Bueno dejo una linda recopilacion de los llamados "barcos fantasmas" mas famosos que existen
el Mary Celeste
Un bergantín de 31 metros de eslora y 282 toneladas de peso que en diciembre de 1872 fue hallado viajando a toda vela por el Océano Atlántico rumbo a Gibraltar. A pesar de que la comida estaba servida y los botes salvavidas en su lugar, la tripulación había desaparecido en forma inexplicable. Una de las teorías para justificar la escena es que un grupo de piratas abordó el "Mary Celeste" y se llevó consigo a sus tripulantes, aunque otros deslizan la hipótesis de que una misteriosa criatura marina pudo haber sido la culpable de todo. Mientras que una tercera versión asegura que se trató de un simple motín.
zarpó el día 7 de noviembre de 1872 del puerto de Nueva York rumbo a Génova; estaba al mando el capitán Benjamin S. Briggs, la tripulación estaba compuesta de 7 hombres, e iba abordo, también la esposa de Briggs y su hijita de dos años. El buque transportaba 1700 barriles de alcohol comercial, por encargo de la firma H. Mascarenhas & Co, para aumentar la graduación alcohólica del vino.
El buque en cuestión, fue construido en Parrsborough, Nueva Escocia, en el año 1861. Se trataba de un bergantín Goleta, con casco de madera y dos palos, con velas cuadras en el palo trinquete, velas de estay entre éste y el mayor y escandalosa y cangreja en este último. Tenia 30 m de eslora por 7,6 de manga y desplazaba 286 T. Originariamente el barco fue botado con el nombre de . Amazon. , luego se lo cambio por el de . Mary Sellars. y, por último, tal como cuenta la leyenda, se convirtió en el . Mary Celeste., siendo el motivo de esta última modificación un error ortográfico de quien pinto el nombre.
Según lo que se pudo extraer del diario de abordo, la goleta zarpo el 7 de noviembre, no registrándose ningún hecho anormal hasta la última anotación, acaecida el 24 de noviembre, en esta se consigna que habían llegado a las Azores y que la noche siguiente al 24 se encontraron con mal tiempo. Luego el diario no registra más anotaciones, pero en la pizarra del puente ( donde se anotaban las distintas posiciones tomadas durante la singladura, antes de transcribirlas al libro de bitácora ) figuraba que el "Mary Celeste" se encontraba exactamente al nordeste de la isla Santa María, esto es el 25 de noviembre de 1872. Lo que ocurrió luego es todo un misterio.
El barco fue hallado a la deriva y sin nadie abordo, aproximadamente a las 15.00 Hs de 5 de diciembre de 1872, al cabo de 10 días de la última anotación del capitán en la pizarra del puente. Fue avistado por el bergantín . Dei Gratia., que navegaba a Gibraltar desde Nueva York, a 650 Km. al este de las Azores.
Flying Dutchman (El Holandés Errante)
Es una de las más célebres y tal vez más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace al menos 500 años. La embarcación partió de Ámsterdam con destino a las Indias Orientales, pero frente a una peligrosa tormenta cerca del Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, su capitán Van der Decken decidió seguir adelante y para eso mató a su primer oficial, quien se le oponía. No obstante todos los esfuerzos, el buque finalmente se hundió en una tormenta y desde ese momento algunos pescadores y marineros aseguran haberlo visto en diversos puntos del planeta.
na nave tropieza con una terrible tormenta, pero su capitán, enloquecido y sordo a las súplicas, rehúsa buscar refugio. Como castigo, es condenado a recorrer los mares durante toda la eternidad. ¿Cuál es el origen de la famosa leyenda del Holandés Errante?
La historia del Holandés Errante es una de las más famosas y quizá de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace, por lo menos, 500 años. Pero posiblemente su origen se remonte a tiempos muy anteriores al nacimiento de Cristo. Esencialmente, la historia es la siguiente: un maniático capitán holandés -por supuesto, el término «Holandés Errante» se refiere al capitán y no a su barco- desafía la ira de Dios y como resultado es condenado a navegar por los océanos eternamente, provocando la muerte de todos cuantos ven su nave espectral. Esta historia ha sido elaborada por muchos escritores, pero constituye algo más que una ficción, una siniestra historia del mar para asustar a crédulos marineros de agua dulce en tabernas portuarias. Este barco fantasma ha sido avistado en numerosas ocasiones, las últimas en pleno siglo XX
Muchas autoridades sostienen que la historia del Holandés errante se originó a partir de un hecho real, aunque sobre este punto no hay acuerdo. El problema se complica aún más porque existen muchas versiones de la historia, en las que el capitán puede llamarse Vanderdecken, Van Demien, Van Sraaten o Van alguna otra cosa.
La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Vanderdecken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Vanderdecken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.
La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Vanderdecken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios. En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios.
La figura se enfrentó con Vanderdecken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija (lo cual parece muy injusto para el pobre grumete quien, hasta aquí, no había tenido ningún papel independiente en la historia y, presumiblemente, sentía tanto temor ante Vanderdecken como el resto de la tripulación). Sin embargo, con estas palabras la visión desapareció, y con ella todos los pasajeros y tripulantes. Vanderdecken y el grumete quedaron abandonados a su destino.
Ésta es la versión clásica de la historia del Holandés Errante. Puede ser que se base en hechos, pero no hay acuerdo acerca de cuáles pudieron ser esos hechos. Una versión afirma que la historia deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal.
Lady Lovibond
La nave británica zarpó en febrero de 1748 con rumbo a la ciudad portuguesa de Oporto, pero una cuestión de celos por una mujer entre el primer oficial y el capitán desembocó en que este último llevara en forma intencional al buque hacia los bancos de arena Goodwin, cerca de Kant, en la costa sudeste de Inglaterra, donde chocó y se hundió. La leyenda afirma que la embarcación aún puede ser vista en las cercanías de aquel lugar cada medio siglo, y en los años 1798, 1848 y 1998 se documentaron varios testimonios de su avistamiento.
Según la historia, el capitán del Lady Lovibond, Simon Peel y en aras de celebrar su reciente matrimonio, decidió tomar su barco para realizar un crucero para celebrarlo. Decidió embarcarse en el Lady Lovibond con su nueva esposa, haciendo caso omiso a la creencia de que llevar a bordo a una mujer era de mala suerte. Zarpó en febrero 13 de 1748. Desafortunadamente para Peel, su primer oficial también estaba enamorado de su nueva novia, y después de ver las celebraciones, se vio abrumado por la ira y los celos e intencionadamente dirigió el barco al banco de arena Goodwind, conocido por causar naufragios. El Lady Lovibond encalló, matando a todos los que estaban a bordo. Según la leyenda, desde el naufragio se puede ver al Lady Lovibond navegando por las aguas de los alrededores de Kent cada 50 años. Fue avistado en 1798 por distintos capitanes de barcos, así como en 1848 y 1898, cuando parecía tan real que algunos barcos, pensando que era un buque en peligro, mandaron algunos botes salvavidas para ayudarlo. El Lady Lovibond fue visto otra vez en 1948, mientras que no hay avistamientos confirmados de su aniversario más reciente , siendo una de las historias de barcos fantasmas más conocidas de Europa.
Octavius
volvía desde Oriente hacia Inglaterra a través del Paso del Noroeste, donde quedó atrapado por el hielo. La historia cuenta que en 1775 un ballenero llamado "The Herald" se cruzó con él flotando sin destino preciso frente a las costas de Groenlandia. Los marineros del "Herald" subieron al buque perdido, pero allí se encontraron con una gran sorpresa: los cuerpos de sus colegas y los pasajeros congelados por el frío del Ártico. En igual forma fue hallado el capitán, quien a su lado tenía la bitácora cuyo último registro era de 1762. Algo por lo cual se supone que el buque realizó parte de su travesía con el status de "barco fantasma".
En la mañana del 12 de agosto de 1775, el ballenero groenlandés Herald se las arreglaba para cruzar el Atlántico Norte cuando el silencio glacial fue roto por el grito del vigía. Al frente y al Oeste, por encima de un iceberg podían verse las puntas de unos mástiles a unos diez kilómetros de distancia. Lentamente, una goleta emergió por detrás de la masa de hielo y a través del telescopio el capitán del Herald pudo constatar que no había señales de vida. Las velas estaban desechas y todo el barco brillaba curiosamente bajo el sol, cubierto como estaba de escarcha.
El capitán ordenó acercarse y empezó a gritarle a la tripulación de la extraña embarcación, pero sólo el silencio respondió a su llamado. La goleta siguió imperturbable su aparente camino sin ruta. “Bajen la lancha,” ordenó el capitán Warren. “Voy a echar un vistazo.”
La tripulación del Herald, como buenos marinos supersticiosos hasta el tuétano, permanecieron inmóviles. No tenían las más mínimas intenciones de aventurarse en el barco fantasma, y sólo cuando el capitán empezó a imprecarles, los marinos acataron sus órdenes.
El capitán eligió a ocho hombres para que lo acompañaran, y remando llegaron hasta la proa del barco donde bajo una capa de hielo podía leerse el nombre de la embarcación, Octavius. Ninguno había escuchado sobre ella jamás.
Desde el bote el capitán volvió a llamar a la tripulación, pero entre los ecos de su propia voz sólo escuchó el crujir de la madera y el silbar del viento entre las velas deshilachadas. Con cuatro de los hombres el capitán decidió subir a bordo.
La cubierta estaba tapada por el hielo y no se veía una sola persona sobre ella. Tras abrirse camino a través del hielo, decidieron bajar a los camarotes; donde consiguieron a veintiocho hombres congelados. Cada uno acostado en su litera y cubierto por capas y capas de cobijas y ropa. El frío había conservado sus cuerpos en perfecto estado y daba la impresión de que simplemente dormían la siesta.
En la cabina del capitán, el espectáculo fue el mismo. Su cuerpo estaba sentado en una silla frente a su escritorio. Las manos entrelazadas sobre las piernas y la cabeza tumbada hacia un lado con los labios entreabiertos. En una cabina detrás de la suya había tres cuerpos más. Una mujer estaba acostada en una camilla descansando su cabeza sobre el brazo, los ojos completamente abiertos viendo a un hombre con las piernas cruzadas sentado en una esquina en el otro lado del cuarto. En sus manos tenía un pedernal y una barra de metal. Frente a él, un puñado de aserrín cubierto de escarcha. La muerte lo había vencido tratando de encender un fuego. Junto a él estaba la chaqueta del marino. El capitán Warren la levantó y debajo de ella descubrió el cuerpo de un niño abrazado a un muñeco de trapo.
Los marinos del Herald habían visto más que suficiente y empezaron a pedirle al capitán que se marcharan. Pero el capitán les respondió que quería saber más. Bajó al depósito y no encontró ni un gramo de comida y cuando volvió a cubierta sus hombres estaban en pánico y le amenazaron con amotinarse. Contra todos sus deseos Warren tomó la bitácora del Octavius y regresó al Herald, desde donde pudo ver la goleta perderse sin rumbo en el horizonte para nunca más volver a saber de ella.
El capitán se retiró a su camarote a leer la bitácora y notó que faltaban todas las páginas del libro menos la primera y última. El marinero a quien se lo había encargado había dejado caer el resto en el mar.
En la primera el capitán del Octavius había escrito que habían partido de Inglaterra con rumbo a China el 10 de septiembre de 1761. Catorce años atrás. La última página tenía una sola anotación que estaba fechada el 11 de noviembre de 1762.
“Hasta ahora hemos estado atrapados en el hielo por 17 días. Nuestra posición aproximada es Longitud 160 O, Latitud 75 N. El fuego finalmente se extinguió ayer y el maestre ha estado tratando de encenderlo otra vez pero sin mucho éxito. Le ha dado la piedra a uno de los marinos. El hijo del maestre murió esta mañana y su esposa dice que ya no siente el frío. El resto de nosotros no siente lo mismo en esta agonía.”
Los ojos del capitán Warren volvieron a las palabras “Longitud 160 O, Latitud 75 N…” El significado era impresionante. En la fecha de la última nota en la bitácora, el Octavius había estado atrapado en hielo en el océano ártico, al norte de Point Barrow, Alaska. Miles de kilómetros de donde lo habían encontrado ese día. Un continente de hielo se extiende entre estos dos puntos.
Lo que el Octavius había hecho era pasar el legendario Paso del Noroeste. Por cientos de años se había buscado una ruta más corta entre el Atlántico y el Pacífico para llevar a cabo el intercambio comercial entre Asia y Europa. El Paso del Noroeste era un sueño para las potencias europeas de eliminar el largo viaje alrededor de la punta de Suramérica.
Aparentemente, el capitán del Octavius también había decidido encontrar el paso en vez de volver a casa alrededor de Suramérica. Pero como muchos otros antes que él, lo único que encontró fue la muerte.
Pero el Octavius había logrado el objetivo por si mismo. Año tras año había permanecido a flote, y sin nadie atendiendo el timón se había deslizado lentamente hacia el Este, aguantando la furia de los elementos hasta que finalmente llegó al Atlántico Norte. No fue sino hasta 1906 -ciento treinta y seis años más tarde- cuando otro barco, el Gjoa, comandado por el explorador noruego Roald Amundsen, logró cruzar el Paso del Noroeste.
Pero el Octavius había sido el primero, aunque su capitán y tripulantes hubiesen estado congelados por más de trece años.
SS Baychimo
un carguero británico de 1.300 toneladas que tenía su base en la ciudad canadiense de Vancouver y estaba revestido de acero, justamente para evitar inconvenientes durante sus viajes a través del frío polar. Lanzado al mar a principios de la década de 1920, quedó atrapado en el hielo cerca de Alaska en 1931 y su tripulación fue sacada de la nave por seguridad. Pero ya sin marineros a bordo el barco logró "liberarse" y se mantuvo a flote por lo siguientes 38 años. Varias veces fue visto sin rumbo por parte de esquimales y otras embarcaciones, y la última ocasión fue en 1969, otra vez atrapado en las heladas masas de Alaska. Fue abordado en numerosas oportunidades pero las condiciones climáticas impidieron rescatarlo, tras lo cual se cree que se hundió.
En 1.914 era botado en un astillero sueco el buque con bandera alemana “Amer Bonalfan”, con 1.322 Toneladas, sólido casco de acero y una gran chimenea gris.
Finalizada la 1ª Guerra Mundial, Alemania hubo de entregar gran parte de su flota a los aliados en compensación de las pérdidas navales sufridas por estos y entre ellos el “Amer Bonalfan” entregado a Gran Bretaña y que de inmediato lo renombró “Baychimo” destinándolo a hacer servicios en Canadá.
Se hizo cargo del barco la empresa “Bay Company of Hudson” para cubrir las rutas de las gélidas aguas del Ártico, bordeando el Círculo Polar, transportando víveres y combustible que cambiaban por pieles a los tramperos occidentales y a los cazadores innuits, recorriendo infinidad de pequeños establecimientos costeros, especialmente en el mar de Beufort durante el corto verano de aquellas latitudes.
El sólido casco del “Baychimo”, resultó ser de gran fiabilidad en aguas tan peligrosa, navegando entre hielos y atravesando la banquisa, recorriendo anualmente los 3200 km. de su ruta sin percances excesivamente graves.
Como cada año, el 6 de julio de 1.931, el “Baychimo” zarpa de Vancouver, su puerto base en la costa oeste de Canadá y a través del estrecho de Bering se interna en el mar de Beufort con 36 tripulantes a las ódenes del capitán John Cornwell, recorriendo los puntos habituales.
Finalizando el verano, tras completar con pieles la capacidad de sus bodegas en la isla Victoria, el capitán Cornwell ordena el retorno a Vancouver para poner allí fin a su periplo anual, pero las condiciones climáticas del Artico son imprevisibles y puede suceder que se pase directamente del verano al crudo invierno.
Fuertes temporales de viento e intensas heladas propiciaron que la superficie de la mar se solidificara dejando solamente un estrecho paso que acabó por cerrarse a las pocas horas, atrapando el “Baychimo” frente a la aldea de Barrow en Alaska, un conjunto de cabañas de madera construidas por la Compañía para servir de refugio.
Ante la imposibilidad de que el “Baychimo” lograse avanzar, y el peligro que suponía permanecer a bordo (el barco podría ser estrujado por los hielos y hundido), el capitán ordenó a la tripulación dirigirse a la aldea, que distaba aproximadamente un kilómetro. Tras muchos sufrimientos, a través del fuerte temporal lograron llegar a la aldea y refugiarse en las cabañas, donde permanecieron durante dos angustiosos días, con un tiempo infernal y la amenaza de la noche polar cerniéndose sobre ellos, pensando en el peligro que corría su barco con sus bodegas abarrotadas con una verdadera fortuna en pieles.
De forma tan repentina como sobrevino, cesó la tormenta, el hielo se debilitó y el “Baychimo” quedó flotando libremente.
La tripulación vuelve a bordo y con entusiasmo reinicia su viaje de retorno a casa, pero a los pocos días, una capa de hielo cubrió el mar y en pocas horas atrapó el casco del buque.
Aunque la tripulación albergaba esperanzas de que pudiesen continuar viaje y llegar sanos y salvos el buque y ellos así como la preciada carga, las condiciones meteorológicas se encargaron de disiparlas y el capitán pensó que por robusto que pareciera el casco del “Baychimo”, una climatología tan adversa acabaría por quebrarlo y hundirlo.
El 15 de octubre, atrapados y ante tan desesperanzadora situación, el capitán envía mensajes de socorro por radio y la Compañía responde enviando dos aviones de la base de Nome que estaba a 600 millas, para rescatar a los tripulantes.
Son evacuados 22 , mientras el capitán y otros 14 permanecen a bordo con la esperanza de rescatar las más valiosas pieles de la bodega, en cuanto el tiempo amaine y se lo permita.
Por seguridad, sobre el mismo banco de hielo construyeron un refugio de madera al que llevaron gran cantidad de leña, agua dulce que trajeron de un lago interior y víveres. Se trasladaron a él disponiéndose a esperar el corto verano polar, para poder reanudar la marcha.
Al cabo de un mes, tras un violento temporal descubrieron que el “Baychimo” había desaparecido. Después de buscarlo infructuosamente dieron por sentado que había sido destrozado por los hielos y se había hundido.
Una vez analizados los hechos y circunstancias se decide abandonar aquel lugar donde no tenía ningún sentido el permanecer y el capitán Cornwell envía dos hombres a una aldea esquimal situada a 22 millas para pedir auxilio. El tercer maquinista y un trampero que viajaba como pasajero fueron voluntarios.
Mientras hacían los preparativos para el regreso, un innuit cazador de focas les comunica que su barco está a 45 millas hacia el sudeste.
Tras un duro trayecto, allí encontraron al “Baychimo” intacto, pero enseguida comprendieron que en aquellas condiciones el barco era insalvable. El capitán ordena sacar de las bodegas las pieles mas valiosas y a los pocos días son rescatados por un avión.
Meses después, un mensaje recibido por la Compañía indica que el “Baychimo” ha sido visto por un grupo de esquimales a varios cientos de kilómetros de donde había sido avistado por última vez.
A mediados de marzo de 1.932, el joven cazador Leslie Melvin que viajaba en trineo entre Hesschel y Nome avistó el barco flotando tranquilamente muy cerca de la costa. Logró subir a bordo y comprobó que las pieles estaban perfectamente estibadas en las bodegas, pero tuvo que dejarlas por no tener medios en qué llevárselas.
Meses mas tarde fue visto por trabajadores de una empresa petrolífera que operaban en la zona. También subieron a bordo y comprobaron que todo seguía en orden.
En 1.933, a comienzos de año fue avistado por un grupo de esquimales, muy cerca del lugar donde había sido abandonado por su tripulación. Subieron a bordo y les sorprendió una fuerte tormenta, por lo que debieron permanecer en el buque como refugio durante diez días.
Volvió a ser visto en agosto de 1.933, julio de 1.934, setiembre de 1.935 y en varias ocasiones en 1.939.
Testimonios de todo tipo fueron llegando a la sede de la Compañía en Vancouver, pero todos ellos tenían un denominador común, la imposibilidad de su rescate.
Parece realmente increíble y da pié a la leyenda, que las tensiones de los hielos sobre el casco no hubieran acabado con el “Baychimo”. Fue avistado en 1.962 por un grupo de pescadores innuits que alertaron sobre la presencia del “Uniak” (Fantasma del Artico) como ellos lo denominan. La última vez que se vio fue en 1.969 por la tripulación del petrolero norteamericano Manhatan que cruzaba el paso del Noroeste.
en el link de abajo veran estas historias y otras, aunque les he agregado un poco de info
el Mary Celeste
Un bergantín de 31 metros de eslora y 282 toneladas de peso que en diciembre de 1872 fue hallado viajando a toda vela por el Océano Atlántico rumbo a Gibraltar. A pesar de que la comida estaba servida y los botes salvavidas en su lugar, la tripulación había desaparecido en forma inexplicable. Una de las teorías para justificar la escena es que un grupo de piratas abordó el "Mary Celeste" y se llevó consigo a sus tripulantes, aunque otros deslizan la hipótesis de que una misteriosa criatura marina pudo haber sido la culpable de todo. Mientras que una tercera versión asegura que se trató de un simple motín.
zarpó el día 7 de noviembre de 1872 del puerto de Nueva York rumbo a Génova; estaba al mando el capitán Benjamin S. Briggs, la tripulación estaba compuesta de 7 hombres, e iba abordo, también la esposa de Briggs y su hijita de dos años. El buque transportaba 1700 barriles de alcohol comercial, por encargo de la firma H. Mascarenhas & Co, para aumentar la graduación alcohólica del vino.
El buque en cuestión, fue construido en Parrsborough, Nueva Escocia, en el año 1861. Se trataba de un bergantín Goleta, con casco de madera y dos palos, con velas cuadras en el palo trinquete, velas de estay entre éste y el mayor y escandalosa y cangreja en este último. Tenia 30 m de eslora por 7,6 de manga y desplazaba 286 T. Originariamente el barco fue botado con el nombre de . Amazon. , luego se lo cambio por el de . Mary Sellars. y, por último, tal como cuenta la leyenda, se convirtió en el . Mary Celeste., siendo el motivo de esta última modificación un error ortográfico de quien pinto el nombre.
Según lo que se pudo extraer del diario de abordo, la goleta zarpo el 7 de noviembre, no registrándose ningún hecho anormal hasta la última anotación, acaecida el 24 de noviembre, en esta se consigna que habían llegado a las Azores y que la noche siguiente al 24 se encontraron con mal tiempo. Luego el diario no registra más anotaciones, pero en la pizarra del puente ( donde se anotaban las distintas posiciones tomadas durante la singladura, antes de transcribirlas al libro de bitácora ) figuraba que el "Mary Celeste" se encontraba exactamente al nordeste de la isla Santa María, esto es el 25 de noviembre de 1872. Lo que ocurrió luego es todo un misterio.
El barco fue hallado a la deriva y sin nadie abordo, aproximadamente a las 15.00 Hs de 5 de diciembre de 1872, al cabo de 10 días de la última anotación del capitán en la pizarra del puente. Fue avistado por el bergantín . Dei Gratia., que navegaba a Gibraltar desde Nueva York, a 650 Km. al este de las Azores.
Flying Dutchman (El Holandés Errante)
Es una de las más célebres y tal vez más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace al menos 500 años. La embarcación partió de Ámsterdam con destino a las Indias Orientales, pero frente a una peligrosa tormenta cerca del Cabo de Buena Esperanza, en el extremo sur de África, su capitán Van der Decken decidió seguir adelante y para eso mató a su primer oficial, quien se le oponía. No obstante todos los esfuerzos, el buque finalmente se hundió en una tormenta y desde ese momento algunos pescadores y marineros aseguran haberlo visto en diversos puntos del planeta.
na nave tropieza con una terrible tormenta, pero su capitán, enloquecido y sordo a las súplicas, rehúsa buscar refugio. Como castigo, es condenado a recorrer los mares durante toda la eternidad. ¿Cuál es el origen de la famosa leyenda del Holandés Errante?
La historia del Holandés Errante es una de las más famosas y quizá de las más antiguas leyendas del mar, ya que circula desde hace, por lo menos, 500 años. Pero posiblemente su origen se remonte a tiempos muy anteriores al nacimiento de Cristo. Esencialmente, la historia es la siguiente: un maniático capitán holandés -por supuesto, el término «Holandés Errante» se refiere al capitán y no a su barco- desafía la ira de Dios y como resultado es condenado a navegar por los océanos eternamente, provocando la muerte de todos cuantos ven su nave espectral. Esta historia ha sido elaborada por muchos escritores, pero constituye algo más que una ficción, una siniestra historia del mar para asustar a crédulos marineros de agua dulce en tabernas portuarias. Este barco fantasma ha sido avistado en numerosas ocasiones, las últimas en pleno siglo XX
Muchas autoridades sostienen que la historia del Holandés errante se originó a partir de un hecho real, aunque sobre este punto no hay acuerdo. El problema se complica aún más porque existen muchas versiones de la historia, en las que el capitán puede llamarse Vanderdecken, Van Demien, Van Sraaten o Van alguna otra cosa.
La versión más conocida de la historia del Holandés Errante habla de un tal capitán Vanderdecken, cuya nave fue atrapada en una terrible tormenta cuando doblaba el cabo de Buena Esperanza. Los pasajeros, aterrorizados, rogaron a Vanderdecken que se refugiara en un puerto seguro o que, por lo menos, arriara velas a intentara capear el temporal, pero el enloquecido capitán se rió de sus súplicas y, atándose al timón, comenzó a cantar canciones sacrílegas.
La tripulación también se alarmó por la conducta de su capitán e intentó hacerse con el control de la nave, pero el intento de motín fue sofocado cuando Vanderdecken arrojó a su líder por la borda, mientras los aterrorizados pasajeros y la tripulación se encomendaban a Dios. En respuesta a sus plegarias las nubes se abrieron y una luz incandescente iluminó el castillo de proa, revelando una figura gloriosa que según algunos, era el Espíritu Santo, mientras otros dijeron que era Dios.
La figura se enfrentó con Vanderdecken y le dijo que, ya que disfrutaba con los sufrimientos ajenos, de ahora en adelante sería condenado a recorrer el océano eternamente, siempre en medio de una tempestad, y provocaría la muerte de todos aquellos que le vieran. Su único alimento sería hierro al rojo vivo, su única bebida la hiel, y su única compañía el grumete, a quien le crecerían cuernos en la cabeza y tendría las fauces de un tigre y la piel de una lija (lo cual parece muy injusto para el pobre grumete quien, hasta aquí, no había tenido ningún papel independiente en la historia y, presumiblemente, sentía tanto temor ante Vanderdecken como el resto de la tripulación). Sin embargo, con estas palabras la visión desapareció, y con ella todos los pasajeros y tripulantes. Vanderdecken y el grumete quedaron abandonados a su destino.
Ésta es la versión clásica de la historia del Holandés Errante. Puede ser que se base en hechos, pero no hay acuerdo acerca de cuáles pudieron ser esos hechos. Una versión afirma que la historia deriva de la saga escandinava de Stote, un vikingo que robó un anillo a los dioses y cuyo esqueleto, cubierto con un manto de fuego, fue hallado después sentado en el palo mayor de una nave negra y fantasmal.
Lady Lovibond
La nave británica zarpó en febrero de 1748 con rumbo a la ciudad portuguesa de Oporto, pero una cuestión de celos por una mujer entre el primer oficial y el capitán desembocó en que este último llevara en forma intencional al buque hacia los bancos de arena Goodwin, cerca de Kant, en la costa sudeste de Inglaterra, donde chocó y se hundió. La leyenda afirma que la embarcación aún puede ser vista en las cercanías de aquel lugar cada medio siglo, y en los años 1798, 1848 y 1998 se documentaron varios testimonios de su avistamiento.
Según la historia, el capitán del Lady Lovibond, Simon Peel y en aras de celebrar su reciente matrimonio, decidió tomar su barco para realizar un crucero para celebrarlo. Decidió embarcarse en el Lady Lovibond con su nueva esposa, haciendo caso omiso a la creencia de que llevar a bordo a una mujer era de mala suerte. Zarpó en febrero 13 de 1748. Desafortunadamente para Peel, su primer oficial también estaba enamorado de su nueva novia, y después de ver las celebraciones, se vio abrumado por la ira y los celos e intencionadamente dirigió el barco al banco de arena Goodwind, conocido por causar naufragios. El Lady Lovibond encalló, matando a todos los que estaban a bordo. Según la leyenda, desde el naufragio se puede ver al Lady Lovibond navegando por las aguas de los alrededores de Kent cada 50 años. Fue avistado en 1798 por distintos capitanes de barcos, así como en 1848 y 1898, cuando parecía tan real que algunos barcos, pensando que era un buque en peligro, mandaron algunos botes salvavidas para ayudarlo. El Lady Lovibond fue visto otra vez en 1948, mientras que no hay avistamientos confirmados de su aniversario más reciente , siendo una de las historias de barcos fantasmas más conocidas de Europa.
Octavius
volvía desde Oriente hacia Inglaterra a través del Paso del Noroeste, donde quedó atrapado por el hielo. La historia cuenta que en 1775 un ballenero llamado "The Herald" se cruzó con él flotando sin destino preciso frente a las costas de Groenlandia. Los marineros del "Herald" subieron al buque perdido, pero allí se encontraron con una gran sorpresa: los cuerpos de sus colegas y los pasajeros congelados por el frío del Ártico. En igual forma fue hallado el capitán, quien a su lado tenía la bitácora cuyo último registro era de 1762. Algo por lo cual se supone que el buque realizó parte de su travesía con el status de "barco fantasma".
En la mañana del 12 de agosto de 1775, el ballenero groenlandés Herald se las arreglaba para cruzar el Atlántico Norte cuando el silencio glacial fue roto por el grito del vigía. Al frente y al Oeste, por encima de un iceberg podían verse las puntas de unos mástiles a unos diez kilómetros de distancia. Lentamente, una goleta emergió por detrás de la masa de hielo y a través del telescopio el capitán del Herald pudo constatar que no había señales de vida. Las velas estaban desechas y todo el barco brillaba curiosamente bajo el sol, cubierto como estaba de escarcha.
El capitán ordenó acercarse y empezó a gritarle a la tripulación de la extraña embarcación, pero sólo el silencio respondió a su llamado. La goleta siguió imperturbable su aparente camino sin ruta. “Bajen la lancha,” ordenó el capitán Warren. “Voy a echar un vistazo.”
La tripulación del Herald, como buenos marinos supersticiosos hasta el tuétano, permanecieron inmóviles. No tenían las más mínimas intenciones de aventurarse en el barco fantasma, y sólo cuando el capitán empezó a imprecarles, los marinos acataron sus órdenes.
El capitán eligió a ocho hombres para que lo acompañaran, y remando llegaron hasta la proa del barco donde bajo una capa de hielo podía leerse el nombre de la embarcación, Octavius. Ninguno había escuchado sobre ella jamás.
Desde el bote el capitán volvió a llamar a la tripulación, pero entre los ecos de su propia voz sólo escuchó el crujir de la madera y el silbar del viento entre las velas deshilachadas. Con cuatro de los hombres el capitán decidió subir a bordo.
La cubierta estaba tapada por el hielo y no se veía una sola persona sobre ella. Tras abrirse camino a través del hielo, decidieron bajar a los camarotes; donde consiguieron a veintiocho hombres congelados. Cada uno acostado en su litera y cubierto por capas y capas de cobijas y ropa. El frío había conservado sus cuerpos en perfecto estado y daba la impresión de que simplemente dormían la siesta.
En la cabina del capitán, el espectáculo fue el mismo. Su cuerpo estaba sentado en una silla frente a su escritorio. Las manos entrelazadas sobre las piernas y la cabeza tumbada hacia un lado con los labios entreabiertos. En una cabina detrás de la suya había tres cuerpos más. Una mujer estaba acostada en una camilla descansando su cabeza sobre el brazo, los ojos completamente abiertos viendo a un hombre con las piernas cruzadas sentado en una esquina en el otro lado del cuarto. En sus manos tenía un pedernal y una barra de metal. Frente a él, un puñado de aserrín cubierto de escarcha. La muerte lo había vencido tratando de encender un fuego. Junto a él estaba la chaqueta del marino. El capitán Warren la levantó y debajo de ella descubrió el cuerpo de un niño abrazado a un muñeco de trapo.
Los marinos del Herald habían visto más que suficiente y empezaron a pedirle al capitán que se marcharan. Pero el capitán les respondió que quería saber más. Bajó al depósito y no encontró ni un gramo de comida y cuando volvió a cubierta sus hombres estaban en pánico y le amenazaron con amotinarse. Contra todos sus deseos Warren tomó la bitácora del Octavius y regresó al Herald, desde donde pudo ver la goleta perderse sin rumbo en el horizonte para nunca más volver a saber de ella.
El capitán se retiró a su camarote a leer la bitácora y notó que faltaban todas las páginas del libro menos la primera y última. El marinero a quien se lo había encargado había dejado caer el resto en el mar.
En la primera el capitán del Octavius había escrito que habían partido de Inglaterra con rumbo a China el 10 de septiembre de 1761. Catorce años atrás. La última página tenía una sola anotación que estaba fechada el 11 de noviembre de 1762.
“Hasta ahora hemos estado atrapados en el hielo por 17 días. Nuestra posición aproximada es Longitud 160 O, Latitud 75 N. El fuego finalmente se extinguió ayer y el maestre ha estado tratando de encenderlo otra vez pero sin mucho éxito. Le ha dado la piedra a uno de los marinos. El hijo del maestre murió esta mañana y su esposa dice que ya no siente el frío. El resto de nosotros no siente lo mismo en esta agonía.”
Los ojos del capitán Warren volvieron a las palabras “Longitud 160 O, Latitud 75 N…” El significado era impresionante. En la fecha de la última nota en la bitácora, el Octavius había estado atrapado en hielo en el océano ártico, al norte de Point Barrow, Alaska. Miles de kilómetros de donde lo habían encontrado ese día. Un continente de hielo se extiende entre estos dos puntos.
Lo que el Octavius había hecho era pasar el legendario Paso del Noroeste. Por cientos de años se había buscado una ruta más corta entre el Atlántico y el Pacífico para llevar a cabo el intercambio comercial entre Asia y Europa. El Paso del Noroeste era un sueño para las potencias europeas de eliminar el largo viaje alrededor de la punta de Suramérica.
Aparentemente, el capitán del Octavius también había decidido encontrar el paso en vez de volver a casa alrededor de Suramérica. Pero como muchos otros antes que él, lo único que encontró fue la muerte.
Pero el Octavius había logrado el objetivo por si mismo. Año tras año había permanecido a flote, y sin nadie atendiendo el timón se había deslizado lentamente hacia el Este, aguantando la furia de los elementos hasta que finalmente llegó al Atlántico Norte. No fue sino hasta 1906 -ciento treinta y seis años más tarde- cuando otro barco, el Gjoa, comandado por el explorador noruego Roald Amundsen, logró cruzar el Paso del Noroeste.
Pero el Octavius había sido el primero, aunque su capitán y tripulantes hubiesen estado congelados por más de trece años.
SS Baychimo
un carguero británico de 1.300 toneladas que tenía su base en la ciudad canadiense de Vancouver y estaba revestido de acero, justamente para evitar inconvenientes durante sus viajes a través del frío polar. Lanzado al mar a principios de la década de 1920, quedó atrapado en el hielo cerca de Alaska en 1931 y su tripulación fue sacada de la nave por seguridad. Pero ya sin marineros a bordo el barco logró "liberarse" y se mantuvo a flote por lo siguientes 38 años. Varias veces fue visto sin rumbo por parte de esquimales y otras embarcaciones, y la última ocasión fue en 1969, otra vez atrapado en las heladas masas de Alaska. Fue abordado en numerosas oportunidades pero las condiciones climáticas impidieron rescatarlo, tras lo cual se cree que se hundió.
En 1.914 era botado en un astillero sueco el buque con bandera alemana “Amer Bonalfan”, con 1.322 Toneladas, sólido casco de acero y una gran chimenea gris.
Finalizada la 1ª Guerra Mundial, Alemania hubo de entregar gran parte de su flota a los aliados en compensación de las pérdidas navales sufridas por estos y entre ellos el “Amer Bonalfan” entregado a Gran Bretaña y que de inmediato lo renombró “Baychimo” destinándolo a hacer servicios en Canadá.
Se hizo cargo del barco la empresa “Bay Company of Hudson” para cubrir las rutas de las gélidas aguas del Ártico, bordeando el Círculo Polar, transportando víveres y combustible que cambiaban por pieles a los tramperos occidentales y a los cazadores innuits, recorriendo infinidad de pequeños establecimientos costeros, especialmente en el mar de Beufort durante el corto verano de aquellas latitudes.
El sólido casco del “Baychimo”, resultó ser de gran fiabilidad en aguas tan peligrosa, navegando entre hielos y atravesando la banquisa, recorriendo anualmente los 3200 km. de su ruta sin percances excesivamente graves.
Como cada año, el 6 de julio de 1.931, el “Baychimo” zarpa de Vancouver, su puerto base en la costa oeste de Canadá y a través del estrecho de Bering se interna en el mar de Beufort con 36 tripulantes a las ódenes del capitán John Cornwell, recorriendo los puntos habituales.
Finalizando el verano, tras completar con pieles la capacidad de sus bodegas en la isla Victoria, el capitán Cornwell ordena el retorno a Vancouver para poner allí fin a su periplo anual, pero las condiciones climáticas del Artico son imprevisibles y puede suceder que se pase directamente del verano al crudo invierno.
Fuertes temporales de viento e intensas heladas propiciaron que la superficie de la mar se solidificara dejando solamente un estrecho paso que acabó por cerrarse a las pocas horas, atrapando el “Baychimo” frente a la aldea de Barrow en Alaska, un conjunto de cabañas de madera construidas por la Compañía para servir de refugio.
Ante la imposibilidad de que el “Baychimo” lograse avanzar, y el peligro que suponía permanecer a bordo (el barco podría ser estrujado por los hielos y hundido), el capitán ordenó a la tripulación dirigirse a la aldea, que distaba aproximadamente un kilómetro. Tras muchos sufrimientos, a través del fuerte temporal lograron llegar a la aldea y refugiarse en las cabañas, donde permanecieron durante dos angustiosos días, con un tiempo infernal y la amenaza de la noche polar cerniéndose sobre ellos, pensando en el peligro que corría su barco con sus bodegas abarrotadas con una verdadera fortuna en pieles.
De forma tan repentina como sobrevino, cesó la tormenta, el hielo se debilitó y el “Baychimo” quedó flotando libremente.
La tripulación vuelve a bordo y con entusiasmo reinicia su viaje de retorno a casa, pero a los pocos días, una capa de hielo cubrió el mar y en pocas horas atrapó el casco del buque.
Aunque la tripulación albergaba esperanzas de que pudiesen continuar viaje y llegar sanos y salvos el buque y ellos así como la preciada carga, las condiciones meteorológicas se encargaron de disiparlas y el capitán pensó que por robusto que pareciera el casco del “Baychimo”, una climatología tan adversa acabaría por quebrarlo y hundirlo.
El 15 de octubre, atrapados y ante tan desesperanzadora situación, el capitán envía mensajes de socorro por radio y la Compañía responde enviando dos aviones de la base de Nome que estaba a 600 millas, para rescatar a los tripulantes.
Son evacuados 22 , mientras el capitán y otros 14 permanecen a bordo con la esperanza de rescatar las más valiosas pieles de la bodega, en cuanto el tiempo amaine y se lo permita.
Por seguridad, sobre el mismo banco de hielo construyeron un refugio de madera al que llevaron gran cantidad de leña, agua dulce que trajeron de un lago interior y víveres. Se trasladaron a él disponiéndose a esperar el corto verano polar, para poder reanudar la marcha.
Al cabo de un mes, tras un violento temporal descubrieron que el “Baychimo” había desaparecido. Después de buscarlo infructuosamente dieron por sentado que había sido destrozado por los hielos y se había hundido.
Una vez analizados los hechos y circunstancias se decide abandonar aquel lugar donde no tenía ningún sentido el permanecer y el capitán Cornwell envía dos hombres a una aldea esquimal situada a 22 millas para pedir auxilio. El tercer maquinista y un trampero que viajaba como pasajero fueron voluntarios.
Mientras hacían los preparativos para el regreso, un innuit cazador de focas les comunica que su barco está a 45 millas hacia el sudeste.
Tras un duro trayecto, allí encontraron al “Baychimo” intacto, pero enseguida comprendieron que en aquellas condiciones el barco era insalvable. El capitán ordena sacar de las bodegas las pieles mas valiosas y a los pocos días son rescatados por un avión.
Meses después, un mensaje recibido por la Compañía indica que el “Baychimo” ha sido visto por un grupo de esquimales a varios cientos de kilómetros de donde había sido avistado por última vez.
A mediados de marzo de 1.932, el joven cazador Leslie Melvin que viajaba en trineo entre Hesschel y Nome avistó el barco flotando tranquilamente muy cerca de la costa. Logró subir a bordo y comprobó que las pieles estaban perfectamente estibadas en las bodegas, pero tuvo que dejarlas por no tener medios en qué llevárselas.
Meses mas tarde fue visto por trabajadores de una empresa petrolífera que operaban en la zona. También subieron a bordo y comprobaron que todo seguía en orden.
En 1.933, a comienzos de año fue avistado por un grupo de esquimales, muy cerca del lugar donde había sido abandonado por su tripulación. Subieron a bordo y les sorprendió una fuerte tormenta, por lo que debieron permanecer en el buque como refugio durante diez días.
Volvió a ser visto en agosto de 1.933, julio de 1.934, setiembre de 1.935 y en varias ocasiones en 1.939.
Testimonios de todo tipo fueron llegando a la sede de la Compañía en Vancouver, pero todos ellos tenían un denominador común, la imposibilidad de su rescate.
Parece realmente increíble y da pié a la leyenda, que las tensiones de los hielos sobre el casco no hubieran acabado con el “Baychimo”. Fue avistado en 1.962 por un grupo de pescadores innuits que alertaron sobre la presencia del “Uniak” (Fantasma del Artico) como ellos lo denominan. La última vez que se vio fue en 1.969 por la tripulación del petrolero norteamericano Manhatan que cruzaba el paso del Noroeste.
en el link de abajo veran estas historias y otras, aunque les he agregado un poco de info