- Los dispositivos móviles ya están incluidos dentro de las adicciones.
- Claves para detectarlo a tiempo y poder corregirlo.
- Se denomina “nomofobia” al miedo a estar sin móvil.
eguramente estés pensando que no es tu caso- y de hecho tal vez no lo sea- pero sin duda el uso del celular está generando cambios en la interacción humana. Desde las relaciones amorosas hasta las laborales, sin dejar de lado el día a día. En todo está involucrado nuestro celular. Hacé el ejercicio mental de imaginar en cuántos momentos o situaciones del día no lo incluís. ¿Qué pasa cuando salís apurado y te olvidás el móvil en casa o te quedás sin señal? Está bien, podrás decir que lo usás para trabajar o para saber dónde están los chicos. Pero imaginate con toda tu familia arriba del auto, disfrutando de un fin de semana en algún destino de relax. ¿Lo seguís necesitando? Probablemente la respuesta sea ¡siiiii, por favoooooor!
Aunque parezca exagerado, numerosos investigadores están incluyendo a los celulares dentro del grupo de adicciones. Lo canalizan como un uso compulsivo y repetitivo del móvil, que en muchos momentos no tiene sentido. Estar lejos de tu celular te genera estrés. De hecho ya se habla de “nomofobia” una palabra que surge de la frase en inglés “no mobile phobia” (fobia a estar sin móvil) y se refiere a la sensación de angustia, ansiedad o miedo que se experimenta cuando se dan situaciones como la pérdida del celular, la batería agotada o la falta de señal.
Nadie niega las ventajas y disfrutes que nos proporciona nuestro amigo smartphone. Seamos sinceros mientras lees esta nota no estás pensando en dejarlo, pero si puede resultar útil tener en cuenta algunos signos que podrían ayudarnos a no pasarnos de la raya.
¿Ser o no ser? He aquí la cuestión
Si te sentís identificado con alguno- o varios- de estos hábitos, podrías replanteártelos. ¡No vale hacer trampa!
Que te sientas identificado con lo que mencionamos anteriormente no quiere decir que seas adicto al celular, pero sería importante que revisaras algunos hábitos en pro de tu bienestar y el de tus relaciones. Ahora si a esto se le suma estrés, irritabilidad, cansancio, trastornos del sueño o alteraciones emocionales, sería importante que consideres la alternativa de pedir ayuda. Dependiendo de la complejidad del caso, compartirlo con tu círculo de confianza o hacer una consulta con profesionales puede aliviar tu malestar. Existen organizaciones que tratan el tema, tal es el caso del Centro de Estudios Especializados en Trastorno de Ansiedad.
