Cuando los nueve jueces del Tribunal Supremo de Estados Unidos secuestran la democracia
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha legalizado el llamado "matrimonio homosexual" en todo el país (por cinco votos a cuatro), obligando mediante dicha sentencia a que todos los estados lo acepten, quiéranlo sus ciudadanos o no. Una vez más, como en el caso del aborto, el TS se ha arrogado la prerrogativa de sentenciar sobre un supuesto "derecho", cuando ello quienes debían decidirlo eran los ciudadanos de cada Estado en votación, que para eso Estados Unidos es verdaderamente una república federal. No hay nada que hacer, porque contra las decisiones de estas nueve personas (en este caso cinco, los que votaron a favor, que ya es decir) que integran el TS no cabe recurso alguno, por más que en determinados estados la democracia real esté en contra de su decisión.
Dicho sea de paso, es lo mismo que están intentando conseguir los contrarios a la pena de muerte, ya que como son conscientes de que por la vía democrática no llegaran a sus objetivos en determinados estados, lo quieren conseguir por el camino de la dictadura judicial; y al final creo que lo conseguirán.
En eso, en una dictadura judicial es en lo que Estados Unidos se está convirtiendo, en detrimento de la democracia de los estados.
Hay que recordar que este mismo tribunal constitucional en otra epoca abalo la esclavitud,
La constitución de 1787 de los Estados Unidos protegía el comercio de esclavos, y establecía que los esclavos que huyeran a los estados donde no había esclavitud, debían ser restituidos a sus dueños como bienes inmuebles.
La decisión del Supremo de los EE.UU, comparable por su importancia a la que convirtió en un derecho el asesinato legal de los niños no nacidos, deja en nada la voluntad popular de los ciudadanos en los estados donde se votó en contra de la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio.
Los cuatro jueces que se han mostrado contrarios al matrimonio homosexual han tenido que redactar sus propias opiniones individuales. Entre ellos destaca la contundencia del magistrado Antonin Scalia, que ha asegurado que la decisión supone una «amenaza para la democracia estadounidense» al considerar que entre el Supremo no hay representantes de los sectores estadounidenses más contrarios al matrimonio homosexual.
«Permitir que una cuestión como el matrimonio del mismo sexo sea decidida y resuelta por un grupo de patricios viola el principio de que no existe transformación social sin representación», escribe Scalia.
El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha legalizado el llamado "matrimonio homosexual" en todo el país (por cinco votos a cuatro), obligando mediante dicha sentencia a que todos los estados lo acepten, quiéranlo sus ciudadanos o no. Una vez más, como en el caso del aborto, el TS se ha arrogado la prerrogativa de sentenciar sobre un supuesto "derecho", cuando ello quienes debían decidirlo eran los ciudadanos de cada Estado en votación, que para eso Estados Unidos es verdaderamente una república federal. No hay nada que hacer, porque contra las decisiones de estas nueve personas (en este caso cinco, los que votaron a favor, que ya es decir) que integran el TS no cabe recurso alguno, por más que en determinados estados la democracia real esté en contra de su decisión.
Dicho sea de paso, es lo mismo que están intentando conseguir los contrarios a la pena de muerte, ya que como son conscientes de que por la vía democrática no llegaran a sus objetivos en determinados estados, lo quieren conseguir por el camino de la dictadura judicial; y al final creo que lo conseguirán.
En eso, en una dictadura judicial es en lo que Estados Unidos se está convirtiendo, en detrimento de la democracia de los estados.
Hay que recordar que este mismo tribunal constitucional en otra epoca abalo la esclavitud,
La constitución de 1787 de los Estados Unidos protegía el comercio de esclavos, y establecía que los esclavos que huyeran a los estados donde no había esclavitud, debían ser restituidos a sus dueños como bienes inmuebles.
La decisión del Supremo de los EE.UU, comparable por su importancia a la que convirtió en un derecho el asesinato legal de los niños no nacidos, deja en nada la voluntad popular de los ciudadanos en los estados donde se votó en contra de la equiparación de las uniones homosexuales al matrimonio.
Los cuatro jueces que se han mostrado contrarios al matrimonio homosexual han tenido que redactar sus propias opiniones individuales. Entre ellos destaca la contundencia del magistrado Antonin Scalia, que ha asegurado que la decisión supone una «amenaza para la democracia estadounidense» al considerar que entre el Supremo no hay representantes de los sectores estadounidenses más contrarios al matrimonio homosexual.
«Permitir que una cuestión como el matrimonio del mismo sexo sea decidida y resuelta por un grupo de patricios viola el principio de que no existe transformación social sin representación», escribe Scalia.