Se conmemora el domingo 11 de septiembre un nuevo aniversario del fallecimiento de Domingo Faustino Sarmiento , presidente, político, escritor, educador e injusto propietario del podio eterno entre los próceres de nuestra historia oficial, compartiendo medalla y toneladas de bronce liberal junto con Bartolomé Mitre, el padre de esa misma historia unidireccional que supimos conseguir y padecer. En las escuelas nos piden lo recordemos el lunes... y luego ... a casa! quizas sirvan estas ideas para el ACTO y bajarlo un ratito de su bronce.
Sarmiento fue un racista.
Ese calificativo no lo niegan ni sus apologistas. Lo que hacen desde siempre es batir el parche con aquello de que “no hay que sacar de contexto histórico, geográfico y político a los hombres y a los hechos de esa misma historia”. Poco convincente, para mi gusto. Tampoco, entonces, habría que sacarlo a Hitler, quien obviamente tiene menos prensa que el autor de ese maravilloso libro que es “Facundo”. Porque Sarmiento fue un enorme escritor, de eso no hay duda. Pero fue un racista.
La innumerable bibliografía que contiene frases, escritos, discursos y artículos periodísticos donde Sarmiento dio rienda suelta a su odio ancestral hacia todo lo que fuese autóctono (la barbarie), cierto que escasamente incluída en las universidades argentinas y jamás citada en las escuelas primarias y medias, es inversamente proporcional a la difusión de la también innumerable biblioteca que trata de justificar las barbaridades que Sarmiento pronunció o llevó a la práctica en defensa de la “civilización”, esto es, nada que no fuera inglés o estadounidense, como contracara de cualquiera cosa (hombres y cosas) que surgiera del suelo donde él mismo nació, aunque nunca consideró propio, en el íntegro sentido de la palabra.
Sarmiento odió a los indios, a los negros argentinos, a los gauchos, a todo el arco latinoamericano e inclusive a los españoles, a quienes consideraba una raza inferior europea. Durante la presidencia de Sarmiento la población negra, al vivir en condiciones miserables, resultó muy castigada por la peste de Fiebre Amarilla. Además el ejército cercó las zonas en las que vivían y no les permitió emigrar hacia el Barrio Norte, donde los blancos se establecieron escapando de la epidemia. Murieron masivamente y fueron sepultados en fosas comunes. Argenpress: El genocidio negro en la Argentina, por Lucas Fernández
Está en sus libros. Jamás desmintió nada.
Sarmiento tenía un estilo literario y oratorio tremendo, a la altura de las diatribas hitlerianas, por contenido e intensidad. Ocurre que la historia y la geografía le jugaron en contra o lo hicieron jugar en el patio de atrás, con la lógica decepción que ese hecho le provocó. Entonces pretendió trasladarnos al primer mundo de su época en brazos de una “educación para todos”, o sea, para todos los que desde ese momento, con guardapolvo blanco unificador, colocaran los cimientos y los pilotes de una verdadera colonia, no una colonia de cuarta categoría. Si haremos las cosas, las haremos bien, podría haber lanzado en algunos de sus encendidas proclamas de barricada inútil, a favor de los imperios y en contra de la propia sangre.
Un contrapunto (www.aborigenargentino.com) protagonizado en Página 12 por Osvaldo Bayer y el ministro de educación macrista Mariano Narodowski es más que ilustrativo en este asunto. Allí Bayer rescata el sesgo educador de Sarmiento , al tiempo que demuele su figura al considerarlo un racista hecho y derecho.
Si hay una contradicción suprema en la historia nacional es la coincidencia de liberales, conservadores, socialistas, radicales y oligarcas GANADEROS como hicieron en la RURAL (y no pocos peronistas) en ejercer la defensa de la figura de Domingo Faustino, sin contraponerla automáticamente con quienes fueron sus enemigos, esa “lacra bárbara” que Sarmiento denostó, persiguió, mandó a asesinar (Peñaloza) y hasta a festejar asesinatos. Volvemos a Bayer, a Página 12 y a los libros del ex presidente.
Escribió el prócer: “Un día vendrá al fin, que lo resuelvan, y la esfinge argentina: mitad mujer, por lo cobarde, mitad tigre, por lo sanguinario, morirá a sus plantas…” Esto lo dijo por Rosas, pero obsérvese (y al diablo con el contexto) lo que Domingo F. Sarmiento pensaba de la condición femenina.
Otra: “Hubiérase explicado el misterio de la lucha obstinada que despedaza a la República. Hubiérase asignado su parte a la configuración del terreno y a los hábitos que ella engendra: su parte a las tradiciones españolas y a la conciencia nacional, inicua, plebeya; su parte a la barbarie indígena; su parte a la civilización europea”.
Otra (también extraída del “Facundo”): “España, esa rezagada, unida a la Europa culta por un ancho istmo y separada del África bárbara por un ancho estrecho”. He aquí también un mazazo para el África negra, que luego trasladó al terreno local cuando saludó la masacre de negros nacionales en la Guerra contra el Paraguay, esa guerra de la Triple Alianza donde los liberales como Mitre y Sarmiento siguieron las órdenes del imperio inglés para destruir al Paraguay, en ese tiempo el único país sudamericano antiimperalista y autónomo, el más adelantado en 1865 y el más progresista, tanto, que generó la inquietud irracional de las potencias europeas, que conchabaron a sus gerentes sudamericanos para llevar un (otro más) plan de exterminio... sin dejar de contar que se mandó a mudar cuando la fiebre amarilla azotó Bs. As... junto a su vice Adolfo Alsina!
Una más: “Dicen que somos amigos de los europeos y traidores a la causa americana. ¡Cierto!, decimos nosotros ¡somos traidores a la causa americana, española, absolutista, bárbara ¿No han visto revolotear por ahí, sobre nuestras cabezas, la palabara ‘salvaje?’”.
Aun más: “Las fusión en nuestra tierra de españoles, indígenas y negros ha resultado un todo homogéneo que se distingue por su amor a la ociosidad e incapacidad industrial, cuando la educación no viene a poner espuela (¿?)”.
Bueno, el remate podría ser su hito que trasciende los siglos: “No ahorre sangre de gaucho”. Su mejor contribución, el haber contratado maestras de Estados Unidos para educarnos según sus normas imperialistas, que no otra cosa vinieron a hacer aquí (¿o que se creía, que vendrían a formar individuos revolucionarios?). Sarmiento es el padre de la educación argentina, como Roca es el padre el progresismo.
Uno educó para la colonia y la entrega, el otro asesinó más de un millón para que fuéramos modernos. Nadie les quita esas medallas.
El racismo es esencialmente europeo (y de ahí venimos casi todos). Claro que los estadounidenses vienen también de allí. Pero todo bien regado y sazonado con la ideología y la portentosa labia del gran Maestro, el gran civilizador, el incuestionable reproductor argentino de una patología que siempre amenaza con reventar el mundo: el racismo (y no sólo el antisemita), una adquisición que circula por muchas cabezas en nuestro país, que encarnan tanto que promueven a RECORDAR al cuyano alborotador el dia lunes y luego... a casa!... en fin, todos los que promueven ¡Gloria y loor, al gran Sarmiento !, como reza el himno deberiamos entonar obligatoriamente, el LUNES 12, perder un dia más de clase.... e irnos a casa... avisándonos como siempre DOS dias antes!.
Sarmiento fue un racista que debemos recordar obligatoriamente el lunes 12 porque ... ¡qué pena! el 11 cae DOMINGO...!