La Villa 31 es la más antigua de Buenos Aires. Antes se llamó Villa Desocupación y también –¿eufemismo o ironía?– Villa Esperanza, entre otros muchos nombres (Kilómetro 13, Saldías, etc.). Los primeros asentamientos en la zona datan de principios de la década del 30, pero fueron erradicados en 1935; la villa que hoy conocemos nace en la década de 1940.
De acuerdo al censo nacional del año 2010, la Villa 31 y 31 Bis tiene 100 manzanas y 7.950 hogares. Pero, con posterioridad a esa medición, los anuncios de urbanización provocaron un boom demográfico y edilicio..
Entre 2009 y 2013, la población de la Villa 31 explotó: creció casi un 50%, pasando de 27.000 a 40.000 habitantes.
El asentamiento se expande hacia los costados, pero también hacia arriba, sumando en algunos casos hasta 4 y 5 pisos. Estos edificios de alto incumplen normas básicas de seguridad requeridas en la construcción.
Pese a la prohibición –un fallo judicial ordena demoler las construcciones en infracción y veda explícitamente el ingreso de materiales de albañilería–, la edificación no cesa y cualquiera puede observar el continuo ingreso de camiones con arena, cemento y ladrillos.
La población de este asentamiento cercano a la terminal de ómnibus y a la estación de trenes de Retiro se compuso inicialmente de inmigrantes de ultramar, luego de obreros desocupados, más tarde de migrantes internos y en los últimos tiempos de inmigrantes de países vecinos. Hoy, cerca de la mitad de la población de la villa es oriunda del extranjero. De mayor a menor: paraguayos, bolivianos, peruanos.
En el contexto de la gran expansión agroexportadora, la acelerada urbanización y la oleada migratoria interna y externa, la ciudad de Buenos Aires vio surgir estos asentamientos de viviendas precarias que crecían y perduraban en la medida en que la política habitacional del Estado no daba abasto con la demanda.
Entre fines de los 60 y comienzos de los años 70, parte de la villa fue erradicada, mediante la construcción de complejos habitacionales en Ciudadela. Pero el plan de erradicación fue interrumpido en 1973, durante el gobierno de Héctor J. Cámpora.
La politización de los años 70 llegó también a los asentamientos de emergencia, que vieron el surgimiento de agrupaciones y comisiones villeras. El sacerdote Carlos Mugica, de familia adinerada, se destacó en esos años por su labor religiosa y también social y política en el asentamiento. Fue asesinado allí el 11 de mayo de 1974. Algunos llaman "Villa Carlos Mugica" a la 31.
El asentamiento ha crecido tanto que ocupa los pocos espacios libres que quedaban entre sus límites anteriores y la terminal de ómnibus, el ferrocarril Belgrano y la Autopista. El barrio que crece entre la terminal y la estación de trenes tiene nombre diferenciado: asentamiento San Martín.
Los proyectos de urbanización sobre los mismos terrenos de la Villa 31 que se formulan desde algunos sectores políticos chocan con muchas objeciones, por tratarse de una de las zonas más caras de la ciudad, pero también porque se trata de terrenos originalmente destinados a otros fines, como la ampliación de la estación ferroviaria.
En los años 2000, la Villa 31 no sólo ya está dividida en cinco barrios –YPF, Comunicaciones, Güemes, Inmigrantes y Autopista– sino que se reproduce con el surgimiento de un nuevo barrio, entre la Autopsita Illia y las vías del ferrocarril San Martín: la Villa 31 bis.
En 1976, el intendente designado, brigadier Osvaldo Cacciatore, lanza un plan masivo de erradicación de las villas. Nuevamente, parte de la población es erradicada y enviada a Ciudadela. De ese movimiento nace "Fuerte Apache".
Un grupo de vecinos que no llegó a ser erradicado obtuvo cierto amparo judicial y se constituyó en el núcleo del cual resurgiría la Villa. El repoblamiento se aceleró a partir de 1983.
A comienzos de los 90, el Plan Arraigo intentó resolver el problema de la propiedad de los terrenos ocupados. Se autorizó la venta de los predios pero no se subdividieron los lotes, con lo cual subsistió la precariedad.
Con la gestión de Jorge Domínguez en la Intendencia se reactiva la construcción de la Autopista Illia y resurge un proyecto de erradicación de los vecinos que ocupaban las parcelas afectadas por el trazado. Fue la última iniciativa de erradicación en data, pese a la existencia de un Proyecto Retiro, que buscaba replicar el éxito de Puerto Madero, obviamente, sin la Villa 31.
El de los 60, el de Cacciatore y el de los años 90 fueron tres proyectos de erradicación que llegaron a aplicarse, aunque siempre parcialmente. Después del de Domínguez, no hubo otro. Existieron sí promesas de campaña de Mauricio Macri, en el 2007, cuando obtuvo su primer mandato, de que la Villa sería por fin erradicada. Pero no desembocaron en iniciativas concretas.
El gobierno porteño se ha limitado de momento a tratar de frenar la expansión, cerrando corralones o interceptando camiones con materiales. Pero todo se ha revelado insuficiente para frenar el crecimiento de la 31. Al mismo tiempo, la Ciudad lleva adelante un Plan de Mejoras en la villa: son obras de infraestructura –cloacas, desagües, alumbrado, provisión de agua potable y calles internas–. Los trabajos necesarios los deciden los vecinos y se efectúan con mano de obra de los mismos habitantes de la villa organizados en cooperativas.
Como en muchas otras áreas y temas, también aquí hay un conflicto de jurisdicción entre Nación y Ciudad. La Villa 31 está en jurisdicción de Nación. Por ello la mayor responsabilidad en evitar el ingreso de materiales le corresponde a la Policía Federal. El gobierno porteño denuncia incumplimiento.
En diciembre de 2009, la Legislatura de la Ciudad aprobó la ley de urbanización de las villas 31 y 31 bis, que en ese momento tenían una población de unas 26.000 personas. Hasta la fecha, el plan no se ha iniciado. Su anuncio desató una ola de especulación inmobiliaria y un boom de crecimiento demográfico y edilicio, conn la expectativa de volverse propietarios definitivos de terrenos en la zona.
