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El juicio más macabro e injusto de la historia

Info10/6/2012


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El juicio más macabro e injusto de la historia



Papa Formoso


El 19 de setiembre del año 891, es la fecha del comienzo del reinado del Papa Formoso, uno más de los muchos que ha habido a lo largo de la historia. Al menos así le sucedió en vida… pero a su muerte… su historia es una de las más curiosas que podríamos imaginar, ya que su cadáver dio origen al Concilio cadavérico, Sinoco del terror o Sinoco del cadáver, nombres por lo que fue conocido.
Fue el Papa número 111 de la iglesia Católica, cargo que ostentó entre los años 891 y 896.
En sus tiempos, no había agua potable, la gente en Europa se bañaba unas 3 o 4 veces al año, nadie se lavaba los dientes, no había vacunas, la mortalidad infantil era pasmosa, el promedio de vida era de 45 años y si llegabas a los 30 con la dentadura completa y sin marcas de viruela en la piel podrías considerarte afortunado. Estamos en la baja edad media, en el comienzo del período denominado oscurantismo, la iglesia ya tiene un poder inmenso… la superstición, el fanatismo y la ignorancia son generalizados.
En Roma las familias poderosas y la iglesia tenían ya sus problemas… conspiraciones, asesinatos, traiciones, etc. y durante su pontificado se produjeron todo tipo de tramas y conjeturas por parte de la nobleza de la época, ansiosa de poder, una de las familias, la de los Spoleto, no había sido favorecida por Formoso, quien se creó gran cantidad de amigos… pero aún más enemigos, que le seguirían hasta la tumba.
El Papa Formoso reinó cuatro años, y al morir (al parecer envenenado) en el año 896 a causa de la gota, y la muerte de su sucesor Bonifacio VI, quince días después los de Espoleto lograron imponer su propio candidato, Esteban VI, quien accedió a apoyar a Lamberto de Espoleto en su sed de venganza hacia el fallecido Papa Formoso, e impulsaron la realización de un juicio sumarísimo sobre el difunto pontífice, al dictado de las viejas rencillas.






El juicio


Esteban VI mandó exhumar el cadáver de Formoso nueve meses después de su muerte, para someterlo a juicio en ese concilio histórico.
En el concilio cadavérico se revistió el cadáver de Formoso de los ornamentos papales y se le sentó en el trono para que escuchara las acusaciones. La principal acusación a que tuvo que hacer frente fue la de que, siendo abispo de una diócesis, la había dejado para ocupar como Papa la diócesis de Roma.
Encontrado culpable, se declaró inválida su elección como Papa, y se anularon todos los actos y ordenaciones de su papado. Se despojó al cadáver de sus vestiduras, y se le arrancaron de la mano los tres dedos con los que impartía las bendiciones papales, para después quemarlos. Solo se le dejó el cilicio que llevaba puesto (un instrumento de automartirio, como un látigo con pinchos). Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de extranjeros. El Papa Esteban, además, acabó el concilio enfurecido, porque mientras gritaba e insultaba al cadáver, éste no hacía nada para defenderse, sino que sabiamente se quedaba callado escuchando… “No se defendió”… dijeron los acusadores. Según los cronistas la sala del juicio fue inundada por fétidos olores…






Papa marcado


Esteban VI tampoco tuvo un buen final, ya que todo este juicio preparado contra Formoso se le echó en su contra y, tras retirarle el apoyo la familia Spoleto, fue encarcelado y asesinado en su celda por estrangulamiento en el año 897. Le sucedió como pontífice Teodoro II, quien de entrada invalidó “el sinodo del cadáver”, seguidamente ordenó volver a desenterrar a Formoso para vestirle de Papa y lo llevaron a la basílica de San Pedro, sepultándole con todos los honores. Lo cual, es de presumir, provocó que su pontificado fuera solo de menos de un mes, muriendo envenenado…
Todo permaneció igual, hasta la coronación del pontífice Sergio III en el año 904. Este Papa, que ha pasado a la historia como uno de los más corruptos, había participado como juez en el “Sinoco del cadáver”, y había apoyado a Esteban VI, por lo que volvió a declarar nulas todas las ordenaciones de Formoso y, no contento con ello, ordenó sacarlo y arrojar sus restos al río Tíber. Sin embargo, circula una leyenda de que un ermitaño rescató esos restos del cause y los enterró en una catacumba.
Parece que este pontífice ha quedado marcado, ya que hasta nuestros días ningún Papa se ha vuelto a llamar Formoso…




Esto nos deja a que tan alto grado puede llegar la ignorancia del ser humano o la humanidad…



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