¿DE QUÉ HABLAMOS CUANDO HABLAMOS DE CULTURA? En un sentido amplio, cultura es la suma de las actividades humanas, todo lo que el hombre hace para modificar su entorno o incidir sobre él. Pero acotando un poco este enfoque, podríamos definir como cultura al conjunto de saberes, habilidades y conocimientos que una comunidad posee. No se trata de un cúmulo de atributos inmutable, sino que sus componentes están en perpetua transformación. Se puede alentar y mejorar el patrimonio cultural, o por el contrario se lo puede bastardear y envilecer. Y esto último es lo que ha venido ocurriendo desde hace décadas en nuestro país. También en otros, desde ya, pero que de los otros se ocupen sus ciudadanos. En mi modesta opinión la base de todo lo bueno y lo malo que genera un pueblo reside en la cultura. No hay cambio social sin cambio cultural. No hay mejora en el nivel de vida si esta no viene de adentro. Más y mejor cultura nos hará más y mejores personas. Sin ir tan lejos, unas décadas atrás, en la Argentina ya había delincuentes (vaya novedad). Pero estos tenían ciertos parámetros, códigos o límites (como prefieran llamarlos) que enmarcaban su accionar dentro de un conjunto de valores. Por ejemplo: a un viejo, a una mujer o a un niño, no se los golpeaba ni agredía. Si alguien era chorro, no necesariamente debía ser asesino. Ciertos actos que deshonran la condición humana eran considerados aberrantes y rechazados incluso por los “malvivientes”. Hoy, la decadencia cultural, sumada a la aparición de factores concretos de alienación -en especial las drogas basura- ha generado un nuevo modelo de delincuente que carece prácticamente de rasgos humanos, si consideramos como tales a los sentimientos y a ciertos límites que cualquier persona se auto impone. ¿Qué batalla deberíamos dar para revertir esta situación? ¿Alcanza con radares en las fronteras y control policial? ¿Alcanza con el desplazamiento de cúpulas corruptas, con nuevos mapas del delito, con más armas y efectivos, con instalación de cámaras, con recompensas a quien denuncie a los narcos? Está claro que no, que no alcanza. Está claro (o debería estarlo) que más represión y control es atacar solo la punta del iceberg, ignorando lo que está sumergido. Y lo sumergido es un entramado siniestro y decadente de valores, determinado por la extrema ignorancia, por la acción nefasta de los medios masivos (la TV en especial), la falta de una escuela eficaz, de premios a los buenos ejemplos, de propuestas integradoras que le devuelvan a las personas su condición de tales, sacándolos de la miseria, el atraso y la parálisis mental. ¿Cuánto hay que invertir para cambiar de raíz esta situación? Todo lo que se invierta es poco. Porque está en juego nuestra devastada calidad de vida. Habitamos un país atravesado por la ignorancia, sometido a los exabruptos de la prepotencia, con la ley del más fuerte como único argumento, con la vida de muchos (demasiados), convertida en un mero conjunto de signos vitales. ¿Tienen conciencia nuestros dirigentes de esta necesidad imperiosa? No lo parece. Al menos no se refleja en el discurso que bajan a la sociedad ni en el sonsonete que nos endilgan catalogando a la Argentina como “un país de buena gente”. La batalla cultural, insisto, es la madre de todas las batallas. Y hoy por hoy la estamos perdiendo por goleada. Juan Carlos Muñiz
¿ De que hablamos cuando hablamos de CULTURA ?
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