1. Tiene el poder de convertir lo que sea en una torta:
Los tacos al pastor y de canasta son alimentos esencialmente chilangos, pero las tortas de tamal, de chilaquiles o incluso las tortas de taco de canasta son algo que sólo puede asimilar la imaginación y el estómago de un chilango.
2. El Zócalo, su punto de reunión:
Este espacio ha mutado con el tiempo y se ha convertido en una plancha de piedra fría dispuesta a adaptarse a lo que sea necesario. Desde conciertos gratuitos, pistas de hielo, canchas de futbol, beisbol, punto de concentración de protestas interminables, de encuentros personales bajo el asta bandera que ondea el símbolo nacional hasta la vendimia tradicional: esquites, tlayudas, refrescos, dulces, artesanías y juguetes. No hay chilango que no haya ido al Zócalo.
3. Su experiencia de viajar en metro:
Las 12 líneas del metro funcionan como arterias vitales imprescindibles, atiborradas de gente que recorre los puntos más distantes de esta urbe. Hay que subirse en las horas pico para conocer el sentimiento de la cercanía inevitable, incluso calurosa, con un desconocido.
4. El uso de la “ch”:
Aunque ya dejó de existir en el diccionario, la “ch” sigue siendo la letra favorita de los chilangos. Chale, chido, chamba, chafa, pachanga, chupe, etc. son palabras fundamentales, parte de su vocabulario cotidiano. El cantinfleo, ese rodeo infinito para decir las cosas, también suele ser parte del estilo del chilango, aseguran sobre todo los norteños.
5. Horas en el tránsito:
A excepción de la madrugada o las vacaciones, los trayectos en el DF son lentos y desesperantes. Eso sí, nada como esos momentos de reflexión inevitable entre bocinas y el calor del asfalto. Por otra parte, en esta ciudad sobran opciones de transporte y, a pesar de ello, la puntualidad es un concepto que ha desaparecido de la mente del chilango común. Además, la innumerable cantidad de vehículos en el DF ha ocasionado efectos secundarios en los conductores.
6. Se queja de todo:
Un chilango puede unirse a alguna marcha que empata con sus ideales o quejarse de quienes se quejan. Es común que el tránsito de la ciudad tenga origen en alguna protesta (aunque a veces sea un festejo), lo que ocurre varias veces a la semana.
7. Su folclor:
Muchos espacios de encuentro social han escrito su propia historia y se han convertido en parte fundamental de la dinámica citadina: la Arena México y los gritos furiosos de su público, Tepito repleto de fayuca y algún atípico negocio en regla, la lagunilla llena de antigüedades y en ocasiones auténticas joyas esperando a algún oportuno comprador, la música del xilófono o los viejos organillos en sus calles, botargas bailando o esperando inmaculados la fotografía con algún infante.
8. No conoce su ciudad:
Decir que se conoce la ciudad siempre es una expresión en sentido figurado y no literal. Las 16 delegaciones se encuentran lejanas y planear un viaje ocasional a alguna de ellas no es por lo general algo que un chilango quiera hacer, sólo si es estrictamente necesario.
9. Vive “sobre” agua:
Churubusco, La Viga, Consulado, Magdalena y De la Piedad son algunos de los exríos sobre los que transitan los chilangos: Muchas de las principales vialidades de la ciudad se construyeron sobre lo que antes eran ríos que hoy corren entubados debajo de las interminables filas de tránsito en la ciudad.
Imagen ilustrativa
10. Fabrica sus propias “ciencias esotéricas”:
Finalmente, encontramos que algunos chilangos ponen botellas de plástico con agua para evitar que los perros orinen o defequen en sus jardines. Sin embargo, no encontramos fundamentos de esto en ningún tratado científico.
Los tacos al pastor y de canasta son alimentos esencialmente chilangos, pero las tortas de tamal, de chilaquiles o incluso las tortas de taco de canasta son algo que sólo puede asimilar la imaginación y el estómago de un chilango.
2. El Zócalo, su punto de reunión:
Este espacio ha mutado con el tiempo y se ha convertido en una plancha de piedra fría dispuesta a adaptarse a lo que sea necesario. Desde conciertos gratuitos, pistas de hielo, canchas de futbol, beisbol, punto de concentración de protestas interminables, de encuentros personales bajo el asta bandera que ondea el símbolo nacional hasta la vendimia tradicional: esquites, tlayudas, refrescos, dulces, artesanías y juguetes. No hay chilango que no haya ido al Zócalo.
3. Su experiencia de viajar en metro:
Las 12 líneas del metro funcionan como arterias vitales imprescindibles, atiborradas de gente que recorre los puntos más distantes de esta urbe. Hay que subirse en las horas pico para conocer el sentimiento de la cercanía inevitable, incluso calurosa, con un desconocido.
4. El uso de la “ch”:
Aunque ya dejó de existir en el diccionario, la “ch” sigue siendo la letra favorita de los chilangos. Chale, chido, chamba, chafa, pachanga, chupe, etc. son palabras fundamentales, parte de su vocabulario cotidiano. El cantinfleo, ese rodeo infinito para decir las cosas, también suele ser parte del estilo del chilango, aseguran sobre todo los norteños.
5. Horas en el tránsito:
A excepción de la madrugada o las vacaciones, los trayectos en el DF son lentos y desesperantes. Eso sí, nada como esos momentos de reflexión inevitable entre bocinas y el calor del asfalto. Por otra parte, en esta ciudad sobran opciones de transporte y, a pesar de ello, la puntualidad es un concepto que ha desaparecido de la mente del chilango común. Además, la innumerable cantidad de vehículos en el DF ha ocasionado efectos secundarios en los conductores.
6. Se queja de todo:
Un chilango puede unirse a alguna marcha que empata con sus ideales o quejarse de quienes se quejan. Es común que el tránsito de la ciudad tenga origen en alguna protesta (aunque a veces sea un festejo), lo que ocurre varias veces a la semana.
7. Su folclor:
Muchos espacios de encuentro social han escrito su propia historia y se han convertido en parte fundamental de la dinámica citadina: la Arena México y los gritos furiosos de su público, Tepito repleto de fayuca y algún atípico negocio en regla, la lagunilla llena de antigüedades y en ocasiones auténticas joyas esperando a algún oportuno comprador, la música del xilófono o los viejos organillos en sus calles, botargas bailando o esperando inmaculados la fotografía con algún infante.
8. No conoce su ciudad:
Decir que se conoce la ciudad siempre es una expresión en sentido figurado y no literal. Las 16 delegaciones se encuentran lejanas y planear un viaje ocasional a alguna de ellas no es por lo general algo que un chilango quiera hacer, sólo si es estrictamente necesario.
9. Vive “sobre” agua:
Churubusco, La Viga, Consulado, Magdalena y De la Piedad son algunos de los exríos sobre los que transitan los chilangos: Muchas de las principales vialidades de la ciudad se construyeron sobre lo que antes eran ríos que hoy corren entubados debajo de las interminables filas de tránsito en la ciudad.
Imagen ilustrativa
10. Fabrica sus propias “ciencias esotéricas”:
Finalmente, encontramos que algunos chilangos ponen botellas de plástico con agua para evitar que los perros orinen o defequen en sus jardines. Sin embargo, no encontramos fundamentos de esto en ningún tratado científico.