primera vez Arch Linux de 32 bits y aquí comienza mi andadura con esa gran distribución.
De hecho ya había probado esa gran distribución en mi vieja máquina anteriormente pero me resultó complicado al principio entender las particiones. Siempre tenía que dejar espacio libre al final y no me las creaba el sistema de instalación. En un momento se me ocurrió poner el CD de Ubuntu 11.04 y crear las particiones con Gparted y luego poner el CD de Arch Linux e indicarle al instalador cuales eran las particiones correctas a usar y funcionó.
Una vez solucionado el problema de las particiones seguí las instrucciones de uno de los tantos tutoriales de instalación y pude tener mi Arch Linux funcionando. Se instala primero el sistema Linux base, después el sistema X para el entorno gráfico, las fuentes del sistema y los drivers de la tarjeta que usen. Posteriormente eligen el entorno gráfico que puede ser KDE, Gnome o los dos juntos si prefieren o cualquier otro que se les ocurra. Antes de esto se agrega un usuario para administrar el sistema y se le dan los permisos para que pueda usar todos los programas.
A partir de este momento hay que elegir los programas que se deseen usar en todos los rubros: Internet, Ofimática, Diseño, Multimedia, etc. El sistema viene “pelado” para que uno lo configure a su gusto. Ya una vez configurado y personalizado tendrán un sistema operativo Linux que es rolling release, es decir, se actualiza constantemente brindándonos las últimas versiones de todo lo que tengamos instalado.
Como usuario final de casi todas las distribuciones conocidas me encontré cómodo en Arch Linux: tenía todo lo quería y ningún programa que yo no hubiera elegido. El entorno gráfico KDE con la última versión disponible y lo mismo el kernel. Pero luego de unos meses extrañé la comodidad de las distribuciones más glamorosas y actualmente tengo instalado Fedora 16 Verne que se instala fácilmente, se configura igual de fácil y se actualiza de maravillas. Tengo KDE 4.74 y un kernel que se renueva constantemente. Pero esto es sólo una fase de transición: probablemente vuelva a Arch Linux algún día. Ya me ha pasado antes: es demasiado tentador tener el control de todo lo que pasa en tu sistema operativo Linux.
Espero que mi experiencia personal con Linux le sirva a otros miembros de la comunidad GNU/Linux para que puedan optar libremente (como lo he hecho yo) por el software libre que nos da tantos momentos agradables.