El candidato del oficialismo a gobernador de la provincia de Buenos Aires, por su parte, también ha logrado acumular un frondoso centimil de irregularidades.
Daniel Osvaldo Scioli es quizás uno de los ejemplos más claros de camaleonismo político. Transitó, desde un buen pasar como empresario y campeón de motonáutica durante los gobiernos militares, a sus fuertes relaciones con el menemismo, su sobrevivencia como funcionario en el gobierno de Fernando de la Rúa y su actual profesión de fe kirchnerista en la administración homónima, que lo elevó de una oscura función en la secretaría de Deportes y Turismo a la vicepresidencia de la Nación, y ahora a su candidatura a gobernador bonaerense.
Aunque las cuestiones más tortuosas de su pasado han sido borradas, obviamente, por los aplicados alcahuetes oficiales, es válido recordarlas.
En una ocasión construyó, de manera ilegal, un quincho en el sector destinado a “aire y luz” en el edificio capitalino de Callao y Posadas donde ocupaba un inmueble. Allí se produjo un incendio que acabó con el departamento del piso superior donde residía un vecino de origen suizo y con la vida del encargado del edificio que intentaba rescatar a una muchacha cercada por el fuego.
Daniel jamás le pagó a su vecino los 200.000 dólares por el resarcimiento de ese daño, declarándose “insolvente”, mientras su esposa, la ex modelo Karina Rabollini, tiraba el dinero en negocios de dudoso éxito y quedaba debiendo al Banco de la Provincia de Buenos Aires –el mismo al que Scioli controlará en caso de llegar a la gobernación bonaerense- unos dos millones de dólares solicitados en préstamo que terminaron pasando al fideicomiso de la provincia, es decir a la sección de “incobrables”.
Por supuesto, el expediente de la causa por aquel infausto suceso quedó convenientemente “cajoneado” y olvidado.
En otra demostración de “hombría”, Daniel había tenido una hija extramatrimonial a la que no reconoció durante 19 años, hasta que finalmente lo hizo a instancias de Karina Rabollini, cuando la madre de la joven había iniciado un juicio por filiación y el escándalo había alcanzado las tapas de la revista “Gente”.
Sus vinculaciones políticas durante el gobierno de Carlos Menem le habían permitido, en su momento, obtener un jugoso contrato millonario con la empresa YPF, entonces estatal, como sponsor de su lancha. Muchos habrán recordado, poco después, la fama de “mufa” de Menem cuando la lancha de Scioli chocó en el Delta con un tronco flotante, accidente que le causó la pérdida de su brazo derecho.
Para más ejemplos de la deshonestidad de Scioli, el entonces famoso comercio familiar de electrodomésticos conocido como “Casa Scioli” –creado por su padre- quebró tras ser “fundido” por la administración de Daniel y sus novedosas ideas de renovación y crecimiento a través de la importación de “novedosos elementos electrónicos”. Ello finalmente derivó en la iniciación de dos procesos por contrabando contra quien hoy hace apología de la industria nacional, pero el deshonesto de Daniel terminó por culpar a su propio padre de la quiebra del negocio y del contrabando, evitando así dar explicaciones ante la Justicia.
En cuanto a los acreedores que esperaban cobrar algo tras decretarse la quiebra del comercio de Scioli, bien gracias. Y será muy difícil que a esta altura de las circunstancias se atrevan a aparecer y a hacerle un juicio político al vicepresidente de la Nación y candidato a gobernador bonaerense.
Evidentemente, Daniel, también tu vida es una mentira...
Conclusión
En suma, la mentira es lo que rige ancestralmente a los políticos. A todos los políticos. Claro que sucede no sólo aquí sino en cualquier lugar del mundo. Pero lógicamente nos ocupamos hasta aquí de lo que nos afecta a los argentinos.
Lo anteriormente expuesto son ejemplos que rodean a dos de las principales figuras que competirán por los más altos cargos a que se puede aspirar en el tablero político nacional.
Estos son los candidatos a los que se les asignan las mayores probabilidades de alcanzar el máximo poder, tanto en la más alta magistratura de la Nación como en la sede gubernamental de la capital bonaerense.
Por lo tanto cabe aguardar que, si triunfan en las elecciones del próximo 28 de octubre, “que Dios nos agarre confesados”, como dicen en algunos lugares del Caribe.