China desafía a EE.UU. pero sigue atrás
China se ha enriquecido más rápido que cualquier otro país de gran tamaño en la historia. En 1980, su participación en la producción mundial era un mísero 2,2%. En una década, se convirtió en la economía más grande del mundo, con una participación de alrededor del 20%.
En 1980, China todavía vivía detrás de un muro. Hoy, recorre el mundo buscando materias primas y envía, a cambio, manufacturas de todo tipo. Es el principal socio comercial de la mayoría de los países de Asia. Su diplomacia está financiada por un suministro, que parece inagotable, de contratos por miles de millones de dólares. "Si este no es un giro que altere al mundo, resulta difícil imaginar qué lo sería", escribió el economista, Jeffrey Sachs.
Con frecuencia, esta transformación económica es interpretada como que el mundo se parará de cabeza. En 23 de los 39 países incluidos en el relevamiento realizado por Pew Research, la mayoría de la gente pensó que China ocupó u ocupará el lugar de Estados Unidos como superpotencia dominante. Se sospecha que China planea con paciencia ocupar todos los empleos, robar todos los secretos, sabotear la economía mundial, atacar a Taiwán y comprar África. Sin embargo, la pregunta que rara vez se plantea es cómo hará China para convertir el milagro económico del que hace ostentación, en poder geopolítico. Los líderes del Partido Comunista en Pekín parecen comprender que la respuesta no es directa.
Resulta natural que China sea más asertiva. La creciente riqueza agudiza el apetito de poder. A medida que se hace más rica, China demanda más respeto, está menos preparada a aceptar un No como respuesta y descubre nuevas necesidades y deseos. Un siglo de humillación a manos de extranjeros ha dejado un legado de resentimiento y un público pronto para detectar nuevos deslices. Ceremonias semanales para izar la bandera y discursos patrióticos en las escuelas -alentados después de las protestas en la Plaza Tiananmen, en 1989, que suscitaron una masacre-, ayudaron a inculcar el espíritu nacionalista.
Misiones
La creciente riqueza también permite pagar mejores Fuerzas Armadas. Tras haber sido testigo del devastador uso de armas de precisión por parte de Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo y en la campaña de bombardeos en Kosovo, China llegó a la conclusión de que no podía seguir dependiendo de un Ejército masivo de campesinos. La ruina financiera de la Unión Soviética demostró el peligro de caer en una carrera armamentista con Estados Unidos. Por tanto, China ha dedicado sus recursos a dos misiones relacionadas: estar en condiciones de tomar por la fuerza la isla de Taiwán y negar el acceso a sus aguas costeras a los barcos de guerra estadounidenses. Con una combinación de submarinos, misiles, tecnología espacial y ciberarmas, China espera poder frustrar el arsenal estadounidenses de portaaviones y bases en el exterior.
Eso se complementa con el acercamiento diplomático de China a Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, rechaza la primacía estadounidense y los valores que esta implica. Está decidido a restablecer el papel internacional de Rusia. Hace pocos meses, al escribir en The New York Times, Putin indicó que "millones alrededor del mundo ven cada vez más a Estados Unidos no como un modelo de democracia, sino dependiendo solo de su fuerza bruta". Quiere frenar la influencia estadounidense. Cuando China y Rusia se juntan, tienen poder de bloqueo en Naciones Unidas, por ejemplo, sobre la remoción del régimen de Siria o la imposición de nuevas sanciones a Irán.
Esto perjudica la capacidad de Estados Unidos de hacer cosas, pero no representa un desafío a la primacía de ese país.
Diferencias
Los efectos geopolíticos de una economía creciente son una función no solo de la producción, sino también de la riqueza. Si la economía de China tuviera el tamaño de la de Estados Unidos, medida por poder de compra, el ciudadano medio sería tan rico como un croata o un húngaro, pero la mitad de rico que un estadounidense. China tiene más gente, pero Estados Unidos es una fuente más grande de tecnología y capital humano y financiero. Eso es geopolíticamente más potente que el simple conteo de personas.
Además, la economía de China ha prosperado por estar estrechamente conectada con el resto del mundo. China no puede desafiar a Estados Unidos sin hacer gran daño al crecimiento económico que es la fuente de legitimidad interna del Partido Comunista. Si intentara deshacerse de sus tenencias de Bonos del Tesoro de Estados Unidos por US$ 1,3 billones, o de alguna manera lograra que las empresas chinas actuaran de manera concertada, no solo perdería en sus inversiones, sino también sufriría de la recesión global resultante, y se destruiría su credibilidad como inversor y abastecedor. Para una economía que ha prosperado a través del comercio, esa parece una estrategia de auto derrota.
El comercio de por sí, no es garantía de paz: hace un siglo Europa tomó las trincheras pese a que Gran Bretaña era el principal mercado de exportación de Alemania. Pero, China se encuentra en una posición débil para sacrificar el comercio por la gloria nacional. Perdería sus principales clientes y como señala el académico estadounidense Bruce Jones en su próximo libro, su economía depende de que las importaciones de petróleo fluyan a través de los estrechos de Hormuz y Malaca. Los dos están bajo control estadounidense.
Una respuesta sería que China construyera una Armada. Pero, eso está lejos. El gasto militar estadounidense supera por lejos al del resto. Una gran brecha permanecerá aunque China continúe incrementando su gasto y Estados Unidos realice recortes, como probablemente ocurra en ambos casos. Concentrarse en el Presupuesto estadounidense de este año, ignora el monto de la inversión de los últimos años. Lo más importante: ignora la experiencia acumulada por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en batallas. Los asaltos iniciales contra Irak y Afganistán mostraron cómo las fuerzas estadounidenses pueden combinarse entre sí para lograr efectos devastadores. Si China fuera a la guerra, estaría poniendo en el campo sistemas y doctrinas que nunca fueron probadas en combate vivo. También arriesgaría una escalada nuclear.
Pese a la quisquillosa retórica en el diario nacionalista chino Global Times y más allá de los pronósticos lóbregos en Washington, China hace lo máximo para mantener estables sus relaciones con Estados Unidos.
Montaña
Douglas Paal, de la Fundación Carnegie, destaca que después de una historia reciente de agria incomunicación, sus Fuerzas Armadas e inteligencia militar comenzaron a hablar. Los dos países abordaron con éxito el caso del jefe de Policía de Chongquing que apareció en el Consulado estadounidense y fue entregado a las autoridades; y el de un militante político ciego, quien resurgió en Pekín y se le permitió que emigrara a Estados Unidos. Tardíamente, comenzaron a cooperar mejor respecto de Corea del Norte y, en silencio, explorar qué pasaría si colapsa.
El desafío de China a Estados Unidos no es por la primacía global. Si lo fuera, China tendría que escalar una montaña, en lo militar y diplomático, y el mundo tendría una década de advertencia. En cambio, el desafío de China es regional -por los vínculos de Estados Unidos con los países que la rodean, Taiwán y las disputas territoriales en el Mar de China del Sur. Y es sobre procedimientos -respecto de cómo funciona el sistema y cuánto podrá decir China.
China solo es el ejemplo más grande de un problema más amplio para Estados Unidos. Otros países como India, Turquía, Brasil e Indonesia, también están adquiriendo el sabor del poder. Ellos parecen querer competir dentro de un sistema, más que voltearlo. Y, ¿si eso hace inviable la primacía de Estados Unidos?
EGIPTO
China tiene en Rusia a un puntal para frustrar a Estados Unidos, aunque no para desafiarlo. La economía rusa tiene un buen desempeño cuando los precios de la energía están en ascenso, pero ya se multiplicaron por cinco en los últimos 15 años y no es probable que se dupliquen un par de veces más. En el futuro, es probable que Putin esté escaso de dinero. También está asediado por el islamismo en el Cáucaso. Rusia es una potencia descontenta y en declinación.
Si China realmente quisiera desafiar a Estados Unidos, Rusia probablemente se asustara. Por ahora, votan juntos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y firman acuerdos energéticos para desarrollar juntos el este de Siberia. Fiona Hill, de la Brookings Institution, en Washington, puntualiza que hay límites hasta donde Putin creará problemas en Naciones Unidas. No quiere alejar la diplomacia del Consejo de Seguridad, porque es el foro en que tiene el mayor poder. Además, la frontera sino-rusa es una permanente fuente de tensión: densamente poblada del lado chino y vacía del lado ruso que es rico en recursos naturales. Putin ha visto cómo Asia Central se inclina hacia China. Él y sus sucesores temerán los designios chinos en el extremo oriente de Rusia.
Por lejos, Rusia es el aliado más útil de China. Los otros -Camboya, Laos, Corea del Norte y Pakistán- no ayudarían mucho en un desafío a Estados Unidos. En contraste, Estados Unidos tiene una lista de apoyo que gana en el mundo. Cuenta con alrededor de 60 de los 150 países más grandes en población como sus aliados, así como otros 40 que tienden a inclinarse hacia su lado, y China parece aun más rezagada. Japón, Corea del Sur y Australia están ligados a Estados Unidos e India es su socio. China no puede desafiar militarmente a Estados Unidos sin ganar al menos para su lado a uno de ellos.
A China le resultará difícil. Hizo todo lo posible para cultivar a Myanmar, poniendo dinero y gente. Pero, los líderes de Myanmar descubrieron que el abrazo de China era paralizante. En cambio, decidieron abrirse a Occidente y buscar reformas democráticas y de mercado. Querían "algo mejor para sus hijos", indica Douglas Paal, de la Fundación Carnegie para la Paz Mundial, en Washington. Fue el último ejemplo del brillo de la primacía estadounidense. the economist
Ganan en riqueza
Los intentos de China de mostrar una imagen de meritocracia y eficiencia en comparación con la política del dinero de Estados Unidos, no resultan totalmente convincentes. Los 50 miembros más ricos del Congreso estadounidense tienen una riqueza total de US$ 1.600 millones, lo que es una nimiedad en comparación con un monto quizás de US$ 95.000 millones de sus contrapartes del Congreso Nacional del Pueblo de China.
FIN
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China se ha enriquecido más rápido que cualquier otro país de gran tamaño en la historia. En 1980, su participación en la producción mundial era un mísero 2,2%. En una década, se convirtió en la economía más grande del mundo, con una participación de alrededor del 20%.
En 1980, China todavía vivía detrás de un muro. Hoy, recorre el mundo buscando materias primas y envía, a cambio, manufacturas de todo tipo. Es el principal socio comercial de la mayoría de los países de Asia. Su diplomacia está financiada por un suministro, que parece inagotable, de contratos por miles de millones de dólares. "Si este no es un giro que altere al mundo, resulta difícil imaginar qué lo sería", escribió el economista, Jeffrey Sachs.
Con frecuencia, esta transformación económica es interpretada como que el mundo se parará de cabeza. En 23 de los 39 países incluidos en el relevamiento realizado por Pew Research, la mayoría de la gente pensó que China ocupó u ocupará el lugar de Estados Unidos como superpotencia dominante. Se sospecha que China planea con paciencia ocupar todos los empleos, robar todos los secretos, sabotear la economía mundial, atacar a Taiwán y comprar África. Sin embargo, la pregunta que rara vez se plantea es cómo hará China para convertir el milagro económico del que hace ostentación, en poder geopolítico. Los líderes del Partido Comunista en Pekín parecen comprender que la respuesta no es directa.
Resulta natural que China sea más asertiva. La creciente riqueza agudiza el apetito de poder. A medida que se hace más rica, China demanda más respeto, está menos preparada a aceptar un No como respuesta y descubre nuevas necesidades y deseos. Un siglo de humillación a manos de extranjeros ha dejado un legado de resentimiento y un público pronto para detectar nuevos deslices. Ceremonias semanales para izar la bandera y discursos patrióticos en las escuelas -alentados después de las protestas en la Plaza Tiananmen, en 1989, que suscitaron una masacre-, ayudaron a inculcar el espíritu nacionalista.
Misiones
La creciente riqueza también permite pagar mejores Fuerzas Armadas. Tras haber sido testigo del devastador uso de armas de precisión por parte de Estados Unidos en la primera Guerra del Golfo y en la campaña de bombardeos en Kosovo, China llegó a la conclusión de que no podía seguir dependiendo de un Ejército masivo de campesinos. La ruina financiera de la Unión Soviética demostró el peligro de caer en una carrera armamentista con Estados Unidos. Por tanto, China ha dedicado sus recursos a dos misiones relacionadas: estar en condiciones de tomar por la fuerza la isla de Taiwán y negar el acceso a sus aguas costeras a los barcos de guerra estadounidenses. Con una combinación de submarinos, misiles, tecnología espacial y ciberarmas, China espera poder frustrar el arsenal estadounidenses de portaaviones y bases en el exterior.
Eso se complementa con el acercamiento diplomático de China a Rusia, cuyo presidente, Vladimir Putin, rechaza la primacía estadounidense y los valores que esta implica. Está decidido a restablecer el papel internacional de Rusia. Hace pocos meses, al escribir en The New York Times, Putin indicó que "millones alrededor del mundo ven cada vez más a Estados Unidos no como un modelo de democracia, sino dependiendo solo de su fuerza bruta". Quiere frenar la influencia estadounidense. Cuando China y Rusia se juntan, tienen poder de bloqueo en Naciones Unidas, por ejemplo, sobre la remoción del régimen de Siria o la imposición de nuevas sanciones a Irán.
Esto perjudica la capacidad de Estados Unidos de hacer cosas, pero no representa un desafío a la primacía de ese país.
Diferencias
Los efectos geopolíticos de una economía creciente son una función no solo de la producción, sino también de la riqueza. Si la economía de China tuviera el tamaño de la de Estados Unidos, medida por poder de compra, el ciudadano medio sería tan rico como un croata o un húngaro, pero la mitad de rico que un estadounidense. China tiene más gente, pero Estados Unidos es una fuente más grande de tecnología y capital humano y financiero. Eso es geopolíticamente más potente que el simple conteo de personas.
Además, la economía de China ha prosperado por estar estrechamente conectada con el resto del mundo. China no puede desafiar a Estados Unidos sin hacer gran daño al crecimiento económico que es la fuente de legitimidad interna del Partido Comunista. Si intentara deshacerse de sus tenencias de Bonos del Tesoro de Estados Unidos por US$ 1,3 billones, o de alguna manera lograra que las empresas chinas actuaran de manera concertada, no solo perdería en sus inversiones, sino también sufriría de la recesión global resultante, y se destruiría su credibilidad como inversor y abastecedor. Para una economía que ha prosperado a través del comercio, esa parece una estrategia de auto derrota.
El comercio de por sí, no es garantía de paz: hace un siglo Europa tomó las trincheras pese a que Gran Bretaña era el principal mercado de exportación de Alemania. Pero, China se encuentra en una posición débil para sacrificar el comercio por la gloria nacional. Perdería sus principales clientes y como señala el académico estadounidense Bruce Jones en su próximo libro, su economía depende de que las importaciones de petróleo fluyan a través de los estrechos de Hormuz y Malaca. Los dos están bajo control estadounidense.
Una respuesta sería que China construyera una Armada. Pero, eso está lejos. El gasto militar estadounidense supera por lejos al del resto. Una gran brecha permanecerá aunque China continúe incrementando su gasto y Estados Unidos realice recortes, como probablemente ocurra en ambos casos. Concentrarse en el Presupuesto estadounidense de este año, ignora el monto de la inversión de los últimos años. Lo más importante: ignora la experiencia acumulada por las Fuerzas Armadas de Estados Unidos en batallas. Los asaltos iniciales contra Irak y Afganistán mostraron cómo las fuerzas estadounidenses pueden combinarse entre sí para lograr efectos devastadores. Si China fuera a la guerra, estaría poniendo en el campo sistemas y doctrinas que nunca fueron probadas en combate vivo. También arriesgaría una escalada nuclear.
Pese a la quisquillosa retórica en el diario nacionalista chino Global Times y más allá de los pronósticos lóbregos en Washington, China hace lo máximo para mantener estables sus relaciones con Estados Unidos.
Montaña
Douglas Paal, de la Fundación Carnegie, destaca que después de una historia reciente de agria incomunicación, sus Fuerzas Armadas e inteligencia militar comenzaron a hablar. Los dos países abordaron con éxito el caso del jefe de Policía de Chongquing que apareció en el Consulado estadounidense y fue entregado a las autoridades; y el de un militante político ciego, quien resurgió en Pekín y se le permitió que emigrara a Estados Unidos. Tardíamente, comenzaron a cooperar mejor respecto de Corea del Norte y, en silencio, explorar qué pasaría si colapsa.
El desafío de China a Estados Unidos no es por la primacía global. Si lo fuera, China tendría que escalar una montaña, en lo militar y diplomático, y el mundo tendría una década de advertencia. En cambio, el desafío de China es regional -por los vínculos de Estados Unidos con los países que la rodean, Taiwán y las disputas territoriales en el Mar de China del Sur. Y es sobre procedimientos -respecto de cómo funciona el sistema y cuánto podrá decir China.
China solo es el ejemplo más grande de un problema más amplio para Estados Unidos. Otros países como India, Turquía, Brasil e Indonesia, también están adquiriendo el sabor del poder. Ellos parecen querer competir dentro de un sistema, más que voltearlo. Y, ¿si eso hace inviable la primacía de Estados Unidos?
EGIPTO
China tiene en Rusia a un puntal para frustrar a Estados Unidos, aunque no para desafiarlo. La economía rusa tiene un buen desempeño cuando los precios de la energía están en ascenso, pero ya se multiplicaron por cinco en los últimos 15 años y no es probable que se dupliquen un par de veces más. En el futuro, es probable que Putin esté escaso de dinero. También está asediado por el islamismo en el Cáucaso. Rusia es una potencia descontenta y en declinación.
Si China realmente quisiera desafiar a Estados Unidos, Rusia probablemente se asustara. Por ahora, votan juntos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y firman acuerdos energéticos para desarrollar juntos el este de Siberia. Fiona Hill, de la Brookings Institution, en Washington, puntualiza que hay límites hasta donde Putin creará problemas en Naciones Unidas. No quiere alejar la diplomacia del Consejo de Seguridad, porque es el foro en que tiene el mayor poder. Además, la frontera sino-rusa es una permanente fuente de tensión: densamente poblada del lado chino y vacía del lado ruso que es rico en recursos naturales. Putin ha visto cómo Asia Central se inclina hacia China. Él y sus sucesores temerán los designios chinos en el extremo oriente de Rusia.
Por lejos, Rusia es el aliado más útil de China. Los otros -Camboya, Laos, Corea del Norte y Pakistán- no ayudarían mucho en un desafío a Estados Unidos. En contraste, Estados Unidos tiene una lista de apoyo que gana en el mundo. Cuenta con alrededor de 60 de los 150 países más grandes en población como sus aliados, así como otros 40 que tienden a inclinarse hacia su lado, y China parece aun más rezagada. Japón, Corea del Sur y Australia están ligados a Estados Unidos e India es su socio. China no puede desafiar militarmente a Estados Unidos sin ganar al menos para su lado a uno de ellos.
A China le resultará difícil. Hizo todo lo posible para cultivar a Myanmar, poniendo dinero y gente. Pero, los líderes de Myanmar descubrieron que el abrazo de China era paralizante. En cambio, decidieron abrirse a Occidente y buscar reformas democráticas y de mercado. Querían "algo mejor para sus hijos", indica Douglas Paal, de la Fundación Carnegie para la Paz Mundial, en Washington. Fue el último ejemplo del brillo de la primacía estadounidense. the economist
Ganan en riqueza
Los intentos de China de mostrar una imagen de meritocracia y eficiencia en comparación con la política del dinero de Estados Unidos, no resultan totalmente convincentes. Los 50 miembros más ricos del Congreso estadounidense tienen una riqueza total de US$ 1.600 millones, lo que es una nimiedad en comparación con un monto quizás de US$ 95.000 millones de sus contrapartes del Congreso Nacional del Pueblo de China.
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