ESTIRPE DE CAMPEON
Corbatta: Salió campeón con Racing en el 58 y en el 61. Puntero derecho de inolvidables gambetas, tanto que una calle junto al Cilindro lleva su nombre.
A punto estuvo Racing de conseguir el tetracampeonato en 1952. Apenas un punto lo separó de River, el campeón, que sería el gran heredero de la dinastía académica de esos años. El River que con el tiempo se conocería como “La Maquinita”, por haber sucedido a “La Máquina”, aquel gran equipo de la delantera inolvidable formada por Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Es que fue una década dorada la del 50 para el equipo de Núñez, que logró cinco títulos en seis años, entre 1952 y 1957, serie sólo interrumpida nada menos por Boca en 1954. Pero... ¿qué hubiera pasado si Racing lograba la cuarta corona en 1952?
A pesar de que el paréntesis de títulos de Racing se extendió hasta 1958, durante esta etapa el equipo se mantuvo entre los que discutieron los campeonatos. Ya se dijo que en 1952 quedó apenas a una unidad de River, el primero. Al año siguiente compartió el segundo puesto con Vélez, aunque finalmente Racing fue tercero por diferencia de gol. El año en que Boca se alzó con el título fue el de peor rendimiento de la Academia, que quedó décima, a 18 puntos. En el tricampeonato conseguido por River en 1955, 1956 y 1957, Racing se ubicó segundo, cuarto y tercero, respectivamente.
Esos años, además de las buenas producciones del conjunto de Avellaneda, sirvieron para la consolidación de grandes figuras del fútbol argentino, como el arquero Rogelio Domínguez, Humberto Maschio, Pedro Manfredini, Antonio Valentín Angelillo y el magnífico Oreste Osmar Corbatta, “El Loco”, un futbolista exquisito, un puntero derecho que marcó una huella en nuestras canchas, sin distinción de colores, y que triunfó con otra celeste y blanca, la de la selección, en el recordado Sudamericano de Lima, en 1957.
Delantera de 1961: El ataque en las primeras fechas del torneo: Corbatta, Pizzuti, Borges, Mansilla y Belén.
En 1952 se había armado un buen equipo. Pedro Dellacha y el arquero Alberto Favalli (ya había jugado en Racing en 1947) llegaron de Quilmes, “Palito” Balay de Huracán y Juan José Pizzuti abandonó la camiseta de River para ser adoptado para siempre por la gente de Racing. Se retiró el guardavalla Antonio Rodríguez y Ameal se fue al Globo. En 1953 empezó a preocupar la edad de los jugadores. Puzzuti era el más joven, con 26 años, pero Boyé, Méndez, Simes y Sued ya tenían 30. Se reforzó la delantera con Ortigüela (Newell’s) y el regreso de Ameal. Para la floja campaña de 1954 se adquirieron los pases de Cap, Maschio y Sivo a Quilmes, y Boyé se fue a Huracán. Para 1955, Pizzuti se fue por un año a Boca y Méndez pasó a Tigre, pero se incorporaron Angelillo, de 17 años y proveniente de Arsenal, y Adalberto Rodríguez, de Banfield. Se afianzaron Maschio y Corbata, y Cigna y Santos aportaron lo suyo en ataque. Los cimientos de la renovación estaban puesto y firmes.
En 1956, a pesar de que se fueron Angelillo (a Boca) y el veterano Simes (a Tigre), sólo se incorporó el puntero izquierdo Juan Carlos Mendiburu, de Vélez. Al año siguiente se sumó el mendocino Pedro Manfredini y la Raúl Belén, mientras el pasivo del club se saneaba gracias, fundamentalmente, a los ingresos generados con las ventas de Rogelio Domínguez y el Bocha Maschio. El arquero Osvaldo Negri y el zaguero Juan Carlos Murúa dejaron las inferiores para sumarse al plantel profesional. Igual, a River no había con qué darle. La fórmula, sin embargo, la encontraría el propio Racing en 1958.
Equipo campeón 1961. Negri, Anido y Mesías, Blanco, Scardulla y Peano; Corbatta, Pizzuti, Mansilla, Sosa y Belén.
Vale hacer un paréntesis para mencionar el suceso logrado por el seleccionado argentino en 1957, en Lima, Perú. La selección se consagró campeona con un fútbol de alto vuelo y una delantera fenomenal en la que tuvieron determinante participación tres hombres de Racing: Corbatta, Maschio y Angelillo. “Los carasucias”, como se conoció a aquellos atrevidos jóvenes que le cambiaron la cara a la otra celeste y blanca, formaba arriba con Corbatta, Maschio, Angelillo, Sívori y Cruz.
Tal vez por esta actuación también haya sido mayor el gran fracaso en el Mundial de Suecia, un año después, que generó una depresión en el fútbol argentino, ya que la gente quedó desencantada con el equipo dirigido justamente por el armador del tricampeón académico, Guillermo Stábile. Pero para Racing no fue malo ese año porque quebró la hegemonía millonaria y volvió a gritar campeón.
En el banco, Racing tenía a un hombre de la casa, José “Pechito” Della Torre, que supo combinar la prestancia de hombres como Corbatta, Manfredini, Cap, Pizzuti, Dellacha, Murúa, Sosa, Belén y Anido para darle a la Academia un nuevo título, con el que se rompería el magnetismo que River tenía con los títulos locales y que sólo pudo recuperar 18 años después.
Pizzuti: Como jugador fue campeón en Racing en 1958 y en 1961. Se hizo técnico y fue el inventor del equipo que ganó todo: El equipo de José.
Racing llegó a la consagración dos fechas antes del final del certamen, con el empate 3 a 3 frente a Lanús, como visitante. Nada fue sencillo, porque el equipo perdía por 3 a 1, pero en la media hora final, con goles Vladislao Cap y Pedro Manfredini, alcanzó la igualdad que significó un nuevo campeonato para Racing, el cuarto en la era profesional. Poco importó que en los dos cotejos finales empatara 2 a 2 con Vélez y perdiera 2 a 0 frente a San Lorenzo.
Lejos de conformarse, el equipo de Avellaneda se mantuvo entre los de arriba en los dos torneos siguientes (fue segundo en 1959 y cuarto en 1960), hasta que en 1961 volvió a festejar un título, con un plantel que tenía algunos valores nuevos, con el gran Federico Sacchi como estandarte de elegancia y efectividad. También llegaron Borges, Mesías, Peano y Berón. Lo de Racing fue modestia pura al lado del derroche de dinero de otros clubes, encabezados por Boca y River, que creyeron ver la fórmula del éxito en las contrataciones fulgurantes y los extranjeros. La Academia ni siquiera perdió el equilibrio con el técnico: otra vez apostó a alguien con pasado en la entidad, como Saúl Ongaro.
Sacchi: Uno de los mejores centrales del fútbol argentino llegó a Racing en 1961 y fue campeón. En la Selección estuvo en el Mundial 1962.
El grupo tuvo un andar notable en el certamen. Mostró una seguridad y un andar firme que prácticamente le aseguraron el título sin sobresaltos. Una serie de cinco victorias seguidas frente a Argentinos Juniors, Boca, Los Andes, Ferro y Huracán en el inicio mismo del torneo le permitieron al equipo de Ongaro forjar una imagen positiva que se prolongaría por el resto del certamen. Incluso, el invicto se estiró hasta la decimotercera fecha, hasta que en la decimocuarta fue Independiente, con una goleada, el que rompió la cadena exitosa de la Academia. Racing no se cayó en lo absoluto, mantuvo su poder y forjó un nuevo invicto de trece fechas, que también se cortó con una goleada, en este caso ante Gimnasia, por 8 a 1, aunque el resultado no hizo la mella que hubiera causado en otras circunstancias porque en la fecha anterior, la vigésimo séptima, con el éxito en el clásico ante San Lorenzo por 3 a 2 , la Academia se había consagrado campeón.
La campaña no dejó dudas de su superioridad: Racing ganó 19 de los 30 encuentros y fue categórico en las redes adversarias, con 68 tantos. Un nuevo clásico frente a Independiente dejó un empate 1 a 1 y siete expulsados en total, que implicaron que Pizzuti tuviera que atajar un rato. No importaba demasiado, una nueva estrella en el cielo racinguista comenzaba a brillar.
LA GLORIA MUNDIAL
Dicen que lo único inexorable es el paso del tiempo. Que no hay forma de que se detenga ni siquiera un instante. ¿Será cierto eso? Tal vez; tal vez no. Cuando un hecho es tan inmenso, tan trascendente que los días, los años, las décadas no lo pueden borrar, entonces es posible pensar que se ha vencido al tiempo. Como en aquel lejano 4 de noviembre de 1967. ¿Lejano? Si parece que fue ayer, hace un rato nomás. La pelota la tenía Juan Carlos Rulli, ya en campo de Celtic. Cerca de tres cuartos de cancha, le dio el balón al Juan Carlos Cárdenas. El Chango acomodó la pelota para la zurda. La leyenda cuenta que el Bocha Maschio le gritó: “Pateá”. La verdad es que Maschio le pidió la pelota. Pero el Chango nunca lo escuchó. Y, casi por intuición, metió el zurdazo furibundo, desde unos 30 metros, tirado unos metros hacia la derecha del eje central de la cancha. El balón viajó en vuelo heroico hacia la red del arco defendido por Fallon, hacia la victoria, hacia la gloria, hacia la eternidad. Racing 1 vs. Celtic 0. Racing campeón del mundo. La Academia vencía al tiempo.
A esas alturas, más allá de la magnitud, el logro no resultaba sorprendente, porque el equipo ya había sabido construir su propia fuerza en el camino que lo llevó hasta la definición de la Copa Europeo-Sudamericana. Los títulos de 1966, en el certamen local argentino, y de 1967, en la Copa Libertadores, le dieron a Racing la posibilidad de ser el mejor del mundo ante Celtic. Por eso no fue sorpresa; en todo caso, se había alcanzado el nivel de mito.
Abrazo 66: Segundo partido en Avellaneda que Racing gana por 2 a 1. Los abrazos por el triunfo que se paladea a los 48 minutos del partido
Al ciclo más importante del club en la era profesional no se llegó de un día para el otro. En realidad, fue el resultado de un extenso período de recambio generacional que comenzó con la consagración albiceleste en el certamen de 1961. Ese plantel contaba con varios jugadores de experiencia, que, tras conseguir el título, empezaron a ceder terreno ante el impulso joven de varios valores de las divisiones inferiores.
Para 1962, el arquero Toledo, de Estudiantes, se sumó al veterano Negri y a un pibe que asomaba en el plantel de primera: Agustín Mario Cejas, que debutó hacia fines de año, el 11 de noviembre, en la goleada académica ante Chacarita, por 7 a 3. Dos semanas más tarde, en el 0 a 0 frente a Independiente, se produjo otro estreno importante: el del santiagueño Juan Carlos Cárdenas, que se mantuvo como titular hasta el final del torneo.
Además de esos debuts, que la historia se encargaría de hacer significativos, también fue destacable la despedida con una clara victoria por 3 a 0 frente a San Lorenzo. Pero lo cierto fue que la campaña no fue nada buena. Racing terminó en el noveno puesto entre 15 participantes, producto de 8 triunfos, 10 empates y 10 derrotas, con 39 goles a favor y 41 en contra.
Una verdadera renovación se dio para el campeonato de 1963, que fue el que contó con menos equipos de la historia, 16, ya que se pretendía darle mayor brillo, algo que no logró plasmarse. Llegaron nada menos que 7 refuerzos para la Academia: Juan Larrea (de Huracán), Mattera (puntero derecho uruguayo), Basílico (Vélez), Oscar Martín (Chacarita), Julio San Lorenzo (Nueva Chicago), Reynoso (San Lorenzo) y Luis Carrizo. También volvió Juan Carlos Oleniak. Entre los que se fueron, Corbatta pasó a Boca; Sanguinetti y Blanco a Chacarita, y Eduardo Curia a Vélez.
Ya el arranque no fue bueno. La Academia sumó su primer triunfo apenas en la sexta fecha, cuando venció a Argentinos ajustadamente por 2 a 1. Al menos, sirvió para que el equipo se destapara y comenzara a recuperar terreno en la lucha por el título. Y lo hizo sin pausas, con significativas victorias frente a San Lorenzo (2-1), Boca (3-0) e Independiente, al que superó como visitante por un contundente 4 a 0. Este último éxito no sólo fue fundamental por propias características, por tratarse del clásico rival y por haber sido una goleada, sino también porque le permitió a la Academia quedar a un punto del líder, River, equipo con el que se enfrentó en la fecha siguiente, el 22 de septiembre. Se acercaban los momentos cruciales del campeonato y Racing tenía la gran oportunidad de quedar en la cima de las posiciones si le ganaba al conjunto millonario. Sin embargo, la ilusión racinguista chocó con la histórica paternidad riverplatense. Los hombres de Núñez se impusieron por 2 a 1, con goles de Luis Artime.
Abrazo del 66: Martín se saluda con Pagani, atrás Mori y Cárdenas
Lo peor: el River de los 18 años negros tampoco pudo resistir el embate de Independiente, que en un buen final, ganó de arremetida y salió campeón con dos unidades de ventaja sobre River y siete sobre Racing y Boca.
Sin descensos para el certamen de 1964, con los ascensos de Ferro y Newell’s, Racing volvió a sumar numerosos refuerzos para intentar meterse otra vez en la discusión: José Omar Pastoriza (Colón), César Luis Menotti (Central), Luis Maidana (Banfield), Daniel Bayo (Gimnasia), Sivina (Central Córdoba), Pentrelli (volvió de Italia) y los brasileños Baptista, Claudio y Dorval. Lo curioso: Racing se desprendió de su goleador, Julio San Lorenzo, quien pasó a Banfield junto con Bertulessi y Peano.
El comienzo fue por demás irregular, con victorias y derrotas alternadas. El equipo no aparecía y los cambios en el equipo se sucedían en una alocada carrera sin resultados. Entre tanta búsqueda se produjo el debut de un pibe en la defensa, frente a Atlanta: Roberto Perfumo. Pero los problemas de Racing pasaban fundamentalmente por el ataque, algo que se solucionó parcialmente sobre el final de la primera rueda, algo que le permitió al equipo quedar a sólo tres puntos del líder, Boca.
En la rueda siguiente, otra vez apareció en escena la irregularidad del equipo. Sin embargo, el éxito por 1 a 0 ante Boca, que no perdía desde la primera jornada, con un tanto de Federico Sacchi, reavivó la esperanza. No por mucho tiempo. Pronto volvió el Racing de la incertidumbre, que no sólo terminaría el certamen en un insulso sexto puesto, con Boca como monarca.
Cárdenas: Debutó en Racing en 1962. Jugó 321 partidos y anotó 89 goles.
Se acercaba el gran año, pero por la realidad del equipo, parecía que Racing estaba lejos de una nueva conquista. En 1965, la Academia siguió en picada. Se reforzó con Juan Carlos Rulli, Juan José Rodríguez y Benicio Ferreira, de Boca, mientras que el conjunto xeneize se llevó a Menotti y a Sacchi; además, llegó Jaime Martinoli de Banfield, Castillo de Español, y la Bruja Belén, en sus últimos tiempos de jugador, se fue a Newell’s.
A tal punto la campaña de Racing fue mala que el final de la primera etapa lo encontró en el último puesto de la tabla. La segunda rueda no trajo demasiadas novedades, al menos en el comienzo. El equipo se mantenía en el fondo de la tabla y no había quien encontrara la fórmula para salir del mal trance. Renunció el entrenador, José García Pérez, pasó Cacho Giménez como interino y el 19 de septiembre llegó el gran día. Racing, el último, se enfrentaba con el primero, River, un equipo embalado por el buen andar. Esa tarde, en el banco de Racing se sentó por primera vez Juan José Pizzuti. En verdad, no había una gran euforia y es lógico pensar en eso. El equipo estaba haciendo una campaña muy pobre y la paternidad millonaria no prometía alegrías. River empezó ganando con un gol de Artime. Todo indicaba que la historia sería la de casi siempre. Pero “Tito” Pizzuti hizo el milagro, su equipo hizo el milagro. Un tanto de Castillo y dos de Juan José Rodríguez dieron vuelta el resultado y entonces sí se desató la algarabía popular. El último “volteaba” al líder y Racing, desde lo más profundo de su crisis, sacaba fuerzas para ponerse de pie.
Una nueva derrota en la fecha siguiente, ante San Lorenzo, por 2 a 0, no hizo mella en el espíritu renovado de un grupo que empezaba a meterse en la historia grande del fútbol argentino y mundial sin darse cuenta. En el cotejo siguiente, un empate 1 a 1 frente a Atlanta, comenzó una serie invicta de 39 partidos que recién pudo quebrar el Boca de Carlos Bianchi entre 1998 y 1999, cuando estuvo 40 partidos sin conocer la derrota. Y la imagen sirve para marcar diferencias entre un tiempo y otro, y a la vez darle valor a lo hecho por ese equipo albiceleste: con esa racha, Racing logró el título de 1966, mientras que Boca, con una actuación similar, se quedó con dos coronas locales, por los torneos cortos. En fin, cuestiones del paso del tiempo que en este caso favorecieron al conjunto xeneize.
Finalmente, el certamen de 1965 terminó con Boca campeón y otra frustración para River. La levantada de Racing, que se mantuvo invicto durante los últimos 14 encuentros del certamen de 1965, le permitió alcanzar el quinto puesto. Fue el nacimiento de un equipo emblemático.
Cárdenas hizo el gol más famoso de la historia, para darle a Racing la copa Intercontinental.
Para la gesta de 1966 se incorporaron Fernando Parenti (Lanús), los uruguayos Benítez y Nelson Chabay (llegó de Racing de Montevideo, recomendado por Nito Veiga, ayudante de Pizzuti). También se sumó Miguel Mori, de Independiente, en canje por José Omar Pastoriza. Se fueron Anido, Pentrelli y José Vazquez.
El equipo arrancó el torneo con el envión del final de 1965. En la primera fecha, venció a Atlanta por 2 a 0, con goles del Yaya Rodríguez. Fue el primer paso hacia el título. La Academia empató 0 a 0 con Vélez, venció a Newell’s 2 a 0 y a Quilmes 5 a 0, igualó con Banfield 0 a 0 y superó a Chacarita 1 a 0. Para la sexta fecha, los hinchas recibieron un regalo muy preciado: el reencuentro en la cancha con Humberto Dionisio Maschio. El “Bocha” nunca había dejado de tener contacto con su amigo Pizzuti, de quien había sido compañero, durante los años en los que jugó en Italia. Las cartas los mantenían al tanto de la vida y los pasos de cada uno. El técnico, a sabiendas de que a Maschio se le vencía el contrato en la península, le hizo saber que lo quería de nuevo en Racing. Por eso, le dijo al entonces presidente de la institución, Santiago Saccol, que hiciera todos los esfuerzos para convencer a Maschio de ponerse nuevamente la camiseta celeste y blanca. Y así fue. El 10 de abril, ante Chacarita, el “Bocha” volvió a la Academia y su equipo se impuso por 1 a 0, con un gol del Yaya Rodríguez.
Si hubiera que mencionar una sombra en el torneo, habría que buscarla por el lado de River, cuándo no. Es que en el primer clásico del certamen, ante el conjunto de Núñez, Racing empató 1 a 1 y, en la segunda rueda, los millonarios fueron los que le cortaron la serie invicta a la Academia. Pero no nos adelantemos. Después de la igualdad con River, Racing superó a Estudiantes (1-0), Huracán (2-0), Ferro (4-1), Central (1-0), Colón (1-0), Lanús (2-1) y Platense (3-1), mientras que empató con Argentinos (0-0), Boca (otro clásico igualado, 0-0) y Gimnasia (2-2). En las dos últimas fechas de la primera rueda, la Academia consiguió los dos primeros triunfos en los clásicos. El 3 de julio superó como visitante nada menos que a Independiente, por 2 a 0, con tantos del Bocha Maschio y Jaime Martinoli, mientras que el 17 del mismo mes superó por 2 a 1 a San Lorenzo, con goles del Yaya Rodríguez y Basile (Veira descontó para el Ciclón).
Un equipo de 1966. Carrizo, Basile, Pastoriza, Perfumo, Martín y Bouzas; Pentrelli Cárdenas, J. J. Rodríguez y Martinoli.
Si bien la segunda rueda comenzó con tres empates, ante Atlanta, Vélez y Newell’s, Racing no se quebraba. Después de esa serie consiguió tres victorias seguidas, frente a Quilmes (2-1), Banfield (1-0) y Chacarita (3-0). Justamente este último triunfo frente al equipo de San Martín fue el eslabón final en la histórica serie invicta del “Equipo de José”, porque a la fecha siguiente, la vigésimosexta, River –esa eterna espina– lo venció por 2 a 0 y terminó con la imbatibilidad académica. Con lo que no terminó fue con el espíritu ganador del plantel, porque esa sería la única derrota hasta el final del campeonato.
Después del cotejo ante River, Racing les ganó a Estudiantes (3-0), Argentinos (3-0), Ferro (6-0), Rosario Central (2-1) y Platense (2-0), e igualó con Huracán (2-2), Colón (0-0) y Lanús (2-2). El 13 de noviembre Racing le ganó en el Cilindro el clásico a Boca por 3 a 2, con una gran actuación del Panadero Rubén Díaz. Ese éxito lo puso a las puertas de un nuevo título.
Una semana más tarde llegó la consagración, en La Plata, con el empate 0 a 0 frente a Gimnasia y Esgrima, con dos fechas de anticipación. Ese día Racing dio la vuelta olímpica que fue la antesala de la consagración de la Academia en el mundo. El certamen terminó con un empate 3 a 3 frente a Independiente y una victoria de despedida ante San Lorenzo por 2 a 0.
Con el título local en el bolsillo, en 1967, mientras comenzaba la disputa de los torneos Metropolitano y Nacional, Racing fue en busca del reconocimiento mundial. Y lo consiguió. Lejos estuvo la empresa de resultar sencilla y basta con un dato para certificarlo: la Academia se consagró en la Copa Libertadores más larga de la historia. Para quedarse con ella, el equipo dirigido por Juan José Pizzuti disputó nada menos que 20 partidos.
Para afrontar el objetivo no se tocó la base del plantel; de hecho, se enriqueció con las incorporaciones de los delabnteros Norberto Raffo y Joao Cardoso, el defensor Antonio Manillo, y el arquero Antonio Spilinga. La Academia integró el Grupo 2 y arrancó con todo: un claro éxito frente a River por 2 a 0, en Avellaneda. Después, el equipo cayó rotundamente frente a 12 de Octubre, de Bolivia, como visitante, por 3 a 0, pero ya no volvería a caer en la primera etapa, algo que lo clasificaría para las semifinales. Seguidamente, el conjunto albiceleste superó a Independiente Medellín (2-0), Independiente Santa Fe (2-1) y a Bolívar (2-0), todos como visitante; luego, en el Cilindro, venció a Independiente Medellín (5-2), Independiente Santa Fe (4-1), 31 de Octubre (6-0) y Bolívar (6-0), para cerrar su actuación en esa instancia con un empate 0 a 0 ante River, en Núñez.
Equipo en Montevideo 1967: Cejas, Basile, Perfumo, Martín, Chabay y Rulli; Joao Cardozo, Maschio, Cárdenas, J.J. Rodríguez y Raffo.
Claro que la Academia pasó algunas vicisitudes, no en lo deportivo, pero sí en otras cuestiones. Por ejemplo, la realidad colombiana de ese momento no permitía que el equipo saliera del hotel donde se alojó cuando fue a jugar a ese país. Y de aquella excursión a tierra cafetera es la anécdota que cuenta que el grupo corrió peligro de muerte en un vuelo. Fue en el viaje de Medellín a Bogotá, en la tarde del 27 de marzo, en un DC-4 de la empresa SAM. El vuelo duró sólo una hora, pero la delegación no tuvo descanso. Una tormenta impresionante sacudió la aeronave como pocas veces. El miedo invadió a todos y con razón. En un momento, la máquina empezó a descender a gran velocidad: “¡Nos matamos!”, gritó el Bocha Maschio. Cuando todo parecía perdido, el piloto consiguió enderezar el avión .
Volviendo al fútbol, en el comienzo de las semifinales Racing se volvió a enfrentar con River, con el que empató 0 a 0 como visitante. Después, hilvanó cinco triunfos consecutivos: ante Universitario, de Perú, por 2 a 1 en Lima y Avellaneda; frente a Colo Colo, 2 a 0 en Chile y 3 a 1 en el Cilindro, donde por la última jornada superó a River por 3 a 1. Racing estaba en la final de la Copa Libertadores.
A pesar de semejante campaña (cinco triunfos y un empate), el equipo de Pizzuti dirimió el pase a la final en un desempate con Universitario, en Chile, donde con la victoria por 2 a 1 logró acceder a las finales.
Tampoco le resultó sencillo a la Academia el último paso, que tuvo que dividir en tres, frente al Nacional uruguayo, porque los dos enfrentamientos originalmente pautados terminaron 0 a 0, en Montevideo y Avellaneda. Hubo que ir a un desempate, otra vez en el estadio Nacional de Chile, como contra Universitario. Racing sacó ventaja en el primer tiempo, con goles de Joao Cardoso, a los 14 minutos, y Norberto Raffo, a los 43. Pero cuando faltaban 11 minutos, descontó Espárrago para Nacional. Entonces, los instantes decisivos fueron emocionantes. El conjunto argentino resistió los embates uruguayos y al final se quedó con el gran premio: la Copa Libertadores.
Ese 29 de agosto en el país se desató la fiesta blanquiceleste, de una punta a la otra, en la sede de Avenida Mitre, en Avellaneda, en el Cilindro. Fue una fiesta gigante, genuina.
Festejo Maschio: Segundo partido ante Celtic, en Avellaneda. Racing ganó 2 a 1 y Maschio festeja.
Pero había más. Los jugadores y los hinchas sabían que podían seguir haciendo historia. Quedaba la Copa Europeo-Sudamericana, la gloria total. Sin el conocimiento que hay hoy de muchos clubes del mundo –ni hablar de los más importantes–, Racing emprendió el viaje a Europa para enfrentarse con Celtic, de Escocia.
El 18 de octubre fue el primer choque, en Hampden Park. Un solo cambio respecto de la definición de la Libertadores: Juan José Rodríguez por Joao Cardoso. La esperanza se derrumbó. Los escoceses se impusieron por 1 a 0 con un tanto de McNeill a los 24 minutos del segundo tiempo. “Se acabó un ciclo”, dijo Pizzuti, abatido.
La derrota había calado hondo en el ánimo del grupo. Pero quedaba la revancha del 1º de noviembre. Para entonces, la “calentura” del momento había pasado. Pero aún así hubo que sufrir y mucho, como en todo el camino que condujo al club de Avellaneda al éxito mundial. Chabay entró por el Panadero Díaz y Cardoso por Mori. El Cilindro era un hervidero. De hecho, el arquero titular visitante, Donald Simpson, no pudo jugar porque en el calentamiento recibió el impacto de un proyectil. Así y todo, la tarde empezó bien para Celtir, porque Gemmel abrió la cuenta a los 21 minutos de la primera etapa, de penal. Enseguida volvió la calma y empató Norberto Raffo. Pero hacía falta un gol más para ir al desempate. Y apareció el Chango Cárdenas apenas iniciado el segundo tiempo: 2 a 1 y a Montevideo a definir la historia.
Perfumo: El Mariscal se adaptó a jugar de zaguero en el Racing campeón de Pizzuti y pasó a ser uno de los mejores en ese puesto.
El 4 de noviembre fue la gran cita del otro lado del Río de la Plata. El estadio Centenario estaba a pleno. Una gran cantidad de racinguistas cruzaron el río para alentar al equipo, pero la verdad es que la Academia fue visitante en Uruguay, aún a pesar del gesto del equipo, que intentó congraciarse con el público saliendo con una gran bandera uruguaya. No hubo cambios en la formación. Cejas; Perfumo y Chabay; Martín, Rulli y Basile; Cardoso, Maschio, Cárdenas, Rodríguez y Raffo. El partido fue áspero, como se preveía. Antes de que terminara el primer tiempo, el árbitro paraguayo Rodolfo Pérez Osorio expulsó a Lennox y a Basile por agresión mutua. Johnstone también se fue antes, apenas comenzado el segundo tiempo, a los tres minutos. Con un hombre más, Racing se fue con todo para adelante. Hasta que a los 10 minutos del complemento Rulli y Cardoso armaron la jugada; Rulli se mandó y el Chango Cárdenas se mostró en la izquierda; la pelota le llegó, avanzó unos metros, levantó la cabeza y le dio de zurda al balón, con tremenda fuerza y dirección. Estaba a unos 25 o 30 metros del arco. El estadio hizo silencio durante una fracción de segundo. Fallon, el arquero de Celtic, voló hasta lo imposible. De nada sirvió. El remate del Chango estaba en la red. Se desató así la carrera enloquecida del delantero académico para abrazarse con Basile. El delirio se apoderó de los argentinos. La victoria estaba cerca.
El encuentro continuó áspero. Por eso también se fue expulsado Hughes y, antes del final, Rulli. Pero a esas alturas, la batalla estaba ganada. Cuando el árbitro indicó el final, hubo un estallido argentino que retumbó en el mundo. Fue el de la Academia, el de Racing Club, primer campeón mundial de nuestro país.
LA LENTA CAIDA
El pináculo al que llegó Racing en 1967 con las conquistas de la Copa Libertadores y la Copa Europeo Sudamericana significó también el final de una era plena de gloria, no sólo en lo deportivo, sino también en lo institucional. Si bien la pendiente del tobogán no comenzó a recorrerse inmediatamente, a partir de la década del 70 la Academia se transformó en un club que recurrentemente renovaba las ilusiones, pero que sistemáticamente sucumbía por los graves errores en el manejo de la entidad.
Cejas: El que más partidos jugó en Racing con 334. Fue clave en el equipo de José. Pasó por la selección y luego fue entrenador del club dos veces.
Santiago Saccol, el hacedor desde la dirigencia del gran campeón, retomó la presidencia en 1968. Poco a poco, ese gran plantel empezó a desmembrarse por distintas cuestiones. El dinero se gastaba en incorporaciones que en la mayoría de los casos no compensaron en la cancha la inversión efectuada. Racing empezaba a sufrir, casi sin darse cuenta, al compás de un país que vivía también una época difícil.
A comienzos de los años 70 surgieron figuras como Juan Domingo Rocchia y Carlos Squeo, pero las dificultades económicas hicieron que rápidamente buscaran nuevos horizontes, lo mismo que el Mariscal Roberto Perfumo, que se fue a Cruceiro, de Brasil. Así y todo, la Academia se las ingeniaba para meterse en la lucha de los torneos.
Así fue como en 1967, año de apogeo y esplendor futbolístico, el equipo llegó a la final del primer campeonato Metropolitano, en la que cayó frente al Estudiantes de Osvaldo Zubeldía por 3 a 0, el mismo equipo que también lo dejó afuera de la Copa Libertadores al año siguiente para empezar la cadena de tres copas consecutivas. De ahí en más, casi todas serían malas para la Academia.
Equipo 1980: Entre otros: Hirsfield, Olarticoechea, Calderón, Carios López, Bottaniz, Barú y Vivalda.
Ya en 1969 se hizo una importante renovación del plantel y varias figuras, como Perfumo, Cejas y Basile, se fueron a otros clubes, incluso del exterior. A partir de 1970 comenzó a notarse claramente la caída del Imperio Académico. Racing comenzó a hacer incorporaciones sin escatimar dinero, pero también sin medir consecuencias futuras, esas que, a la larga, desemBocarían en la quiebra y casi desaparición de la institución.
Por ejemplo, en 1969 se pagaron 35 millones de pesos por Roberto Rodolfo Aguirre, de Newell’s, en lo que fue la transferencia más onerosa de la temporada. Como nuevos valores aparecían Juan Domingo Rocchia, Carlos Squeo y Miguel Adorno.
Estadio en ruinas: Símbolo de la crisis, el 26 de septiembre de 1983, una columna se derrumbó sobre la tribuna.
En el Metropolitano de 1972 Racing formó un buen equipo y salió subcampeón, con Daniel Onega, Carlos Della Savia y Ubaldo Fillol, entre otros refuerzos que jerarquizaron el plantel. Pero eso no cambió el destino. Un año después, Racing volvía a hacer campañas olvidables, con Angel Amadeo Labruna como entrenador. También pasó Zubeldía, pero nada. Y en 1976, el equipo de Avellaneda estuvo por primera vez ante el riesgo de descender, algo de lo que se salvó apenas por un punto.
La crisis no hizo reaccionar a los dirigentes de entonces. Racing siguió sin rumbo en lo institucional y en lo deportivo continuó con la política de intentar salir a flote con grandes contrataciones. Ni los sucesivos gobiernos ni las contrataciones rutilantes, con el caso de Julio Ricardo Villa como paradigma, en 1977, por quien se pagó la cifra récord de 80.000.000 de pesos, lograron frenar la pendiente institucional y deportiva. Igual, Racing no estuvo ni siquiera cerca de alguna consagración. A Saccol lo siguieron Armando Ramos Ruiz (ex interventor en la AFA), Nerón Sordelli, Roberto Fontella y Ramón Vinagre, con quien Racing empezó a sufrir los primeros sofocones con el descenso. Sin embargo, los dirigentes no le prestaron atención a la alarma y siguieron con la política infructuosa de comprar y comprar jugadores. Los años pasaron y el club, poco a poco, se fue hundiendo cada vez más.
Juan Barbas: Campeón mundial juvenil en 1979. En el 81 se fue de Racing al Zaragoza, Lecce y Sion. Participó del mundial del 82.
Los nombres pasaban y el equipo seguía por la misma pendiente. Surgían, aún en la depresión, chicos que generaban ilusión, como Juan Alberto Barbas y Gabriel Humberto Calderón, quienes fueron campeones del mundo Sub 20 en Japón con la selección argentina, en 1979, tras el título ecuménico de mayores en nuestro país, un año antes. Pasaron técnicos de todas las clases: del riñón del club, como Agustín Mario Cejas; con pasado académico, como José Omar Pastoriza, e ídolos de otras divisas, como Enrique Omar Sívori, símbolo de River. También estuvieron jugadores como Julio Olarticoechea, el uruguayo Juan Ramón Carrasco (en quien se gastaron 600.000 dólares), José Van Tuyne, José Berta y muchos otros.
Néstor Scotta: Scotta, uno de los últimos goleadores del Racing de los años setenta.
Así y todo, el 12 de octubre el estadio se reabrió, aunque sólo para ser escenario de la más grande tristeza en la historia deportiva de la institución. Un emblema racinguista como Juan José Pizzuti se hizo cargo del equipo en reemplazo de Rogelio Domínguez. Pero el equipo estaba decididamente a la deriva, con un plantel que no entendía al técnico y que estaba lejos de ser un grupo homogéneo.
Quique Wolff: Apareció en la primera de Racing a los 18 años, en 1967. Fue un indiscutido lateral derecho hasta que River pagó un dineral por su pase.
Como si el destino estuviera ensañado con hacer sufrir a Racing de todas las formas posibles, el mismo entrenador que llevó al club a sus mayores conquistas fue el que también estuvo sentado en el banco en el peor momento, ese que llegó el 18 de diciembre de 1983, cuando la Academia cayó frente al Racing cordobés por 4 a 3 en Avellaneda. El partido se suspendió a los 41 minutos por los incidentes en las tribunas, pero el Tribunal de Disciplina, como era de esperar, lo dio por terminado con el resultado mencionado. Racing pasó tristemente al fútbol del ascenso.
EL ASCENSO Y OTRA COPA
Mientras el país salía de un período de gobiernos de facto, en 1983, el club transitaba una de las etapas más oscuras. El 27 de septiembre de 1983, la torre del estadio Juan Domingo Perón se derrumbó y con ella casi se caen también las ilusiones de reapertura de la cancha, que había sido clausurada en 1981 por falta de mantenimiento. Las imágenes del Cilindro era un espejo patético en el que el club se veía reflejado. Aún así, con tremendas dificultades a cuestas, la cancha se reabrió el 12 de octubre de 1983, pero como una cachetada del destino, eso sólo sirvió para afrontar en casa la peor noticia de la decadencia: el descenso.
Basile: Empezó en las inferiores y fue campeón con el equipo del ’66. Como técnico devolvió a Racing a Primera en el 85 y ganó la Supercopa en el 88.
Ramón Cereijo, un histórico dirigente político ligado a Perón y famoso hincha de Racing, dijo: “Racing cayó, pero no murió”. El viejo gran campeón quedaba sumido en la peor crisis, futbolística e institucional hasta ese momento.
La gente, una vez más, dio muestras del inconmensurable amor por la camiseta llenando todos los estadios de la Argentina mientras el equipo jugó en el ascenso, generando recaudaciones asombrosas. Lo que se esperaba en ese momento de angustia era el resurgimiento. Muchos se decían entonces: “Peor no podemos estar. Ahora, tenemos que volver a ser los de antes”. La gente reaccionó, tocada en el amor propio, y, en lugar de darle la espalda al equipo, sacó más fuerzas que nunca y llenó cada cancha en la que el equipo jugó. El camino no resultó nada sencillo y una muestra es que la Academia no pudo gritar campeón en las dos temporadas que estuvo en la B. Con el apoyo fervoroso de la hinchada, con Jorge Castelli como flamante entrenador, con Miguel Brindisi a la cabeza de otra andanada de refuerzos, la Academia comenzó el duro camino de regreso a la primera.
Debutó en la categoría con una victoria por 2 a 1 frente a Los Andes, con goles de Brindisi y Pavón. Pero el equipo no logró consolidarse y despegar en la punta del certamen. A tal punto llegó la irregularidad de Racing que, finalizada la primera rueda, el técnico Castelli renunció. Lo reemplazó Agustín Mario Cejas. La crisis económica de la entidad tampoco ayudaba como para calmar las aguas. Finalmente, Deportivo Español se quedó con el título y el primer ascenso, mientras que conjunto albiceleste se clasificó para el octogonal por la segunda plaza en primera. Racing alcanzó las finales del reducido tras dejar atrás a Deportivo Morón y a Lanús. Gimnasia y Esgrima se cruzó en el camino de la Academia en los encuentros decisivos, se impuso por 3 a 1 en Avellaneda y por 4 a 2 en La Plata. Otro sueño astillado.
En 1984 los problemas en la tesorería se incrementaron. El club quedó expuesto a constantes embargos por parte de ex jugadores. Muchos dirigentes pensaban que, ante la crisis y la deuda de 1.200.000 dólares, había que deshacerse de la sede de Avellaneda y la de Capital Federal, con el fin de juntar el dinero necesario para salir del mal momento.
El año siguiente, Cejas continuó al frente del equipo y llegaron Horacio Attadía, Walter Fernández, Miguel Angel Colombatti y Néstor Sicher, entre otros. Otra vez el recorrido fue largo y difícil. A Racing, la B le costaba más de lo que suponía. La empresa de volver a primera no era “pan comido”. Pero ahí estaba el viejo Racing, intentando, sin demasiada suerte. Por eso, Cejas dejó su cargo en medio del certamen. Los siguieron Cacho Giménez (interinamente), Vicente Cayetano Rodríguez y, finalmente, otro símbolo de la Academia: Alfio Basile. Sin embargo, Rosario Central se llevó el título de la primera B. Y Racing, a duras penas, volvió a clasificarse para el torneo reducido. El primer paso en el octogonal fue con susto: se le ganó y se perdió con Banfield por 3 a 1, aunque por cuestiones reglamentarias se clasificó el equipo de Avellaneda. El acceso a las finales fue menos traumático, con dos victorias sobre Quilmes, por 2 a 0 y 3 a 1. Llegó Atlanta, llegó la gran oportunidad. Y la Academia, esta vez, no desperdició la chance. Prácticamente liquidó el pleito en el primer encuentro, en el que se impuso por 4 a 0, con dos goles de Walter Fernández, uno de Miguel Colombatti y otro de Pavón, en la cancha de River, el 22 de diciembre de 1985. En la revancha, en el mismo escenario, el 28 de diciembre el zurdazo mortífero de Néstor Sicher alcanzó para el empate 1 a 1 con el equipo de Villa Crespo. El estadio estalló en un grito sentido, esperado. Racing volvía al fútbol grande, al fútbol de primera.
Más allá de los errores, el destino parecía también ensañarse con el equipo de Avellaneda, porque justo cuando consiguió el ascenso, a fines de 1986, al año siguiente se reestructuraron los torneos de primera. Se dejaron de disputar los Metropolitanos y los Nacionales y se organizaron certámenes nacionales por temporadas, como en Europa y durante el mismo período, de mitad a mitad de año. Entonces, Racing tuvo que esperar un semestre para recuperar su lugar en primera.
Costas: Vivió el ascenso y el descenso. Jugó 11 años en el club. En 1999 también fue técnico.
Eso llevó al presidente de entonces, Héctor Rinaldi, a alquilar gran parte del equipo a Argentino de Mendoza, que disputaba el torneo regional, para que se mantuviera en actividad. Los que se pusieron a disposición del club mendocino fueron el técnico, Basile, y los jugadores Wirtz, Vázquez, Costas, Néstor Fabbri (se había incorporado, proveniente de All Boys), Ortiz, Zubczuk, Attadía, Washington González, Walter Fernández, Medina Bello, Szulz, Lamadrid, Cordero, Colombatti, Olivera, Astegiano, Acuña y Esteban Pogany (otro refuerzo). La experiencia fue un rotundo fracaso. Pero la ilusión de volver a primera era muy superior a todo. Y la hora llegó.
Ya sin Alfio Basile en la conducción, porque no llegó a un acuerdo por su contrato, por lo que volvió a ponerse el buzo de DT Rogelio Domínguez. De movida nomás, la primera recibió a Racing con dos clásicos: primero, ante River, en el Monumental, y luego frente a Independiente, en el Cilindro. Fueron dos empates, 1 a 1 con los millonarios (gol de Medina Bello) y 0 a 0 con Independiente.
El regreso no fue sencillo. El andar irregular del equipo generó problemas no sólo deportivos, sino también de orden policial, ya que se transformó en un hecho común que los barrabravas de la entidad les intimidaran a los jugadores y el cuerpo técnico. Se terminó rápidamente el ciclo de Rogelio Domínguez y, luego de algunos partidos en los que se hizo cargo la Subcomisión de Fútbol, con la colaboración de Nelson Chabay, volvió el Coco Basile; el arquero Ubaldo Fillol, en sus últimos años de actividad, pero en plenitud, volvió a la institución, y el equipo empezó a repuntar. De estar por debajo de la mitad de la tabla, Racing comenzó a escalar posiciones poco a poco, hasta quedar finalmente en la quinta posición. El campeón del torneo 1986/87 fue Rosario Central, que logró algo inédito: alzarse con los títulos de primera B y de primera A en dos temporadas consecutivas. La Academia se clasificó para la Liguilla, que ganó Independiente, que así se clasificó para la Copa Libertadores 1988.
Para la temporada 1987/88, Basile siguió como técnico y se incorporaron dos jugadores que le dieron muchas alegrías a la Academia: el goleador José Raúl Iglesias y el talentoso Nº 10 uruguayo Rubén Paz. Si bien Racing no logró el. Título, la campaña fue buena y terminó tercero, detrás de Newell’s y San Lorenzo. La primera rueda fue espectacular. A tal punto que Racing terminó primero. El equipo consiguió una serie de cinco victorias seguidas sin sufrir goles en contra, entre las que se recuerda una soberbia goleada frente a Boca, en Avellaneda, por 6 a 0, con dos goles del Toti Iglesias, dos de Colombatti, uno de Medina Bello y otro de Acuña. Racing encontró un perfil de equipo que sedujo a su gente como hacía muchos años no pasado. Pero pese a ese reencuentro con el estilo de la vieja Academia, Racing no pudo coronar tantas buenas actuaciones con un título. Como ya se dijo, el campeón fue Newell’s y Racing fue tercero. Y tampoco pudo quedarse con la liguilla, que ganó San Lorenzo.
El premio para este equipo llegaría en el ámbito internacional, con la disputa de la primera Supercopa sudamericana, un certamen reservado para los ganadores de la Copa Libertadores, que se comenzó a disputar en 1988 y que se prolongaría hasta 1997.
Fillol: Atajó 6 penales en su primer torneo. Fue campeón mundial en el 78 y volvió a Racing en el 87.
El 24 de febrero, el conjunto dirigido por Alfio Basile debutó en el campeonato con una victoria con historia: venció por 2 a 0 a Santos, de Brasil, en Avellaneda, con tantos de Iglesias y Colombatti. Como en la revancha igualaron 0 a 0, Racing pasó de rueda.
Esta vez, la Academia tuvo algo más de suerte que en otras oportunidades, como si la mano viniera justa para que Racing rompiera con el maleficio, al menos, a nivel internacional. Como la cantidad de equipos que quedaban era impar se hizo un sorteo, en el que salió beneficiado el conjunto de Avellaneda, que pasó directamente a las semifinales.
En esa instancia se cruzó con River Plate, vencedor de Gremio, de Brasil, en los cuartos de final y que siempre mantuvo una molesta paternidad con Racing. El 25 de mayo, día de la fundación del club millonario, se enfrentaron en el Cilindro. River se puso en ventaja con un gol de Jorge Borelli, que años más tarde se pondría la camiseta albiceleste. En el inicio de la segunda etapa, Walter Fernández hizo valer su potencia goleadora y con dos tantos dio vuelta el partido.
El 1º de junio fue la revancha en el Monumental. River volvió a sacar ventaja: a los 20 minutos ganaba 1 a 0 con un gol de penal de Nelson Gutiérrez. El encuentro se puso emocionante. El final era incierto. Todo era una incógnita. Hasta que apareció Néstor Fabbri a pocos minutos del final y con un cabezazo venció a Nery Pumpido. Racing estaba en las finales de la Supercopa.
Otra vez el formato hizo que Racing actuara como local en el primer encuentro, el 13 de junio. De vuelta a sufrir en el desarrollo, porque, como River, el equipo de Belo Horizonte pasó al frente con un gol de Robson, a los 36 minutos. Sin embargo, Walter Fernández seguía “encendido” y anotó el empate. Los minutos pasaban, pero la igualdad no se rompía. El Cuando el resultado parecía sellado, apareció otra vez Walter Fernández, escapó por la izquierda arrastrando a varios marcadores, tiró el centro atrás y Miguel Colombatti batió a Wellington. El delirio se apoderó de Avellaneda.
Cinco días después, a sufrir al Mineirao, de Belo Horizonte. El gran golpe fue a los 43 minutos del primer tiempo, con la gran escapada de Omar Catalán, que terminó en el fondo del arco brasileño. Con la carrera fervorosa del goleador, el estadio enmudeció, salvo por ese puñado de hinchas argentinos apretujados en un rincón de esa mole de cemento. El segundo tiempo fue a todo corazón. Había que sostener el resultado. Basile cambió figuritas: hizo entrar a Ramón Medina Bello por Catalán, pero sacó a Rubén Paz y lo puso a Hugo Pérez. A los 37 minutos, Robson igualó el cotejo, pero ya estaba muy cerca la Academia. Y el partido terminó. Y la Academia se desahogó después de tantas frustraciones. Y otra vez, al menos en una flamante copa internacional, gritó campeón.
Walter Fernández: Llegó a la Academia en 1985. Logró el ascenso a primera y fue partícipe de la Supercopa del 88.
Unos meses después, el 17 de septiembre de ese año, Racing se quedó con otra copa, la Supercopa Interamericana, al vencer a Sportivo Herediano, de Costa Rica, por 3 a 0, en tiempo suplementario, aunque este título nunca fue reconocido oficialmente por la Confederación Sudamericana de Fútbol.
Claro que eso no importaba demasiado: Racing estaba nuevamente instalado en el concierto importante del fútbol. Al menos deportivamente, la Academia volvía a brillar.
LA DECADA INEFICAZ
En la década del 90, las gambetas y los goles mágicos de Rubén Paz no lograban sostener una estructura que se derrumbaba inexorable y dolorosamente. El estadio, en estado de abandono total, terminó por convertirse en depósito de papas. Una vergüenza que los hinchas de Racing nunca admitieron para la gloriosa historia de su club. Destéfano venció a Osvaldo Otero en las elecciones de 1991, que luego de una larga y engorrosa batalla judicial fueron declaradas fraudulentas. Sin embargo, la dilación de la Justicia le permitió al ex dirigente metalúrgico y de la CGT mantenerse en el cargo y presentarse en los comicios de 1995, en los que fue vencido por Otero, en ese momento apoyado por Daniel Lalín, quien comenzó a conducir el fútbol profesional con el aporte de capitales propios.
García: El Turco llegó a Racing en 1991, desde el Lyon, de Francia. Fue un puntero derecho de buenos centros y preciso en la definición.
Parecía que era la gran oportunidad del club para renacer de las cenizas. Las obras de reacondicionamiento del estadio se pusieron en marcha, mientras un equipo con nuevas figuras comenzaba su participación en el torneo Apertura 1995, con Pedro Marchetta como director técnico, quien luego le dejó su lugar a Miguel Brindisi. El equipo fue segundo y peleó hasta la última fecha con el Vélez de Carlos Bianchi.
El club dio otro paso en pos de su saneamiento definitivo: en 1996 se cerró el concurso de acreedores y se abrió uno nuevo, siempre bajo la tutela del juez Enrique Gorostegui. El pasivo del club se redujo de 24.000.000 a 12.000.000 de dólares y eso fue festejado por la nueva dirigencia como un título.
Iglesias: Fue goleador del equipo en su primera temporada en Racing. Fue campeón de la Supercopa en el 88. “Aparece el Totigol”, decía la hinchada.
Con el tiempo, entre Otero y Lalín surgieron diversas diferencias que minaron el camino del club. Lalín se alejó de la entidad y se convirtió en el peor enemigo de Otero. A todo esto, Destéfano aportaba su granito de arena desde afuera cada vez que podía para hacer crecer un germen que llevó a Racing casi a la extinción: las tremendas luchas intestinas.
El club volvió a desviarse. Perdió la oportunidad de enderezar sus cuentas, las cuales empezaron a inflarse en rojo como nunca antes. El club se sostenía en base a préstamos que servía para pagar deudas, pero también para engrosar el pasivo.
En medio de otra crisis, a fines de 1997, Daniel Lalín se impuso en las elecciones a Enrique Cappozzolo y Mario Fracchia y se convirtió en el nuevo presidente de la institución. Sus promesas de devolver a Racing a los primeros planos terminaron pronto. El empresario gastronómico utilizó la misma fórmula que en el comienzo de la presidencia de Otero: trajo un nuevo técnico, Angel Cappa, y formó un equipo de nuevas figuras, adquiridas con capitales propios, pero que en definitiva debía pagar Racing. El 14 de julio de 1998, mientras el plantel realizaba la pretemporada en Concordia, Entre Ríos, presentó el pedido de quiebra, que fue aceptado por el juez Enrique Gorostegui.
Claudio López: Debutó en Racing en 1992 y desplegó su velocidad por ambas puntas. Jugó en la Selección Argentina hasta 2003.
Lalín pretendió hacer una jugada económica para evitar la presión insostenible de tener que levantar permanentemente embargos para que el equipo pudiera utilizar a los refuerzos. Pero el tiro le salió por la culata.
La síndico Liliana Ripoll, designada por el juez Gorostegui, tomó las riendas del club e hizo un manejo austero. De a poco, recortó los gastos del equipo, lo que significó también la resignación deportiva a no pelear en los primeros puestos.
Paz: El uruguayo fue campeón en la Supercopa del 88 y ese año le otorgaron el Olimpia de plata al futbolista del año.
Así y todo, las crecientes dificultades económicas hicieron inviable la normal continuidad de la entidad. Lalín perdió poder y en marzo de 1999 llegó un momento crucial en la historia de Racing. Fue cuando la síndico pronunció la frase que nunca nadie quiso escuchar: “Racing Club Asociación Civil ha dejado de existir”. Era el fin.
a: Racing Club.
3 Parte:
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