¿Somos amos o esclavos de la tecnología?
La tecnología facilita nuestras vidas, eso es un hecho. Aunque en ocasiones nos la complica de forma absurda, es por ejemplo increíble que debido a que “no haya sistema” un banco prácticamente deje de funcionar, pero bueno ese no es el punto de esto.
La tecnología es un ayudante, supuestamente un siervo legalmente adquirido en un siglo en que la esclavitud está ya prohibida. Sin embargo, al final ya no queda tan claro quién es el amo y quién el esclavo en este asunto de la tecnología.
Actualmente pareciera que el caso ya no es que nosotros nos sirvamos de los adelantos existentes en telefonía, electrónica y demás artilugios modernos; sino que debemos estar supeditados a lo que los fabricantes de éstos nos quieren vender.
Largas filas de gente esperando durante días en la intemperie el nuevo lanzamiento de Apple, personas queriendo tener el último Galaxy de Samsung a como dé lugar, ajustando sus billeteras y salarios para estar al día o gente que quiere una Tablet, sin saber realmente por y para qué la quiere. ¿No basta con tener un teléfono funcional que nos comunique? ¿Para qué necesitamos las características del último ‘Smartphone’, cuando muchas veces éstas ni siquiera funcionan al 100% y con el tiempo requerirán ‘actualizaciones’?
La pregunta real es: ¿necesitamos en verdad tener la última versión del aparatito de moda? ¿No estamos usando esa salida fácil con el fin de cubrir carencias personales o psicológicas? Para quien tenga este tipo de dudas es muy recomendable darle una leída al libro “¿Tener o ser?” de Erich Fromm. Entonces, ¿realmente necesitamos estar tan al día o es un mero sustituto por una carencia de índole personal?
Sí, es lindo tener lo último de la tecnología, sentir que poseemos algo de qué hablar, ¿pero es correcto hacer de eso el centro de nuestras vidas? ¿No sería mejor que se hable de nosotros mismos y no de lo que acabamos de compar?
Además, esa dependencia excesiva hacia todos estos adelantos, ¿no termina siendo algo riesgoso? Mucho se habla de la 'privacidad en las redes' y de los problemas personales que éstas pueden acarrearnos en nuestra vida 'real'. Por otro lado, no es paranoia, pero simplemente imaginen que un virus cundiera y acabara con ciertos sistemas importantes (si no con todos) o los inutilizara temporalmente. Caos. Algo así como lo que buscaba el Tyler Durden de “El club de la pelea” (novela de 1996 escrita por Chuck Palahniuk, llevada magistralmente al cine por David Fincher en 1999). Al parecer los adelantos se nos están saliendo un poco de control.
¿No sería mejor usar toda esta tecnología como complemento -no como eje- de nuestras vidas? Ir a conciertos y disfrutar la música en vez de estar preocupados por ‘tuitear’ todo en tiempo real, ver un atardecer respirando todo el ambiente en vez de querer capturarlo constantemente en una fotografía que embutiremos entre las muchas que hemos subido a Instagram, usar las redes sociales para estar en contacto con personas que tenemos lejos y no como único medio de comunicación con aquellas que tenemos tan cerca (a veces gente con quien estamos compartiendo una mesa o incluso una cama… créanme lo he visto suceder).
Vale la pena cuestionarnos de vez en cuando. Quizá debamos moderarnos un poco en cuanto a la adquisición y uso de la tecnología.
Actualmente pareciera que el caso ya no es que nosotros nos sirvamos de los adelantos existentes en telefonía, electrónica y demás artilugios modernos; sino que debemos estar supeditados a lo que los fabricantes de éstos nos quieren vender.
Largas filas de gente esperando durante días en la intemperie el nuevo lanzamiento de Apple, personas queriendo tener el último Galaxy de Samsung a como dé lugar, ajustando sus billeteras y salarios para estar al día o gente que quiere una Tablet, sin saber realmente por y para qué la quiere. ¿No basta con tener un teléfono funcional que nos comunique? ¿Para qué necesitamos las características del último ‘Smartphone’, cuando muchas veces éstas ni siquiera funcionan al 100% y con el tiempo requerirán ‘actualizaciones’?
La pregunta real es: ¿necesitamos en verdad tener la última versión del aparatito de moda? ¿No estamos usando esa salida fácil con el fin de cubrir carencias personales o psicológicas? Para quien tenga este tipo de dudas es muy recomendable darle una leída al libro “¿Tener o ser?” de Erich Fromm. Entonces, ¿realmente necesitamos estar tan al día o es un mero sustituto por una carencia de índole personal?
Sí, es lindo tener lo último de la tecnología, sentir que poseemos algo de qué hablar, ¿pero es correcto hacer de eso el centro de nuestras vidas? ¿No sería mejor que se hable de nosotros mismos y no de lo que acabamos de compar?
Además, esa dependencia excesiva hacia todos estos adelantos, ¿no termina siendo algo riesgoso? Mucho se habla de la 'privacidad en las redes' y de los problemas personales que éstas pueden acarrearnos en nuestra vida 'real'. Por otro lado, no es paranoia, pero simplemente imaginen que un virus cundiera y acabara con ciertos sistemas importantes (si no con todos) o los inutilizara temporalmente. Caos. Algo así como lo que buscaba el Tyler Durden de “El club de la pelea” (novela de 1996 escrita por Chuck Palahniuk, llevada magistralmente al cine por David Fincher en 1999). Al parecer los adelantos se nos están saliendo un poco de control.
¿No sería mejor usar toda esta tecnología como complemento -no como eje- de nuestras vidas? Ir a conciertos y disfrutar la música en vez de estar preocupados por ‘tuitear’ todo en tiempo real, ver un atardecer respirando todo el ambiente en vez de querer capturarlo constantemente en una fotografía que embutiremos entre las muchas que hemos subido a Instagram, usar las redes sociales para estar en contacto con personas que tenemos lejos y no como único medio de comunicación con aquellas que tenemos tan cerca (a veces gente con quien estamos compartiendo una mesa o incluso una cama… créanme lo he visto suceder).
Vale la pena cuestionarnos de vez en cuando. Quizá debamos moderarnos un poco en cuanto a la adquisición y uso de la tecnología.