Hola linces, en esta ocasión les traigo la historia de un asesino en serie boliviano.
Este asesino serial boliviano entró al mundo de las drogas y el alcohol cuando era un preadolescente, mató por primera vez a los 17 años y, durante toda su vida, según confesó, acabó con más de 30 personas: generalmente asesinaba para robar, algunas veces porque violaba y no quería ser delatado, y otras por misiones como sicario.
“Tengo nueve hermanos, yo soy la oveja negra.”: con estas palabras se describe a sí mismo Jaime Benjamín Cárdenas Pardo alias “El Jimmy” o “El asesino de Sucre”, uno de los dos mayores asesinos seriales en la historia de Bolivia, que violó y mató a pedradas a dos jóvenes universitarias y, según sus propias confesiones, acabó con más de treinta personas.
Clasificado como un asesino desorganizado, hedonista, sádico y psicópata, este individuo ha cometido una gama tan amplia de crímenes que puede ser calificado de ladrón, violador y sicario, aunque no siempre mató bajo la modalidad del sicariato. En general, Jaime solía asaltar a transeúntes, a conductores de coches, motos y otros vehículos, y a tiendas; también se inmiscuía frecuentemente en peleas callejeras, terminando algunas veces en el homicidio.
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Temprana iniciación con el alcohol y las drogas
El 9 de abril de 1987, Jaime Benjamín Cárdenas Pardo nació en la ciudad boliviana de Santa Cruz, dentro de una familia grande y desestructurada. Tenía nueve hermanos y sus padres eran divorciados, siendo así que creció en un entorno donde recibía poca atención y se sentía propenso a hacer cosas indebidas para llamar la atención y satisfacer sus necesidades. Por otro lado, Jaime discutía frecuentemente con su madrastra y a veces se iba de casa por largos periodos de tiempo, en los cuales se juntaba con pandilleros y menores que delinquían, y que lo fueron induciendo al vicio y al crimen.
Dice —al igual que las otras declaraciones del asesino, estas palabras fueron tomadas de una entrevista que dio tras su primera captura— Jaime al respecto: “Mi niñez ha sido tranquila, nunca he vivido violencia. No puedo culpar a mis padres, aunque son divorciados. He empezado a delinquir para llamar la atención de mi familia y por tener amigos. Estuve en un colegio nocturno, la mayoría eran pandilleros y les gustaba beber, así he empezado a robar celulares y billeteras (…). Empecé a beber a mis 11 años, a escondidas de mi familia, bebía vino y champán. A mis 13 años conocí el alcohol y la marihuana en mi colegio. A mis 14 consumí cocaína y pastillas como el flumentrezepan. Me drogaba porque mi papá casi no estaba con nosotros, él trabajaba y yo peleaba mucho con mi madrastra.”
Su Debut
Ya de adulto, Jaime admitiría que se volvió más impulsivo desde que empezó a consumir cocaína, cosa que sucede en muchos consumidores debido a que la cocaína es conocida como la “droga de la amoralidad” en tanto que ocasiona un proceso de “neandertalización” a causa de los daños que produce en el lóbulo frontal, que es un área del cerebro asociada al juicio moral, el control de los impulsos y la regulación de la agresividad. Así, vinculado a ese consumo de cocaína, se produjo el primer asalto de Jaime en noviembre del 2001, cuando tenía catorce años y le quitó el celular a un borracho, a fin de venderlo y obtener dinero para alcohol y cocaína…
Posteriormente, el robo ya no sería una mera forma de conseguir dinero para los vicios: se convertiría en un modo de vida, y Jaime asaltaría a transeúntes y a conductores, además de que sacaría, sobre todo de coches parqueados sin conductor, determinadas partes (radio, faros, ruegas, espejos, etcétera) que después vendería a precios demasiado buenos.
Ya con 17 años, Jaime cometería su primer asesinato en La Paz, capital de Bolivia. Mató porque la víctima, al ser asaltada, presentó cierta resistencia. Después del crimen, la Policía consiguió detenerlo, identificarlo y acusarlo de homicidio, pero Jaime no tenía documentos de identidad y pudo mentir sobre su edad, gracias a lo cual, junto a la falta de pruebas, fue liberado por dictamen de los irresponsables jueces. Había allí, al igual que en otros puntos de la vida criminal de Jaime, la manifestación de un sistema judicial y policial corrompido, que en este caso, pese a que el acusado había admitido matar con cuchillo a la víctima, dio más importancia a la falta de pruebas que a la evidente verdad, sencilla y llanamente porque al aparato estatal se le hace más fácil liberar al menor que pagar el costo de su rehabilitación y de la neutralización, a través del mantenimiento de la detención, de la amenaza que éste representa para la seguridad social.
El crimen de las universitarias, un punto de inflexión
Habiendo ya delinquido numerosas veces, Jaime tomó una vez la decisión de llevar al extremo su búsqueda por satisfacer el deseo de esa letal mezcla que es el sexo con violencia. Para eso consiguió la complicidad de Ever Albis Vera, un ex policía que, por colaborar en la fuga de un reo peruano del Penal San Roque, había sido destituido en teoría durante julio del 2009, y decimos “en teoría” porque siguió usando el uniforme policial y trabajando para la Policía, siendo que su destitución solo se hizo efectiva después de que colaborara con Jaime en el sangriento crimen ocurrido en la ciudad de Sucre durante octubre del 2009.
El crimen referido tuvo lugar una noche en que Jaime y Ever contactaron con dos jóvenes universitarias de comportamiento algo “liberal”. Ambos se granjearon la simpatía de las chicas, las llevaron a beber a centros de diversión nocturna, las convencieron para drogarse, y finalmente las llevaron a un sitio conocido como “El Cerro La Calancha”. Allí las violaron salvajemente, aunque las jóvenes amenazaron con denunciarlos y entonces los delincuentes se pusieron más violentos, desfigurándoles las caras a cuchillazos y machacándoles las cabezas a pedradas. Muertas las chicas, los asesinos les sacaron dinero y se fueron.
La sorpresa vino después, porque las chicas asesinadas eran, respectivamente, la novia y la amiga de un conocido comerciante de coches lujosos. Cualquiera, estando en el lugar del comerciante, habría querido hacer pagar a los delincuentes, pero este hombre no era muy moral y medido que se diga, pues se vengó haciendo pagar a inocentes, tal y como refiere Jaime Cárdenas Pardo en estos términos: “El novio de la muchacha que asesiné en venganza mandó a matarme. Los que contrató eran de más sangre fría que yo, apuñalaron a mi hijito en el pecho, fue en agosto del año 2010, cuando salió de la tienda y lo subieron a un auto para matarle. Digo ¿qué corazón pueden tener para matar a un niño? Por esa causa asesiné a 15 hombres, diez cruceños, dos cochalas y tres de Sucre.”
Arresto
El jueves 17 de febrero del 2011, Jaime asaltó con cuchillo a un ciudadano peruano, apuñalándolo más de una vez sin quitarle la vida. Esto ocurrió en la ciudad de La Paz, y algunas personas lo vieron y lo denunciaron, gracias a lo cual Jaime fue capturado poco después por la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen.
Confesiones preocupantes
Algo que llamaba la atención era cómo, hasta el momento de su captura, Jaime había podido delinquir tan a sus anchas. Lo que muchos habrían sospechado, se confirmó cuando el asesino confesó que muchas veces usó las ganancias de sus robos para sobornar a policías y salir bien rápido de la cárcel, además de que dijo tener una “buena amistad” con algunos policías que eran cómplices suyos y recibían una parte del dinero de sus fechorías. Indignantemente, un ejemplo de lo dicho fue que, al menos en cuatro casos, fueron policías quienes proporcionaron a Jaime los encargos de sicario. Aunque esto era impactante para la opinión pública, ni la Fiscalía de la Nación ni el Comando General de la Policía Nacional investigaron quiénes eran esos policías ligados al sicariato…
Por otro lado, Jaime no solamente admitió aquello de lo cual se le acusaba (asesinar a un hombre en Miraflores para robarle una laptop, y matar y violar a dos universitarias en Sucre), sino que confesó haber asesinado a más de 30 personas, ampliando así el número de víctimas estimado. Según dio a entender, en general mataba para robar, otras veces violaba y mataba para no ser delatado, algunas veces para las dos cosas anteriores, y otras porque estaba cumpliendo una misión de sicario. Los asesinatos tuvieron lugar en varias ciudades de Bolivia, como Santa Cruz, La Paz, Miraflores, Cochabamba y Sucre.
Sobre la base de las confesiones y del examen psicológico y psiquiátrico, Jaime fue descrito por los psiquiatras como alguien que era consciente y responsable de lo que hacía, plenamente imputable, catalogable como “asesino en serie confeso” y “psicópata”, y dotado de una personalidad agresiva, con un perfil de auténtico depredador que no tiene reparo en matar con tal de conseguir sus objetivos.
Ahora, y pese a ser un psicópata, en una entrevista a Página Siete, Jaime se mostró consciente de la influencia de las drogas en su vida y en el crimen en general, y también se mostró o aparentó mostrarse arrepentido; citamos: “Siempre he actuado con violencia porque me drogaba. Desde que consumí cocaína me volví más impulsivo (…). No importa lo que haga uno, ni que te perdonen, sólo necesita perdonarse uno. A los jóvenes quiero decirles que no se metan en las drogas, el camino a la delincuencia puede ser lindo un rato para divertirse y tener dinero, pero tiene sus consecuencias (…). Estoy arrepentido. Me cansé de huir, pero si me da la gana, me escapo (…). No me asusta la cárcel, no importa el tiempo que pase, pienso cambiar mi vida, trataré de terminar el colegio y después quiero estudiar medicina, quiero ser útil, he hecho mucho daño.”
El juicio de Jaime se prolongó por más de un año, aunque finalmente, el 6 de diciembre del 2011, lo condenaron a 30 años de prisión por la violación y el asesinato de las universitarias Nairobi Alexis Muñoz de 21 años y Marfa Delgado Roso de 20 años. La misma sentencia, por la misma causa, fue dada al ex policía y cómplice de Jaime, Ever Albis Vera. En cuanto a los otros asesinatos, no se tiene conocimiento de la sentencia, si acaso hubo sentencia…
Por otro lado, un hecho que llamó la atención y que hace dudar sobre el propósito de cambio del asesino, es que durante el juicio se descontroló, tomó una botella plástica que había contenido agua, y se la arrojó con fuerza a la fiscal, amenazándola con vengarse si conseguía escapar de prisión. Ante eso, la Fiscalía consideró brindar resguardo policial a la fiscal asignada por el Ministerio Público.
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Reclusión, fuga y recaptura
Después de terminado el juicio, Jaime fue conducido a la Prisión de San Roque en la ciudad de Sucre, donde se lo asignó al sector conocido como “Pozo”, en una celda aislada.
Las autoridades creyeron que aislar a Jaime en la cárcel bastaría para aplacarlo, pero éste empezó a pensar en cómo huir desde que llegó, y siempre estuvo atento a ver si se le presentaba una oportunidad de fuga. De ese modo, el viernes 30 de marzo del 2012, Jaime escapó de prisión, tal y como refiere el subcomandante policial Roberto Ledesma en su informe: ‹‹Él tenía una hora de salida para hacer sus necesidades biológicas, es así que aprovechó ese tiempo para distraer a su custodio y trepar la verja saltando a la calle Serrano; escapó en una vagoneta de color plomo.››
Tras la fuga, diversas unidades de Inteligencia Policial efectuaron operativos de rastreo; aunque, tras el fracaso de los operativos, se creyó que posiblemente el asesino había escapado hacia el interior del país, por lo que fue necesario iniciar acciones coordinadas con el Comando General de la Policía. Inclusive, tal era la peligrosidad asignada al delincuente, que Bolivia optó por pedir ayuda a la Interpol (Organización Internacional de Policía Criminal), y la organización respondió rápidamente publicando la notificación naranja que aquí citamos:
‹‹LYON (Francia) – A petición de Bolivia, INTERPOL ha publicado una alerta internacional sobre la seguridad, conocida como notificación naranja, tras la evasión de prisión de un asesino convicto considerado extremadamente peligroso.
Jaime Cárdenas Pardo se fugó del centro penitenciario de San Roque (Sucre) el pasado 30 de marzo. Inmediatamente después de haber recibido todos los datos del prófugo de la Oficina Central Nacional de La Paz, el Centro de Mando y Coordinación de INTERPOL, sito en la sede de la Secretaría General en Lyon (Francia), transmitió una alerta a todos y cada uno de los 190 países miembros de la organización policial.
La notificación naranja, en la que figura la fotografía de Cárdenas Pardo, se ha difundido en todo el mundo para ayudar a los funcionarios encargados de la aplicación de la ley a identificar, localizar y detener a este prófugo.
En 2006 la Asamblea General de INTERPOL aprobó una resolución en la que se subrayaba la necesidad de que los países miembros avisaran a la Secretaría General de las evasiones de presuntos terroristas y otros delincuentes peligrosos.››
Después de la alerta naranja de la Interpol, un 03 de mayo del 2012, el coronel Gonzalo Quezada (Comandante de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico o “F.E.L.C.N.”) informó que, a eso de las 10:45 de la mañana en la localidad beniana de Yucumo, Jaime Cárdenas Pardo había sido recapturado por efectivos de la Unidad Móvil de Patrullaje Rural, en un operativo coordinado con miembros de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen. El delincuente fue encontrado en una carpintería de la Av. San Borja, apresado, y conducido inmediatamente al penal de Chonchocoro, en La Paz, donde sigue y seguirá hasta cumplir su condena. Sobre dicho operativo de captura, el comandante policial Rolando Ramos se expresó en estas palabras: “Este fue un trabajo profesional del personal que hizo el seguimiento. No hubo ningún hecho de violencia y él fue sacado del inmueble sin emplear la violencia”.