Espera a que cargue el post
29 de octubre de 1998, se lanza al espacio el transbordador Discovery STS-95. En su interior iría la tripulación formada por John Glenn, Pedro Duque, Steven Lindsey y Chiako Mukai. Junto a ellos, un “quinto elemento”, un experimento que tratará de averiguar si es posible desarrollar una nueva esencia, una fragancia en el espacio a partir de dos capullos de rosas. Esta es la historia de cómo la NASA traería de vuelta una flor muy especial abriendo un nuevo campo de investigación.
La propuesta tenía en cuenta dos puntos: por un lado las condiciones especiales en las que un capullo de rosa se abriría en el espacio. Por otro se cuestionaba de qué modo afectaría al aceite esencial (o etéreo) de la misma. Cuando hablamos de este tipo de aceites nos referimos a la mezcla de sustancias químicas biosintetizadas por las plantas, aquellas que dan el aroma característico de algunas flores, hierbas, frutos o semillas.
El aceite esencial por tanto es un producto químico de aromas intensos inestable, que además es volátil por naturaleza, muy poco denso y alterable con la luz. Con estos mimbres IFF desarrolla la idea de lanzar una planta al espacio, en este caso dos capullos de rosas, y tratar de conseguir “algo” nuevo. No saben a ciencia cierta qué puede ocurrir, pero apuestan por desarrollar “la fragancia” del espacio, o al menos intentarlo.
La misión
El primer paso fue construir una “casa” para la rosa. WCSAR había desarrollado años atrás una cámara sellada de crecimiento de plantas bajo el nombre de ASTROCULTURETM para el compartimento en el transbordador espacial. Según explicaría Weijia Zhou, director de WCSAR, la cámara proporcionaría a las plantas la temperatura, humedad, luz y nutrientes adecuadas durante el vuelo espacial. Antes de comenzar la misión, se modificó ASTROCULTURETM añadiendo una patente de IFF, una tecnología de muestreo de la fisiología vegetal en microgravedad. Se ponía así rumbo al espacio dos capullos de rosa para un vuelo de 10 días a bordo del Discovery.
La flor que voló en la misión STS-95, la Overnight Scentsation, era una planta de no más de 7 pulgadas de alto esperando abrirse durante el vuelo. Según explicaría luego el doctor Braja Mookherjee, la idea preconcebida que tenían era que la “gravedad” del espacio debería afectar el olor de una flor al igual que lo hacen otros factores ambientales en la Tierra. Según el doctor:
El 99% de las rosas pequeñas no tienen ningún olor, pero la Overnight Scentsation es una excepción. Emite una fragancia intensa que podríamos describir como una nota fresca y muy verde.
La fragancia que se generó había sido alterada y la flor desprendía un fragancia muy potente.
Obvio, los astronautas no pudieron oler la flor en ese momento. Para recoger el aroma se utilizó un utensilio similar a una jeringuilla, el SPME, descrito como un hilo de fibra de silicona minúscula al que se le había añadido anteriormente un líquido especial capaz de captar el aire generado alrededor de la flor adhiriéndose las moléculas alrededor del pétalo de la flor.
Tras la llegada a la Tierra de la rosa y su nueva fragancia, los laboratorios Shiseido se harían con los derechos de la misma para comercializarla a través de dos productos. Con todo, lo más importante fue que el experimento dio paso a un nuevo campo de investigación sobre la gravedad cero y sus usos para el desarrollo de productos químicos o sustancias farmacéuticas.