Las siguientes situaciones históricas lograron que para el pueblo alemán, con sus debidas resistencias, el nazismo fuera el mejor gobierno del mundo.
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Deuda histórica
Los orígenes de la Primera Guerra Mundial se remontan al reclamo histórico alemán por no poseer colonias alrededor del mundo. Frente a sus vecinos europeos, Alemania estaba desfavorecida por no contar con territorios y recursos explotados para su beneficio, por lo que el asesinato del duque Francisco Fernando sirvió sólo como pretexto para iniciar un conflicto que se esperaba concluyera antes de Navidad. Tras la derrota alemana, el imaginario colectivo alemán se complementó con la frustración de no haber logrado su objetivo y la creencia de que el resto del mundo se había coordinado para detener el empuje teutón en el mundo. Con dos conflictos que no culminaron en lo esperado -las colonias alemanas en ultramar y la victoria en la Gran Guerra- Alemania se mantuvo al tanto de una nueva oportunidad de cumplir los sueños de antaño.
¿Quién podría cumplir esos anhelos populares? Ningún otro partido más que los nacionalsocialistas, que prometían recompensar las aspiraciones imperialistas de Alemania y restaurar el antiguo poder alemán.
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La propaganda
Mucho ya se ha dicho de los dotes de comunicación de Joseph Goebbels y su habilidad el frente del Ministerio de Propaganda. Con una preparación académica que iba desde la filosofía y la literatura, hasta la historia y el arte, Goebbels fue un hombre instruido en ocho de las mejores universidades alemanas de los 20, por lo que su preparación rindió frutos años más tarde cuando se encargó de dirigir el enorme aparato propagandístico nazi. Aprovechando las ventajas poco explotadas por la política de la radio y el cine, Goebbels definió once principios que sentaron las bases que aún hoy son ampliamente estudiados.
Con un único enemigo, Goebbels volcó todos los problemas de una fallida República de Weimar y los primeros pasos del Tercer Reich hacia la raza judía y a los movimientos comunistas. El antisemitismo en dicha época no era exclusiva de los nazis, pues cada uno de los países europeos mantenían políticas anti-judías por lo menos desde principios del siglo XX; de ahí que existieron pocos ejemplos de resistencia hacia las políticas nazis de concentración y explotación. Asimismo, el principio de la vulgarización dicta que toda propaganda debe ser popular, adaptada al nivel del menos inteligente de los individuos a los que va dirigida, de tal modo que cualquiera pueda entender lo que se le está comunicando, y actuar en consecuencia. Con un enemigo definido, un lenguaje que cualquiera entendía, y la posibilidad de mejorar la situación de un país a través de un líder que parecía un héroe, Alemania encumbró el nazismo.
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Situación económica
Previo a la Primera Guerra Mundial, Alemania era el país con la economía más avanzada y estable de Europa, y en un ámbito internacional iba sólo detrás de Estados Unidos. Con tal seguridad, el Kaiser no escatimó esfuerzos en mantener una economía de guerra que se determinó ganar la guerra. Sin embargo, ante la falta de aliados económicos poderosos como lo tuvo Francia e Inglaterra, Alemania se internó en una vorágine de crisis y recesión, por lo que mantener el aparato bélico fue imposible.
Niños jugando con rublos alemanes
Si bien la economía alemana de la postguerra se mantenía a duras penas, las sanciones económicas del Tratado de Versalles terminaron por hundir la economía, misma que sufrió la estocada final con la Gran Depresión y su repercusión en los mercados europeos. Hitler, a través de la propaganda nazi, nuevamente se remitió a los banqueros judíos que traicionaron Alemania en la guerra y los señaló como responsables de la devaluación del marco alemán, causando la pobreza y miseria de cientos de miles de alemanes que dejaban que sus hijos jugaran con paquetes de billetes que no valían nada. Para reactivar la economía era necesaria la confiscación de bienes privados, específicamente aquellos de propietarios judíos, por lo que la propaganda, y la esperanza de un futuro mucho más próspero, encendió los ánimos por los nazis. Estos, una vez que tuvieron la oportunidad de dirigir la inversión, no dudaron en rearmar el gran aparato bélico; una combinación peligrosa pero que funcionó hasta que nuevamente resultó imposible defender las fronteras con ciudades, puertos y complejos industriales destruidos por los bombardeos aliados.
fabrica de stukas
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El ejército
Tras el armisticio firmado por los alemanes y el consecuente Tratado de Versalles, el ejército alemán fue disuelto para evitar un futuro rearme alemán que desembocara en un nuevo conflicto bélico. Con militares retirados, cadetes con una carrera frustrada y hombres que se quedaron con los sueños de gloria cuya memoria les evocaba a las Guerras Napoleónicas, el nazismo no tuvo problemas en organizarlos en pequeños grupos de choque. Las camisas pardas, o SA, sirvieron como un grupo paramilitar utilizados para crear situaciones violentas alrededor de Alemania, por lo que la inestabilidad se hizo presente.
sa stormtroopers

Además, a través de la brillante estrategia de propaganda de Goebbels, y los dotes de oratoria de Hitler, fue sencillo promover un discurso bélico que apelara a la nostalgia de viejas glorias pasadas y a la necesidad alemana de rearmar a un ejército que se había visto venido a menos. ¿Qué le deparaba a una gran nación como Alemania si había sido maniatada por las otras potencias? ¿En dónde quedaba el poderío alemán de épocas pasadas? Refiriéndose al patriotismo y al nacionalismo, Hitler pronto definió la opinión pública respecto a la debilidad política y diplomática de los socialdemócratas. Entre disturbios, grupos de choque y militares con sueños de gloria, la República de Weimar tembló.