¿En realidad importa el resultado que tenga tu selección nacional en la Copa América? ¿En realidad ganas cuando ganan?, en realidad “Todos somos la Selección”? Por más proyección metafísica de identidad que hagamos, las personas que juegan en la cancha de juego no son las personas que ven el partido en el estadio o por televisión.
¿Acaso, más bien, no son la "maravilla" de la Copa del Mundo y el fanatismo deportivo en general– uno de los más vulgares y gruesos ejemplos de propaganda, enajenación y creación de identidades innecesarias en función del consumismo… El viejo pan y circo?
Borges decía que “el futbol es popular porque la estupidez es popular”. Es estúpido sufrir por algo en lo cual no tenemos participación ni influencia –por más que creamos noble o elevado concebir sentimientos abstractos de identificación y, así, concebirnos como encarnaciones de nuestro país o de nuestro equipo y, por lo tanto, estar sujeto a lo que les ocurre.
El fútbol funciona más como generador de fanatismo que como deporte hoy en día, y sobre todo en Argentina... Lo único que interesa es el resultado final... muy pocos disfrutan viendo el juego en sí,que de hecho es bastante absurdo, el ver a 22 tipos corriendo detrás de una pelota, es algo tosco.
Y esta estupidez del fútbol lleva a la gente al insulto, a la calumnia, a la humillación. Porque siempre los que ganan se burlan de los que pierden... los buenos ganadores están prácticamente extintos.
Si el amado equipo del espectador pierde, éste se la pasa insultando, agrediendo con un gran resentimiento, muy amargado… Hay hinchas que agreden a sus mujeres, a sus hijos, a sus amigos, a los hinchas del equipo rival y hasta a los mismos jugadores , una imbecilidad humana, ¿no?
Se dice que el futbol une a la gente. Y, si bien es una buena excusa para socializar y distender, en realidad lo que une en el trance de un torneo o en la estela que deja un título son los sentimientos dispersos de nacionalismo, de euforia chocarrera y de autoafirmación. Si bien es cierto que existen países donde muchos individuos tienen poca seguridad en sí mismos, es ridículo pensar que el futbol sea un "medicamento" que lleve a las personas psciológicamente a afirmar su individualidad y desprenderse de sus complejos.
En fin; con esto no quiero amargar el "placer" de ver un partido de fútbol, especialmente si es un hábito ocasional. Principalmente, el interés es hacer consciente el acto de ver un partido de futbol y ser capaz de distinguir hasta qué punto, al hacerlo, perdemos nuestra inteligencia crítica y llegamos a enajenarnos hasta caer en la idiotez.
¿Acaso, más bien, no son la "maravilla" de la Copa del Mundo y el fanatismo deportivo en general– uno de los más vulgares y gruesos ejemplos de propaganda, enajenación y creación de identidades innecesarias en función del consumismo… El viejo pan y circo?
Borges decía que “el futbol es popular porque la estupidez es popular”. Es estúpido sufrir por algo en lo cual no tenemos participación ni influencia –por más que creamos noble o elevado concebir sentimientos abstractos de identificación y, así, concebirnos como encarnaciones de nuestro país o de nuestro equipo y, por lo tanto, estar sujeto a lo que les ocurre.
El fútbol funciona más como generador de fanatismo que como deporte hoy en día, y sobre todo en Argentina... Lo único que interesa es el resultado final... muy pocos disfrutan viendo el juego en sí,que de hecho es bastante absurdo, el ver a 22 tipos corriendo detrás de una pelota, es algo tosco.
Y esta estupidez del fútbol lleva a la gente al insulto, a la calumnia, a la humillación. Porque siempre los que ganan se burlan de los que pierden... los buenos ganadores están prácticamente extintos.
Si el amado equipo del espectador pierde, éste se la pasa insultando, agrediendo con un gran resentimiento, muy amargado… Hay hinchas que agreden a sus mujeres, a sus hijos, a sus amigos, a los hinchas del equipo rival y hasta a los mismos jugadores , una imbecilidad humana, ¿no?
Se dice que el futbol une a la gente. Y, si bien es una buena excusa para socializar y distender, en realidad lo que une en el trance de un torneo o en la estela que deja un título son los sentimientos dispersos de nacionalismo, de euforia chocarrera y de autoafirmación. Si bien es cierto que existen países donde muchos individuos tienen poca seguridad en sí mismos, es ridículo pensar que el futbol sea un "medicamento" que lleve a las personas psciológicamente a afirmar su individualidad y desprenderse de sus complejos.
En fin; con esto no quiero amargar el "placer" de ver un partido de fútbol, especialmente si es un hábito ocasional. Principalmente, el interés es hacer consciente el acto de ver un partido de futbol y ser capaz de distinguir hasta qué punto, al hacerlo, perdemos nuestra inteligencia crítica y llegamos a enajenarnos hasta caer en la idiotez.