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La ciudades fantasmas de la U.R.S.S

Info6/29/2015
La Unión Soviética posee varios récords históricos difícilmente igualables. Durante más de cinco décadas fue no sólo el Estado más extenso del planeta, y con amplísima diferencia sobre el segundo, sino probablemente el más extenso de toda la Historia. La República Soviética de Rusia fue también, durante ese tiempo, y de lejos, la entidad subnacional más grande del mundo. Y la desintegración de la URSS supuso la aparición de más países que cualquier otro proceso de desmembración conocido. Hasta 15 nuevos países, Rusia aparte, nacieron entre 1990 y 1991. En ese territorio inmenso, que abarca tres océanos, dos continentes y veintidos millones de kilómetros cuadrados, la caída del sistema supuso también el abandono de ciudades enteras cuya existencia era debida únicamente al interés estratégico o militar del gobierno de Moscú. Otros lugares quedaron abandonados por guerras, desastres naturales y artificiales o, sencillamente, porque se murieron poco a poco. Por todo el territorio ex soviético, de Ucrania a Siberia y del Ártico al Mar Negro, docenas de ciudades y pueblos han quedado abandonados, a merced de los elementos y de la naturaleza, que se ceba con ellos. Prípiat, Kadykchan, Agdam, nombres de ciudades que en su día fueron el centro de la vida de miles de personas y hoy no son más que cáscaras. Pecios de un sistema insostenible, monumentos a la nostalgia, derrelictos repletos de historia, son muchos lugares que bien merecen una visita, aunque sea virtual.





La base soviética de Skrunda-1, en Letonia, abandonada en 1998 y vendida este mismo año por 2 millones de euros a un anónimo ruso en una subasta.



Prípiat, la tierra de los lobos.

En la madrugada del 26 de abril de 1986 el reactor número cuatro de la Central Nuclear de Chernóbil (actual Ucrania) volaba por los aires, matando a 31 personas en el acto, y provocando un incendio de proporciones colosales. Los niveles de radiación alcanzados inmediatamente después multiplicaban por varios cientos de miles las cifras consideradas seguras; en la ciudad de Prípiat, donde vivían la mayor parte de los trabajadores de la central y sus familias, la radiación alcanzó en menos de 24 horas niveles mil veces superiores a lo normal, por lo que se decidió que la ciudad fuera evacuada por completo. En aquel momento la ciudad tenía más de 40.000 habitantes.









Cientos de autobuses llegados desde Kiev y las repúblicas limítrofes trasladaron a la población a aldeas y pueblos cercanos, a casas de familiares en Kiev, o a cualquier parte lejos del infierno nuclear. A la población se le dijo que el traslado sería temporal. Libros, fotos, recuerdos, muebles, posesiones, etc, fueron dejadas atrás, y allí permanecen casi un cuarto de siglo después. El ejército comenzó a disparar a los saqueadores cuando al cabo de una semana aparecieron televisores radiactivos en las tiendas de electrodomésticos de Kiev. La población quedó desierta en unas horas; poco después se decretó una zona de alienación de diez kilómetros de radio alrededor de la central. Esta zona después se ampliaría hasta treinta kilómetros a la redonda. Más de ciento cincuenta mil personas fueron evacuadas de un área que ya abarcaba varios miles de kilómetros cuadrados de superficie. Cuando se fueron los liquidadores, lo que quedó fue la Zona de Alienación. Una zona restringida que se extiende sobre tres paises y en la que nadie, o casi nadie, se atreve a vivir, o siquiera a adentrarse.




Arriba, mapa de La Zona. El área clausurada afecta a tres países; el más perjudicado es Bielorrusia, que no concede permisos de acceso, al contrario que Ucrania. Bajo estas líneas, edificios abandonados en Prípiat.







La central de Chernóbil se encuentra a apenas 14 kilómetros de la frontera con Bielorrusia, y fue este país quie se llevó la peor parte. Los vientos llevaron más del 60% del material radiactivo al territorio bielorruso, provocando la evacuación de decenas de pequeños pueblos y aldeas, cerrando varios miles de kilómetros cuadrados más a los seres humanos. Hoy aquello es uno de los desiertos más fantasmagóricos de la tierra. Casi un cuarto de siglo después la ciudad sigue atrapada en 1986; resulta sencillo encontrar periódicos, cartas o calendarios de la época. Deberes escolares y libros radiactivos se amontonan en las escuelas abandonadas, que han sido pasto de saqueadores y de la naturaleza. Un parque de atracciones, posiblemente el más horrendo y sobrecogedor de la Tierra, languidece a merced de los elementos, con los coches de choque convertidos en pequeños emisores de radiación y la noria oxidándose irremisiblemente. Nadie se acerca sin un contador Geiger a Prípiat. Y pocos se atreven a ir más allá.




Frontera entre Ucrania y Bielorrusia al norte de la central de Chernóbil. El cartel da la bienvenida a la RSS de Bielorrusia en los quince idiomas oficiales de la URSS. Debajo, otra vista de la desolación fronteriza cercana a Prípiat.






El parque de atracciones de Prípiat. No me digan que no da miedo.




El pueblo de Chernóbil, por sorprendente que parezca y pese a la prohibición, sigue habitado, Doscientas personas se atreven a residir allí, en mitad de La Zona. Al norte de Chernóbil y de Prípiat, en territorio bielorruso, se extiende un área cerrada mucho más grande que la zona ucraniana. Miles de hectáreas de bosque radiactivo completamente clausurado. En los mapas posteriores a la catástrofe la zona aparece como un enorme agujero, borrados los pueblos y las carreteras, todo rastro humano. Y sin embargo allí siguen. Carreteras por las que nunca pasa nadie, fronteras que nunca son cruzadas, pueblos invadidos por la vegetación. El mundo sin nosotros. En la frontera, la tierra no es de los seres humanos. Es de los lobos.
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