¡Hola taringueros! Hoy voy a mostrarles la historia del cementerio de la Recoleta, ubicación, curiosidades, e imágenes.
Empecemos por la ubicación
El barrio Recoleta o simplemente La Recoleta es un barrio residencial céntrico de la ciudad de Buenos Aires, Argentina; es una zona de amplio interés histórico y arquitectónico, en especial por el Cementerio de la Recoleta ubicado allí, y un importante foco turístico y cultural dentro de la ciudad. El valor del metro cuadrado es uno de los más caros en dicha ciudad. Integra en su totalidad la Comuna 2
Su historia
En 1820, durante el gobierno de Martín Rodríguez y su ministro, Bernardino Rivadavia, fueron expropiados los terrenos ocupados por el huerto de la Congregación Franciscana, siendo destinados a la construcción del Cementerio del Norte (el primer cementerio público en la ciudad de Buenos Aires).
El Ingº Próspero Catelín se ocupó del proyecto del Cementerio del Norte, que en principio era solo para católicos, siendo inaugurado en el año 1822.
Los primeros en recibir sepultura fueron una joven uruguaya llamada Dolores Maciel y un joven, párvulo liberto llamado Juan Benito.
En 1863 el presidente Mitre firmó un decreto que permitía que fuesen enterrados los practicantes de otras religiones.
Con el tiempo, el cementerio del Norte llegó a un estado de abandono hasta que en 1880, el primer Intendente de la ciudad de Buenos Aires, Marcelo Torcuato de Alvear, encomienda al Arqitecto Buschiazzo, su remodelación.
Se pavimentaron sus calles, se rodeó con un muro de ladrillos y se embelleció con un pórtico de entrada con doble hilera de columnas de fuste acanalado de orden dórico.
El Cementerio del Norte ocupa actualmente cinco manzanas y media y cuenta con alrededor de 4870 sepulcros a perpetuidad. Más de 70 bóvedas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional y el Cementerio en sí es considerado Museo Histórico Nacional desde el año 1946, por los personajes ilustres que aquí descansan, por la calidad arquitectónica y por sus magníficas esculturas.
Los personajes mas notables enterrados alli
Guillermo Brown (1777-1857), Primer almirante de la Armada Argentina y héroe de la Guerra de Independencia y la Guerra contra el Brasil.
María de los Remedios de Escalada (1797-1823), esposa del general José de San Martín.
Vicente López y Planes (1785-1856), escritor y político argentino, autor del Himno Nacional Argentino y presidente provisional de la Nación.
Eustoquio Díaz Vélez (1789-1856), patriota de la Revolución de Mayo, general de la Independencia, político y estanciero porteño.
Juan Lavalle (1797-1841), militar de la Guerra de Independencia, político y Gobernador de Buenos Aires.
Martín Rodríguez (1771-1845), militar, político y Gobernador de Buenos Aires, fundador del Cementerio de la Recoleta, de la Universidad de Buenos Aires, del Banco de la provincia de Buenos Aires y de la ciudad de Tandil.
Federico de Brandsen (1785-1827), militar parisino y héroe de la Guerra del Brasil.
Manuel Dorrego (1787-1828), militar, político y gobernador de Buenos Aires.
Facundo Quiroga (1788-1835), político, caudillo militar y gobernador de la provincia de La Rioja.
Juan Manuel de Rosas (1793-1877), estanciero porteño, militar, político y gobernador de Buenos Aires.
Lucio Norberto Mansilla (1792-1871), militar porteño, gobernador de Entre Ríos y comandante de las fuerzas argentinas en la batalla de la Vuelta de Obligado.
Luis Dorrego (1784-1852), regidor, síndico, defensor de pobres, hermano de Manuel Dorrego y socio de Juan Manuel de Rosas y Juan Nepomuceno Terrero.
Luis Vernet (1792-1871), comerciante, hacendado y primer comandante argentino de las Islas Malvinas (1829-1833).
Mariquita Sánchez de Thompson (1786-1868), símbolo de la mujer argentina durante la época patria y las presidencias históricas de la época constitucional. Primera persona en cantar el Himno Nacional durante su presentación en su casa, en 1813.
Juan Bautista Alberdi (1810-1884), escritor, abogado, político y padre de la Constitución Argentina de 1853. Sus restos ya no descansan en esta necrópolis ya que fueron trasladados a San Miguel de Tucumán, su ciudad natal, en 1991. Sólo queda un cenotafio con su nombre.
Juan Esteban Pedernera (1796-1886) militar, político, gobernador de San Luis (1859), vicepresidente (1860-1861) y Presidente de la Confederación Argentina (1861).
Bartolomé Mitre (1821-1906), político porteño, escritor, fundador del diario "La Nación", militar y presidente de la Nación.
Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888), maestro, escritor, político y presidente de la Nación.
Nicolás Avellaneda (1837-1885), abogado, político tucumano y presidente de la Nación.
Julio Argentino Roca (1843-1914)Presidente de la Nación en dos períodos(1880-1886)y(1898-1904),político, militar,estadista, fundador del [[Partido Autonomista Nacional]
Dalmacio Vélez Sársfield (1800-1875), abogado y político cordobés, autor del Código Civil Argentino. Sus restos fueron trasladados al Palacio de Justicia de la ciudad de Córdoba.
José Hernández (1834-1886), escritor bonaerense, autor del poema gauchesco "Martín Fierro".
Dominguito Sarmiento (1845-1866), militar chileno-argentino, hijo adoptivo del presidente Domingo Faustino Sarmiento, muerto durante la Guerra de la Triple Alianza en la batalla de Curupaytí (Paraguay).
Eduarda Mansilla (1834-1892), escritora porteña, sobrina de Juan Manuel de Rosas, pionera de la literatura femenina argentina.
Carlos Pellegrini (1846-1906), abogado, político, vicepresidente y presidente de la Nación.
Manuel Quintana (1835–1906), abogado, político y presidente de la Nación.
José Figueroa Alcorta (1860-1931), abogado y el único político que ejerció la titularidad de los tres poderes del estado ya que fue vicepresidente de la Nación, presidente de la Nación y Presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
Aristóbulo del Valle (1845-1896), abogado, político y cofundador de la Unión Cívica Radical.
Leandro N. Alem (1842-1896), político y cofundador de la Unión Cívica Radical.
Hipólito Yrigoyen (1852-1933), político, presidente de la Nación en dos períodos (1916-1922 y 1928-1930).
Francisco Beiró (1876-1928), político, diputado nacional y vicepresidente electo de la Nación (1928) que falleció antes de asumir.
Juan Antonio Fernández Hoyos (1786-1855) Médico, primer Presidente de la Facultad de Medicina.
Elpidio González (1875-1951), político y vicepresidente de la Nación (1922-1928).
Pedro Benoit (1836-1897), arquitecto, urbanista e ingeniero, creador del trazado de la ciudad de La Plata.
Marcelo Torcuato de Alvear (1868-1942), abogado, político, embajador, diputado y presidente de la Nación.
María Eva Duarte de Perón, (1919-1952), primera dama y segunda esposa de Juan Domingo Perón.
Arturo Umberto Illia (1900-1983), médico, político y presidente de la Nación.
José María Guido (1910-1975), abogado rionegrino, político y Presidente Provisional de la Nación (1962-1963).
Raúl Ricardo Alfonsín (1927-2009), abogado, político, estadista, promotor de los derechos humanos y presidente de la Nación (1983-1989).
Guillermo Rawson (1821-1890), doctor en medicina, primer higienista del país, político, Ministro del Interior e impulsor de la Cruz Roja Argentina.
Manuel Rafael García Aguirre (1831-1887), político, jurista, diplomático de larga trayectoria y encargado de adquirir los buques de la primera escuadra nacional.
Manuel José García Mansilla (1859-1910), militar (marino), promotor de la Armada Nacional y vencedor de las tropas rebeldes en el combate naval de El Espinillo.
Federico Álvarez de Toledo (1875-1939), ingeniero agrónomo, político, Ministro de Marina y embajador.
Roque Carranza (1919-1986), ingeniero, economista, y Ministro de Obras y Servicios Públicos y Ministro de Defensa del Presidente Raúl Alfonsín.
Álvaro Alsogaray (1913-2005), militar, político, economista y fundador de los partidos políticos Nueva Fuerza (1972) y Unión del Centro Democrático (1982).
Juan Bernabé Molina, (1803-1871), fundador del pueblo Juan B. Molina en la Provincia de Santa Fe.
Emilio Vicente Bunge (1836-1909), abogado, militar, intendente de Buenos Aires y fundador del pueblo Emilio V. Bunge
Fernando Martí Tomás (1851-1925), empresario, comerciante de Buenos Aires y fundador de Coronel Charlone.
Ovidio Rebaudi (1860-1931), químico, escritor, profesor de zoología médica, científico, fundador y director de diversas publicaciones y descubridor de un glucósido de una planta que lleva su nombre en su honor Stevia rebaudiana o Eupatorium rebaudiana.
Carlos Saavedra Lamas (1878-1959) político, abogado y ganador del Premio Nobel de la Paz (1932).
Luis Federico Leloir (1906-1987), bioquímico y ganador del Premio Nobel de Química (1970).
Macedonio Fernández (1874-1952), novelista, poeta y filósofo.
Enrique García Velloso (1880-1938), dramaturgo, co-fundador y primer presidente de La Casa del Teatro.
Victoria Ocampo (1890-1979), escritora, intelectual, ensayista, traductora y fundadora de la revista y editorial Sur.
Ernesto de la Cárcova Arrotea, pintor argentino, primer Director de la Academia superior de Bellas Artes..
Dante Quinterno (1909-2003), historietista (Creador de 'Patoruzú').
Carlos A. Díaz, gobernador, vicegobernador y diputado de Buenos Aires.
Pedro Andrés García de Sobrecasa (1758-1833), militar, ingeniero, geógrafo y funcionario. Comandante de las fuerzas del Tercio de Cántabros Montañeses que expulsó a las tropas del general Robert Craufurd del templo de Santo Domingo durante las invasiones inglesas de 1807.
Regina Pacini de Alvear (1871-1965), cantante lírica, esposa del Presidente Marcelo Torcuato de Alvear y co-fundadora y Presidenta de la Casa del Teatro (1938).
Blanca Podestá (1889-1967), primera actriz (sepultada en la bóveda de la familia García Velloso).
Susana Brunetti (1941-1974), actriz, vedette y esposa de Alberto González.
Alberto González, empresario teatral (Teatro Maipo) y esposo de Susana Brunetti.
Cándido López (1840-1902), pintor y soldado, sepultado en el Panteón de los Guerreros del Paraguay.
Martín Karadagián (1922-1991), deportista y creador de 'Titanes en el Ring'.
Horacio Anasagasti (1879-1922), ingeniero, corredor de autos y primer fabricante automotriz de Argentina (1912).
Carlos Enrique Díaz Sáenz Valiente "Patoruzú" (1917-1956), automovilista, aviador y campeón mundial de tiro (1947).
Silvia Martorell de Illia (1918-1966), esposa del Presidente Arturo Umberto Illia.
María Marta García Belsunce, (1952-2002), socióloga, filántropa y notoria por su asesinato.
Norah Borges pintora (1901-1998). Hermana del escritor Jorge Luis Borges.
Curiosidades
El cementerio de la Recoleta es un cofre lleno de historias insólitas. Historias de pasión, de amores no correspondidos y despechados; de odios pertinaces que trascienden la muerte; de bóvedas que reproducen el dormitorio de los difuntos, de familias que premian la lealtad de sus sirvientes y entierran a la mucama en el panteón familiar, aunque cumpliendo el rito de hacerla dormir afuera de la casa de los patrones.
Se codean allí la tragedia de aquella pareja que, tras no hablarse durante 30 años, decidió perpetuarse en dos bustos que se dan la espalda desde hace más de un siglo y por toda la eternidad, con la última morada del sepulturero que, tras décadas de juntar peso a peso, construyó su lujosa tumba y se suicidó.
Los hechos pretéritos verídicos conviven de igual a igual con el desenfado de un sinfín de mitos, fantasmas y leyendas alucinantes. Una especie de irreverencia al silencio de los muertos; un eco insistente que ni las cenizas ni el tiempo han podido acallar. Y que retumba entre callecitas y diagonales estrechas, trajinadas por turistas extranjeros y por la banda más numerosa de gatos de la ciudad.
Al libro que reeditó hace poco el oftalmólogo Omar López Mato, "Ciudad de ángeles", que compendió éstas y otras historias, se suma ahora el relato oral de un grupo de historiadores. Ellos conocen hasta el último resquicio de esa necrópolis monumental que es el primer cementerio que vio nacer la ciudad de Buenos Aires.
CASI DOS SIGLOS
Pero este cementerio no es sólo conocido por su acervo escultórico, con toneladas de los más costosos y exóticos mármoles venecianos. Es tristemente célebre también por haber inaugurado una nueva tipología delictiva, apunta Eduardo Lazzari, uno de los historiadores que organizan las visitas y relatos orales por los sepulcros más señeros. Alrededor de 300 personas se dan cita allí todos los fines de semana para escuchar esas historias increíbles. El punto de encuentro es el Museo Roca.
LOS CABALLEROS DE LA NOCHE
"Una gélida noche de 1881, los autoproclamados Caballeros de la Noche, liderados por un noble belga de 27 años, Alfonso Kerchowen de Peñarada, secuestraron el féretro del cementerio de la Recoleta donde yacían los restos de doña Inés Indart de Dorrego". Exigían el pago, en un plazo de 24 horas, de cinco millones de pesos para restituir los restos de la cuñada de uno de los mayores mártires de la historia, el gobernador de Buenos Aires, Manuel Dorrego. Caso contrario "la justa crítica de una nación os cubrirá de vergüenza" y "el ilustre apellido quedará manchado para siempre".
El chantaje llegó en forma de misiva al Palacio Miró, sobre la calle Córdoba. Allí, Felisa Dorrego de Miró, hija de la difunta secuestrada, dio parte a la policía, pero antes consultó a su mayordomo. "Imposible retirar del cementerio un féretro tan pesado sin que nadie lo hubiera percibido", sospechó el sirviente, quien había cargado con los honores de portar el ataúd durante las exequias.
Estaba en lo cierto. Los restos nunca salieron de allí y aparecieron en el panteón de la familia Requijo. Pero la policía siguió al acecho. Depositó una caja con fajos de billetes falsos en el arroyo de Maldonado, instruyó a la familia para efectivizar el pago y detuvo a la banda.
Pero los Caballeros de la Noche fueron exonerados: la ley nada decía sobre el robo de cadáveres. A partir de este hecho, se incluyó el artículo 171, que pena con dos a seis años de reclusión al que "sustrajera un cuerpo para hacerse pagar su devolución".
EL AMOR MUEVE MONTAÑAS
Pero también puede inducir a la muerte. Elisa Brown, hija dilecta del almirante irlandés, esperaba el regreso de su comprometido, el comandante Francis Drummond, que luchaba contra el Imperio del Brasil a las órdenes de Brown. En la batalla de Monte Santiago, el joven muere heroicamente, en los brazos del almirante. El marino debe comunicarle la noticia a su hija de 17 años y le entrega el reloj que había pertenecido a su novio, última voluntad del joven.
Desgarrada, Elisa -algunos sostienen que ataviada con su malogrado vestido de novia- se sumerge en las aguas del Río de la Plata para reencontrarse con el alma de su amado. Los restos de la novia del Plata yacen en una urna detrás de la del marino, confeccionada con el bronce fundido -y la gloria- de uno de los cañones de su embarcación.
NO LOS UNÍA EL AMOR, SINO EL DESPRECIO
El mausoleo de Tiburcia Domínguez y su marido, Salvador María del Carril, primer vicepresidente de la nación, de los promotores del fusilamiento de Dorrego, gobernador de San Juan y compañero de fórmula del General Urquiza, es una evocación para la posteridad de sus desavenencias conyugales. El suyo fue un matrimonio silencioso: no se dirigieron la palabra durante 30 años. No era indiferencia, sino odio, de ese tan pertinaz que, incluso, trasciende la muerte. Y para que ninguno de los dos lo olvidara, la viuda dejó constancia testamentaria de su voluntad: sus esculturas debían darse mutuamente la espalda. Ella, con gesto adusto, incómoda en un busto. El, confortable en un sillón, dirigiendo la mirada en sentido opuesto. Perpetuaron así su odio conyugal pos-morten.
Liliana Crociati murió a los 20 años en su luna de miel en Insbruch. Un alud la sepultó junto a su marido en su cuarto de hotel en 1970. Ese mismo día, a 14.000 kilómetros de distancia, también murió Sabú, su perro adorado. Una escultura la evoca vestida de novia, con su pelo largo y suelto, secundada por su fiel mascota. En la bóveda, como una catacumba romana, ambientada como su dormitorio y lleno de fotografías, un sari rojo, comprado por ella en la India, cubre con la fuerza de una alegoría su lecho de muerte.
CON CAMA AFUERA
Como liberta de la familia Sáenz Valiente, la doméstica Rita Dogan descansa en el perímetro del mausoleo de su patrones, aunque por fuera de la cripta familiar. Si bien no era costumbre de la época enterrar a los sirvientes cerca de los señores, debía reconocérsele "la fidelidad y honradez" de la sirvienta, según reza su epitafio.
Los valores de la amistad también están representados en la Recoleta a través del cenotafio conocido como "De los tres amigos".
Cómplices e inseparables, hombres de la generación del 80, permeables al sentimiento edificante que depara toda amistad, el músico Benigno Lugones, el escritor Adolfo Mitre, hijo del fundador de LA NACION, y el historiador Alberto Navarro Viola decidieron homenajear un sentimiento común. Y levantar un monumento que, como una epifanía perpetua, recordara esa amistad.
Las trágicas y precoces muertes de los tres amigos, antes de cumplir 30 años, estimularon, curiosamente, a que otros amigos concretaran el anhelo: irguieron una pirámide donde cada uno de los tres lados honra al escritor, al músico y al historiador, a los hombres unidos por férreos lazos de amistad.
De los 183 años de vida de la Biblioteca Nacional, 75 estuvo presidida por los tres ciegos más conspicuos que vio el país: Paul Groussac, José Mármol y Jorge Luis Borges.
Ajenos a lo que finalmente les depararía el destino, los tres dejaron testimonio expreso de su voluntad de descansar en la Recoleta. No pudo ser. Aunque Borges, que en ocasiones solía recorrer el cementerio con Adolfo Bioy Casares, imaginaba y discutía con su amigo durante horas con qué personajes de la historia trabarían amistad una vez que estuvieran presos para siempre dentro de ese perímetro.
LA NIETA DEL EMPERADOR
Una nieta de Napoleón también duerme su sueño eterno en la Recoleta gracias a las gestiones de Mariquita Sánchez de Thompson, casada en segundas nupcias y luego separada del francés Mendeville. El conde Alejandro Walewski, hijo del Emperador con la condesa polaca María Walewska, viaja con su mujer embarazada a Buenos Aires para negociar la finalización del bloqueo anglo-francés durante 1847. Mariquita, por expreso pedido de Rosas, asiste a la pareja que vio nacer y morir a su pequeña hija, Isabel, en estas márgenes del Plata. Servil, Mariquita se ocupa de la última morada para la heredera francesa y la entierra en una parcela de la Recoleta al tiempo que la pareja retorna al Viejo Continente. La inscripción del cuerpo figura en los registros del cementerio, aunque nadie puede precisar el lugar exacto de su inhumación.
EL MAUSOLEO DE ALLENO
La vida por una parcela en el cementerio. Eso pensó el sepulturero David Alleno, luego de 30 años de servicio abnegado en ese solar. Los ahorros de toda una vida tuvieron un solo fin: erigirse su propio mausoleo y encomendar a un escultor genovés el portento de sus desvelos. Cuenta la historia que una vez colocado el bajorrelieve en mármol de carrara, que lo inmortaliza con pico, pala, regadera y sombrero, volvió a su casa y se quitó la vida. La ansiedad pudo más: "Quiso ser inmediatamente sepultado en el lugar que lo obsesionó toda su vida. Dejó todo listo; sólo faltaba el cuerpo", sentencia Lazzari.
La cabeza del degollado en 1841 por el gobierno de Tucumán, Marco Avellaneda, hijo de Nicolás, jamás pudo reunirse con su cuerpo. Fortunata García de García encontró la testa en un descampado y la entregó para que tuviera cristiana sepultura en la Recoleta.
MADRE DESCONSOLADA
Luz María García Velloso falleció a los 15 años de leucemia. El desconsuelo de su madre la llevó a pedir una anuencia especial para que se le permitiera dormir todas las noches al lado del sepulcro de su hija. Aferrada al túmulo, esculpido en mármol como un lecho de rosas sobre el que reposa la niña, la madre pasó noches enteras llorando a su hija muerta.
El pánico a ser enterrado vivo, un temor generalizado a mediados de siglo pasado, empujó al dueño de las tiendas Gath y Chavez, Alfredo Gath, a tomar todas sus previsiones. Ideó un mecanismo hidráulico dentro de su ataúd por el que al menor movimiento el féretro se abría. Lo probó varias veces para cerciorarse de su efectividad. Murió aliviado, con la certeza de que sí, estaba muerto.
El mito -o la historia verídica, insiste Lazzari- habla de que a la única hija del poeta Eugenio Cambaceres, autor de "Sin rumbo", y de Luisa Bacichi, "amante y madre de un hijo de Hipólito Irigoyen", la enterraron cuando sufría un ataque de catalepsia. Su madre descubrió el error cuando fue a dejarle flores a su tumba: "Su ataúd estaba corrido y violentado", cuenta Lazzari. Aunque la leyenda también dice que la vieron fuera de su ataúd, aferrada a un árbol, entre gritos y sollozos. Una versión claramente emparentada con la mitología más fantástica que, sin embargo, continúa deambulando con la fuerza de una leyenda urbana. Es la "dama de blanco" que, desde hace años, recorre el cementerio. No son pocos los que juraron haberla visto. Impoluta y siempre de blanco.
Imagenes
Muchas gracias por pasar por mi post, y no olviden comentar