Las fuertes subas de precios obligan a la gente a evaluar antes de decidir.Los argentinos se ajustan el cinturón ante los aumentos Un relevamiento de Crónica demostró que bajó la cantidad y la calidad del consumo de clases medias y populares. Vecinos de diferentes barrios porteños ante este diario, relatando una variedad de alternativas para afrontar los tarifazos y la suba de los precios, sin tener la posibilidad de ahorrar una ínfima cantidad de su ingreso. POR: GRUPO CRÓNICA 12/02/2016 23:54:18 Por Matías Resano mresano@cronica.com.ar Mientras nada parece quedar exento de la cadena de aumentos que se registraron en los alimentos y se anunciaron en el servicio de electricidad paralelamente se advierte una reducción de los niveles de consumo. En centros de venta de bienes de primera necesidad, como almacenes y supermercados, e incluso en lugares de encuentro y esparcimiento, los consumidores llevan a cabo su propio ajuste, comprando menos productos, sacrificando sus gustos y divertimentos en pos de fijar prioridades para satisfacer las necesidades más urgentes. Un comportamiento que reflejaron los vecinos de diferentes barrios porteños ante Crónica, relatando una variedad de alternativas para afrontar los tarifazos y la suba de los precios, sin tener la posibilidad de ahorrar una ínfima cantidad de su ingreso. La bolsa menos cargada que antes, como ella misma le confesó a este medio, en su mano derecha, retirándose de una panadería del barrio porteño de Constitución, Teresa detalló la compra recientemente realizada: “Trato de comprar siempre lo mismo, porque como vivo sola me arreglo, pero de todas maneras se hace muy difícil. Puedo comer más o menos los mismos alimentos pero en menor cantidad que antes sino no alcanza”. A su vez, la mujer dejo en claro que debió modificar sus hábitos en el uso del servicio energético: “Solo dejo prendida la habitación de mi casa en la que yo esté porque el aumento fue terrible. Para una jubilada como yo es un fuerte impacto a mi bolsillo”. Otro caso elocuente es el de Paola, quien recorría comercios mientras empujaba el carrito con su beba de pocos meses de vida, acompañada de su madre y debajo de un sol sofocante. “Antes de comprar, veo un montón de lugares, fijándome precios y de lo único que estoy segura es que no hay nada barato, todo está carísimo y por eso debo reducir los gastos”, confesó la joven. En este sentido dejo en claro que “por ejemplo deje de comprarme ropa y usar lo que tenía para poder comprarle la leche y los pañales a mi gorda, que son dos productos de primera necesidad y están carísimos”. Por lo tanto, Paola remarcó: “Ya uno no se puede dar un gusto, es imposible salir en familia y hace rato que no ahorro, creo que la última vez fue el año pasado”. Parecida es la situación de Blanca, quien también caminaba las calles de Balvanera a fin de encontrar una oferta salvadora: “Estoy buscando precios”, aclaró. Justamente respecto a la compra de productos alimentos la mujer reconoció que “tuve que dejar el yoghurt, las galletitas y consumir menos carnes porque sino se hace imposible. Sumado al tremendo aumento de los impuestos”. Razón por la cual, “el sueldo se va directamente a los gastos diarios, ir a dar un paseo, cenar afuera en familia ya es un lujo”. Los tres testimonios ilustran el panorama que se advierte en la calle y principalmente en los negocios, sobre todo en verdulerías, almacenes y carnicerías, y que se profundizaría cada vez más frente a una tendencia creciente de las tarifas y los precios.
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