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Solo para mujeres: In Utilisimo

Info10/1/2008

"Para todas aquellas mujeres con novio o marido... y para las solteras tambien.. descubri este blog un dia navegando y no pude parar de leer hasta terminar. Esta terrible.. me saco carcajadas mal.. a ver que opinan compañeros T.. les dejo uno de los tantos post publicados por Elena quien habla de su convivencia con su Chango"

In - Utilisimo

Hay una escena de la película “El amor (primera parte)” que no puedo sacarme de la cabeza. La joven pareja protagonista comparte un departamento medio pelo en la Capital Federal, donde los desperfectos propios de las construcciones viejas no tardan en aflorar.

En un momento la chica descubre que la persiana del cuarto está trabada y no baja. Se lo comenta a su novio, quien dice que “es una pavada” y que “este fin de semana” lo arregla.

Pasan varios meses, claro, en los que la chica le recuerda al muchacho, esporádicamente, que no se olvide de arreglar la persiana, hasta que, cansada, decide llamar a un especialista en aberturas que le hace el trabajo en un minuto.

Lejos de ponerse contento, el novio se enoja muchísimo y le pregunta a
los gritos para qué mierda contrató a alguien, si él había dicho que la arreglaría. Ella, harta, le contesta que hace siglos que estaba esperando que él lo hiciera, pero que no podía dejar la persiana rota para siempre. La discusión es terrible, y si mal no recuerdo marca el principio del fin de la relación de pareja.

Según lo veo yo, hay dos tipos de hombres: Los que se dan maña para arreglar las cosas, y los que no tienen idea.

Dentro del primer grupo están mi padre, mi hermano, mi abuelo. Desde
chica me acostumbré a correr por su ayuda cada vez que se me rompía
una muñeca, se me salía un estante de la biblioteca o descubría que
goteaba la canilla del patio. Junto a ellos aprendí a atornillar picaportes, rastrear las llaves de paso del agua para cerrarlas al hacer arreglos de plomería e identificar las fases de electricidad para detectar electrodomésticos en corto.

Dentro del segundo grupo está, clara, distintiva e inamoviblemente, el
hombre con el que elegí compartir mi vida.

El chango desconoce lo que es un cuerito, a duras penas sabe para qué
sirve una pico de loro y se desconcierta cada vez que utilizo vocablos
como “cinta aisladora”, “cartucho de silicona transparente” o “destornillador philips”. Si no puede abrir bien la puerta del placard considera que es más fácil mudarse que destrabarla.

En este escenario, he aprendido a solucionar con serenidad los problemitas domésticos que fueron surgiendo a lo largo de la convivencia en nuestro humilde departamentito.

El primer año puse varios plafones con ayuda de mi viejo y le pedí a mi hermano que me pasara el cable de la antena hasta el dormitorio para tener tele ahí. Más adelante pude colocar los barrales para las cortinas y armar un mueble modular de esos que se compran en cajas.

Hace unos meses me tocó cambiar una pieza en la mochila del inodoro, que perdía desde enero, sacar y volver a colocar las puertas de las alacenas porque se chocaban entre sí y no cerraban bien y reforzar la tabla que sostiene el teclado en el escritorio antes de que se cayera.

También fumigué el bajomesada que estaba plagado de bichos bolita y
sellé con silicona las juntas de los azulejos de la cocina y el baño para que no se filtrara humedad. Todo esto lo hice con el asesoramiento de mi ferretero amigo y la colaboración y las instrucciones claras y precisas de mi padre.

El chango apenas sí se dio cuenta de que las cosas de repente empezaban a funcionar, o asentía con la cabeza cuando yo le relataba mis proezas, orgullosa de estar rompiendo con la división machista de roles que nos sigue proponiendo la sociedad (las mujeres usamos tanga y bailamos en el caño, los hombres comen asado y arreglan la cañería).

Pero la semana pasada ocurrió algo que creí cambiaría para siempre el carácter de mi concubino. El miércoles a la noche se cayó por enésima vez el control remoto de la tele de la pieza y dejó de funcionar. Al principio me emocioné un poco cuando lo ví abrirlo, mover las pilas, darle golpecitos para ver si había algun falso contacto, pero a los diez minutos me resigné cuando lo dejó tirado con la sentencia “no anda”, aunque más tarde se me volvió a iluminar el alma cuando dijo “yo lo arreglo, dejame que mañana lo arreglo”.

Así pasaron varios días en los que yo no hice nada, porque quería ver si él se movía para solucionar un problema grave que lo afectaba profundamente. Para darle espacio, no llamé a mi padre ni a mi amigo experto en electrodomésticos, ni googleé “reparar + control remoto”, pero él tampoco.

Finalmente el domingo a las once y media de la noche le informé que hoy llevaría los controles remotos de las dos teles (el de la otra también se rompió y yo compré uno universal) a “La casa del control remoto” para ver qué se podía hacer.

Elena:
Seguimos sin control remoto…
Chango:
No te preocupes, yo lo voy a arreglar.
Elena:
¿Sabés algo de controles remotos?
Chango:
Claro, ya sé cómo lo podemos arreglar. El control de la video todavía funciona, así que puedo desembalar la video que tenés en el estante de arriba del placard, la conecto acá y usamos ese control.
Elena:
¿No es más fácil llevarlo a arreglar?
Chango:
A ver si te entendí: ¿Me estás diciendo que para vos es más fácil llevar a arreglar una cosa que arreglarla vos?
Elena:
Pero no la estás arreglando, querés agarrar la video que tardamos una hora en embalar y subir ahí arriba, conectarla, apoyarla quién sabe dónde porque en el cuarto no hay lugar y usarla sólo por el control remoto… ¡Es toda una movida al pedo!
Chango:
Ah, qué bien, así solucionás todo vos, se rompe algo y lo arreglás, no te das maña para nada y después me criticás cuando te propongo una solución. Andá a cagar. En algún momento de esta semana lo llevo yo a algún lado. Me voy a ver tele al living.

Y ahora no sé qué hacer, porque es obvio que jamás lo llevará a ningún
lado… Si lo mando a arreglar yo, ¿Se enojará como el novio de la
película? ¿Sentirá que lo desautoricé al pedirle el trabajo a un profesional? ¿O se pondrá contento al llegar a casa y ver que puede cambiar de canal desde la cama otra vez? ¿Y si busco en internet y lo hago yo? ¿Se sentirá poco hombre o será moderno y estará aliviado? ¿O estoy preparando el caldo de cultivo para una bestial crisis de pareja?



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