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La Argentina es un país rico en gas y petróleo. Entre ambos aportan el 85% de su energía.
En los años 90 logramos alcanzar el autoabastecimiento y fuimos exportadores de hidrocarburos mientras que los consumidores y las industrias pagaban la energía más barata de la región.
Pero luego de una década populista con políticas de desaliento a la inversión hemos vuelto a ser importadores y pagamos el gas más caro del mundo. ¿Qué paso? Repetimos la historia, en la década del 80 se aposto por las empresas estatales de petróleo, gas y electricidad con tarifas subsidiadas, sobre empleo y baja productividad.
El resultado fue que la argentina no logro autoabastecerse y construimos gaseoductos para importar gas de Bolivia. Mientras las empresas estatales acumulaban grandes pérdidas.
Los argentinos que peinan canas, recuerdan que el experimento estatista-populista de Alfonsín termino en medio del caos, hiperinflación, cortes de electricidad, escases de todo tipo de productos y saqueos de los supermercados.
En 1989 el nuevo gobierno asumió prematuramente por la renuncia de Alfosin y dio un giro de 180 grados en el sector energético, dicto la libre disponibilidad de la producción hidrocarburos, precios libres, la privatización de las empresas estatales de gas y electricidad, previa separación entre producción, transporte y distribución domiciliaria, reestructuración de ypf, reduciendo el 73% de su personal haciéndolo rentable para su posterior privatización y cotización en bolsa.
El resultado fue asombro, argentina se convirtió en un país gasífero. En apenas 10 años la producción de gas natural subía un 108%.
Las reservas comprobadas aumentaron 32%, la capacidad de transporte de gas de los gasoductos troncales creció un 68%, y las redes de distribución de gas fueron ampliadas un 59%. Incorporando 2.700.000 usuarios. Los usuarios de gas natural pasaron a tener las tarifas más bajas de la nación, tanto los residenciales, como las industriales.
Logramos el autoabastecimiento en argentina. Se construyeron gasoductos para exportar el excedente de energía hacia Chile y Brasil. Donde se montaron plantas eléctricas en base a el gas argentino.
Pese al éxito, la crisis del 2001-2002 provoco un total cambio en las reglas de juego.
El presidente Duhalde, devaluó mas del 200%, estableció una política de precios congelados a los servicios públicos e intervención creciente del mercado que se mantuvo durante las tres administraciones Kirchner.
Se privilegiaron los precios bajos de la energía para los consumidores, en detrimento de la inversión hasta llegar a la crisis actual.
La bajas tarifas de servicios públicos permitieron que la gente tenga más dinero en sus bolsillos para comprar un televisor o un auto, y así se ganaron votos y elecciones.
Pero los precios bajos hacen crecer la demanda de los consumidores por encima de lo normal y deterioran las finanzas de las empresas. Así vemos que las empresas distribuidoras terminaron presentándose a convocatoria de acreedores o están en graves problemas.
Como resultado cayó la inversión, sobretodo en la explotación de hidrocarburo se redujeron las reservas y aparecieron la escases y cortes de energía.
Argentina paso de exportadora a importar el equivalente al 32% de la producción de gas por un monto creciente, que ya llega a USD14.000.000.000 (catorce mil millones de dólares) anuales.
Parte de esto proviene del gas boliviano a un precio entre 6 y 11 dólares y peor aún el resto viene por barco a un costo entre 17 y 19 dólares.
Así nos acercamos al final de la película, con inflación galopante, ajustes y tarifasos. Que serán muy duros. Todo esto fue un gran negocio, pero no para los argentinos.
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