1. El Everest es la montaña más alta del mundo
Cuando de pequeños estudiamos las montañas más altas del mundo, el Everest ocupa el primer lugar de la lista. Con sus 8.848 metros sobre el nivel del mar, medidos hace bastante tiempo, se coronaba como el accidente geográfico más alto. Pero si realmente buscamos la montaña más alta que existe, deberíamos contar con las auténticas bases aunque éstas estén debajo del mar. Si fuera así contaríamos con el Mauna Kea, un volcán hawaiano que se eleva 4205 metros por encima del nivel del mar y otros 6000 por debajo. Ésto lo sitúa a más de 10200 metros de su base.
2. Marte es rojo
El planeta rojo, como siempre se le ha llamado, no alude a la realidad. Marte tiene una superficie de diferentes colores, que varían desde el marrón, el naranja, el amarillo y hasta incluso el azul. El problema viene por la atmósfera, que sí es de color rojo, y que hace que lo veamos así con nuestros telescopios. Se pudieron obtener las imágenes reales gracias al simpático robot que se envió desde la NASA y que terminó con el mito.
3. Los estados de la materia son líquido, sólido y gaseoso.
En las clases de ciencias siempre se hablaba de que los tres estados en los que se podían presentar la materia eran líquido, sólido y gaseoso. Pero la realidad era que ya estaban descubiertos otros dos estados más que no respondían a la descripción de los anteriores. El estado plasmático, un estado donde la temperatura alcanza altas cotas, es el que se puede encontrar por ejemplo en la superficie del sol. Por otro lado, el estado de líquido de pin cuántico, había sido predicho hace 40 años, aunque sólo ahora se están encontrando ejemplos.
4. El tigre de Bengala vive en la India
Símbolo clásico de la India, este tremendo animal fue cazado hasta casi la extinción. En la actualidad encontramos muy pocos ejemplares de lo que antes era una fuerte presencia de un predador sin rival en la zona. Poco a poco fueron exportados como animales en cautiverio, que han desplazado su población hacia las zonas externas. Aunque no nos gusten los animales encerrados, los preferimos a los colgados de la pared.
5. Las avestruces esconden la cabeza cuando sienten peligro
Siempre nos preguntamos sobre la utilidad de esta estrategia. Cuando sabemos que estos animales son capaces de desarrollar velocidades superiores a los 70 kilómetros hora, nos parece aún más inverosímil. Por lo visto esta teoría absurda tiene su base en la observación de un historiador romano, Plinio, quien agregó esa teoría al conocimiento popular. La verdad es que sólo hacen eso para crear nidos para sus polluelos.
6. Los ciempiés tienen cien pies.
Estos animales centípedos no siempre cumplen con la etimología de su nombre. Aunque a muchos les repugne su apariencia, sus movimientos o puede que hasta su propia existencia hemos pasado largos minutos contando sus patas articuladas, la verdad es que su número varía desde los 30 hasta 382 pies. Parece que el que le puso el nombre lo hizo a ojo de buen cubero y no se paró tanto.
7. Graham Bell descubrió el teléfono
Aunque en la historia aparezca como el primer descubridor del aparato, en la realidad no fue del todo cierto. Sí fue el primero en patentarlo oficialmente, pero fue un italiano, Antonio Meucci, quien realmente lo inventó. Tras una serie de investigaciones se descubrió toda una trama de sobornos y planes ocultos que hicieron que al final el pobre Meucci muriese en la más total miseria. Unos cardan la lana y otros crían la fama.
8. Si duermes con plantas en tu cuarto morirás asfixiado
Las plantas respiran durante todo el día. El problema es que al llegar la noche dejan de producir oxígeno a partir del CO2, provocando que absorban más oxígeno del que emiten. En el imaginario popular nos vemos a plantas absorbiendo todo el oxígeno existente en un cuarto como si fueran esponjas. La realidad es bien distinta, pues se precisarían centenares de plantas, un cuarto sellado herméticamente y mucho tiempo para acabar intoxicado. Algo que no conseguiremos con un cuarto ventilado y un triste poto.
9. El champagne es un invento francés
Suena francés. Tiene nombre francés. Pero su origen no es francés. Realmente, aunque la historia cuenta que fue Pierre Pérignon el inventor de esta bebida carbonatada, tuvo sus orígenes en los burgundios, unos alemanes que ya conocían de su existencia un siglo antes. Lo que sí es cierto es que el monje benedictino tuvo a bien refinarlo y atribuirse el mérito. Sin duda fue una gran idea para los amantes de la bebida espumosa.
10. Tienes el cerebro de una hormiga
Si bien es cierto que los seres humanos nos jactamos de ser los seres más inteligentes de la tierra, no tenemos la mayor proporción de masa cerebral con respecto a nuestra masa corporal. Las hormigas nos triplican, por ejemplo, en dicha relación. Aunque los auténticos reyes de la proporción serían las musarañas, quienes tendrían la tasa más alta del reino animal conocido. Piensa en que la próxima vez que trates de insultar a alguien con la expresión “cerebro de hormiga” a lo mejor le estás piropeando.








