“El dueño de aquella voz salió de la maleza andando de espaldas y las ramas arañaron su grasiento anorak. Tenía desnudas y llenas de rasguños las gordas rodillas. Se agachó para arrancarse cuidadosamente las espinas. Después se dio la vuelta. Era más bajo que el otro muchacho y muy gordo. Dio unos pasos, buscando lugar seguro para sus pies, y miró tras sus gruesas gafas.
–¿Dónde está el hombre del megáfono? El muchacho rubio sacudió la cabeza.
–Estamos en una isla. Por lo menos, eso me parece. Lo de allá afuera, en el mar, es un arrecife. Me parece que no hay personas mayores en ninguna parte.
El otro muchacho miró alarmado.
–¿Y aquel piloto? Pero no estaba con los pasajeros, es verdad, estaba más adelante, en la cabina.
El muchacho rubio miró hacia el arrecife con los ojos entornados.
–Todos los otros chicos… –siguió el gordito. Alguno tiene que haberse salvado. ¿Se habrá salvado alguno, verdad?
El muchacho rubio había dicho esto en un tono solemne, pero en seguida le dominó el gozo que siempre produce una ambición realizada, y en el centro del desgarrón de la selva brincó dando media voltereta y sonrió burlonamente a la figura invertida del otro.
–¡Ni una persona mayor!”.
El señor de las moscas (1954), del escritor británico William Golding, cuenta la historia de un grupo de niños cuyo avión, que los alejaba de la guerra, sufre un accidente y provoca que los niños terminen desperdigados en la isla. Ante la oportunidad de vivir sin adultos, sin reglas y disfrutar de los regalos naturales, los niños establecen una precaria organización social para sobrevivir. Sin embargo, en este experimento social, los rasgos e instintos más profundos del ser humano se reflejan en los niños que han superado la inocencia. La ausencia de autoridades desata el libertinaje de los infantes, quienes ante el libre albedrío sufren una regresión a conductas salvajes.
La trama propuesta por Golding permite que el lector sea partícipe, evaluador y juez de un experimento que sitúa a un grupo de niños bajo condiciones específicas: sin adultos, leyes y ante la oportunidad de expresar su naturaleza humana; un concepto ampliamente explorado por teóricos políticos, filósofos y pensadores. El resultado de la propuesta de Golding se esconde en las páginas de la novela, la cual ya es considerada un clásico en el programa educativo británico. Sin embargo, en los anales de la historia podemos encontrar casos en que la naturaleza humana ha provocado terribles
experimentos con niños. Con miras a desvelar los secretos ocultos de la ciencia, y con la creencia de que los resultados arrojados con la experimentación en niños podrían ser más certeros, la humanidad ha cometido múltiples actos de barbarie, decisiones con ética nula y provocado repercusiones de por vida en los niños. Con diferencias abismales entre uno y otro, te presentamos experimentos hechos con niños.
Experimentos con gemelos
Josef Mengele, el llamado Ángel de la muerte del campo de concentración de Auschwitz, era un médico alemán que durante años realizó múltiples experimentos con los prisioneros del campo. Dentro de sus múltiples intereses, la experimentación con gemelos representaba la oportunidad de marcar pauta en la ‘higiene racial’ que Alemania emprendía. Con miras a encontrar la clave para la reproducción selectiva de la raza aria, y ante la gran población judía a su disposición, Mengele realizaba pruebas de radiación y resistencia al dolor en humanos. Además, se sabe que infectaba intencionalmente a gemelos con bacterias de múltiples enfermedades para comprobar similitudes anatómicas y reacciones de los gemelos ante una misma enfermedad. Sin embargo, según testimonios de la época, se sabe que también realizó un experimento para crear siameses; cosiendo a dos gemelos de cuatro años por la espalda hasta las muñecas. Más de 1500 pares de gemelos pasaron por los laboratorios de Mengele y sólo 200 sobrevivieron a la guerra.
Terapia de electroshock
De 1940 hasta mediados de la década de los 50, la Dra. Lauretta Bender, miembro del Hospital Creedmoor impulsó un método que consideraba revolucionario para tratar a niños con problemas de comportamiento: el electroschock. La terapia consistía en entrevistar a un niño frente a un gran grupo de personas y aplicar un poco de presión en el cráneo del infante y sí el niño reaccionaba a la presión ejercida, se debía a que mostraba signos tempranos de esquizofrenia, por lo que debían someterse a terapias de electroschock. Para el momento en que el método de Bender fue detenido, se cree que más de cien niños sufrieron de la terapia, con rangos de edad desde los tres a los doce años. Aunque profundamente decepcionada por los efectos de su terapia, Bender siempre defendió presuntos buenos resultados, aunque el seguimiento a los pacientes demostró que el comportamiento de los niños sólo empeoró, culminando en suicidios, delitos y actos violentos.
Reasignación de genero
David Reimer nació en 1965 junto a su hermano gemelo. A la edad de 8 años, sus padres lo llevaron al hospital para practicarle la circuncisión, sin embargo, el doctor que le practicó la operación le quemó el pene al usar un aparato equivocado. Ante la situación, los padres de David acudieron al psicólogo John Money, un experto en el campo de estudios de identidad sexual, quien les recomendó que le realizaran una operación de cambio de sexo y criaran a David como una niña. Rompiendo con cualquier lineamiento ético, Money no estaba interesado en el bienestar del niño, sino en la oportunidad de realizar un experimento para “probar que la crianza, y no la naturaleza, determina la identidad de género y la orientación sexual”. El hecho de que David tenía un gemelo le permitía a Money usarlo como grupo de control.
Desde temprana edad, Brenda (David) mostró un rechazo por los vestidos y las muñecas, prefiriendo jugar con los juguetes de su hermano, e incluso era molestada por hablar y actuar como un niño en la escuela. El Dr. Money insistió en que sólo era una fase, mientras publicaba documentos sobre su experimento y aseguraba el éxito de su hipótesis. Sin embargo, los reportes escritos por Money se detuvieron en la década de los 70, época en que David supo de la fallida circuncisión y se suicidó. Presuntamente mortificado, Money jamás habló del caso, aunque es probable que su silencio se debió al fallido experimento y no las consecuencias de su estupidez.
El estudio Monster
Este experimento nos remonta a 1939, año en el que Wendell Johnson, de la Universidad de Iowa, eligió a Mary Tudor para realizar un experimento sobre la tartamudez. El estudio eligió 22 niños huérfanos de la ciudad, mismos que se dividieron entre el grupo experimental y el de control. Por un lado, el grupo de control recibió retroalimentación positiva sobre su ejecución verbal, correcta pronunciación y dicción. Por otra parte, el grupo experimental sufrió críticas y retroalimentación negativa por las imperfecciones típicas de los niños, además de recibir constantes señalamientos de que estaban desarrollando tartamudez.
Con una duración de cinco meses, muchos de los niños huérfanos de habla normal que recibieron ‘terapia negativa’ experimentaron problemas de habla y de lenguaje a futuro por el resto de su vida, principalmente tartamudez. El nombre del estudio proviene del apodo impuesto por compañeros de Johnson, quienes criticaron la experimentación en niños huérfanos para probar una hipótesis. Sin embargo, los resultados del experimentos jamás se publicaron por el miedo de Johnson a dañar su reputación ante el conocimiento de los experimentos que los nazis emprendían en los prisioneros de los campos de concentración. La Universidad de Iowa se disculpó públicamente en 2001.
Experimento de la cueva de los ladrones
Este experimento hace alusión al título de un célebre estudio de psicología social publicado en 1954, por Muzafer Sherif y Carolyn Sherif. Sherif planteó una competencia entre dos grupos de niños de doce años por ‘recursos deseados en común’. Sin conocerse y provenientes de la misma clase social y raza, los niños se dividieron en dos grupos, aunque ninguno sabía de la existencia del otro. A bordo de camiones, los niños se dirigieron a un campamento de boy scouts con más de 200 hectáreas.
A través de juegos y dinámicas, ambos grupos -aún sin conocerse- fueron motivados a forjar lazos entre sí, creando sus propias reglas y tradiciones, además de establecer una estructura social propia. Cada grupo nombró a su tribu bajo nombres distintos, e incluso estamparon su escudo en camisetas y banderas: The Eagles y The Rattlers. Una vez que los lazos de los grupos se consolidaron, Sherif empleó la segunda etapa de su experimento que consistía en crear ficciones entre los grupos a través de competencias como el baseball o la lucha de cuerda. Los ganadores serían acreedores a trofeos, y los mejores integrantes del equipo ganador recibirían medallas y navajas de uso múltiple. Aunada a la competencia, los experimentadores promovieron ciertas condiciones para generar disgusto entre los niños, mismo que en un principio se demostró en insultos y provocaciones pero que escaló hasta la quema de las banderas, saqueos de las cabañas, robo de propiedad privada y golpes.
Durante los posteriores dos días, que estaban encaminados a calmar la situación, los niños debían describir características de su grupo y del contrario. Como era de esperarse, cada grupo habló de manera favorable de sí mismo, y de manera negativa del otro. Los resultados del experimento, que convirtieron a niños de clase media en ‘pandilleros’, describiendo un salvajismo que pudo escalar hasta el nivel de
El Señor de las Moscas
, probó que un conflicto entre dos grupos puede crear prejuicios y conductas discriminatorias, probando así la teoría del conflicto realista de Sherif.
La búsqueda de la raza aria
En su "búsqueda para salvar la raza aria", los expertos en temas relacionados con la raza y la etnia de la SS ordenaron que se secuestrara y trasladara a centenares de niños de la Polonia y la Unión Soviética ocupadas para ser adoptados por familias alemanas aptas. Aunque la base de estas decisiones era "científico-racial", a menudo el simple hecho de tener el pelo rubio, los ojos azules o la piel clara eran rasgos suficientes para tener la "oportunidad" de convertirse en alemanes. Por otra parte, muchas mujeres polacas y soviéticas fueron deportadas a Alemania como mano de obra. Algunas de ellas mantuvieron relaciones sexuales con hombres alemanes, a menudo bajo coacción, y como resultado muchas se quedaban embarazadas. En estos casos, si los expertos en temas raciales determinaban que el niño no tenía la suficiente cantidad de sangre aria, eran obligadas a abortar o mantener a sus hijos en condiciones que garantizaran la muerte del bebé.
Algunos dibujos del holocausto hecho por niños y jóvenes
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“Todo el mundo tiene hambre”, por
Liana Franklová 10 años. Terezín
Helga Weissova
. 13 Años .Cuenta en este dibujo como los alemanes les obligaban a recortar las literas para que el barracón pareciese menos apretado y así engañar a la inspección de la Cruz Roja. Terezín.
Ella Liebermann
. 16 Años. Como sardinas en lata, los judíos de toda Europa eran enviados a la muerte.Gueto de Bedzin. Polonia
Ella Liebermann
. 16 Años .Los niños son arrancados de los brazos de sus madres.
Gueto de Bedzin. Polonia
Alfred Kantor
. 17 Años . Escribió sobre su dibujo :”Tocar la alambrada significaba la muerte instantánea. Aún así, la gente compartía pan, una sonrisa, una lágrima…“. Terezín
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Edita Pollakova
. 9 Años . Llegada del tren de deportaciones a Terezín. Edita
murió el 4 de octubre de 1944 en
Auschwitz
Ella Liebermann. 16 Años. Comiendo y Distribución de sopa.Gueto de Bedzin. Polonia
Helga Weissova
. 13 Años. Dibujo titulado “Llegada a Terezín”. Helga ingresó en el campo con tan sólo 12 años. Llevó consigo su caja de pinturas y su cuaderno para realizar más de 100 dibujos haciendo lo que su padre le dijo: “Pinta lo que veas“. Aquí acabó la infancia de Helga. Con la responsabilidad de contar todo lo que veía y experimentaba. Fue una de las pocas supervivientes.
Helga Weissova
. Último dibujo de su serie, realizado a la salida de Terezín en 1945. Todo puede intuirse en la mirada de los niños.
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Yehuda Bacon
. Con 16 Años, al salir de Terezín, dibujó este retrato de su padre recientemente gaseado y cremado en Auschwitz. La cara de su progenitor emerge, demacrada, sobre una cortina de humo. Impresionante
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