Tras varios meses de espera comenzó un ciclo de literatura y cine que pretende explorar la obra de Poe, su influencia en otros escritores y su llegada al cine, de la mano de directores como Corman, Vadim o Fellini. El lunes 19 del corriente, lunes inaugural, se presentó, como no podía ser de otra manera, pesado y oscuro. ¿Corresponderá decir que hacía veinte días que no llovía en Buenos Aires? Corresponde: tanto como aclarar que la ciudad, que venía de una larga sequía, se vio de pronto azotada por un aguacero feroz. Poe lo merecía. Los concurrentes al ciclo, grupo heterogéneo de gente interesada en el cine y en la literatura, fueron ocupando las butacas, y el coordinador del ciclo comenzó las presentaciones de rigor, como en cualquier tertulia que se precie de tal. La cosa marchaba normalmente, hasta que de la mano mágica de don Edgar aterrizó en la sala el demonio de la perversidad, y se instaló en una de las concurrentes, quien, tocada por la varita negra del vate virginiano, con disimulada alegría, decidió que un comienzo de un ciclo sobre Poe no podía ser bucólico. Todo lo contrario. Por lo tanto se dedicó a fustigar al coordinador como si el pobre señor fuera un émulo del vil Rufus Griswold, y a los concurrentes, como si estos hubieran sido las tristes reencarnaciones del público que a mediados del siglo XIX ninguneó al poeta impunemente. Cometida su venganza en el tiempo, el demonio, siempre ocupando la figura de la poseída muchacha, partió de la sala airadamente (y, es de suponerse, riendo por lo bajo). Casi repuestos de la extraña situación (¿se ha mencionado ya que Edgar Allan Poe es uno de los cultores de lo que Todorov llamó la “literatura extraña”?), los mencionados concurrentes pudieron ver un medio metraje de Narciso Ibáñez Serrador, recreación de la vida de Poe que parece deberle bastante a la obra Israfel, de Abelardo Castillo. Vista y disfrutada la cinta, el público se retiró en buen orden. No llovía, pero los subtes, por supuesto, no andaban. Algunos se preguntaron en silencio y con los dientes apretados, cuándo llegarían a sus casas. Los más afortunados alcanzaron a oír la cantinela feroz del famoso cuervo: ¡Nunca más! *El ciclo “Edgar Allan Poe en la literatura y el cine”, coordinado por Mario Méndez, continuará los días lunes a las 18.30, en la Casa de la Provincia de Tucumán, Suipacha 140. El próximo lunes se proyectará La tumba de Ligeia, de Roger Corman. La inscripción, libre y gratuita, sigue abierta. La ilustración es de Noemí, de la biblioteca A libro abierto, Villa 31, Retiro.
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