Kali (la mujer negra) o, como se la conoce más comúnmente, Kali Ma, la madre negra, una de las formas de Durga que dio muerte, con la ayuda de Chandi, a Raktavija, el principal jefe del ejército de los gigantes. Éste, al ver caer a sus hombres, atacó él mismo a la diosa y de cada gota de sangre que cayó de su cuerpo surgieron mil gigantes iguales en poder a él mismo. En tan crítico momento, otra forma de la diosa, llamada Chandi, llegó en su auxilio. Mientras Kali se bebía la sangre del gigante y evitaba la formación de nuevos gigantes, Chandi dio muerte al monstruo. A Kali se la representa como una mujer negra con cuatro brazos; en una mano lleva una espada, en otra la cabeza del gigante al que ha dado muerte y con las otras dos está animando a sus devotos. Lleva dos cadáveres como pendientes y un collar de calaveras. Por única vestimenta lleva una faja hecha con las manos de hombres muertos, su lengua se proyeta fuera de la boca. Sus ojos son encarnados como los de un borracho; su cara y uno de los senos están embadurnados con sangre. Se encuentra erguida con un pie sobre el muslo y otro sobre el pecho de su marido. Esta posición de Kali se explica por el hecho de que, cuando su victoria sobre los gigantes quedó consumada, bailó de alegría tan furiosamente, que la tierra tembló bajo su peso. Ante el ruego de los dioses, Siva le pidió que depusiera su actitud, pero como a causa de su estado de excitación no le reconoció, Siva se tumbó él mismo entre los muertos. Ella continuó bailando hasta que apercibió a su marido debajo de sus pies; inmediatamente sacó la lengua, avergonzada por la falta de respeto que había cometido con él.
Kali es una de las diosas principales. Es la shakti o ‘energía’ del dios masculino Shivá, y es considerada una de sus consortes. La religión hinduista que adora a la diosa Kali se llama shaktismo. En general, los hinduistas de cualquier especie ―independientemente de la deidad que adoren de manera particular― la consideran la Madre universal.
Es la diosa madre hindú asociada con la destrucción (por la identidad del dios Shiva), y diosa de la muerte. Destruye para mantener el mundo en orden. Representa la justicia violenta. Encarna las fuerzas del mal y el poder destructor del tiempo (para su regeneración posterior). La forma "desencadenada" de Kali a menudo llega a ser salvaje e irrefrenable, y sólo Shiva es capaz de domesticarla.Características físicas de la diosa Kali:Tiene tres ojos: que indican su poder absoluto sobre el pasado-presente-futuro, su control sobre el universo, sugieren su naturaleza interna perceptiva y simbolizan las fuerzas exaltadas del sol, la luna y el relámpago. (Poderes heredados del dios Shiva)
Rasgos físicos: Es representada como una mujer con el cabello negro, muy oscuro enmarañado y suelto. Aparece desnuda, representando el origen de la mente y el final al que llega ésta (la desnudez); es a su vez atractiva y repulsiva. Su piel es grisácea-azulada o negra, como los agujeros negros del universo que absorben lo creado, destruyéndolo. Todos los demonios temen la encarnación de Kali.
Tiene cuatro brazos: en una mano lleva la espada destructora de las dudas y las dualidades; en otra la cabeza del demonio asura que representa la ruptura con el ego y con las fuerzas restrictivas del destino; con otra esboza un gesto místico para proteger a sus devotos y disipar todos sus temores; y con la otra realiza un gesto de concesión de deseos.
Adornos: Lleva dos cadáveres como pendientes, un collar de cráneos que evoca las cincuenta letras del alfabeto sánscrito, los mantras que forman su naturaleza divina; una faja de manos y su larga lengua extendida que lo consume todo. Sus ojos son rojos, y su cara y pechos están cubiertos de sangre. Está de pie sobre el muslo y pecho de Shivá que se colocó debajo para calmarla.
Las "diosas" negras
Los esoteristas medievales utilizaron el color negro en las imágenes de la Virgen, recogiendo el legado de las diosas madres prehistóricas y de sus sucesoras paganas, Isis, Belisana o Artemisa. En el origen del culto a las diosas madres prehistóricas encontramos unas piedras negras caídas del cielo, los meteoritos, adorados como generadores de vida. En nuestros días pueden encontrarse las vírgenes negras en muchos países europeos, especialmente en Francia y España como objeto de gran devoción popular. Esta veneración por las piedras negras celestes llegó hasta la Edad Media. El ejemplar más famoso, puesto que su culto persiste hasta nuestros días, es el de la negra roca basáltica conservada en el valle de Arabia donde se le adora en el templo llamado Kaaba. Cuando los musulmanes conquistaron La Meca en el año 683 y se apoderaron del templo la Kaaba, destruyeron 360 ídolos que se encontraban en su interior, pero respetaron, sin embargo la mencionada piedra negra.
Por su parte, cuando los templarios entraron en posesión de Chipre, hacia el 1191, encontraron que todavía los habitantes bizantinos de la isla rendían culto en Pafos a una Piedra Negra que para los fenicios había personificado a Astarté y que los dorios habían identificado con Afrodita Cipris. Los templarios levantaron allí una iglesia dedicada a Nuestra Señora y pusieron en su altar a una Virgen Negra en cuyo trono cúbico guardaron la piedra como una reliquia preciosa.
Así, tanto musulmanes como cristianos, demostraban una especie de temor reverente ante la idea de destruir una piedra negra que se consideraba sagrada. Atendiendo a diversos simbolismos parecería que esta adoración de piedras caídas del cielo explicaban de cierta forma el origen de la Vida y su renovación cíclica, por constituir la plasmación material del estado espiritual. Según el simbolismo cabalístico tradicional, por ejemplo, la Piedra Negra Celeste está relacionada con todas las formas derivadas de la Diosa Madre Tierra o asimiladas a ella. En la Cábala Hebraica encontramos: "El mundo sólo comenzó a existir cuando Dios cogió la Piedra de Fundación y la lanzó al abismo de las posibilidades, para que pudiera construirse el mundo sobre ella."
Fulcanelli comenta que las vírgenes negras “representan en la simbología hermética a la materia (de mater=madre) en el estado primitivo que el artista debe escoger como sustancia de partida para la Gran Obra. La materia prima se presenta bajo el estado de un mineral, como el que hay en las vetas, completamente oculto bajo la masa rocosa” (1979). Por eso las vírgenes negras solían venerarse en cuevas subterráneas. Fulcanelli también nos dice que Isis es la virgen que ha alumbrado al Hijo y que representa a la Tierra antes de su fecundación. En analogía con ello, en el recipiente del alquimista surgen nuevas sustancias a partir de la materia tras el ennegrecimiento originado durante el proceso de la Gran Obra. A causa de la relación de lo femenino con el planeta Venus, las vetas verdes forman parte del culto a las vírgenes negras. También es la Mater Matuta de los etruscos con el recién nacido en el regazo, el modelo de todas las representaciones de la Virgen. Así el culto a la Diosa Madre ha pervivido bajo la forma de la adoración a María. Cuando se estableció el Cristianismo en el viejo mundo se rezaba a Jesús pero, aún así, muchos continuaron con la celebración de los antiguos ritos y subían a los montes a encender sus hogueras tradicionales y a cocer sus pociones, regresando a las casas con sus antorchas mágicas encendidas. La Iglesia se dio cuenta de que no podría acabar con estas costumbres y, en lugar de combatirlas, las substituyó por otras similares, celebradas en fechas parecidas y dedicadas a vírgenes y santos que habían adoptado los caracteres de los antiguos dioses y diosas. En verdad, aquí vemos que la infiltración en la iglesia comenzó prácticamente en su "nacimiento", con la estatización de la misma como religión del estado por parte del pagano-nunca-convertido Constantino. Y eso por el simple hecho de que Yahshua NUNCA ORDENÓ CREAR UNA "RELIGIÓN"...
Así, Nuestra Señora de la Candelaria toma el lugar de Belisana y es acompañada los días 1 y 2 de febrero por San Lucas, que reemplaza a Lug, dios del caldero. La sacaban en procesión con una vela en la mano rodeada por doncellas que portaban cirios encendidos y los fieles le ofrecían ramos de hierbas medicinales. El sacerdote culminaba la celebración presentándola a todos como La Virgen Madre que trae la Luz al mundo. Lo llamativo, sin embargo, es que su imagen era de color negro.