¿Has escuchado hablar de la Isla Sentinel del Norte? Probablemente no y, en parte, se debe a que es uno de los lugares más insólitos del planeta Tierra. ¿Qué lo hace tan especial? Sus habitantes, quienes han permanecido allí durante mucho tiempo, total y completamente aislados del resto del mundo.
Ya muy entrada la noche del 2 de agosto del año 1981, un carguero de bandera hongkonesa que surcaba las peligrosas aguas de la Bahía de Bengala terminó encallando en un arrecife de coral sumergido. El barco, apodado el Primrose, resultó irremediablemente atascado. Pero afortunadamente no había peligro de que se hundiera, así que después de un rutinario aviso por radio, el capitán ordenó a la tripulación prepararse para unos días de espera hasta que llegara el apoyo.
En la mañana siguiente, apenas comenzó a iluminar el Sol, los marineros pudieron ver una isla a unos cientos de metros del arrecife. La suposición fue que estaba deshabitada, dado que no había signos de edificaciones, caminos u otras señales de civilización alguna. Solamente una primitiva playa y detrás de ésta una densa selva. La playa parecía el lugar ideal para esperar al rescate, pero el capitán ordenó a sus navegantes permanecer a bordo del navío. Estaban en plena temporada de monzones, y al capitán le preocupaba perder a sus hombres en el mar agitado a bordo de pequeños botes salvavidas. O quizá había descubierto que aquella pequeña isla más allá del arrecife era, de hecho, Sentinel del Norte – la más mortal de las 204 islas que conforman las Islas Andamán.
Unos días más tarde, un equipo de observación situado a bordo del Primrose logró divisar un pequeño grupo de hombres de piel oscura que salían de entre la vegetación, abriéndose paso hacía la nave. ¿Se trataba del equipo de rescate? Era una posibilidad… hasta que los hombres se aproximaron un poco más y los marineros se dieron cuenta que cada uno de ellos estaba desnudo.
Desnudos y armados, pero no con armas de fuego. Cada uno de estos hombres iba equipado con una lanza, un arco y flechas, o algún tipo de arma primitiva. Inmediatamente el capitán volvió a emitir una llamada de auxilio por radio, esta vez con mucha más urgencia: “¡Hombres salvajes! Estimo que más de 50, equipados con varias armas rudimentarias, construyen dos o tres barcos de madera. Nos preocupa que nos aborden al atardecer.”.
Un mundo totalmente diferente.
Encuentros cercanos.
Eso fue lo más cerca que los Sentineli estuvieron del mundo exterior. A mediados de la década de 1990, el gobierno de la India resolvió que su política de forzar el contacto con los Sentineli no tenía sentido, y puso fin a las visitan en 1996.
Estas visitas quizá no tenían sentido para la India, pero realmente eran muy peligrosas para los Sentineli. Con su poca resistencia a las enfermedades de occidente, los Sentineli no sólo se arriesgaron como individuos con cada contacto con el exterior, sino que pusieron en riesgo a toda su comunidad. Eso fue precisamente lo que sucedió con otras tribus de las Andamán: cuando los británicos se establecieron en el sur de la región en 1858, la población nativa de las Andamán rondaba los 7,000 habitantes. La llegada de los colonos estuvo sucedida por epidemias, entre ellas la neumonía, el sarampión, paperas y la gripe rusa, que terminaron diezmando a las tribus. Después de un siglo y medio de exposición a enfermedades occidentales, su número se aproximaba a las 300 personas, y seguiría disminuyendo hasta que algunas se extinguieron por completo. Los Sentineli, al negarse al contacto con el mundo exterior, son la única tribu de la región que no ha enfrentado este destino.
Actualmente el gobierno indio mantiene una zona de prohibición de 5 kilómetros alrededor de la isla Sentinel del Norte con patrullaje marítimo y aéreo de forma regular. Una fuerte multa e incluso la prisión esperan a quien se atreva a cruzar el cerco de la zona
Ya muy entrada la noche del 2 de agosto del año 1981, un carguero de bandera hongkonesa que surcaba las peligrosas aguas de la Bahía de Bengala terminó encallando en un arrecife de coral sumergido. El barco, apodado el Primrose, resultó irremediablemente atascado. Pero afortunadamente no había peligro de que se hundiera, así que después de un rutinario aviso por radio, el capitán ordenó a la tripulación prepararse para unos días de espera hasta que llegara el apoyo.
En la mañana siguiente, apenas comenzó a iluminar el Sol, los marineros pudieron ver una isla a unos cientos de metros del arrecife. La suposición fue que estaba deshabitada, dado que no había signos de edificaciones, caminos u otras señales de civilización alguna. Solamente una primitiva playa y detrás de ésta una densa selva. La playa parecía el lugar ideal para esperar al rescate, pero el capitán ordenó a sus navegantes permanecer a bordo del navío. Estaban en plena temporada de monzones, y al capitán le preocupaba perder a sus hombres en el mar agitado a bordo de pequeños botes salvavidas. O quizá había descubierto que aquella pequeña isla más allá del arrecife era, de hecho, Sentinel del Norte – la más mortal de las 204 islas que conforman las Islas Andamán.
Unos días más tarde, un equipo de observación situado a bordo del Primrose logró divisar un pequeño grupo de hombres de piel oscura que salían de entre la vegetación, abriéndose paso hacía la nave. ¿Se trataba del equipo de rescate? Era una posibilidad… hasta que los hombres se aproximaron un poco más y los marineros se dieron cuenta que cada uno de ellos estaba desnudo.
Desnudos y armados, pero no con armas de fuego. Cada uno de estos hombres iba equipado con una lanza, un arco y flechas, o algún tipo de arma primitiva. Inmediatamente el capitán volvió a emitir una llamada de auxilio por radio, esta vez con mucha más urgencia: “¡Hombres salvajes! Estimo que más de 50, equipados con varias armas rudimentarias, construyen dos o tres barcos de madera. Nos preocupa que nos aborden al atardecer.”.
Un mundo totalmente diferente.
Encuentros cercanos.
Eso fue lo más cerca que los Sentineli estuvieron del mundo exterior. A mediados de la década de 1990, el gobierno de la India resolvió que su política de forzar el contacto con los Sentineli no tenía sentido, y puso fin a las visitan en 1996.
Estas visitas quizá no tenían sentido para la India, pero realmente eran muy peligrosas para los Sentineli. Con su poca resistencia a las enfermedades de occidente, los Sentineli no sólo se arriesgaron como individuos con cada contacto con el exterior, sino que pusieron en riesgo a toda su comunidad. Eso fue precisamente lo que sucedió con otras tribus de las Andamán: cuando los británicos se establecieron en el sur de la región en 1858, la población nativa de las Andamán rondaba los 7,000 habitantes. La llegada de los colonos estuvo sucedida por epidemias, entre ellas la neumonía, el sarampión, paperas y la gripe rusa, que terminaron diezmando a las tribus. Después de un siglo y medio de exposición a enfermedades occidentales, su número se aproximaba a las 300 personas, y seguiría disminuyendo hasta que algunas se extinguieron por completo. Los Sentineli, al negarse al contacto con el mundo exterior, son la única tribu de la región que no ha enfrentado este destino.
Actualmente el gobierno indio mantiene una zona de prohibición de 5 kilómetros alrededor de la isla Sentinel del Norte con patrullaje marítimo y aéreo de forma regular. Una fuerte multa e incluso la prisión esperan a quien se atreva a cruzar el cerco de la zona