A ciento cincuenta años de su nacimiento,
Nikola Tesla
suscita la atención que no tuvo durante su vida. Su carácter excéntrico y sus visionarias teorías lo mantuvieron injustamente alejado del mundo científico. Hoy sabemos que sus aportes fueron determinantes para la comprensión de la robótica, el radar, el control remoto, la física nuclear, la balística y la computación.

Nacido en lo que hoy es Croacia, de etnia serbia, el inventor se naturalizó ciudadano estadounidense. Fue en América donde desarrolló su carrera, pero sus ideas desagradaban al lobby de las ciencias, por lo que, pese a sus geniales descubrimientos, pasó sus últimos años bordeando la pobreza y el anonimato.

En la última foto se muestra flaco y consumido, pero en ella aún se puede apreciar la intensidad indagadora de su mirada. Tesla vivió sus últimos años en hoteles baratos de Nueva York.

El inventor pasaba sus tardes alimentando palomas en los parques de la ciudad. Sus convicciones lo habían hecho adoptar una dieta estrictamente vegetariana, compuesta principalmente de pan, miel, y jugos de fruta.