Finlandia, un país donde confían en sus representantes
Finlandia suele ser distinguida en las evaluaciones como uno de los países menos corruptos del mundo. Uno de los principales mecanismos existentes para garantizar la representatividad de los gobernantes es un sistema electoral que permite a los ciudadanos votar estrictamente por los candidatos que merecen su confianza.
Es frecuentemente mencionada como ejemplo de un país que, inmediatamente después de su independencia en 1917, sufrió una guerra civil, 30 años después debió recuperarse de su derrota en la Segunda Guerra, soportó las presiones de la URSS durante la Guerra Fría, y emergió victoriosa de varias crisis económicas. La sociedad finlandesa siempre apeló al recurso de unirse ante la adversidad detrás de un proyecto nacional ampliamente debatido, consensuado e implementado.
Para ello ha contado con gobiernos (dependen del parlamento) poseedores de un alto grado de confianza y representatividad. A esto contribuye en gran medida un sistema electoral que favorece el acceso al congreso de diputados con un claro mandato de sus electores: cada uno vota al candidato que le gusta. A las elecciones se presentan listas compuestas por candidatos de uno o varios partidos o independientes. Cada candidato tiene un número correlativo: en Helsinki, que elige 21 diputados, la lista o partido A numera sus candidatos del 2 al 22 (el 1 no existe), la B del 23 al 43, y así sucesivamente.
El orden interno de la lista no tiene ninguna influencia a la hora de la votación ni del escrutinio. En general, los partidos grandes se presentan solos y los menores en listas conjuntas. El método es simple, rápido y barato; no requiere boletas, ni siquiera sobres: en la mesa electoral, al votante le entregan una tarjeta tamaño postal, plegada al medio. Va a cabina donde solo hay un estante con una birome y en la pared una lista numerada de todos los candidatos como recordatorio. Allí escribe en la cara interior de la tarjeta el número de un solo candidato. Luego la pliega vuelve a la mesa, se la sellan y la deposita en la urna. Ha emitido su voto en pocos segundos, y varias personas pueden votar simultáneamente en diferentes cabinas.
Es frecuentemente mencionada como ejemplo de un país que, inmediatamente después de su independencia en 1917, sufrió una guerra civil, 30 años después debió recuperarse de su derrota en la Segunda Guerra, soportó las presiones de la URSS durante la Guerra Fría, y emergió victoriosa de varias crisis económicas. La sociedad finlandesa siempre apeló al recurso de unirse ante la adversidad detrás de un proyecto nacional ampliamente debatido, consensuado e implementado.
Para ello ha contado con gobiernos (dependen del parlamento) poseedores de un alto grado de confianza y representatividad. A esto contribuye en gran medida un sistema electoral que favorece el acceso al congreso de diputados con un claro mandato de sus electores: cada uno vota al candidato que le gusta. A las elecciones se presentan listas compuestas por candidatos de uno o varios partidos o independientes. Cada candidato tiene un número correlativo: en Helsinki, que elige 21 diputados, la lista o partido A numera sus candidatos del 2 al 22 (el 1 no existe), la B del 23 al 43, y así sucesivamente.
El orden interno de la lista no tiene ninguna influencia a la hora de la votación ni del escrutinio. En general, los partidos grandes se presentan solos y los menores en listas conjuntas. El método es simple, rápido y barato; no requiere boletas, ni siquiera sobres: en la mesa electoral, al votante le entregan una tarjeta tamaño postal, plegada al medio. Va a cabina donde solo hay un estante con una birome y en la pared una lista numerada de todos los candidatos como recordatorio. Allí escribe en la cara interior de la tarjeta el número de un solo candidato. Luego la pliega vuelve a la mesa, se la sellan y la deposita en la urna. Ha emitido su voto en pocos segundos, y varias personas pueden votar simultáneamente en diferentes cabinas.
En cada distrito se hacen recuentos tanto de los votos obtenidos por cada lista (es la sumatoria de los recibidos por todos sus candidatos) como de los obtenidos por cada candidato. Al escrutinio de las listas se le aplica el sistema D'Hont de representación proporcional, sin umbral, que determina cuántas bancas le corresponden a cada una. Esas bancas son asignadas a los candidatos de la lista según el orden de votos personales. Es decir, si la lista A con todos sus votos obtiene cuatro bancas, esas bancas serán para los cuatro candidatos más votados de la lista A.
Esto hace que partidos diagramen sus listas con una muestra amplia de la población, porque la gente vota por los candidatos con quienes se identifica. Si uno quiere votar por cierto partido, seguramente va a encontrar en su lista a políticos de raza de las distintas corrientes internas, estudiantes, amas de casa, sindicalistas, religiosos, empleados, jubilados, artistas, líderes sociales, extrapartidarios, tanto hombres como mujeres y de distintas edades. De esta manera, quien vota por un partido participa simultáneamente en la interna.
Los partidos hacen campaña electoral, y cada candidato también lanza su propia propaganda, enfatizando los temas que se compromete a promover. El periodismo y las organizaciones civiles, desde las cámaras de comercio a los centros de estudiantes, invitan a los candidatos a responder públicamente a determinados cuestionarios. Luego, durante el mandato de los diputados, les exigirán que cumplan lo prometido.
Esto hace que partidos diagramen sus listas con una muestra amplia de la población, porque la gente vota por los candidatos con quienes se identifica. Si uno quiere votar por cierto partido, seguramente va a encontrar en su lista a políticos de raza de las distintas corrientes internas, estudiantes, amas de casa, sindicalistas, religiosos, empleados, jubilados, artistas, líderes sociales, extrapartidarios, tanto hombres como mujeres y de distintas edades. De esta manera, quien vota por un partido participa simultáneamente en la interna.
Los partidos hacen campaña electoral, y cada candidato también lanza su propia propaganda, enfatizando los temas que se compromete a promover. El periodismo y las organizaciones civiles, desde las cámaras de comercio a los centros de estudiantes, invitan a los candidatos a responder públicamente a determinados cuestionarios. Luego, durante el mandato de los diputados, les exigirán que cumplan lo prometido.
El sistema, además de crear una relación personal y directa de representación entre cada elector y su diputado, permite al votante seleccionar entre distintas opciones dentro de cada partido, lo que da lugar a una renovación constante del Congreso, pues los jóvenes votan por jóvenes, las mujeres por mujeres, muchos votan por candidatos extrapartidarios incluidos en las listas. Cada cuatro años, todos los políticos deben revalidar individualmente el mandato. Además, el sistema es incorruptible y despiadado: si un dirigente no tiene votos, deja de serlo.
Otra gran ventaja del sistema es que permite a partidos o movimientos ideológicamente afines hacer listas conjuntas para mejorar sus posibilidades electorales.
Si hay cinco partidos con pequeñas diferencias programáticas que históricamente obtienen cada uno del 2% al 5% de los votos en un distrito y siempre quedan afuera a la hora del reparto, unidos sacarían un 15% al 20% y no necesitarían pelearse entre ellos por el orden de las candidaturas porque las bancas que obtengan serán para los dirigentes más votados por el pueblo. Estas listas conjuntas también ofrecen una alternativa al bipartidismo que no implica tirar el voto.
Este sistema se emplea para elegir diputados y concejos municipales. De esta manera, en los órganos colegiados no aparecen vivillos desconocidos puestos a dedo, sino ciudadanos y ciudadanas (actualmente las mujeres son el 37% en el parlamento) con un aval personal e intransferible del electorado, y la obligación de rendir cuentas a sus votantes.
Otra gran ventaja del sistema es que permite a partidos o movimientos ideológicamente afines hacer listas conjuntas para mejorar sus posibilidades electorales.
Si hay cinco partidos con pequeñas diferencias programáticas que históricamente obtienen cada uno del 2% al 5% de los votos en un distrito y siempre quedan afuera a la hora del reparto, unidos sacarían un 15% al 20% y no necesitarían pelearse entre ellos por el orden de las candidaturas porque las bancas que obtengan serán para los dirigentes más votados por el pueblo. Estas listas conjuntas también ofrecen una alternativa al bipartidismo que no implica tirar el voto.
Este sistema se emplea para elegir diputados y concejos municipales. De esta manera, en los órganos colegiados no aparecen vivillos desconocidos puestos a dedo, sino ciudadanos y ciudadanas (actualmente las mujeres son el 37% en el parlamento) con un aval personal e intransferible del electorado, y la obligación de rendir cuentas a sus votantes.