Viendo la televisión en jaula El cine negro norteamericano otorgó fama a San Quintín, una violenta cárcel construida en 1852, la época de la fiebre del oro, a la que iban a parar los más peligrosos delincuentes de la mafia, recoge EFE. Las medidas de seguridad son extremas y entre sus barrotes miles de presos conviven con los reos condenados a la inyección letal. Cory Adams, de 25 años, ve una película dentro de una de las jaulas del centro médico en la prisión estatal de San Quintín. Terapia de grupo en jaula Varios presos del ala de segregación participan en una sesión de terapia en grupo. Las medidas de seguridad de la cárcel son extremas porque los reos son muy peligrosos, recoge EFE. Por ejemplo, no se sirve carne nunca en forma de filete o chuleta porque los presos podrían fabricar un arma punzante con los huesos. El asesino de Kennedy y otros delincuentes A lo largo de sus más de 150 años de historia, la prisión ha albergado algunos de los criminales más infames y notorios del país: Bart el ladrón de Negro, el asesino en serie Charles Manson y Sirhan Sirhan, condenado a muerte por el asesinato de Robert F. Kennedy, relata el Daily Mail. En la foto, Chris Willis, de 34 años, trabaja en el patio de ejercicios en la prisión estatal de San Quintín. 700 hombres esperando la muerte En San Quintín, el corredor de la muerte alberga a más de 700 hombres que esperan su ejecución, según el New York Times. En la foto, la entrada al corredor. La camara de gas La prisión de San Quintín, que alberga a más de 5.000 presos es la única del Estado que todavía tiene una cámara de gas, desvela el Daily Mail. Marvin Marvin Caldwell, de 63 años, mira fuera de su celda en la prisión estatal de San Quintín. Dice que fue condenado a 20 años de cárcel por hurto y posesión de metanfetamina. Ejercicio Un prisionero hace ejercicio en una de las celdas segregadas en la prisión estatal de San Quintín. Divididos por el peligro En la cárcel hay dos mundos opuestos: el ala norte, con reos de buen comportamiento, historial más o menos limpio, con ciertos privilegios como pasar tiempo fuera de las celdas y decorarlas a su gusto, describe EFE. En el ala oeste la situación es bien distinta:abunda la violencia, las peleas entre bandas, los suicidios y la "ley de los matones". En la foto, plano del exterior de las celdas en una de las áreas de la prisión. El corredor de la muerte por dentro Una vista al corredor de la muerte por dentro. En el dentista Un preso visita el dentista en el centro médico en la prisión estatal de San Quintín. Una foto de familia Donte y su esposa Candy se toman una foto de familia con sus hijos delante de un telón de fondo con la vista del puente Golden Gate en la prisión de San Quintín. Cinturón de condenado Alberto Ruiz, de 50 años, condenado a muerte por asesinato, pasea por un pasillo en la prisión estatal de San Quintín en San Quintín. Condenado a muerte Alberto Ruiz, de 50 años, reo condenado a muerte por asesinato, pasea por el pasillo de la prisión estatal de San Quintín. Cuidado a los chivatos o mejor conocido como soplon El poder de cada banda es brutal. Los jefes dominan a los reos y les obligan a demostrar su fidelidad con duras pruebas. Por ejemplo, atacar a un compañero. Si el agredido sobrevive nunca denunciará a su agresor porque sabe que un chivato acaba asesinado.
Visita por dentro San Quintín, la cárcel más antigua de EEUU
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