¿Hijos del rigor?
Por Esteban Godoy
POR: GRUPO CRÓNICA
12/02/2016 4:27:26
El anuncio de los fuertes incrementos en la tarifa de la energía eléctrica, realizados hace dos semanas por el ministro Juan José Aranguren, se efectuó en medio de explicaciones acerca del congelamiento que tenían las facturas de luz hace más de diez años, y como una suerte de “sinceramiento” en el costo de las mismas. La quita de subsidios y el alza en los precios de las boletas era una medida esperada, debido a que según las autoridades, las empresas del sector trabajaban casi a pérdida y que lo percibido no alcanzaba para realizar inversiones.
Más allá de las consideraciones acerca de si los aumentos corresponden o no, y el impacto que las subas de más del 500% tendrá en las clases medias y bajas, la decisión también estaba centrada en un aspecto fundamental: el despilfarro de energía por parte de los consumidores.
Y esto, por cierto, tiene una explicación tan lógica como inaceptable. Para los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, no así para el resto de la población del país, las tarifas de luz estuvieron a precio regalado durante más de una década. Similar situación a la que se vive con los combustibles en Venezuela, donde llenar el tanque de un auto cuesta algo así como diez centavos de dólar. Una botellita de agua mineral vale al menos diez veces más
Esa distorsión llevó a que porteños y bonaerenses utilizaran la luz de sus casas sin ningún tipo de control. En épocas veraniegas, con uno o más aires acondicionados encendidos durante largas horas y en la temporada invernal, con los confortables y económicos (en precio) caloventores que consumen elevada cantidad de kilovatios.
El anuncio del gobierno buscó no sólo adecuar las tarifas, sino desalentar al consumo excesivo. Sin embargo, a sólo 15 días de las palabras de Aranguren, la demanda de energía eléctrica en los primeros 7 días luego de los anuncios creció un 18% con respecto a la semana anterior. El dato llamó la atención de los especialistas, puesto que todo indicaba que las cifras serían exactamente opuestas. Y sorprende porque, por ejemplo, un consumidor que pagó 70 pesos la última boleta, con el mismo gasto en las actuales tarifas, abonará cerca de 600. Pero ni saber eso hizo que cambiara sus hábitos.
Por Esteban Godoy
POR: GRUPO CRÓNICA
12/02/2016 4:27:26

El anuncio de los fuertes incrementos en la tarifa de la energía eléctrica, realizados hace dos semanas por el ministro Juan José Aranguren, se efectuó en medio de explicaciones acerca del congelamiento que tenían las facturas de luz hace más de diez años, y como una suerte de “sinceramiento” en el costo de las mismas. La quita de subsidios y el alza en los precios de las boletas era una medida esperada, debido a que según las autoridades, las empresas del sector trabajaban casi a pérdida y que lo percibido no alcanzaba para realizar inversiones.
Más allá de las consideraciones acerca de si los aumentos corresponden o no, y el impacto que las subas de más del 500% tendrá en las clases medias y bajas, la decisión también estaba centrada en un aspecto fundamental: el despilfarro de energía por parte de los consumidores.
Y esto, por cierto, tiene una explicación tan lógica como inaceptable. Para los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense, no así para el resto de la población del país, las tarifas de luz estuvieron a precio regalado durante más de una década. Similar situación a la que se vive con los combustibles en Venezuela, donde llenar el tanque de un auto cuesta algo así como diez centavos de dólar. Una botellita de agua mineral vale al menos diez veces más
Esa distorsión llevó a que porteños y bonaerenses utilizaran la luz de sus casas sin ningún tipo de control. En épocas veraniegas, con uno o más aires acondicionados encendidos durante largas horas y en la temporada invernal, con los confortables y económicos (en precio) caloventores que consumen elevada cantidad de kilovatios.
El anuncio del gobierno buscó no sólo adecuar las tarifas, sino desalentar al consumo excesivo. Sin embargo, a sólo 15 días de las palabras de Aranguren, la demanda de energía eléctrica en los primeros 7 días luego de los anuncios creció un 18% con respecto a la semana anterior. El dato llamó la atención de los especialistas, puesto que todo indicaba que las cifras serían exactamente opuestas. Y sorprende porque, por ejemplo, un consumidor que pagó 70 pesos la última boleta, con el mismo gasto en las actuales tarifas, abonará cerca de 600. Pero ni saber eso hizo que cambiara sus hábitos.
