¿Por qué obligó Claudio a los Romanos a tirarse pedos?
Comparado con los demás emperadores Claudio queda en un buen lugar, pero hay que reconocer que el hombre también tenía lo suyo.
Fue el emperador más menospreciado por sus contemporáneos, era feo, cojo (los romanos llegaron a utilizar su nombre como sinónimo de cojera, ha tenido un accidente y se ha quedado Claudio), lo consideraban medio tonto (su madre utilizaba la frase Es más tonto que mi hijo Claudio), su abuela nunca le habló directamente, cuando tenía algo que decirle le escribía una carta, sufría epilépsia, era tartamudo, en reposo echaba espuma por la boca y tenía numerosos tics.
Por si fuera poco sufría flatulencias, y sufría una enorme vergüenza al dejar escapar sus gases en público, que no eran ni esporádicos ni silenciosos, la solución se la dio su médico personal, un griego llamado Jenofonte, Claudio promulgo una serie de leyes que obligaban a los cortesanos, en su presencia, a tirarse dos ventosidades por cada una de la suyas y recomendó a la población no reprimir sus gases, tirarse pedos, decía, era una costumbre muy saludable.
Finalmente, Claudio fue envenenado con un plato de setas por su última mujer, Agripina, para elevar al trono a su hijo Nerón.
Pero el pobre Claudio no se gano el respeto de los romanos ni una vez muerto, Séneca le dedicó una sátira llamada Apocolocyntosis divi Claudii, metamorfosis de la cabeza de Claudio en calabaza, que obtuvo un arrollador éxito en su época, miembros de su propia familia llegaron a decir que nunca se habían reído tanto.
Comparado con los demás emperadores Claudio queda en un buen lugar, pero hay que reconocer que el hombre también tenía lo suyo.
Fue el emperador más menospreciado por sus contemporáneos, era feo, cojo (los romanos llegaron a utilizar su nombre como sinónimo de cojera, ha tenido un accidente y se ha quedado Claudio), lo consideraban medio tonto (su madre utilizaba la frase Es más tonto que mi hijo Claudio), su abuela nunca le habló directamente, cuando tenía algo que decirle le escribía una carta, sufría epilépsia, era tartamudo, en reposo echaba espuma por la boca y tenía numerosos tics.
Por si fuera poco sufría flatulencias, y sufría una enorme vergüenza al dejar escapar sus gases en público, que no eran ni esporádicos ni silenciosos, la solución se la dio su médico personal, un griego llamado Jenofonte, Claudio promulgo una serie de leyes que obligaban a los cortesanos, en su presencia, a tirarse dos ventosidades por cada una de la suyas y recomendó a la población no reprimir sus gases, tirarse pedos, decía, era una costumbre muy saludable.
Finalmente, Claudio fue envenenado con un plato de setas por su última mujer, Agripina, para elevar al trono a su hijo Nerón.
Pero el pobre Claudio no se gano el respeto de los romanos ni una vez muerto, Séneca le dedicó una sátira llamada Apocolocyntosis divi Claudii, metamorfosis de la cabeza de Claudio en calabaza, que obtuvo un arrollador éxito en su época, miembros de su propia familia llegaron a decir que nunca se habían reído tanto.