El vínculo con el Che, entre la admiración y las diferencias
La relación entre Fidel Castro y Ernesto Guevara fue, tal vez, una de las más entrañables entre líderes políticos.
Ambos tenían inteligencia y corazón suficiente como para entender y respetar al otro, pese al centelleo de molestas diferencias de “procedimiento” sobre la mejor manera de desarrollar el comunismo internacional.
Cuando en 1966 el Che decidió alejarse de la burocracia y dejar su vida en un idealista acto guerrillero en Bolivia, se despidió de su amigo avisándole lo inevitable.
"Que si me llega la hora definitiva bajo otros cielos, mi último pensamiento será para este pueblo y especialmente para ti".
Una frase que a Fidel le replicó el resto de su vida, porque allí le transmitía mucho más de lo que las palabras decían.
Se conocieron a mediado de los 50’ en México, tierra en la cual Fidel preparaba la expedición revolucionaria contra el dictador cubano Fulgencio Batista.
Se lo presentó Raúl, a quién el Che se había acercado, deslumbrado por una revolución concreta.
Guevara y Fidel Castro tuvieron una larga relación política e ideológica.
Guevara había recorrido toda Latinoamérica.
Indignado por la miseria y los abusos del “Imperialismo”, se había volcado al marxismo.
El magnetismo fue inmediato.
En el café “La Habana” de México DF, junto a Camilo Cienfuegos y otros milicianos, dibujaron en servilletas de papel los bocetos de sus primeras operaciones.
El Che se convirtió en un comandante fundamental de las acciones militares y en un lugarteniente clave de Fidel en la campaña que terminó con la caída de Batista. Después, fiel a su profunda concepción ideológica, fue una figura en el desarrollo de los planes económicos marxistas del país.
Una habilidad que Castro dejó crecer en beneficio de los cambios que necesitaba Cuba.
Las diferencias comenzaron después.
Guevara era un revolucionario nato, con un idealismo a prueba de burocracias partidarias y oscuros pragmatismos que proponía un socialismo internacional, derrumbando fronteras.
Fidel necesitaba mantener viva la revolución en una pequeña isla sin recursos y amenazada por el gigante vecino del norte.
Lo interesante de este vínculo es que los dos se admiraban y honraban el pensamiento político del otro.
Como en esos matrimonios que se aman, pero que saben que son incompatibles, comenzaron a alejarse discretamente.
El Che comienza una serie de viajes y reuniones con líderes mundiales, de donde retorna con mayor idealismo que antes.
En la Conferencia Afroasiática celebrada en Argel en 1965 comienza a lanzar sus dardos contra la Unión Soviética, lo que afecta la relación de Castro con Moscú. Guevara acusa al Kremlin de ser “cómplice” de la explotación imperial de Estados Unidos al aceptar los juegos comerciales del imperialismo.
“¿Cómo puede significar ‘beneficio mutuo’ vender a precios del mercado mundial las materias primas que cuestan sudor y sufrimientos sin límites a los países atrasados y comprar a precios de mercado mundial las máquinas producidas en las grandes fábricas automatizadas del presente?”, se preguntó el Che.
Y remató: “Si establecemos ese tipo de relación entre los dos grupos de naciones, debemos convenir en que los países socialistas son, en cierta manera, cómplices de la explotación imperial”. Palabras muy fuertes para una Cuba tan necesitada.
Ernesto "Che" Guevara y Fidel Castro.
Detrás de esta cuestión había algo más: en el interior del Che crecía la irritación por las burocracias que se estaban gestando en las grandes potencias socialistas como la Unión Soviética y China.
Con desazón vio que el mismo mal crecía en Cuba.
Cuando el Che regresa a La Habana en marzo de 1965, Fidel lo recibe con la plana mayor del comunismo pro ruso en el aeropuerto, marcando la cancha.
Según se cuenta, luego hubo una reunión a puertas cerrada entre ambos.
El Che deja de aparecer en público.
A fines del mismo mes Guevara deja Cuba y se fue a luchar al Congo, convencido de que sólo la lucha revolucionaria en los países más necesitados era eficaz contra el imperialismo.
Fidel se quedó con las necesidades cotidianas de la isla, y el peso de tener que acordar con la Unión Soviética.
La retirada de los milicianos cubanos del Congo, pactada por Castro a sus espaldas, terminó de molestar a Guerava.
Ahí se inicia el principio del fin.
El Che viaja a Bolivia para una revolución destinada al fracaso.
Siempre se dijo que Castro abandonó al Che a su suerte en la árida lucha boliviana. Nunca se sabrá a ciencia cierta qué hay de cierto, y que tuvo que ver con esa utopía incandescente que tenía el revolucionario argentino.
Lo cierto es que Guevara, como Icaro, se acercó demasiado al sol.
Y que su compañero Fidel prefirió el pragmatismo de la Cuba socialista, y su historia de consecuencias.
Tal vez Fidel, en el mismo cielo que ambos construyeron, también haya dedicado el último pensamiento a su amigo, el Che.
Fuentes:
Wiki
http://www.msn.com/es-xl/noticias/mundo/el-v%c3%adnculo-con-el-che-entre-la-admiraci%c3%b3n-y-las-diferencias/ar-AAkNpwX?li=AAggFp6

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